¿Y ahora qué, Hong Kong?

Las elecciones municipales son un misil contra el gobierno chino y demuestran que no existe una mayoría silenciosa contra las protestas. Pero pocos creen que resolverán el conflicto

Foto: Foto: Zígor Aldama
Foto: Zígor Aldama

Pocas veces un vuelco electoral es tan impactante como el que ha protagonizado Hong Kong en las elecciones municipales celebradas el pasado domingo. Si los candidatos que abogan por mantener el actual ‘status quo’ en las relaciones con el gobierno chino habían logrado una clara victoria en los comicios de 2015 -ganaron en 298 de las 452 circunscripciones-, en los de este año han sido los demócratas quienes han protagonizado un auténtico tsunami: 388 frente a 59.

Teóricamente, la campaña debería centrarse en cuestiones cotidianas que afectan a los ciudadanos. Pero, en esta ocasión, ha servido para determinar el apoyo que tienen las protestas que han llevado el caos a la excolonia británica durante casi seis meses. Así, la política municipal ha dejado paso a una especie de referéndum sobre el futuro que desea Hong Kong. Se ha demostrado que estaban equivocados quienes sostenían que una mayoría silenciosa se oponía a unas manifestaciones cada vez más violentas. Ni siquiera la certeza de una recesión ha amedrentado a quienes han lanzado el mayor órdago político de China desde Tiananmen.

El efecto de las urnas, a las que acudió un histórico 71,2% de los votantes, se ha notado de inmediato. En los últimos días no se ha disparado ni un solo proyectil de gas lacrimógeno -van más de 11.000 desde el pasado 9 de junio-, la Policía se ha mostrado muy contenida en sus actuaciones -incluso ha accedido a permitir que los últimos manifestantes atrincherados en la Universidad Politécnica salgan sin ser arrestados- y la jefa del Ejecutivo autonómico, Carrie Lam, ha sido incapaz de seguir obviando el “descontento de la ciudadanía” y se ha ofrecido a dialogar.

Pero de ahí a que las protestas vayan a concluir va un trecho. En primer lugar, porque los demócratas han arrasado en el número de distritos en los que han vencido, pero no tanto en el porcentaje de votos. El bando demócrata ha obtenido el 60%, debido a que la lucha en muchos barrios estuvo muy disputada y se decantó hacia la oposición por un puñado de papeletas. Sigue siendo una victoria holgada, sí, pero también demuestra que un 40% del electorado no aprueba las protestas.

En segundo lugar está la intransigencia del Gobierno. Lam puede que esté dispuesta a escuchar, pero no parece tener ninguna intención de ceder. No en vano, el día siguiente a las elecciones se apresuró a dejar claro que no aceptará las demandas de los manifestantes. Por su parte, aunque aún no ha intervenido en ningún momento, Pekín tampoco moverá un ápice su posición: Hong Kong es parte de China y solo el Partido Comunista puede decidir qué sucederá con el centro financiero a partir de 2047. El sufragio universal para elegir al jefe del Ejecutivo -que actualmente es nombrado por un comité de 1.200 personas- no está sobre la mesa y mucho menos una amnistía para los arrestados durante el conflicto.

Una manifestante ante la policía hongkonesa. (Zígor Aldama)
Una manifestante ante la policía hongkonesa. (Zígor Aldama)

Así que ambos bandos coinciden en vaticinar que la calma de los últimos días no será duradera y que las manifestaciones continuarán. “Hemos recibido un durísimo varapalo”, reconoce Tse Wai Chun, uno de los pocos candidatos del partido gubernamental DAB que ha conservado su asiento en el distrito de Causeway Bay. “El Gobierno debe reflexionar porque es evidente que Hong Kong ha hablado alto y claro. Dentro del modelo ‘un país, dos sistemas’, debemos buscar un nuevo encaje para la ciudad en el seno de China”, explica a El Confidencial.

No obstante, Tse afirma que el diálogo solo será posible cuando acabe la violencia. “Ahora mismo, los que apostamos por el orden establecido vivimos con miedo. Algunos de nuestros colaboradores han sido atacados y cada vez es más difícil trabajar. No se pueden buscar soluciones con parte de la ciudadanía amedrentada”, afirma, señalando la cámara corporal que lleva en el pecho para grabar todo lo que le sucede. “Por si acaso”. Hace un par de semanas, otro candidato prochino, Junius Ho, fue acuchillado durante un acto electoral. Y ese ataque ha sido para Tse un doloroso toque de atención.

El político prochino Tse Wai Chun. (Zígor Aldama)
El político prochino Tse Wai Chun. (Zígor Aldama)

Pero no todos piensan como él. Cathy Yau le resta importancia a lo que considera “brotes puntuales de violencia”. A esta candidata demócrata, ganadora en Wan Chai, le preocupa más la actitud de la Policía. Y sabe de lo que habla, porque ella misma perteneció al Cuerpo hasta poco después de que comenzaran las protestas. Cuando vio cómo algunos de sus compañeros se ensañaban con los manifestantes, decidió renunciar al puesto y probar suerte en política. “Yo también apoyo el modelo ‘un país, dos sistemas’, pero creo que algunas de las exigencias de los manifestantes son muy lógicas. Se debe iniciar una investigación independiente sobre la actuación policial para depurar responsabilidades. Si no se hace, la violencia continuará”, vaticina.

Eso sí, Yau sostiene que, lo mismo que los agentes que se hayan saltado el reglamento deben pagar las consecuencias, los manifestantes que han cometido delitos han de ser juzgados. “Eso es el Estado de Derecho. Una amnistía como la que exigen, sobre todo para quienes han atentado contra la integridad de las personas, enviaría un mensaje erróneo a la sociedad. Aunque es algo que se debe negociar, a lo sumo apoyaría una amnistía parcial para quienes solo hayan cometido actos vandálicos. También exigiría que las penas para el resto sean moderadas”, añade. Actualmente, los arrestados por desórdenes públicos se enfrentan a un máximo de diez años de cárcel.

Owen Li, sin embargo, celebró su victoria en Mongkok durante la madrugada del lunes con un encendido discurso sobre la necesidad de que el Gobierno cumpla las cinco exigencias del movimiento. Él es uno de los estudiantes de la Universidad Politécnica y se define como localista, la corriente que lucha por el derecho de autodeterminación y, en muchos casos, la secesión.

La limitada paciencia de los comunistas

“Imagino que al gobierno chino no le han hecho ninguna gracia los resultados de las elecciones. No hay más que ver la prensa china, que apenas los ha mencionado. Se demuestra que no somos como los chinos del continente y que queremos mantener nuestra idiosincrasia más allá de 2047. Que sigamos siendo parte de China o no dependerá de la actitud de Pekín”, dispara Li. “De momento, el Gobierno debe ir preparándose para una derrota similar en las elecciones al Parlamento -autonómico- del año que viene”, avisa.

A nadie se le escapa que un resurgimiento de las protestas violentas después de esta breve tregua puede acabar con la paciencia del Partido Comunista. Su secretario general, Xi Jinping, que es también presidente del país y jefe de las Fuerzas Armadas, ya avanzó que los manifestantes podrían ser “aplastados”. Pero Li se encoge de hombros. “Independientemente de que intervengan los chinos, incluso con el Ejército, no van a conseguir matar las ideas. Esas son a prueba de balas. Antes no sabíamos si realmente el pueblo estaba con nosotros, pero las elecciones han confirmado que sí. Ahora tenemos incluso más fuerza para continuar con la lucha”, sentencia.

Mundo

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
5 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios