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Putin sabe lo que quiere en Europa del este... Y nosotros no sabemos si Helsinki o Yalta
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Putin sabe lo que quiere en Europa del este... Y nosotros no sabemos si Helsinki o Yalta

Mientras las tropas rusas se concentran en las fronteras de Ucrania, amenazando con la guerra más grande en Europa desde 1945, el mundo entero está tratando de adivinar las intenciones de Vladimir Putin

Foto: Una ceremonia en recuerdo de los caídos en Kiev. (Reuters/Valentyn Ogirenko)
Una ceremonia en recuerdo de los caídos en Kiev. (Reuters/Valentyn Ogirenko)

Mientras las tropas rusas se concentran en las fronteras de Ucrania, amenazando con la guerra más grande en Europa desde 1945, el mundo entero está tratando de adivinar las intenciones de Vladimir Putin. Pero la pregunta estratégica que deben hacerse las democracias de Europa y América del Norte es: ¿qué es exactamente lo que queremos nosotros mismos?

El objetivo a largo plazo de Putin en Europa del Este está, de hecho, perfectamente claro. Quiere restaurar, tanto como sea posible, el imperio, el estatus de gran potencia y la esfera de influencia que Rusia perdió tan dramáticamente hace 30 años, con la desintegración de la Unión Soviética en diciembre de 1991. Son solo sus tácticas las que nos mantienen intentando adivinar qué se le pasa por la cabeza. Desde 2008, cuando aseguró por la fuerza dos partes secesionistas de Georgia, y ciertamente desde que tomó Crimea en 2014, ha sido evidente que está listo para usar cualquier medio, desde la diplomacia y la desinformación hasta los ataques cibernéticos y guerra.

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Occidente ha contribuido a esta crisis con su confusión y desacuerdo interno sobre su objetivo estratégico en Europa del Este. Esencialmente, Occidente, si todavía se puede hablar de un solo Occidente geopolítico, ha pasado los años desde 2008 sin ser capaz de decidir entre dos modelos diferentes en Eurasia, en su lugar ha ido buscando un poco de ambos y ninguno correctamente. A estos modelos los podemos llamar, abreviadamente, Helsinki y Yalta. El objetivo inmediato de Occidente debe ser disuadir una invasión rusa de Ucrania, pero detrás de eso se encuentra esta opción más amplia.

Sobre el papel, todos en Occidente suscriben el modelo Helsinki: una Europa de estados democráticos independientes, soberanos e iguales, que respetan el estado de derecho y se comprometen a resolver todas las disputas por medios pacíficos. Comenzó a desarrollarse en el acuerdo del Acta Final de Helsinki de 1975, se articuló plenamente en la Carta de París para una Nueva Europa en 1990 y ahora está institucionalizado en la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE). Más inspirador, el objetivo se resume en las palabras que Harvey Sicherman, un diplomático estadounidense ahora olvidado, escribió en un discurso del presidente George H.W. Bush: "Europa entera y libre... y en paz".

El modelo alternativo es Yalta. La cumbre de febrero de 1945 entre Joseph Stalin, Franklin Roosevelt y Winston Churchill de Yalta, en (oh, ironía de la historia) Crimea, se ha convertido en sinónimo de grandes potencias que reparten Europa en esferas de influencia occidentales y orientales. Las recientes propuestas de tratados maximalistas de Rusia a Estados Unidos y la OTAN equivalen a exigir lo que los analistas rusos han llamado en realidad "Yalta 2". Solo unos pocos autoproclamados "realistas" en Occidente respaldan explícitamente este modelo, pero muchos más se suscriben efectivamente a alguna versión de aceptar esferas de influencia.

Foto: El profesor Mark Galeotti, en la Plaza Roja de Moscú. (Foto cedida)

Evidenciando el doble rasero que ha caracterizado el enfoque de Europa occidental hacia Europa oriental durante siglos, aquellos que estarían totalmente indignados por la idea de que Polonia pudiera tener veto sobre a qué alianza debería unirse Alemania, o Gran Bretaña sobre Francia, están bastante dispuestos a darle a Rusia el veto sobre las opciones de alianza de Ucrania. Europeos occidentales que gritarían "¡Fascismo!" ante cualquier sugerencia de que los reclamos territoriales puedan basarse en la existencia de una minoría danesa en el norte de Alemania o una minoría de habla alemana en el norte de Italia, encuentran "comprensible" que Moscú haga tales reclamos sobre Ucrania. En Bruselas y París, hay muchos 'pequeños europeos' (por analogía con los 'Pequeños ingleses', que estaban en contra de la expansión del imperio británico) para quienes incluso la Unión Europea actual se ha extendido demasiado hacia el este.

A veces, Yalta en realidad está envuelta en Helsinki. Si, frente a un agresor que está dispuesto a utilizar medios violentos para desestabilizar y desmantelar un Estado europeo, nos negamos a suministrar armas defensivas a Ucrania y confiamos únicamente en los monitores de la OSCE y las negociaciones diplomáticas, en realidad estamos concediendo Yalta mientras pretendemos hacer Helsinki. Estamos haciendo que la guerra sea más probable al no defender la paz. Los socialdemócratas alemanes, que alguna vez fueron los inventores de la versión brillantemente innovadora de la distensión de Alemania Occidental conocida como Ostpolitik, son actualmente la prueba global A del pensamiento confuso, el autoengaño y la hipocresía absoluta que esto conlleva. Representan una especie de Yalta avergonzada, la Yalta que no se atreve a pronunciar su nombre.

Foto: El canciller alemán, Olaf Scholz. (Reuters)

Desde que una gran disputa entre aliados occidentales en la cumbre de la OTAN de 2008 produjo el pésimo arreglo de una declaración pública sobre que Ucrania y Georgia se unirían a la OTAN, combinada con un acuerdo privado de que la OTAN no haría nada serio para que eso sucediera en realidad, Occidente se ha estancado en un estado de confusión estratégica. Desde entonces, Occidente se ha abierto solo a medias a Ucrania, apoyando a medias su independencia, integridad territorial y transición hacia un estado europeo viable, soberano y democrático. Ucrania no está en la OTAN, ni lo estará pronto, pero la OTAN está en Ucrania. Los estados miembros de la OTAN, incluidos EEUU y Reino Unido, han suministrado armas y tienen personal de entrenamiento militar allí. Ucrania no está en la UE, ni lo estará pronto, pero la UE está en Ucrania. La UE tiene importantes programas para apoyar la transición política, económica y medioambiental del país.

Ni come, ni deja comer

Occidente necesita por fin tomar la decisión estratégica. Deberíamos seguir decididamente el modelo de Helsinki. Los países que actualmente forman parte de la UE y la OTAN deberían dedicarse, con paciencia y constancia, al objetivo de una Europa íntegra, libre y en paz, no solo diciéndolo, sino yendo en serio.

Un componente esencial de esta visión a largo plazo es que está abierta a una genuinamente democrática Rusia posterior a Putin. Cuando algunos estadistas pesos pesados del 'establishment' alemán de asuntos de seguridad propusieron recientemente que se debería ofrecer a Rusia la membresía en la OTAN, algunos pueden haber descartado esta idea como una salvaje rusofilia alemana. Pero, en principio, tienen toda la razón. Frente a una superpotencia china asertiva, hay muchas razones por las que una Rusia democrática sería un miembro muy deseable de una alianza de seguridad defensiva que conecte a América del Norte, Europa y Eurasia. La relación con la UE será más complicada, pero la arquitectura europea ya da cabida a países importantes que no son miembros de la UE. Estoy escribiendo estas palabras en uno de ellos, Reino Unido.

Esta estrategia es anti-Putin, pero pro-Rusia. Hace unos años, incluso una mayoría de los rusos podría haber rechazado esa distinción, aceptando implícitamente la afirmación zarista de Putin "La Russie, c'est moi". Ya no más. No está claro si incluso una rápida reconquista de otro rincón del antiguo imperio ruso, en lo que ahora es Ucrania, aumentaría significativamente su decreciente popularidad en casa, como lo hizo la toma de Crimea en 2014. Tan asustado está el régimen de Putin de Alexei Navalny, un opositor político que dice que quiere que Rusia "siga el camino europeo", que se intentó envenenarlo y ahora está encerrado en un campo de prisioneros.

En la política y la diplomacia, como en otras áreas de la vida, necesitas una habilidad para encontrar un compromiso y vivir en acuerdos provisionales. Pero también deberías saber lo que quieres. Putin lo sabe. Nosotros deberíamos.

*Análisis publicado en el European Council on Foreign Relations por Timothy Garton Ash y titulado 'Putin knows exactly what he wants in eastern Europe – unlike the West'

Mientras las tropas rusas se concentran en las fronteras de Ucrania, amenazando con la guerra más grande en Europa desde 1945, el mundo entero está tratando de adivinar las intenciones de Vladimir Putin. Pero la pregunta estratégica que deben hacerse las democracias de Europa y América del Norte es: ¿qué es exactamente lo que queremos nosotros mismos?

Vladimir Putin Conflicto de Ucrania
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