TODOS QUIEREN VOLVER A ESPAÑA

Las yihadistas españolas, detenidas en Siria, temen un traslado de presos a Irak

Dos meses más tarde, las dos madrileñas conversas Yolanda y Luna, que emigraron al Estado Islámico en los prolegómenos de 2014, siguen esperando en el limbo de Roj

Foto:  Yolanda Martínez. (P. C.)
Yolanda Martínez. (P. C.)

Los cuatro niños corretean alegremente entre las masa oscura de abayas -traje largo islámico-, en el sofocante calor que se concentra dentro de la carpa común, mientras su madre, la yihadista española Yolanda Martínez, espera impaciente a que le asignen una tienda individual.

Desde hace semanas se aloja en el área de nuevos ingresos en el campamento sirio de Roj, una de las localizaciones de detención para las esposas e hijos de combatientes de ISIS. "Hemos llegado a los 50 grados... mi hija pequeña de 6 años y mi bebé de 5 meses tienen quemaduras de segundo grado", se queja Martínez, de 34 años, en una entrevista exclusiva para El Confidencial.

Las mujeres españolas, que resistieron en el territorio del Califato hasta el final, Yolanda Martínez y Luna Fernández, fueron trasladadas a Roj a finales de mayo. Antes estaban recluidas en el macro asentamiento de al Hol, albergo de 11.000 miembros extranjeros del ISIS, hasta que las autoridades kurdas les anunciaron que se las llevaban a España. "No sé por qué estamos aquí. Primero nos dijeron que nos inscribiéramos para ir a España (...) y luego me dijeron que iba directa a mi país", explica Martínez. "A mí me buscaron y me dijeron `tú, Luna, venga, tú te vas a ir ya a España, vamos´", recuerda la yihadista de 32 años Luna Fernández.

Junto a ellas se mueve Romiena Scheer, una alemana de origen español, que también solicitó Madrid como destino de repatriación. Su familia paterna es de Málaga y Romiena asistió al colegio en un pueblo de Andalucía. Aunque nunca formalizó su pasaporte, al que tenía derecho por ser hija de un ciudadano español, mantiene importantes vínculos con España y espera que este país la saque de Siria. Su travesía en las tierras de la yihad ha sido especialmente traumática: fue la segunda esposa de importantes muyahidines alemanes, como Abu Luqman -Fared Saal-, y el ISIS requisó a uno de sus hijos gemelos en los minutos posteriores al parto.

El temor de ser entregadas a Irak

Dos meses más tarde, las dos madrileñas conversas Yolanda y Luna, que emigraron al Estado Islámico en los prolegómenos de 2014, siguen esperando en el limbo de Roj. "Y no sabemos nada de los hombres, no nos dicen nada", mantiene Fernández, cuyo esposo Mohamed Amin, marroquí residente en Madrid, murió en la última batalla de Baguz.

Luna Fernández. (P. B.)
Luna Fernández. (P. B.)

Omar el Harchi, el marido de Martínez y líder de la conocida como la célula de la M-30, está presuntamente detenido en un centro penitenciario del norte de Siria. Unas localizaciones que encierran a 2.000 prisioneros, 800 de ellos de nacionalidades europeas. Y él, junto a otros yihadistas de 13 nacionalidades, podría ser entregado a Irak en las próximas semanas, como ha adelantado en exclusiva este periódico.

La tercera yihadista española, Lubna Mohamed Miludi, ha permanecido en el anterior campamento de Hol. La desorganización y falta de documentación -los nuevos adeptos debían entregar sus credenciales al ingresar en el ISIS- permiten a las mujeres camuflar su identidad. Lubna, a diferencia de Yolanda y Luna, emigró a Siria tras la fundación del Califato en agosto de 2014 y teme que este hecho, que denota más intencionalidad en la afiliación al ISIS, dificulte su proceso judicial y, una vez en España, se enfrente a una dura condena de cárcel.

Españoles en el 'hardcore' del ISIS

Las españolas Yolanda y Luna se unieron al grupo yihadista tras un proceso de radicalización inducido por sus maridos. Ambas conocieron a sus parejas, de origen marroquí, en Madrid y las dos fueron amigas durante años. Yolanda partió a la yihad desde Marruecos; Luna, desde Egipto. Y una vez en territorio sirio establecieron su residencia en las provincias sirias próximas a la frontera iraquí.

"Yo viví la primera vez en al Shaddadi y de allí fui a Mayadín y de ahí pasé de un lado del río al otro y luego de ahí poco a poco a Baguz", relata Yolanda. "Yo vivía en Haq el Omar", revela Luna. Las dos aseguran que sus maridos no participaron en la actividad militar y que su periplo en el Califato no estuvo relacionado con la lucha armada. Aunque esta es una coartada común entre los "muhayirun", los extranjeros en el ISIS, que defienden su afiliación como un modo de practicar una vida estrictamente religiosa bajo la Sharia -ley islámica-.

Romiena Scheer. (P. C.)
Romiena Scheer. (P. C.)

Tanto ellas como Romiena y Lubna han formado parte del 'hardcore' del grupo yihadista, aquellos que han resistido, tras más de dos años de intensos combates, en los últimos territorios del ISIS. Allí han sufrido las penurias más espeluznantes: "Vivíamos bajo la tierra, la mayoría del tiempo estábamos bajo tierra, como en un agujero, viviendo como ratones. (...) No había comida, nosotros comíamos hierba y césped del suelo, y hacíamos el pan con el trigo que comen las vacas. (...) Para los niños no teníamos pañales, así que cogíamos bolsas de basura, les hacíamos dos agujeros y los metíamos", relata Yolanda, que ahora ha recuperado peso tras 6 meses en los campamentos de detención.

El castigo a los remanentes del ISIS

Pero la situación humanitaria en los recintos reservados a los familiares de los combatientes, como Roj, Hol o Ain Issa, es alarmante. Las familias se cobijan en tiendas, desplegadas sobre el suelo embarrado, y no disponen de un número suficiente de aseos. La asistencia sanitaria es mínima y en los últimos meses han muerto más de 300 niños por quemaduras, infecciones o desnutrición. Además, se han comenzado a diagnosticar los primeros casos de cólera. Y cada mujer debe cocinar su comida, que recibe de organizaciones humanitarias, "nos dan garbanzos, habas, zaatar -una especie típica árabe de tomillo y semillas de sésamo que se toma mezclada con aceite-, si tienes dinero bien, pero sino nada", comenta Luna.

Organizaciones humanitarias que prestan atención en Hol han pedido públicamente a los países que repatríen a los menores: “No es la culpa de los niños los errores de sus padres", dijo Paul Ronalds, el representante de Save the Children. Un asunto que está sujeto a una dura polémica dada la inocencia y vulnerabilidad de los niños; pero que en Europa se perciben como una "bomba de relojería" dado las experiencias extremas que han presenciado.

En su mayoría son menores de 4 años que han nacido bajo el yugo yihadista y cuya estancia en los centros penitenciarios de Siria e Irak no sólo pone en riesgo su salud, sino que favorece la radicalización de la castigada generación de los nacidos en el Califato.

*Esta información forma parte de la investigación de Pilar Cebrián: "El regreso a casa de los yihadistas europeos", financiada por la Fundación BBVA y que será publicada en un libro en 2020.

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