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Un popurrí ideológico extremista de derecha e izquierda europea apoya a Putin y Rusia
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Los aliados radicales de Putin

Un popurrí ideológico extremista de derecha e izquierda europea apoya a Putin y Rusia

Una parte de la ultraizquierda apoya a Rusia por nostalgia de la URSS, y rechazo a EEUU, y una parte de la ultraderecha apoya a Putin por similitud ideológica

Foto: Un hombre camina frente a un mural con los rostros de Vladímir Putin y Hugo Chávez en Caracas. (Reuters/Gaby Oraa)
Un hombre camina frente a un mural con los rostros de Vladímir Putin y Hugo Chávez en Caracas. (Reuters/Gaby Oraa)

¿Cómo ha conseguido la Rusia de Vladímir Putin que un miliciano italiano, Edy Ongaro, de ideología comunista, haya muerto luchando contra los ucranianos en el Donbás y, a la vez, los principales líderes conservadores y populistas de Italia hayan sido estos años declarados fans del presidente ruso? Extrema derecha y extrema izquierda, por razones distintas, han apoyado en Occidente al presidente o a al país rusos. Un respaldo que tiene razones diversas. Una parte de la ultraizquierda apoya a Rusia por nostalgia de la URSS y rechazo a EEUU y una parte de la ultraderecha apoya a Putin por similitud ideológica.

Ongaro, el antifascista que luchaba por Putin

De los rusos en el oeste de Europa se admira, entre otras cosas, que derrotaron a Hitler con gestas como la de Stalingrado. La máxima diplomática universal de que el enemigo de tu enemigo es tu amigo hizo que tras la II Guerra Mundial muchos admiraran a los soviéticos por vencer a los nazis. El problema es que Stalin no solo venció a los alemanes, sino que en el contraataque acabó consiguiendo lo que buscaba Hitler: conquistar media Europa. Occidente, desgastado por una guerra mortífera, prefirió permitir un telón de acero, que apresó a muchos países durante décadas, que comenzar una nueva contienda. De ahí emergen dos bloques que han creado hoy dos Europas que apenas se conocen.

La URSS, durante años, fue el antónimo de EEUU y eso en países europeos que en el siglo XX sufrieron regímenes o ataques fascistas les dio una cierta popularidad en los sectores de la izquierda. Entre ese antiamericanismo europeo ha germinado parte del apoyo con el que Rusia, como heredera de la URSS, cuenta entre la ultraizquierda europea, por un extraño silogismo que ha llegado hasta hoy. Putin tiene ideológicamente mucho más que ver con Trump que con Biden, pero para el miliciano italiano Ongaro, comunista declarado de 46 años muerto en el Donbás, Rusia seguía representando al comunismo.

Foto: El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, durante una de sus comparecencias. (Getty/Behrouz Mehri)

"Siempre ha estado convencido del internacionalismo", manifestó tras conocer su muerte el Colectivo Estrella Roja, una agrupación política comunista italiana cercana al miliciano que apoya la causa de las Repúblicas Populares de Donbás. "Salió porque lo impulsaba un ideal comunista que siempre lo había inspirado y motivado", explicaron sus colegas. Todos los testimonios de sus conocidos en Italia han definido al fallecido como alguien generoso y noble. Ongaro, una vez, se definió a sí mismo como "antifascista y antirracista" y "cercano a los seres humanos y los pobres en cada rincón del globo donde son pisoteados". Luchaba en el bando de Putin.

"OTAN no, bases fuera"

El antiamericanismo europeo oscila según el presidente que hay en los EEUU. Barack Obama provocó que en 2009 el apoyo a su país en Francia, Alemania y España pasara de 42%, 31% y 33% a un 75%, 58% y 64% respectivamente, según una encuesta de PEW. El presidente afroamericano le era más simpático a los sectores progresistas, que es donde el rechazo a EEUU es más fuerte, mientras era criticado por conservadores. "Obama es un monigote", me dijo sobre él una vez en Mozambique, junto a otra cantidad de cosas despectivas, Ana. Ella es portuguesa-mozambiqueña, hija de un exlíder de la Renamo, guerrilla armada por EEUU y Sudáfrica, que luchó en la Guerra Civil contra Frelimo, armada por la URSS.

