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El pequeño aperitivo lituano de la batalla económica y diplomática de China a Europa
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El pequeño aperitivo lituano de la batalla económica y diplomática de China a Europa

Lituania es el test tornasol que evaluará -y marcará- las opciones de la UE en los próximos años de creciente competencia con una China que emplea muy generosamente su poder de presión

Foto: La embajada china en Vilna, Lituania (EFE/Valda Kalnina)
La embajada china en Vilna, Lituania (EFE/Valda Kalnina)

A principios de mes, un cargamento de decenas de miles de botellas de ron procedente de Lituania quedó bloqueado en las aduanas de entrada al mercado chino. Tras varias semanas "varadas en el mar", Taiwán entró al rescate, y la compañía estatal Corporación de Tabaco y Licor de Taiwán (TTL, por sus siglas en inglés) compró 20.400 de las botellas de ron. "Lituania nos apoya, nosotros apoyamos a Lituania. La TTL pide un brindis por ello". Con tantas botellas, puede ser una fuerte borrachera.

La pequeña Lituania se ha visto inmersa en un conflicto diplomático de escala global con China desde el pasado noviembre, cuando las autoridades de Vilna anunciaron la apertura de una oficina de representación de Taiwán. Tras una queja diplomática formal por lo que entendieron como un ataque a la política de "una China", Pekín ha desplegado una batería de tácticas de presión económica cada vez más habituales en su estrategia de relaciones exteriores: ha dejado de emitir visados a nacionales lituanos (Vilna retiró a sus últimos diplomáticos en el país asiático a finales de diciembre, temiendo por su seguridad), bloqueado exportaciones lituanas e, incluso, presionando a exportaciones de compañías tanto europeas como estadounidenses que utilicen componentes fabricados en Lituania. Esta desigual contienda entre un David y el gran Goliat del escenario internacional se traduce en una prueba para la Unión Europea en su conjunto y su intención de ser más asertiva y resilente ante las presiones chinas. Para algunos, Lituania es el test tornasol que evaluará -y marcará- las opciones de la UE en los próximos años de creciente competencia con una China que emplea muy generosamente su poder de presión.

Foto: Banderas de China y Australia. (Reuters)

¿Cómo ha llegado la pequeña Lituania a ser el último objetivo de la agresiva política exterior -diplomática y económica- de China? Los primeros signos de tensión se remontan a 2019, cuando el Departamento de Estado de Seguridad del Gobierno lituano incluyó a China en su informe anual de amenazas para el país. Más o menos por las mismas fechas, el presidente lituano, Gitanas Nauseda, hacía declaraciones en contra de las inversiones chinas en los puertos del país báltico. El pasado mayo, Lituana se salió del 17+1, un grupo promovido por China de países de Europa Central y Oriental, donde encuentra a varios de sus afines dentro de la UE. Al mismo tiempo, la inteligencia militar lituana señalaba a Huawei y su participación en el desarrollo de la red 5G como una amenaza para la seguridad nacional. Y entonces llegó la gota que colmó el vaso de la -escasa- paciencia china: el anuncio de la apertura de una oficina de representación -que podría verse como una embajada- de Taiwán.

"Lituania trata de hacer rehén a las relaciones China-EU con sus propios errores, lo que es irresponsable y muy peligroso", ha afirmado el portavoz del ministerio de Exteriores chino, Zhao Lijian, quien además advirtió a la UE que se mantuviera "vigilante". En el contexto de rivalidad geopolítica entre EEUU y China, Washington también se ha pronunciado, ofreciendo su apoyo -de momento, sin medidas concretas- a Lituania por "los intentos de matoneo chinos", en palabras del secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken.

Lituania, curiosamente, es uno de los países europeos que se veía mejor situado para poder 'plantar cara' a China en este escenario. "La interdependencia de Lituania con China es relativamente baja en comparación con otros países europeos en términos de comercio e inversiones", apunta Linas Kojala, analista lituano del Centro de Estudios de Europa Oriental en Vilna, en entrevista con El Confidencial. Kojala, uno de los principales analistas internacionales del país, apunta a su particular historia: "Lituania tiene mucha experiencia en lidiar con temas e inversiones susceptibles de afectar a la seguridad nacional, por tener a Rusia como vecino. Pero también se puede aplicar a China", añade. Esta peculiaridad lituana la han sentido en sus carnes recientemente en la empresa gallega 'Puentes y Calzadas', vetada por el Gobierno lituano en un millonario contrato para construir un puente en el país báltico por tener un alto porcentaje de capital chino. Según un informe del Instituto Mercator para los Estudios sobre China (Meris, por sus siglas en inglés), Lituania es precisamente uno de los países con menor inversión directa china acumulada en la última década, con menos de 100 millones (el menor rango disponible del estudio), frente a países como Alemania, con 24.800 millones (y esto solo la inversión directa) o Italia con 16.000 millones. Pero, pese a esa menor interdependencia con China, los primeros efectos económicos ya han empezado a notarse, generando críticas internas.

Foto: Li Keqiang, 'premier' chino. (Reuters)

"[El Gobierno] probablemente no esperaban una reacción tan dura de China. En un primero momento, el principal argumento fue que nuestros lazos comerciales con China son pequeñas importaciones y exportaciones, pequeñas en términos de capacidad. Así que no iba a ser tan costoso para nosotros. Pero no se anticipó que China pondría en la diana también a las empresas extranjeras que tienen algún tipo de relación económica con Lituania y tienen también lazos comerciales con China, para básicamente castigar al país en un sentido mucho más amplio. Esa vertiente secundaria de las sanciones -oficiosas, no oficiales- no se esperaba", admite el analista.

