Latinos, ancianos y exconvictos: la Casa Blanca pasa por ganar la excéntrica Florida
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los sondeos muestran una carrera ajustada

Latinos, ancianos y exconvictos: la Casa Blanca pasa por ganar la excéntrica Florida

Florida, con sus 29 votos de colegio electoral, es uno de los 'swing states' clave para las elecciones del 3 de noviembre. Su electorado diverso hace que ambos candidatos tengan opciones

Foto: Latinos, ancianos y exconvictos: la Casa Blanca pasa por ganar la excéntrica Florida
Latinos, ancianos y exconvictos: la Casa Blanca pasa por ganar la excéntrica Florida

Cientos de coches colapsan la célebre calle Flagler de Miami. El sol derrite la piel y la humedad ahoga, pero la mayoría de los vehículos tienen las ventanillas abiertas. Por ellas, salen banderas de EEUU, enseñas rojas del Partido Republicano y carteles en apoyo a Donald Trump. En el festivo ambiente, caldeado con los frenéticos cláxones de los automóviles, se cuelan también ritmos de salsa, bachata y hasta reguetón. La multitudinaria caravana en apoyo al presidente estadounidense ha sido organizada por la comunidad latina, y las arengas se lanzan en castellano.

“El capitalismo es 10.000 veces mejor que el socialismo, y por eso yo voto por Trump”, comenta Omar Sisto, un empresario de origen cubano que lleva más de 40 años en EEUU y fue vicepresidente de la Cámara de Comercio latina en Miami, mientras la caravana avanza por el centro neurálgico de la Pequeña Habana, un lugar de la urbe donde los carteles están en la lengua de Cervantes y se come arroz con habichuelas.

Florida, con sus 29 votos de colegio electoral, es uno de los ‘swing states’ clave para las elecciones del 3 de noviembre. Las encuestas a nivel estatal sitúan allí al candidato demócrata Joe Biden con una pequeña ventaja, de alrededor de tres puntos —bordeando el margen de error—. En 2016, Trump consiguió ganar con una pequeña ventaja, convirtiendo Florida en una victoria clave para sentarse en el despacho oval, a pesar de perder el voto popular en el conjunto del país.

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Pero no todos los sondeos arrojan buenas noticias para Biden. La comunidad latina supone más del 17% de voto en un estado que ha recibido durante los últimos 60 años migrantes de todos los países de América, pero especialmente de Cuba. Hillary Clinton, la excandidata demócrata, ganó ese segmento hace cuatro años con un 21% de distancia sobre Trump, según las encuestas de salida, pero la ventaja actual de Biden entre los latinos es de apenas seis puntos, según un análisis de la CNN.

El magnate ha alertado a la comunidad de origen latino de que un Gobierno de Biden sería benévolo con los líderes de Cuba, Venezuela y Nicaragua, y el calado de ese mensaje podría explicar, según los analistas, parte de la oscilación del voto hacia el presidente, que defiende políticas de mano dura contra los Díaz-Canel, Maduro y Ortega.

“Antes, aquí no había socialismo, pero en los últimos 30 años, en este país, han estado adoctrinando en las escuelas públicas a los muchachos. Ya muchos jóvenes, de entre 16 y 20 años, piensan que el socialismo es mejor que el capitalismo. Y no es así, es al revés”, explica el comerciante Sisto a El Confidencial entre los cláxones de quienes han acudido a la caravana.

Caravana pro Trump en Miami. (EFE)
Caravana pro Trump en Miami. (EFE)

A unas pocas calles, otro cubanoamericano, Luis Ramírez, espera el autobús sentado en un banco, junto a un taller de actividad frenética, donde el ruido de las herramientas se mezcla con la bachata que emana de la radio, elemento imprescindible en cualquier lugar que realmente merezca llamarse taller.

“Yo soy de los que se lanzaron al agua hace 25 años. Vine en balsa. Estuve tres días en el mar. Me queda allí familia, pero esta es mi tierra. Y soy republicano. Trump ha barrido la casa. En el Gobierno, había mucha corrupción. El cubano está además esperanzado con que este presidente haga algo con Cuba”, comenta, medalla de oro al cuello y gorra con la bandera de su país.

A unos 15 minutos de la calle Flagler, en el centro de la ciudad, el panorama cambia al día siguiente, durante una nueva caravana, pero en apoyo a Biden.

La lucha por el alma de Florida

Las banderas rojas republicanas mutan en azules. Las enseñas blanquinegras en apoyo a la policía se cambian por las del arcoíris de la comunidad LGTBI, y los cánticos a favor de Trump se tornan en alabanzas al candidato demócrata.

Dicen que somos socialistas. Que somos perversos. Eso son nombres que nos ponen a nosotros para ellos poder llevar su mensaje a un público que no está educado y que no sabe qué es lo que realmente está sucediendo”, expone Gabriel Páez, activista por los derechos de la comunidad no binaria, admitiendo, eso sí, que parte importante de los latinos piensa de esa manera.

“Nosotros venimos de los países comunistas, que sentimos que son opresores. Y pensamos que los únicos salvadores son los republicanos. Si opinas diferente, ya te etiquetan de comunista. Pero Biden no es pro Chávez. Maduro prefiere a Trump, y Trump prefiere a Maduro, eso lo tengo claro. Y de que mucha de la gente que está apoyando a Trump apoyó a Chávez hace más de 20 años, tampoco tengo dudas”, añade, mientras sostiene una bandera arcoíris.

