¿Escenario Hong Kong? Los crecientes problemas de China en Myanmar
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¿Escenario Hong Kong? Los crecientes problemas de China en Myanmar

El gigante asiático se encuentra en un aprieto. El sentimiento antichino crece en Myanmar, donde algunos manifestantes prodemócratas apuntan a Pekín tras el golpe

placeholder Foto: Protesta en Copenhague por la represión en Myanmar. (EFE)
Protesta en Copenhague por la represión en Myanmar. (EFE)

Durante el fin de semana, manifestantes que pedían la vuelta a la democracia quemaron y arrasaron tiendas de chinos en Yangon, la principal ciudad de Myanmar. La Embajada china exigió a la junta restaurar el orden. En unas pocas horas, los generales cumplieron: los soldados mataron a decenas de manifestantes y se declaró la ley marcial.

Las protestas anti China añadieron una dimensión internacional a la crisis política de Myanmar. Los manifestantes están enfadados no solo contra los militares, sino también contra el apoyo implícito chino a la junta. Esta reacción negativa es una gran prueba para Pekín. Como una superpotencia con cada vez más poder y un peso pesado en la región, ¿será capaz de mirar a otro lado mientras sus intereses en Myanmar arden en llamas -literalmente-?

Foto: Protesta contra el golpe de Estado en Rangún, la capital de Myanmar. (Foto: Reuters)

Lo que está en juego para China en Myanmar. China siempre ha sido muy clara con lo que quiere de su vecino del sur: un trozo del pastel de sus recursos y de sus salidas marítimas. Pekín quiere que los generales reinicien los planes para una controvertida presa hidroeléctrica para generar electricidad para China, algo que los locales temen que acabe dañando al medioambiente y obligue a miles de ciudadanos a ser realocalizados. Además, Pekín mira con buenos ojos las tierras raras de Myanmar (la producción ha caído drásticamente desde el golpe, algo que probablemente influyó la reciente amenaza de Pekín de dejar de exportar tierras raras a EEUU).

Por si fuera poco, China necesita que Myanmar siga construyendo un gasoducto que una la provincia china de Yunnan al puerto de Kyaukpyu en el estado de Rakhine en Myanmar. ¿El objetivo? Conseguir acceso al Océano Índico, donde China está compitiendo por la supremacía marítima con India.

Pekín y la silla caliente. Desde el golpe del 1 de febrero, los intereses chinos se han puesto en duda en Myanmar. Más allá de los rumores en las redes sociales, hay un runrún de que China, el mayor aliado del nuevo régimen, ayudó a los militares a derrocar al gobierno. Los activistas prodemócratas sospechan que expertos en ciberseguridad chino han ayudado a la junta a desarrollar una tecnología de censura en Internet similar a la China del Gran Cortafuegos.

¿Intervencionismo chino en Myanmar?

Pese a que tiene detrás una larga historia de actividad en la sombra en Myanmar, China ha rechazado estas acusaciones diciendo que son ‘fake news’ y atacó a los manifestantes que piden boicotear los productos chinos y sabotear el gasoducto de Kyakpyu. Sin embargo, Pekín, como siempre, está preocupada por la inestabilidad en su frontera y frustrada con el fracaso de los generales por controlar la situación en las calles.

¿Qué hará China? El gigante asiático se encuentra en un aprieto. Por un lado, podría esperar a que las protestas -y los ataques a negocios de chinos- acabaran cediendo después de un golpe de efecto de la junta. Eso es lo que hizo China en 2014 y 2019 después de las manifestaciones prodemocracia en Hong Kong, donde ahora China reina con un puño de hierro.

Por otro lado, si el sentimiento antichino sigue creciendo y se vuelve más violento, China podría pensar que debe hacer algo más radical. Una intervención militar directa, sin embargo, sería el anatema de la antigua política china de no interferencia en los asuntos políticos domésticos de otros países.

No interferencia vs. Wolf Warrior. Ahora mismo, el escenario de Hong Kong es el más probable. Una razón es que China está muy preocupada por su reputación como una superpotencia poderosa pero benigna (y esa es la principal razón detrás de su diplomacia de vacunas). La otra es que China no se acuerda de la última vez que mandó soldados a otro país (fue en 1979, cuando China perdió una breve guerra contra Vietnam).

Foto: Protestas en Myanmar. (EFE)

Pero si los negocios chinos siguen siendo atacados, Pekín podría pensar que está pareciendo demasiado débil contra un sentimiento antichino en sus fronteras. Si las protestas aumentan, China podría volver a la diplomacia Wolf Warrior, una forma de relacionarse con el resto del mundo más agresiva que toma el nombre de una película de mucho éxito en el país.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en GZERO Media. Si te interesa la política internacional, pero quieres que alguien te la explique, suscríbete a la 'newsletter' Signal aquí.

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