LA RETIRADA DE EEUU AGITA EL TABLERO SIRIO

'Manantial de Paz': Claves de la ofensiva militar de Turquía contra los kurdos en Siria

Para Turquía, la consolidación de una administración kurda en el país vecino ha sido una obsesión desde el inicio de la guerra. Y, de pronto, se han encontrado con este regalo de Donald Trump

Foto: Operación militar turca en el norte de Siria. (EFE)
Operación militar turca en el norte de Siria. (EFE)

O alguien en Ankara tiene un sentido del humor muy negro o el Gobierno turco acaba de darle una nueva vuelta de tuerca a la propaganda de guerra. Mientras cazas turcos bombardeaban las ciudades de Qamishlo, Tel Abyad, Serekaniye y Ain Issa, los planificadores militares decidían que la campaña que Turquía ha iniciado en el norte de Siria se llamará “Operación Manantial de Paz”. “Nuestra misión es prevenir la creación de un pasillo de terror a lo largo de nuestra frontera sur y traer paz a la zona”, afirmó este miércoles el presidente Recep Tayyip Erdogan al anunciar el inicio de la ofensiva.

Al menos la primera parte de esa frase es cierta. Para Turquía, la consolidación de una administración kurda en el país vecino ha sido una obsesión desde el inicio de la guerra. No solo por el temor de que esa entidad estimule las reivindicaciones de su propia población kurda, sino por el desafío de seguridad que supone para la nación turca. La fuerza política que administra el territorio y sus milicias, las Unidades de Protección Popular (YPG), están directamente relacionadas con la guerrilla del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que lleva alzada en armas contra el estado turco desde finales de los años 70 y es considerada por las autoridades turcas como organización terrorista.

De ahí el resquemor del Gobierno turco con la alianza entre Estados Unidos y las YPG, forjada en 2014 después de que el fracaso de varios programas para entrenar y armar a rebeldes sirios prooccidentales y la emergencia del Estado Islámico obligasen a Washington a replantearse sus prioridades en la región. El intento de renombrar a las milicias como Fuerzas Democráticas de Siria (SDF) e incluir también a combatientes árabes para diluir sus vínculos con el PKK nunca convenció a Ankara. Esta cooperación, en todo caso, terminó de forma efectiva en la madrugada del domingo, después de una llamada de Erdogan al presidente Donald Trump.

¿Cómo se ha llegado a este punto?

Según la reconstrucción que ha podido realizar la publicación Middle East Eye, el propósito de la llamada del mandatario turco era tratar de persuadir por última vez a su homólogo estadounidense de la necesidad de ejecutar sus planes para el norte de Siria, de los que ya había advertido en su intervención en la Asamblea General de la ONU el pasado 24 de septiembre.

El diálogo se cerró de forma frustrante para Ankara hasta que, horas después, para su propia sorpresa, la Casa Blanca anunciaba que Turquía se disponía a iniciar su campaña, informó ese mismo medio. Y añadía que “las Fuerzas Armadas de EEUU no apoyarán o estarán implicadas en la operación y que, habiendo derrotado al ‘Califato’ territorial del ISIS, no estarán en el área inmediata”. Trump fue un paso más allá, tuiteando su intención de terminar “con estas guerras sin fin, muchas de ellas tribales” y traer a los soldados estadounidenses de vuelta.

EEUU convenció a los kurdos de que desmantelasen sus posiciones defensivas en la frontera turca. Pero ahora sus garantías se han quedado en nada

Erdogan llevaba meses pidiéndole a Washington que rompiese sus vínculos con las milicias kurdas y en lugar de eso apoyase la creación de una ‘zona tapón’ desde el río Éufrates hasta la frontera iraquí sin presencia armada kurda. De lo contrario, advertía, Turquía tendría que hacerse cargo por sí misma de la situación. En agosto, EEUU y el ejército turco iniciaron patrullas conjuntas por el territorio, como un intento de evitar esta operación. Las fuerzas estadounidenses convencieron a las SDF de que desmantelasen sus posiciones defensivas en la frontera turca, dándoles garantías de que Estados Unidos les protegería frente a Turquía. Unas garantías que ahora han quedado en nada.

En el Pentágono, la noticia cayó como un jarro de agua fría. “Hemos invertido considerable tiempo y esfuerzo para construir la zona segura bajo la idea expresa de que eso apaciguaría a los turcos y prevendría una incursión. Los turcos simplemente lo han usado como una forma de llevar a cabo reconocimiento para su operación. Ha sido un completo engaño por su parte”, se quejaba un alto funcionario estadounidense a la publicación especializada Al Monitor.

¿Cómo se lleva a cabo esta operación?

Incluso el limitado repliegue estadounidense desde las áreas fronterizas ha sido suficiente para hacer saltar todo por los aires. Este miércoles, la aviación y la artillería turcas empezaban a castigar las líneas kurdas, preparando el terreno para una invasión terrestre lanzada horas después desde la localidad siria de Yarabulus, bajo control turco desde 2016. “Es una puñalada por la espalda”, afirma el máximo comandante de las SDF, Mazloum Kobani Abdi.

Las señales, en todo caso, estaban ahí. En su intervención en la ONU a finales de septiembre, Erdogan ya habló de la necesidad de establecer una ‘zona segura’ en el norte de Siria para “realojar con garantías a entre uno y dos millones de refugiados”, mostrando un diagrama que no dejaba dudas sobre sus planes. La cuestión de los refugiados se está convirtiendo un tema muy candente en Turquía, adonde se han dirigido 3,6 millones de sirios en estos ocho años de guerra, disparando la xenofobia. En un contexto de seria crisis económica, el Gobierno de Erdogan ve peligrar aún más su popularidad y, según denuncian grupos activistas, ha comenzado a realizar deportaciones forzosas sin garantías legales.

