El ejemplo de Japón y sus 'clúster': no ha sido el metro, han sido los bares (y el karaoke)
  1. Mundo
Levanta el estado de emergencia

El ejemplo de Japón y sus 'clúster': no ha sido el metro, han sido los bares (y el karaoke)

La búsqueda de focos de contagio, o clústeres, en Japón ha traído sin embargo algunas sorpresas: ninguno de los rastreados ha apuntado a la red de metro y trenes subterráneos

Foto: El ejemplo de Japón y sus 'clúster': no ha sido el metro, han sido los bares (y el karaoke)
El ejemplo de Japón y sus 'clúster': no ha sido el metro, han sido los bares (y el karaoke)

Esta semana, Japón ha levantado el estado de emergencia que pesaba sobre el país, una vez contenido (al menos de momento) el pico de contagios de coronavirus que forzó al Gobierno nipón a reforzar las medidas de distanciamiento social en sus megaurbes, especialmente en Tokio, tras la multiplicación vertiginosa de nuevos contagios en cuestión de días.

Y lo ha hecho sin cumplir prácticamente ninguno de los pasos de la 'receta mágica' que han seguido con éxito otros países: reacción temprana (el Gobierno de Japón retrasó hasta el último minuto emprender grandes movimientos contra el coronavirus, con la intención de salvar como fuera los Juegos Olímpicos de Tokio), numerosos test (a diferencia de su vecina Corea del Sur, Japón realiza —adrede— test de diagnóstico muy por debajo de su capacidad real, apenas 2,2 test por cada 1.000 habitantes, mientras que en Corea son 16 y en EEUU, 43) y amplias medidas de distanciamiento social (sin llegar al confinamiento).

La estrategia japonesa se ha centrado en cambio en un pilar: encontrar los focos de contagio y, solo ahí, practicar los test de diagnóstico y establecer las cuarentenas necesarias. Aunque muy criticada al inicio, especialmente cuando en apenas dos semanas se doblaron los contagios en la ciudad de Tokio y sus propios gobernadores regionales pidieron al Gobierno central medidas más drásticas para mantener a la población en casa, el Ejecutivo de Shinzo Abe hoy celebra el éxito de su 'propia receta'.

"Con este enfoque japonés único, hemos sido capaces de controlar esta tendencia [de contagios] en solo mes y medio; creo que ha mostrado el poder del modelo japonés", declaró Abe la semana pasada durante la rueda de prensa para levantar el estado de emergencia.

Foto: El enigma coronavírico del metro de Nueva York: ¿es el culpable de la pandemia?

La búsqueda de focos de contagio, o clústeres, en Japón ha traído sin embargo algunas sorpresas. Son míticas (y muchas veces exageradas) las imágenes de los trenes y metros de Japón abarrotados a más no poder de adormilados funcionarios y trabajadores en las horas pico. Y, sin embargo, no han sido el gran vector de transmisión en Japón, con casi 17.000 casos y 894 muertes.

Ningún clúster ha conducido al metro

Aunque no tan exagerado como puede verse en internet, el sistema de transporte público de ciudades japonesas como por ejemplo Tokio mueve millones de personas diariamente. Unas cifras que han caído entre un 10 y un 30% con la pandemia de coronavirus (especialmente, con la suspensión de las clases de los niños), pero que siguen transportando cada día a miles. El metro cumple al menos dos de las 'tres C' a evitar en la estrategia de desconfinamiento japonesa: cerrado ('closed') y abarrotado ('crowded').

"Un individuo infectado puede contagiar a otros en este ambiente, pero es algo raro", sostiene Hitoshi Oshitani, virólogo y experto en Salud Pública de la Universidad Tohoku, a la revista 'Science'. Según recoge la revista estadounidense, ninguno de los clústeres de infección rastreados por los equipos japoneses los han dirigido hasta la red de metro del país. La explicación que ofrece Oshitani es que en el metro la mayoría de los pasajeros van solos (normalmente enfrascados en sus móviles o en sus lecturas), sin hablar en voz alta con otros pasajeros y que una muy amplia mayoría lleva mascarillas. También es cierto, admite el artículo, que la ocupación del metro ha bajado durante el estado de emergencia en Japón.