Las simpatías a los dos bloques en buena parte del mundo no se tienen por lo que pasa o pasaba en Ucrania, Siria o Irak, sino por su historial intervencionista en tantos países. Rusia y EEUU se han pasado décadas luchando en guerras con los soldados de otros, así que casi todos escogen un bando por sus propias cicatrices. En un reciente viaje a Irán a mediados de marzo, hemos comprobado que Gobierno y una parte de la población no tienen nada contra Ucrania, pero van con Rusia porque a los ucranianos los apoyan los gringos.

Foto: Niños transportan botellas en un campo de refugiados cerca de Saná, Yemen. (Reuters/Khaled Abdullah)

El "OTAN no" ha sido un eslogan de la izquierda europea durante años que algunos destacados líderes de la extrema derecha ahora comparten. "Debemos salir de la OTAN. La OTAN se creo para enfrentar a la URSS y la URSS ya no existe", ha declarado la ultraconservadora francesa Marine Le Pen. Antes de esta guerra, según una encuesta que encargó la propia OTAN en 2020, un 64% de los europeos apoyaba mantenerse en la organización, pero en países como Francia, Eslovenia e Islandia el porcentaje de apoyo bajaba al 50%.

El primer Ejecutivo de izquierdas en España, tras la muerte de Franco, tuvo que hacer en 1986 un referéndum sobre la permanencia en la OTAN. Antes de alcanzar el Gobierno, el Partido Socialista había prometido romper con la OTAN reiteradamente y en las calles de España era común ver manifestaciones con el cacareado "OTAN no, bases fuera". Fue una campaña surrealista. Los socialistas promulgaron el "Sí" en contra de buena parte de sus votantes y la derecha de Alianza Popular hizo campaña por la abstención en contra de buena parte de la opinión de los suyos. Ganó el "Sí" con un 56% de los votos. Todos ganaron perdiendo y España se mantuvo en el bloque occidental.

El nuevo comunismo

Enrico Berlinguer, carismático líder en los años setenta del poderoso partido comunista italiano y posiblemente la figura más importante de la izquierda occidental aquellos años, modernizó el partido y lo distanció del Partido Comunista Soviético, lo que generó una enorme controversia por romper moldes con la "sagrada" URSS. Algunos compañeros filosoviéticos, como Francesco Cosutta, le acusaron de tener "una óptica racionalista burguesa".

Berlinguer: "Me siento más seguro bajo el paraguas de la OTAN que del Pacto de Varsovia"

El hombre que era el estandarte del nuevo eurocomunismo revolvió los dogmas progresistas en una entrevista en 1976 en la que soltó: "Me siento más seguro bajo el paraguas de la OTAN que del Pacto de Varsovia". Luego, en aquella mítica entrevista del periodista Giampaolo Pansa publicada en Corriere, le preguntan: "¿Me está diciendo que el socialismo en libertad sería más realizable en el sistema occidental que en aquel oriental?". "Sí, por supuesto", responde. "El sistema occidental ofrece menos restricciones. Sin embargo, cuidado. Desde allí, en el Este, tal vez les gustaría que construyéramos el socialismo como a ellos les gusta. Pero aquí, en Occidente, algunos ni siquiera querrían que empezáramos a hacerlo, ni siquiera en libertad. Reconozco que de nuestra parte hay cierto riesgo en seguir un camino que no nos gusta ni aquí ni allá", concluyó.

Años después se ha sabido, explica un amplio reportaje sobre Berlinguer en The Vision, que el comunista italiano sospechó que la KGB quiso matarle en un extraño accidente de coche que sufrió en 1973 en Sofía, Bulgaria, en el que un camión lleno de piedras se cruzó en la carretera, tras reunirse con Todor Zhivkov, secretario general del Partido Comunista búlgaro. En el choque murió el intérprete y Berlinguer salió herido. Durante años se ocultó el suceso hasta que la familia, en un documental de 2014, habló abiertamente de esas sospechas.

Foto:
Vladímir Putin: el paria más peligroso del mundo
Daniel Iriarte Enrique Andrés Pretel A. Alamillos VA Diseño Rocío Márquez Fernando Anido

Otros líderes de la izquierda occidental de aquellas décadas, como el francés Georges Marchais, líder del Partido Comunista de Francia (PCF), prefirieron enterrar el partido electoralmente que bajarse de su vieja admiración soviética. "El balance de la URSS es globalmente positivo", dijo el francés cuando ya se conocían los horrores de los gulags, la enorme represión policial y la ruina de una revolución que se había desmoronado. El balance electoral del PCF en los siguientes comicios fue globalmente negativo.

Entonces, un comunista británico, italiano, español o francés, de alguna manera, veía en la desconocida URSS la tierra prometida de su ideología. Y, sobre todo, veía la antítesis del sistema capitalista e imperialista estadounidense que detestaba.

Putin, el ídolo de la extrema derecha

Luego, cayó el muro en 1989 y, tras años de zozobra rusa, aparece un exagente del temido KGB que devuelve a Rusia un orgullo perdido: Vladímir Putin. Toda la Europa occidental, incluidos mandatarios europeos de todo tipo de ideologías y países, han agasajado y admitido durante años al poderoso Putin. Lo extraño es: ¿hacía falta que invadiera Ucrania en 2022 para descubrir quién era el presidente ruso? ¿Cómo es que un político que durante años ha ordenado matar o encarcelar opositores, perseguido colectivos minoritarios, intentado desestabilizar democracias occidentales con sus ejércitos de 'bots' y hecho escombros muchas ciudades de diversos países, generando miles de víctimas, no ha sido sancionado antes y se ha convertido, incluso, en un personaje admirado por buena parte de la extrema derecha europea?

Foto: El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, charla con el líder del Vox, Santiago Abascal. (Reuters)

Putin ha conseguido que una parte de la extrema derecha europea le haya convertido en su referente por ser un ultracristiano, nacionalista, contrario a movimientos LGTB y por los derechos de los inmigrantes, que ha apoyado cualquier partido soberanista que ponga en riesgo a la UE y su sistema democrático. Dos ejemplos de esa admiración son Italia y Francia. Matteo Salvini, exvicepresidente italiano y líder de la ultraconservadora Lega, ha sido un declarado fan del ruso. El italiano calificó a Putin como "uno de los mejores políticos de nuestro tiempo" y hasta subió a redes una foto con una camiseta con la cara de Putin en la Plaza Roja de Moscú en la que decía "cambio dos Mattarella (actual y reputado presidente de Italia) por medio Putin".

En Francia, la ultraconservadora Marine Le Pen ha debido eliminar un millón de folletos electorales ya impresos porque en ellos había una foto abrazada a Putin. En todo caso, parece, según las encuestas, que a Marine Le Pen el hecho de ser declarada admiradora de Putin no le ha restado apoyos en las sondeos previos a las elecciones francesas. Hay alrededor de un 22% de franceses que dijeron que votarían por ella. "Mis políticas son las políticas del señor Putin", dijo Le Pen en una entrevista en 2017 en la BBC.

Líderes de la ultraderecha de Holanda, Hungría, Alemania… tenían a Putin como ejemplo de gran líder. La contundente intervención militar en Siria para acabar con el ISIS dio una enorme popularidad al ruso entre los ultras europeos. Putin es un tipo "con cojones", atributo que siempre se resalta entre los grandes patriotas de cualquier rincón del globo, opinaba al inicio de la guerra Silvia, una romana votante de los ultras de Fratelli d’Italia que además aseguraba que "con Trump y Berlusconi en el poder esta guerra no había sucedido".

"Yo creo que Rusia tiene razón en atacar y he votado a Orbán"

En el entorno ideológico de Silvia no se ve a Putin como una amenaza, sino como un aliado de valores compartidos. Viktor Orbán, presidente húngaro y uno de los "amigos" de Putin, ha obtenido una apabullante victoria electoral el 3 de abril, el mismo día que se conocía la masacre rusa en Bucha. "Yo creo que Rusia tiene razón en atacar y he votado a Orban", manifiesta una conocida medio húngara y alemana que vive en Budapest. No responde al estereotipo de perfil ultra. Es una chica viajada que ha estudiado un prestigioso Máster de Relaciones Internacionales de Europa, habla varios idiomas y tiene una buena cultura y posición social.

