Más de 1.100 europeos con lazos yihadistas

Europa pierde el control de sus yihadistas, que escapan en el caos de la ofensiva turca

Más de 1.100 europeos, entre yihadistas y familiares, están localizados o custodiados en cárceles y campamentos, pero podrían desaparecer en el caos bélico de la ofensiva turca

Foto: Soldados de las fuerzas turco-sirias en Sanliurfa (Turquía), cerca de la frontera siria. (EFA)
Soldados de las fuerzas turco-sirias en Sanliurfa (Turquía), cerca de la frontera siria. (EFA)

"Los (guardas) kurdos han empezado a disparar tiros al aire... Esta mañana se han despertado y nos han dicho '¡venga, nos vamos a Raqqa, nos vamos a Raqqa, salid, salid, corred!', pero hemos ido a la entrada del campamento y no había vehículos, no había nada... Les hemos dicho '¿cómo que nos vamos a Raqqa?', y la gente ha empezado a decir 'nos van a matar, nos van a matar'. Después (los guardas kurdos) se han marchado y han llegado varios civiles sirios (desplazados) y nos han dicho 'venid, os vamos a ayudar, os vamos a ayudar, si pasa algo nos quedaremos con vosotros'".

Este es el testimonio de Hakima [nombre supuesto para proteger su identidad], una yihadista de nacionalidad francesa que, junto a su hijo, estaba detenida en el campamento para familiares del Estado Islámico en Ain Isaa, el norte de Siria. El pasado domingo la artillería turca golpeó un área próxima al perímetro del asentamiento y, como consecuencia, cerca de 750 prisioneros se fugaron del campo de detención. Tras el ataque, los vigilantes kurdos abrieron las puertas. La prisionera francesa, ante el caos que se originó en el asentamiento, pidió auxilio por teléfono. "¡No sabemos qué hacer! ¡No sabemos si nos vamos a otro sitio o nos vamos a quedar aquí, no sabemos!", lamenta entre sollozos de varios niños pequeños.

"No he vuelto a escuchar nada de ellos desde entonces, no sé si están vivos o muertos", explica a El Confidencial la suegra de la fugitiva desde su casa en Francia. Los familiares de los yihadistas extranjeros detenidos en Siria, unos 2.000 hombres y 11.000 mujeres y niños, temen que sus hijas y nietos desaparezcan en la vorágine desatada tras la intervención militar de Turquía.

La operación de Ankara, que arrancó el miércoles 9 de octubre, persigue desmantelar el proyecto kurdosirio del PYD (Partido por la Unidad Democrática) en el norte de Siria. Un territorio autogestionado desde el año 2013 que el gobierno de Erdogan observa como una amenaza para su seguridad, ya que considera a las YPG (Unidades de Protección Popular) un grupo terrorista vinculado a la facción armada del Partido de los Trabajadores del Kurdistán, el PKK.

Avance en dos ejes

Las tropas aliadas de Turquía que encabezan la incursión terrestre, una milicia árabe siria entrenada en el territorio turco, han avanzado en dos ejes de la frontera: la ciudad de Ras al Ayn por un lado y Tel Abyad por el otro, para dividir el territorio kurdo en dos parcelas como táctica de la operación.

El campamento donde se ha producido la estampida está próximo al lugar de los combates, aunque también hubo una fuga de cinco combatientes del ISIS de la cárcel de Navkur, después de que un bombardeo turco golpeara la ciudad de Qamishlo. Las huidas de los yihadistas preocupan a la comunidad internacional, ya que el grupo terrorista se ha fortalecido tras la retirada de EEUU y ante la más que factible posibilidad la activación de las células durmientes.

"Para mí no son fugas de prisioneros sino liberaciones de los kurdos, podríamos incluso llamarlas liberaciones humanitarias, ya que los kurdos les dan una oportunidad de sobrevivir si pueden y porque ellos ya no pueden ocuparse de ellos", apunta Thomas Renard, investigador del Instituto Egmont en Bélgica. Los efectivos que custodian las cárceles, tropas kurdas de Asayish o del YPG, han tenido que abandonar sus posiciones para combatir en el frente o huir del fuego enemigo.

Regreso del Estado Islámico

"No sé donde estamos", "nos acabamos de dar cuenta que es Dawla (término con el que sus acólitos denominan a ISIS) quien nos ha rescatado y no nos dejan salir", escribe por teléfono una de las fugitivas de Ain Issa.

Al parecer, los hombres sirios que rescataron a las mujeres con sus hijos les entregaron a unos hombres armados que las desplazaron hacia el desierto de Deir Ezzor. "Nos quieren meter en el desierto... Estoy impactada, no puedo más... Oh lala, están por todas partes", escribe en un mensaje a sus parientes, a los que pide colaboración ya que la facción que las tiene retenidas ha solicitado un pago para garantizar su protección.