La cuestión de si el metro es o no uno de los grandes vectores de transmisión ha sido ya debatida en otro escenario, como ha sido la ciudad de Nueva York. El pasado 13 de abril, el economista Jeffrey Harris, de la Universidad MIT, publicó un discutido informe titulado 'El metro sembró la masiva epidemia de coronavirus en la ciudad de Nueva York'. Otros científicos, sin embargo, advirtieron de posibles errores en su metodología en cuanto a la causa-efecto y sembraron dudas sobre sus conclusiones. Varios renombrados científicos estadounidenses han rebatido la premisa de Harris y 'exoneran' al metro de Nueva York como la principal causa de que la pandemia se haya cebado especialmente con la ciudad.

No todos, ni siquiera dentro de la comunidad científica, están de acuerdo con la explicación del japonés Oshitani. Según el profesor Michael Small, de la Universidad Western Australia, apunta a que el uso del metro durante las horas pico "seguramente se convertirá en un evento supercontagiador", en declaraciones al 'Wall Street Journal'. En esta línea se posicionó también el profesor Michael Levitt, de la Universidad de Standford, quien opinó que cuando las autoridades de Londres redujeron la cantidad de trenes de metro en marzo (generando mayores aglomeraciones en los entonces escasos trenes), crearon condiciones "de superexposición" al virus.

Un vagón de metro en Tokio. (EFE)
Un vagón de metro en Tokio. (EFE)

En Japón, los focos han sido en realidad gimnasios, pubs, locales de música en vivo, salas de karaoke y establecimientos similares donde las personas se reúnen, comen y beben, charlan, cantan, hacen ejercicio o bailan, en un contacto muy cercano durante periodos de tiempo relativamente largos. Es decir, las 'tres C' al completo: cerrados, abarrotados y de contacto cercano en donde se habla cara a cara. En otros países, los focos de infección han sido centros de trabajo que cumplían esas características, desde abarrotadas salas de 'call centers' (en Corea del Sur, por ejemplo) a plantas cárnicas (en EEUU o la propia España).

Los bares de 'compañía' (o 'maid cafes'), donde 'acompañantes' femeninas sirven bebidas y conversan con varias mesas de hombres durante una noche, han sido particularmente señalados como una fuente de múltiples focos de infección en Japón, según informa la cadena local NTV, que señala que varios de los casos más recientes en Tokio han estado vinculados a este tipo de locales. El propio Gobierno ha instado a los japoneses a evitarlos.

¿Qué hacer con los karaokes?

Tras estos descubrimientos, el Gobierno nipón ha advertido a su gente de que es necesario que se adapten a "un nuevo estilo de vida", con recomendaciones de todo tipo: desde cómo comprar o la mejor manera de disfrutar del tiempo libre y los 'hobbies' en el mundo poscoronavirus.

Unas recomendaciones que algunos japoneses no han terminado de cumplir en cuanto tocan uno de los pasatiempos más míticos de la sociedad nipona: los karaokes. Este miércoles, cuando algunos de estos negocios reabrieron sus puertas (cerraron temporalmente durante el estado de emergencia), los clientes regresaron a Manekineko (la cadena de karaokes más grande de Japón) llegando a formarse incluso colas en Kanagawa, al sur de Tokio, según imágenes distribuidas por la prensa local.

Un hombre, a la entrada de un local de karaoke en Shibuya. (Reuters)
Un hombre, a la entrada de un local de karaoke en Shibuya. (Reuters)

El karaoke cumple prácticamente todas las características que el Gobierno japonés está pidiendo evitar: abarrotado, estrecho y potencialmente lleno de 'droplets' (gotitas de saliva y fluidos que emitimos al hablar) con coronavirus. Según un estudio publicado esta semana pasada por la Academia Nacional de Ciencias de EEUU, un minuto de conversación en voz muy alta produce miles de 'droplets' que se mantienen en el aire durante al menos 12 minutos, potencialmente infectando a cualquiera alrededor.

En el metro, la mayoría de la gente está callada o lleva mascarilla. La organización que representa a los parques de atracciones del país ha llegado a incluir, entre sus medidas de precaución, una petición a sus clientes de que eviten en lo posible gritar (de miedo, de excitación) durante sus viajes en las montañas rusas y otras atracciones. ¿Pero en un bar con la música muy alta, donde hay que casi gritar y acercarse al oído del que escucha, o incluso en un karaoke, donde el punto está en cantar a todo pulmón? Ya pueden imaginarse. La propia Asociación Japonesa de Karaokes ha preparado una serie de consejos para que la industria pueda reabrir el negocio con ciertas medidas de seguridad: un límite de personas por habitación (normalmente pequeñas), y que los usuarios lleven mascarillas "u otros equipos de protección que cubran los ojos y la cara" mientras cantan, según recoge un reportaje de Bloomberg.

Japón Metro Bares Coronavirus
El redactor recomienda