Un telón y 50 años de diferencia

“En Occidente no comprendéis ni conocéis la mentalidad rusa", repetían con frecuencia en las tres repúblicas bálticas. En una reciente ruta por Lituania, Letonia y Estonia, nos sorprendió el alto nivel que encontramos de desarrollo, pujanza y modernidad. La impresión fue la de viajar por sociedades jóvenes y creativas, no por exrepúblicas soviéticas de futuro incierto. Tan sorprendente como el desarrollo fue entender que había toda una historia que desconocíamos llena de eventos históricos ligados a Rusia que ellos entendían como una dolorosa herida.

De Estonia, Letonia y Lituania, países miembros de la UE y OTAN, así como del resto de exrepúblicas soviéticas, se conoce poco en la Europa occidental. "El Gran Ducado de Lituania fue el estado más grande de Europa en el siglo XV", dijo orgullosa una amiga lituana en una cena en Roma. La mayoría de los comensales nos miramos sorprendidos. "¿Qué es el Gran Ducado de Lituania?", preguntó uno.

Muchos se preguntan si es Rusia o es Putin la responsable de este ataque. ¿Fue Hitler o Alemania? ¿Fue la Sudáfrica blanca la culpable del apartheid o fueron sus enloquecidos ideólogos? Siempre hay un líder, pero también debe haber muchas personas dispuestas a seguirlo. "Nosotros no sabíamos lo que sucedía, en las noticias no se contaba nada", me dijo cuando vivía en Ciudad del Cabo Danuta, una sudafricana blanca, de familia bóer, excusándose por aquel terrible régimen. Escuché más veces esa versión los años que viví allí. Efectivamente, las noticias no narraban los abusos que sufrían los negros y mestizos y sí sus ataques y revueltas. Así fabricaba el régimen la amenaza que convertía sus agresiones en defensa propia, pero cuando a las seis de la tarde sonaba una sirena en las ciudades sudafricanas y todas las personas negras y mestizas debían dejar la urbe de los blancos e irse a vivir a sus atestadas miserables barriadas, ¿no pensaban los sudafricanos blancos que algo injusto estaba sucediendo?

Foto: Cadetes del Ejército ruso participan en una ceremonia en Moscú. (EFE)

Los pocos periodistas occidentales que informan aún desde Moscú hablan de una manipulación gigantesca de las noticias y una represión brutal a los que se atreven a oponerse a los planes del Kremlin. Según señalan algunas encuestas que han aparecido, el apoyo a Putin y la guerra se sitúa entre el 75 y 80%. Muchas voces ucranianas y de los países bálticos remarcan que el ataque es ruso, no de Putin, y que esa agresividad imperial está en su cultura desde hace siglos. ¿Se infravalora la amenaza rusa en la UE? "La amenaza de Rusia en la mayoría de los casos se infravalora en Europa. En primer lugar, porque en algunos casos hay una falta de comprensión sobre cómo funciona Rusia", respondió la catedrática lituana de relaciones internacionales, Margarite Seselgyte, cuando la entrevisté en verano.

Hoy esas palabras pronunciadas cinco meses antes de la invasión de Ucrania suenan a profecía. Hasta un minuto después de que el primer tanque ruso cruzara la frontera de Ucrania, muchos europeos occidentales creían que Rusia no atacaría. En Europa occidental la guerra acabó en 1945, en Europa oriental en 1991. En la primera el enemigo fue Alemania, en la segunda acabó siendo Rusia. 50 años de olvido y un telón de acero separan a ambas.

¿Cómo ha conseguido la Rusia de Vladímir Putin que un miliciano italiano, Edy Ongaro, de ideología comunista, haya muerto luchando contra los ucranianos en el Donbás y, a la vez, los principales líderes conservadores y populistas de Italia hayan sido estos años declarados fans del presidente ruso? Extrema derecha y extrema izquierda, por razones distintas, han apoyado en Occidente al presidente o a al país rusos. Un respaldo que tiene razones diversas. Una parte de la ultraizquierda apoya a Rusia por nostalgia de la URSS y rechazo a EEUU y una parte de la ultraderecha apoya a Putin por similitud ideológica.

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