Protestas y disturbios en Mineápolis

El eterno ciclo de violencia policial en EEUU: ¿Han servido las medidas y protestas?

En 2014 se multiplicaban las protestas en EEUU tras el asesinato de un adolescente negro desarmado a manos de un policía. Cinco años después, este tipo de muertes se mantienen a niveles idénticos

Foto: Noche de protestas en Mineápolis por la muerte de George Floyd. (EFE)
Noche de protestas en Mineápolis por la muerte de George Floyd. (EFE)

Agosto de 2014 fue el 'Verano de la Ira' en Estados Unidos. El asesinato de un adolescente negro desarmado, Michael Brown, a manos de un policía blanco en Ferguson, Misuri, desencadenó una serie de protestas que se extendieron por todo el país y abrieron un nuevo capítulo en la lucha por los derechos civiles: la movilización para reducir la brutalidad policial y su palpable sesgo racista.

En los meses siguientes, otras muertes igualmente sospechosas de racismo alimentaron las llamas, y el 'Verano de la Ira' se convirtió en 'Otoño' y luego en 'Invierno de la Ira'. Eric Garner, Freddie Gray, Philando Castile, Sam Dubose, Terence Crutcher, Alton Sterling. Los asesinatos de jóvenes negros en circunstancias cuestionables no eran nada nuevo, pero las cámaras de los teléfonos móviles y las redes sociales sacaron a flor de piel los más violentos abusos.

La marea de indignación en las calles, reflejada en los medios de comunicación y adoptada por algunos políticos, tuvo consecuencias prácticas. Los departamentos de policía más grandes del país obligaron a sus agentes a llevar cámaras en el uniforme, con intención de grabar todas sus interacciones con sospechosos. A finales de 2015, el 95% de las grandes comisarías habían adoptado esta medida, según datos publicados por el diario The New York Times.

Otras disposiciones pasaron por diversificar el cuerpo. A más agentes negros o latinos, decía la teoría, más posibilidades de romper los comportamientos racistas. Muchos departamentos emprendieron políticas de inclusión y mejoraron el entrenamiento de sus agentes: les enseñaron a detectar casos de enfermedad mental y a cómo proceder al respecto, y a favorecer las técnicas de disminución del conflicto antes que el uso de la fuerza. También se frenó la distribución y el empleo de materiales militares por parte de los agentes, que en aquel 'Verano de la Ira' de Ferguson recordaban, más que a un cuerpo de policía, a los invasores de Irak.

Las muertes se mantienen

Ha pasado más de un lustro, sin embargo, y las muertes a manos de la policía se mantienen a niveles idénticos, con una estabilidad pasmosa: entre 2013 y 2019, cada año ha habido un mínimo de 1.071 y un máximo de 1.142 muertes causadas por agentes, según los datos de Mapping Police Violence. Los afroamericanos siguen teniendo tres veces más posibilidades que los blancos de ser matados por un policía.

La absurda muerte de George Floyd, de 42 años, este martes en Mineápolis, ha vuelto a desatar la ira en las calles, extendiéndose por diferentes ciudades del país. Un hombre de 19 años ha fallecido esta madrugada durante las protestas en Detroit por la violencia policial. “Ser negro en EEUU no debería de ser una sentencia de muerte”, dijo el alcalde de la ciudad, Jacob Frey. “Durante cinco minutos vimos a un agente blanco presionar su rodilla en el cuello de un hombre negro. Cinco minutos. Cuando oyes a alguien pedir ayuda, se supone que le tienes que ayudar. Este agente fracasó en el sentido humano más básico”.

Policías en Mineápolis, EEUU. (EFE)
Policías en Mineápolis, EEUU. (EFE)

Las palabras de Frey y el despido de cuatro agentes presentes en la escena del crimen no evitaron las protestas, que desde la noche del miércoles se han tornado violentas y se han reproducido en otras ciudades del país. Como en Ferguson, pero con abundancia de mascarillas médicas y cierta distancia social, el tumulto de Mineápolis ha prendido fuego a unos 170 negocios y a una comisaría de Policía. Los agentes han usado gas lacrimógeno y balas de goma contra los manifestantes.

¿Por qué no ha cambiado nada?

La 'Primavera de la Ira' da sus primeros compases, los activistas circulan su mensaje y los estudiosos analizan por qué seguimos encerrados en el mismo ciclo de brutalidad policial y prejuicios raciales. ¿Qué ha pasado con aquellas medidas y buenas intenciones que empezaron a ser desplegadas hace ya cinco años?

Según Jennifer Cobbina, profesora de justicia penal en la Universidad Estatal de Michigan, la mayor diversidad en el cuerpo de policía no tiene un gran efecto en la reducción de la violencia o los comportamientos racistas. La mitad de los policías de Baltimore son afroamericanos, por ejemplo, pero su departamento, según un informe de la Fiscalía General de EEUU, sigue cometiendo abusos: entre ellos “un índice desproporcionado de paradas, registros y detenciones” ilegales de afroamericanos.

Dice Cobbina que la cultura policial, muchas veces violenta y bien enraizada, puede más que las diferentes sensibilidades de los agentes. “Los nuevos reclutas aprenden a hacer el trabajo policial observando las prácticas de sus colegas, internalizándolas y ejecutándolas”, escribe. “Los agentes de color no están exentos de este proceso”.

Samuel Sinyangwe, co-fundador de Campaign Zero, una iniciativa para terminar con la brutalidad policial en EEUU, dice que muchas de las medidas de los últimos años no tienen sentido. “Todo lo que probablemente hayas escuchado es una mentira”, dijo el pasado octubre. “Específicamente, las ‘soluciones’ más debatidas contra la violencia policial no ofrecen ninguna evidencia de efectividad. Por ejemplo, las cámaras adosadas al cuerpo no reducen la violencia”.

Las ‘soluciones’ más debatidas contra la violencia policial no ofrecen ninguna evidencia de efectividad. Por ejemplo, las cámaras adosadas al cuerpo no reducen la violencia

Un estudio de la Academia Nacional de Ciencias, con 2.224 agentes de Washington D.C. monitorizados durante 7 meses, concluyó que el uso de cámaras en el uniforme no tenía impacto en las prácticas policiales. "Nuestros resultados indican que las cámaras no afectaron significativamente al comportamiento policial en un rango de desenlaces, incluyendo las quejas y el uso de la fuerza". Los cursos de formación para desbaratar prejuicios, según Sinyangwe, “varían en calidad y raramente desembocan en cambios de responsabilidad o toma de decisiones”.

Lo que sí está funcionando

Más allá de estas medidas, habría otras que sí funcionan. Un ejemplo son las mayores restricciones al uso de la fuerza. Los departamentos de policía que han prohibido maniobras de estrangulamiento o que obligan a sus agentes a usar una serie de mecanismos antes de recurrir a la violencia, han visto un claro descenso de las muertes. San Francisco aplicó estas medidas en 2016. Tres años después, las muertes a manos de agentes descendieron un 30%.

Otra solución es la desmilitarización de los cuerpos policiales. Como sucedió en Ferguson, no es extraño ver a los agentes estadounidenses moverse en carros blindados o llevar lanzagranadas, rifles de asalto o escopetas de francotirador. Una militarización, posibilitada por el Pentágono, que según este estudio de SAGE Journals incrementa las probabilidades de que la policía se comporte violentamente. Por el contrario, aquellos estados que han decidido desmilitarizar el cuerpo, por ejemplo Montana, han visto una clara reducción de las muertes y las agresiones.

No es raro ver a los agentes llevar lanzagranadas, rifles de asalto o escopetas de francotirador. Una militarización que incrementa las probabilidades de que la policía se comporte violentamente

La profesora Jennifer Cobina recomienda aliviar la desconfianza que muchas veces separa a los agentes de los vecindarios en los que operan. Habría que establecer, dice, diferentes canales para que los policías puedan acercarse a la comunidad y aclarar “las tensiones, quejas e ideas equivocadas”.

Samuel Sinyangwe pide que se renegocien los contratos de responsabilidad policial. Una manera de evitar que algunos departamentos limpien expedientes e incluso vuelvan a contratar a agentes que pocos años antes habían sido despedidos por mala conducta. Otra manera es usar la tecnología de datos para seguir en detalle qué agentes o unidades incurren en malas prácticas y así poder prevenirlas de raíz.

En Portland, estado de Oregon, se ha dado un mayor papel a los psicólogos a la hora de responder a determinadas llamadas de emergencia. A veces las personas que sufren una crisis y montan un escándalo necesitan ayuda psicológica, antes de que aparezcan directamente los policías con sus esposas y su coche patrulla. Esta política también ha logrado reducir los episodios violentos.

Otros expertos recuerdan que no todo es violencia gratuita y racismo, y que en un país con graves niveles de pobreza y 270 millones de armas en circulación los policías van a tener que desenfundar en ocasiones, y a veces apretar el gatillo. La comunidad afroamericana también es donde inciden las mayores lacras de pobreza, drogadicción y delincuencia, lo que tiene su reflejo en el trabajo policial.

Mientras, la ciudad más grande de Minesota prueba en sus carnes la ira y el fuego. “Las imágenes de Mineápolis ahora mismo son increíbles”, afirmaba el periodista de la CNN Omar Jimenez. “Miles en las calles, una comisaría de policía en llamas, fuegos artificiales lanzados contra esas llamas. Todo mientras esperamos a si se presentarán o no cargos contra los agentes implicados en la muerte de George Floyd”. Jimenez, de raza negra, fue detenido poco después, en directo, por la Policía.

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