Además, a principios de octubre, 41 grupos rebeldes sirios anunciaron –significativamente, desde suelo turco- su fusión bajo un único mando militar, que se sospecha que cooperarán en la intervención turca, como algunas de ellas ya han hecho en las dos ocasiones anteriores en las que las tropas turcas han penetrado en territorio sirio, la Operación Escudo del Éufrates en 2016 y la Operación Rama de Olivo en 2018. Estos grupos, aparentemente, esperan que, una vez vencidos los kurdos, el establecimiento de la ‘zona tapón’ les sirva de santuario para continuar su lucha contra el régimen de Bashar Al Assad con ayuda de Turquía, o, al menos, para evitar un aniquilamiento hasta ahora inexorable.

¿En qué consisten los planes de Turquía?

El plan de Erdogan contempla el establecimiento de una franja de seguridad de 450 kilómetros de largo y 30 de ancho en la frontera, en la que se establecería una división en tres zonas administrativas donde se pretende construir de la nada un total de 140 localidades en las que realojar, en una primera fase, a algo más de un millón de refugiados sirios actualmente en Turquía. Estas localidades, cuya edificación tendría un coste estimado de unos 27.000 millones de dólares, contarían con centros de salud, escuelas, polideportivos, mezquitas y varios hospitales y polígonos industriales conjuntos.

Sin embargo, algunos expertos han apuntado a la inconveniencia de repoblar un territorio con personas que pueden proceder de otras regiones de Siria, por lo que no supone un verdadero regreso a sus hogares (aunque sirva para aliviar el problema de los refugiados en Turquía). Otros temen que se repita lo sucedido tras la conquista de la localidad de Afrin en 2018, donde las milicias rebeldes árabes respaldadas por Ankara han desplazado a la población kurda y alterado su composición demográfica. En esta ocasión, el Comité Internacional de Rescate teme que los combates provoquen 300.000 desplazados de forma inmediata. Muchos se están dirigiendo al Kurdistán iraquí, de donde probablemente les resultará difícil volver. Hay quien habla incluso de limpieza étnica.

¿Habrá consecuencias para el Gobierno turco?

Mientras tanto, el comportamiento de Trump ha sido caótico. En un primer momento dejó entrever que los kurdos son poco más que mercenarios, “a quienes se pagó cantidades de dinero” para luchar contra el ISIS. Al día siguiente, ante las reacciones negativas incluso entre las propias filas republicanas, amenazó con devastar la economía de Turquía si los turcos hacían algo que él, en su “sabiduría sin igual”, consideraba “excesivo”, y afirmó que “de ningún modo hemos abandonando a los kurdos, que son un pueblo especial y unos luchadores maravillosos”.

Ayer, en un nuevo bandazo, volvió a despreciar el esfuerzo bélico de las milicias kurdas, pese a que 11.000 de sus combatientes han muerto en la guerra contra el Estado Islámico: “No lucharon con nosotros en la Segunda Guerra Mundial, no estuvieron con nosotros en Normandía”, dijo en una rueda de prensa.

Pocos están de acuerdo con él en Washington. Incluso uno de los más fervientes partidarios de Trump, el senador republicano Lindsey Graham, está promoviendo una durísima iniciativa legal junto al demócrata Chris Van Hollen para imponer sanciones a Erdogan, su vicepresidente y los ministros turcos de Defensa, Asuntos Exteriores, Finanzas, Comercio y Energía, así como limitar la cooperación bilateral. Una medida que, de ser aprobada, podría ser devastadora para la economía turca. Incluso si no lo es, la imagen de Turquía ha vuelto a quedar irreparablemente dañada ante la opinión pública mundial. Pero Erdogan llevaba meses amenazando con esta intervención. Era imposible dar marcha atrás sin asumir un elevado coste político.

¿Y qué pasa con las milicias kurdas?

Para Turquía, además, no será un paseo militar. Las SDF cuentan con 35.000 combatientes bien armados y bregados en la lucha contra el ISIS, con los que han sido capaces de controlar un tercio del territorio de Siria. Prometen ofrecer toda la resistencia posible. “Las SDF no dudaremos ni por un momento en defendernos y llamar a nuestra gente de todas las etnias, árabes, kurdos, siriacos y asirios a unir fuerzas y apoyar a sus fuerzas legítimas en la defensa de nuestro país contra esta agresión turca”, han dicho en un comunicado. La matemática, sin embargo, está del lado turco. “Las SDF serán incapaces de resistir de forma eficaz. Sin apoyo aéreo estadounidense, las SDF no son rivales para el ejército turco, como demuestra su derrota en 2018 en Afrin”, opina el experto en Oriente Medio Charles Lister.

“Los kurdos de Siria son quienes más tienen que perder”, asegura Will Todman, investigador del programa de Oriente Medio en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington. “Probablemente perderán el control de las zonas más pobladas y tendrán dificultades para mantener el control del resto del territorio bajo la creciente presión del régimen sirio, sus aliados y un Estado Islámico resurgente. Además, perderán su influencia política sobre el régimen y lo tendrán difícil para defender los derechos que han conseguido para los kurdos sirios durante el conflicto”, dice.

Por lo pronto, las autoridades kurdo-sirias ya han anunciado su intención de negociar tanto con Damasco como con Moscú. Para ellos, la ofensiva turca ya es una dura realidad contra la que un tuit presidencial no supone defensa alguna.

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