POR QUÉ SE PERMITE EL LUJO DE ARRIESGARSE

EEUU está mejor preparado que nunca para librar una guerra... gracias al petróleo

Las palabras de Trump no solo iban respaldadas por los portaaviones y los misiles del ejército, sino también por una economía en estado de gracia y grandes reservas de petróleo

Foto: Donald Trump, durante el discurso a la nación. (EFE)
Donald Trump, durante el discurso a la nación. (EFE)

“Irán parece que está bajando el tono, lo cual es bueno para todas las partes implicadas y muy bueno para el mundo”, declaró Donald Trump, presidente de EEUU, en su alocución sobre a las tensiones en Oriente Medio. De esta manera sucinta indicó lo más importante: que Estados Unidos no responderá, de momento, a los 22 misiles que Irán lanzó sobre dos bases en Iraq con personal estadounidense y que no dejaron víctimas. La escalada, por ahora, podría haber terminado.

En lugar de bombardear Irán, como barajó el presidente este fin de semana, la Casa Blanca optará por un mecanismo mucho más seguro desde el punto de vista americano: le impondrá nuevas sanciones. Presionará todavía más a un país que ya ha sido aislado de los mercados internacionales, la inversión extranjera y la tecnología requerida para explotar sus formidables reservas de hidrocarburos.

Las palabras de Trump no solo iban respaldadas por los portaaviones y los misiles del ejército más poderoso del mundo, sino también por una economía en estado de gracia; una economía que, además, ya no siente sobre su cabeza la espada de Damocles que el precio del petróleo siempre ha supuesto para el capitalismo americano. En caso de que estalle un conflicto, la administración Trump tiene mucho menos que perder, al menos económicamente, que cualquiera de sus antecesoras.

El grifo del petróleo, abierto

EEUU está mejor preparado que nunca para librar una guerra... gracias al petróleo

Cuando el cartel de la OPEP cerró el grifo del petróleo a Estados Unidos y otros aliados de Israel durante la guerra del Yom Kippur en 1973, en realidad estaba siendo la partera de una nueva época económica y geopolítica. La pujante clase media occidental se resintió, al tener que aumentar su gasto en combustible; las empresas, agobiadas por el aumento de los costes, empezaron a mudarse a países más pobres; la revolución tecnológica se aceleró y, desde entonces, los presidentes de EEUU han estado centrados en asegurarse el crudo de Oriente Medio.

Esta dinámica, aún vigente y encarnada por la férrea amistad entre Washington y Arabia Saudí, o por las interminables guerras del Golfo, ha empezado a cambiar. El pasado noviembre Estados Unidos se convirtió en exportador neto de crudo por primera vez en su historia. Las técnicas de fracturación hidráulica han permitido casi triplicar la producción diaria de barriles americanos desde 2008.

El músculo energético ha permitido mantener el precio bajo y aliviar, también, la carga económica de empresas y familias. En 1970, el norteamericano medio invertía menos de un 8% de su presupuesto en gasolina; una década más tarde, como consecuencia en parte del embargo de la OPEP, el gasto había subido al 13%. Según datos de 2017, esta factura ha bajado a menos de la mitad mitad: un 5,8%.

Oriente Medio puede estar al borde de su enésimo cataclismo, pero estos días en los que varios gobiernos contenían la respiración, el consumidor estadounidense no llegó a abonar más de 3 dólares por el galón de combustible. Como si nada hubiera pasado. Los índices de Wall Street, antaño tan sensibles al barril, han oscilado a un lado y a otro sin pasar del punto, casi como en cualquier otra semana.

Sin efecto en la gasolinera

“El boom petrolero de Estados Unidos es la razón principal por la que nadie está vislumbrando seriamente precios del petróleo de tres dígitos, incluso con todo lo que está sucediendo”, declaró Ashley Petersen, analista de Stratas Advisors, en el portal Axios. Los incidentes del pasado año, como el bombardeo de refinerías saudíes, que rebajó un 5% el suministro global de crudo o el secuestro de petroleros en el Estrecho de Ormuz, tuvieron un impacto efímero en el precio del barril.

No solo disfruta Estados Unidos de esta salvaguarda; la economía de Irán, y con ella el margen de maniobra de su gobierno y los delicados ánimos en las calles, está severamente dañada. Si uno mira el calendario de los últimos cuatro años, verá una relación estrecha entre las sanciones de EEUU y el desempeño económico persa.

En 2015, el presidente iraní, Hasan Rohani, firmó el hoy maltrecho acuerdo nuclear con EEUU y otras cinco potencias. A cambio de limitar sus actividades nucleares, muchas de las sanciones aplicadas a Irán fueron levantadas. En 2016 la economía iraní salió propulsada un 12,3%. Su petróleo volvía a los mercados, las empresas de fuera estudiaban oportunidades y cada vez más turistas extranjeros llegaban a visitar uno de los patrimonios culturales más potentes y fascinantes del mundo.

Los persas, en caída libre

En 2018, sin embargo, la Casa Blanca de Trump se salió del acuerdo y reimpuso, progresivamente, las sanciones. La economía iraní se despeñó hacia un -4,8% ese año y un -9,5% en 2019, según datos del Fondo Monetario Internacional. La divisa iraní, el rial, ha vuelto a ser una apestada y la inflación ha diezmado a la tímida clase media del país islámico. La inflación en 2019 ha llegado a tocar el 40% mensual, ha carcomido los salarios y el precio de la vivienda se ha duplicado en el último año.

Como explica Josh Barro en The Intelligencer, “en un paisaje más del estilo de los años setenta, el presidente Trump podría haber sido reacio a sacudir Oriente Medio con un ataque como el que mató a Soleimani, por miedo a lo que una escalada militar en la región le podría hacer al comercio de crudo, el precio de la gasolina, y sus perspectivas de reelección” (4). Pero Estados Unidos, y su presidencia, gozan de un nuevo escudo económico. Un escudo que también baja el coste la guerra.

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