Partidarios del candidato demócrata Joe Biden, en Miami. (EFE)
Partidarios del candidato demócrata Joe Biden, en Miami. (EFE)

Páez cree que el país está profundamente polarizado. "Aunque aquí siempre ha habido racismo, e intolerancia, había un balance y se podía convivir. Hoy en día, estamos llegando a un punto en que no se puede, y creo que Biden podría ser un nexo de unión. El entorno del presidente amaga con la posibilidad de no respetar el resultado electoral si Trump llegase a perder. ¿Qué es más comunista que eso? ¿Qué es más fascista que eso?", se pregunta el activista, que también defiende al candidato demócrata por el apoyo del partido a la comunidad homosexual.

Entre los ‘azules’, existen dudas sobre el futuro tras la noche electoral, en caso de una victoria de Biden. “Creo que va a haber agitación, gane o pierda Trump. Va a intentar evitar conceder su derrota. Nosotros vamos a ganar por una gran mayoría. Y si después tenemos que certificarlo en los juzgados, pues lo certificaremos en los juzgados. No es, eso sí, lo mejor para la democracia. Lo mejor sería que todo el mundo aceptase los resultados y se fuese para su casa”, comenta Angela Harrington, otra simpatizante del exvicepresidente.

Foto: ¿Qué pasa si Donald Trump pierde las elecciones y no acepta el resultado?

La caravana demócrata parte para hacer su recorrido en una ciudad que está atiborrada de propaganda electoral. No hay apenas corte publicitario en radio o televisión en que no aparezcan anuncios de ambos candidatos. La campaña demócrata incluso ha grabado su publicidad en diferentes acentos de castellano, y la difunde en distintas zonas, dependiendo de la comunidad latina que sea mayoría en el lugar donde va a salir al aire.

En las autopistas, las grandes vallas publicitarias aparecen cada pocos kilómetros. Muchas de las casas de los extensos barrios residenciales también han sido decoradas con carteles de los candidatos.

El oráculo de Florida

Florida es un estado clave, y se nota. Los equipos de campaña en EEUU no destinan los mismos fondos y esfuerzos a lugares que creen ganados o perdidos de antemano. Muchas veces, los candidatos no llegan ni a presentarse en esos estados. Florida, en cambio, sí es un campo de batalla. Trump y Biden han centrado sus esfuerzos en el estado sureño en las últimas semanas, visitándolo, ambos, en varias ocasiones.

Otro de los sectores decisivos del voto en el estado sureño es el de la tercera edad. Miles de nuevos jubilados eligen cada año el estado sureño para retirarse. Los mayores de 65 años suponen alrededor del 21% de los votos, y Trump ganó ampliamente en ese segmento, a nivel nacional, hace cuatro años.

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Ese apoyo podría estar ahora erosionándose, también en Florida. Biden ganaría el 47% de los votos de los floridanos de la tercera edad, frente al 45% que obtendría Trump, según un sondeo publicado por 'The New York Times'. Una de las razones, creen los analistas, podría ser la pandemia, que afecta con mayor dureza a los mayores de 65 años y que el presidente ha menospreciado desde su inicio.

“Sois prescindibles. Sois olvidables. No sois virtualmente nadie. Así es como Trump ve a la tercera edad”, dijo Biden (de 77 años) la pasada semana, durante una visita a un centro de mayores en Florida. Trump (74 años) respondió poco después, llamando a los ‘seniors’ sus personas “favoritas” y prometiéndoles acceso gratuito al mismo tratamiento que él recibió durante su convalecencia por covid-19.

El presidente de EEUU, Donald Trump, en un mitin de campaña en Florida. (Reuters)
El presidente de EEUU, Donald Trump, en un mitin de campaña en Florida. (Reuters)

El voto de los exconvictos

Estos son, además, unos comicios especiales en Florida. Alrededor de 1,6 millones de personas podrían ser añadidos al censo de votantes. Son condenados por faltas graves o delitos, la mayoría expresidiarios, cuyo derecho al voto ha sido restablecido tras salir de prisión. Florida era uno de los cuatro estados donde los exconvictos perdían su derecho al voto, para toda la vida. Pero, el año pasado, la Coalición por la Restauración de los Derechos de Florida consiguió, tras un referéndum, la aprobación de una ley para acabar con las limitaciones, en todos los casos, menos en los de asesinos y violadores.

“Si tienes que pagar impuestos, tienes que tener el derecho al voto. Ir a las urnas hace a los expresidiarios sentirse más humanos, como una persona normal”, comenta Dexter ‘Chico’ Gunder, un exconvicto afroamericano que realiza una labor de información dentro de la coalición.

También recauda fondos. El estado de Florida aprobó el voto de los condenados, pero solo cuando terminasen de pagar las costas e impuestos de sus procesos judiciales, dejando a la mayoría en la estacada. Multimillonarios como Michael Bloomberg o LeBron James han donado grandes sumas de dinero —se han recaudado más de 20 millones de dólares— para pagar esas deudas.

La medida ha sido criticada por algunos sectores republicanos. Temen que los expresidiarios voten en masa a los demócratas. “No somos partidistas. Nos da igual a quién votes. Solo queremos que la gente vaya a las urnas”, asegura Gunder.

Florida ya ha sido decisiva en el pasado. El expresidente George W. Bush se impuso en el estado sureño, en 2000, por un puñado de votos, después de un lento recuento, que debió ser incluso certificado por los tribunales. No se hubiera sentado en el despacho oval de no apuntarse esa victoria, tras perder, como Trump en 2016, el voto popular a nivel nacional. En estas ajustadas elecciones, parte de los analistas creen que quien quiera cantar victoria deberá ganar en Florida.

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