Ese tipo de sanciones secundarias que afectan a empresas cuyos productos por ejemplo simplemente utilicen un componente fabricado en Lituania amplía el foco y afecta a la propia cadena de suministros europea y el mercado único. "Al europeizar el problema, China ha convertido [la disputa comercial con Lituania] en un test para la Unión Europea en su conjunto", señala Janka Oertel, investigadora para Asia del European Council on Foreign Relations. De momento, la UE ha prometido llevar el caso del embargo a la Organización Mundial del Comercio.

El hecho de que Lituania sea uno de los 27 miembros de la Unión ya forzaba a una cierta implicación de la UE, pero, después de todo, la política exterior sigue siendo competencia exclusiva de los estados miembro. Pero lo de Lituania es solo un pequeño aperitivo que se irá repitiendo cada vez más con una política exterior China más agresiva y reforzada, tras test similares -y exitosos- con Australia o Canadá. "El riesgo de represalias económicas será una característica permanente de la nueva normalidad en la relación [entre países con China]", afirmaba Richard Maude, antiguo asesor principal en políticas internacionales del Gobierno australiano, en un reportaje anterior de El Confidencial.

Foto: Foto: EFE.

Aunque, según ha transcendido públicamente, algunos países -incluso Alemania- han criticado veladamente a Lituania por desatar la crisis por la presunta violación de la política de "una China" (el Gobierno lituano ha defendido que se trata de un acercamiento cultural a Taiwán, no político), otros han aprovechado la coyuntura para acelerar los planes de un mecanismo europeo "anticoerción económica" para futuros escenarios similares. El presidente francés, Emmanuel Macron, que acaba de estrenar la presidencia rotatoria del Consejo de la UE, ha intentado acelerar esos planes para la aprobación del mecanismo, que incluiría un fuerte paquete de medidas comerciales, no políticas, en esos casos. "Si se necesitaba alguna prueba de que la UE necesita un instrumento efectivo para protegerse contra la coerción económica de terceros países, la presión chantajista de China sobre Lituania lo ha demostrado", ha declarado el eurodiputado de los verdes y líder de la comisión de relaciones con China Reinhard Bütikofer, quien ha sido también objeto de sanciones de Pekín.

"Las expectativas son fuertes, pero en realidad es un mecanismo muy complejo que necesita alcanza un consenso político a través de un proceso legal y burocrático. No deberíamos esperar que esa [reacción europea] sea extremadamente eficiente desde ya", proyecta Kojala, quien incide también las propias divisiones internas de la Unión: "No debemos olvidar que hay algunos países europeos, incluidos algunos de los más grandes [en referencia a Alemania], que tiene fuertes relaciones con China en términos de comercio".

Lituania, la prueba tornasol

Por el momento, el pequeño pero rico Taiwán quien ha acudido al rescate, en un intento de demostrar que también tiene algo que ofrecer ante el goteo de deserciones de países que se mostraban más dispuestos al acercamiento a la antigua Formosa ante la zanahoria (inversiones) y el palo (sanciones y coerción económica) de Pekín.

La semana pasada, Kung Ming-hsin, ministro taiwanés de Desarrollo Nacional, anunció un fondo de crédito de 1.000 millones de dólares. Unos días antes, Taipei anunció otra inversión de unos 200 millones de euros en "sectores estratégicos" de Lituania, como la construcción y desarrollo de una industria de semiconductores y producción de microchips, un sector clave del éxito económico taiwanés y en el que Europa tiene puesto el ojo para su estrategia industrial. "Taiwán está jugando sus cartas económicas. Claramente, tiene algo concreto que ofrecer al ecosistema europeo de semiconductores, y el mensaje está ligado a profundizar el espacio internacional de Taiwán", afirma Mathieu Duchatel, director del programa para Asia del Instituto Montaigne, al diario 'Politico'.

El sueño de convertir Lituania en puntera en la industria de los microchips es, todavía, un sueño neblinoso, pero ante el bloqueo chino, las autoridades lituanas lo han visto con buenos ojos, al menos hasta que pase -o si pasa- la tormenta de la presión de Pekín. "Si a Lituania le sale bien o mall será un test tornasol. Muchos países occidentales están con los ojos puestos en lo que está pasando y haciendo sus propios cálculos para su futura política con China. Si sale bien, otros países podrían seguirla. Y lo que está pasando con Lituania se va a repetir con otros países y no necesariamente solo China", concluye el analista lituano. O, en palabras del jefe de política internacional del influyente Financial Times, Gideon Rachman, "si China tiene éxito en su acoso a Lituania mientras la UE observa imponente desde la barrera, esta enseñanza será apuntada, no solo por Pekín, sino también en Moscú y Washington".

A principios de mes, un cargamento de decenas de miles de botellas de ron procedente de Lituania quedó bloqueado en las aduanas de entrada al mercado chino. Tras varias semanas "varadas en el mar", Taiwán entró al rescate, y la compañía estatal Corporación de Tabaco y Licor de Taiwán (TTL, por sus siglas en inglés) compró 20.400 de las botellas de ron. "Lituania nos apoya, nosotros apoyamos a Lituania. La TTL pide un brindis por ello". Con tantas botellas, puede ser una fuerte borrachera.

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