Más de 1.100 europeos están localizados pero podrían desaparecer en el caos bélico en el noreste de Siria

"Estamos repoblando el Estado Islámico", ha declarado Marie Dosé, abogada de padres de yihadistas franceses, en el canal de televisión francés France24. "Tememos que (las desaparecidas) han sido rescatadas por el Estado Islámico, ¿qué civil sirio las va a rescatar? Ese es el problema de la dispersión, que estas mujeres, horrorizadas con la idea de volver al Estado Islámico, y porque no las hemos repatriado, las estamos entregando en bandeja y sus hijos terminarán convertidos en niños soldado. Hace falta salvar el campamento de al Hol y el de al Roj y que no pase lo mismo que en el campamento de Ain Issa", ha expresado la letrada en el plató de televisión.

Y es precisamente en esas dos localizaciones donde están detenidas las yihadistas españolas, Yolanda Martínez, Luna Fernández y Lubna Mohamed Miludi; y los 17 menores con esta nacionalidad. "Están aterradas", explica la cuñada de Luna y hermana del yihadista marroquí Mohamed el Amine. "Ni siquiera en Baguz (último reducto del Estado Islámico) estaban tan asustadas como lo están ahora. El terror que le tienen a Bashar (al Asad) es manifiesto... Y el plan es que cuando empiecen a bombardear salgan por patas a refugiarse en cualquier parte", afirma la hermana de Amine.

Horas después de la fuga de Ain Issa, la autoridad kurdosiria cerró un acuerdo con el gobierno del líder sirio Bashar al Asad para frenar el avance de Turquía. Así, entregó las ciudades de Manbij y Kobane al ejército sirio para que hagan de barrera frente a la incursión de los aliados de Erdogan.

La irrupción en los campamentos de los soldados de Damasco preocupa a las yihadistas, que temen ejecuciones sumarias o violaciones, puesto que ambos grupos han sido rivales en la guerra y pertenecen a identidades musulmanas enfrentadas. Además, la capital siria contempla la pena de muerte y un traslado a Damasco les enfrentará a la pena capital.

Yihadistas europeos a la fuga

Desde la caída de Raqqa en octubre de 2017, el ejército de EEUU y el aliado kurdo no han cesado en su intento de deshacerse de los yihadistas extranjeros que habían capturado en la batalla. Pero los gobiernos de la Unión Europea han preferido posponer el asunto de los retornados por las implicaciones políticas, jurídicas y de seguridad. Los oficiales kurdos han advertido en distintas ocasiones de los riesgos que implica ignorar esta cifra de miembros del Estado Islámico, "no somos una autoridad sólida y este es un territorio con muchas amenazas; cualquier agresión puede provocar una huida masiva de terroristas", anunció hace un año Omar Abdelkarim, el encargado kurdo de las relaciones diplomáticas.

Ante el temor de que la batalla alcance otros campamentos, con una población de unas 75.000 personas, y los centros de detención, algunas instituciones de investigación están preparando un recuento de todos los FTFs (combatientes terroristas extranjeros) de origen europeo para comprender la dimensión de la fuga potencial de los retornados. Al menos 430 adultos y 700 niños, según el Instituto Egmont, han sido identificados. Más de 1.100 europeos que están localizados pero que podrían desaparecer en el caos bélico que acecha a la disputada región del noreste de Siria.

Francia, por su parte, calcula en unas 100 mujeres y otros tantos hombres de nacionalidad francesa, además de unos 300 niños, detenidos en los campamentos y cárceles controladas por los kurdos.

Europa ha perdido una oportunidad histórica para llevar a la justicia a los habitantes del Califato. Ningún escenario bélico como el norte de Siria ha ofrecido una concentración como esta de yihadistas identificados, disponibles para visitas y en centros custodiados por una facción aliada. Los gobiernos han tenido dos años para repatriar a una cuota gestionable de mujeres, hombres y niños. Hace solo uno, en noviembre de 2018, Turquía atacó por primera vez el este del río Éufrates y las consecuencias de una entrada como la que está teniendo lugar ahora ya se conocían.

Los mandatarios han preferido posponer la repatriación de los remanentes del ISIS y pasar el dossier de los retornados al ejecutivo siguiente. Pero la radicalización y el terrorismo, unas de los grandes amenazas de este siglo, merecen una política largoplacista, pausada y sensata en las que los líderes estén dispuestos a arriesgar sus índices de popularidad por la seguridad y la concordia de quienes les eligen.

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