Disturbios por todo el país

¿Qué pasa en EEUU? El 'imperio', en su peor momento: crisis económica, sanitaria y social

Las diferentes fuerzas políticas culpan de la violencia a grupos radicales: desde "supremacistas blancos" a "Antifa" y la "extrema izquierda"

Foto: Manifestantes se enfrentan a la Patrulla Estatal. (EFE)
Manifestantes se enfrentan a la Patrulla Estatal. (EFE)

Cuando ya no cabía una desgracia más en Estados Unidos, arrodillado por una pandemia de coronavirus que ha matado más de 100.000 personas y una recesión económica de dimensiones desconocidas, estalló la ola de protestas más amplia de las últimas décadas. Una serie de manifestaciones y disturbios por el descontento racial que han logrado desbordar a las autoridades de varios estados. Una situación que en otra época quizás hubiera inspirado un momento de unión, pero que en 2020 solo consigue redondear una gran postal de la distopía: Estados Unidos, en su peor momento.

[El detonante de las protestas: los George Floyd del último lustro​]

“Los gobernadores y alcaldes progresistas tienen que volverse MUCHO más duros contra el crimen o el Gobierno federal se meterá y hará lo que hay que hacer”, tuiteó este sábado el presidente de EEUU, Donald Trump. “Y eso incluye el poder ilimitado de nuestro Ejército”. El republicano dio la orden de preparar varias bases militares, que podrían movilizarse en unas cuatro horas si así lo dispone la Casa Blanca.

Las amenazas de Trump, incluida una frase que adoptó de un jefe de policía en 1967 —“cuando empiezan los saqueos, empiezan los disparos”—, han logrado el eco habitual entre la oposición. “Los tuits de Trump muestran una vez más lo que es el racismo”, dijo la senadora de California Kamala Harris. Otra demócrata, la representante Rashida Tlaib, también acusó a Trump de ser un racista. “El presidente imputado [y absuelto, durante el proceso de 'impeachment'] es un violento supremacista blanco”.

El país, más polarizado

La retórica de Washington tiene su reflejo en la prensa y en la calle. Desde los palacios de gobierno hasta las redacciones y los hogares estadounidenses, uno puede escuchar desde hace tiempo cómo se deshacen las costuras de la convivencia, como si ya no hubiera un espacio común en el que estar de acuerdo. Ni siquiera respecto a la violencia policial, ni siquiera respecto al uso de mascarilla en una pandemia.

Esta división palpable ha sido confirmada por un estudio publicado a principios de año. Los investigadores del National Bureau of Economic Research analizaron la “polarización afectiva” de las últimas cuatro décadas en nueve países de la OCDE. De estos nueve países, aquel en el que la división política se ha exacerbado a mayor ritmo es Estados Unidos. Uno de los motivos que sopesan los autores del informe es el cambio demográfico, el encogimiento paulatino de la población blanca: desde más del 90% a principios de los años sesenta hasta el actual 61%.

La policía arresta a una persona durante una protesta en respuesta a la muerte de George Floyd. (EFE)
La policía arresta a una persona durante una protesta en respuesta a la muerte de George Floyd. (EFE)

Las diferencias entre los republicanos, que aglutinan sobre todo el voto blanco rural, y los demócratas, cuyos bastiones son las ciudades y las minorías, se han vuelto tan radicales que cada partido ha llegado a imaginar una mano negra distinta detrás de las protestas de los últimos días. Conspiraciones que casualmente se ajustan a los prejuicios e intereses de cada bando.

Antifa o supremacistas blancos

“Son Antifa y la izquierda radical. ¡No culpen a otros!”, tuiteó Trump este fin de semana. El republicano aseguró que “los llamados manifestantes” estaban siendo “gestionados profesionalmente”. Una acusación sin pruebas, formulada también por su secretario de Justicia, William Barr, que amenazó con procesar a las personas que fuesen a protestar a estados diferentes del suyo.

Las sospechas del presidente y su fiscal general no han sido corroboradas, como tampoco han sido corroboradas las palabras del demócrata Tim Waltz, gobernador de Minesota. En su caso, las conjeturas apuntan a los “supremacistas blancos”, “terroristas domésticos” e incluso a grupos de narcotraficantes. “Mi sospecha y lo que he visto al respecto es que sí. Se pone peor. Los cárteles, que se están preguntando si se ha roto su cadena de suministro de la droga, están intentando aprovechar el caos”, declaró Tim Waltz ante los periodistas.

El gobernador y los alcaldes de Saint Paul y Mineápolis barajaron la idea de que el 80% de los manifestantes venía de fuera del estado. Las actas de las cárceles obtenidas por la rama local del canal NBC, en cambio, muestran que la mayoría de los detenidos en los últimos días por robos y disturbios eran de Minesota. El alcalde de Saint Paul, Melvin Carter, tuvo que retractarse de las cifras ofrecidas antes. La estimación del 80% de fuera del estado también fue recogida por Donald Trump.

Este fin de semana, las protestas se extendieron a 75 ciudades en todo el país. Una veintena de alcaldes decretaron el toque de queda para intentar atajar los disturbios, que llevaron los saqueos, destrozos o incendios a zonas de Los Ángeles, Atlanta, Little Rock, Columbus, Washington, Miami o Nueva York, donde los botellazos y las balas de goma atravesaron la madrugada. Solo en la ciudad de los rascacielos hubo anoche 345 detenidos y 47 coches de policía dañados. En Mineápolis, la mayor presencia de policías y la Guardia Nacional minimizó la violencia respecto al viernes.

Ataques a los periodistas

Tampoco es una época dorada para la libertad de prensa. Los republicanos, en particular, tienen una visión muy negativa de los medios de comunicación: una de las instituciones más denostadas de Estados Unidos, compitiendo cara a cara con los políticos. A tenor de los incidentes, muchos de los reporteros no están siendo respetados, ni por la policía ni por los manifestantes violentos.

Un reportero de la CNN fue arrestado mientras cubría las protestas de Mineápolis en directo. Un enviado de Vice News grabó cómo los agentes disparaban contra varios informadores. Uno de ellos fue rociado con espray de pimienta cuando ya se había echado al suelo. En Louisville, Kentucky, un equipo fue atacado, sin provocación aparente, con balas de goma, frente a las cámaras rodando en directo. Lo mismo sucedió en Los Ángeles. Este sábado, la policía de Nueva York detuvo a reporteros de CNN y 'The Huffington Post'. Un equipo de Fox News fue acosado por manifestantes en Washington DC.

Una persona limpia un grafiti donde pone 'Comerse a los ricos'. (Reuters)
Una persona limpia un grafiti donde pone 'Comerse a los ricos'. (Reuters)

El ruido y la furia han hecho que la enfermedad del siglo, la pandemia de coronavirus que ha paralizado el mundo, haya desaparecido de las mentes. En Brooklyn, los manifestantes, que habían empezado separados unos de otros y con un temperamento pacífico, acabaron arrastrados hacia el tumulto. Los policías formaban pequeñas falanges y líneas apretadas y los activistas estaban hombro con hombro, gritando consignas en la oscuridad, entre la excitación y la histeria.

Las autoridades advierten de que esta movilización masiva puede reflejarse en un aumento de los contagios. “Si anoche estabais fuera protestando, probablemente necesitéis haceros la prueba del covid esta semana”, declaró la alcaldesa de Atlanta, Keisha Lance Bottoms. “Todavía hay una pandemia en EEUU que está matando en mayores números a gente negra y de piel oscura”.

En cuanto las protestas cesen, el país tendrá que volver a la gestión de la pandemia, cuyo futuro es incierto, y a superar la que puede ser la peor crisis económica desde la Gran Depresión. Desde mediados de marzo, se han destruido más de 40 millones de empleos en la primera economía del mundo, uno de cada cuatro, y está previsto que su PIB se contraiga este trimestre más de un 30%.

Encima de todas estas capas de problemas, como si fuera, dicen los estadounidenses, el glaseado del pastel, llegarán en noviembre las elecciones presidenciales. Donald Trump está ya por detrás de Joe Biden en todas las encuestas, con una desventaja de entre uno y 10 puntos. También en los estados clave. La Casa Blanca está en juego, y al actual inquilino, de momento, le están tocando las peores cartas.

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