"Mi cuello depende de España", afirma

El constructor que está incendiando Egipto desde su lujoso 'exilio' en Barcelona

Las denuncias virales de Mohamed Ali, empresario egipcio de la construcción metido a actor, han provocado las mayores protestas contra el Gobierno de Al Sisi de los últimos años

Foto: A la izquierda, el presidente de Egipto Abdelfetah al Sisi. A la derecha, el constructor y actor Mohamed Ali.
A la izquierda, el presidente de Egipto Abdelfetah al Sisi. A la derecha, el constructor y actor Mohamed Ali.

Quizás Mohamed Ali no logre derribar al régimen del exgeneral Abdelfetah al Sisi, pero probablemente pase a la historia por haber logrado desestabilizarlo un poco con las virulentas denuncias formuladas contra él y su Gobierno que desde principios de septiembre vierte a través de las redes sociales. Logró incluso que, el viernes pasado y durante el fin de semana, miles de jóvenes se echaran a la calle en varias ciudades de Egipto —unos 400 han sido detenidos— en las que han sido las primeras protestas generalizadas en el país durante el último lustro.

¿Qué mosca pudo picar a este exitoso empresario egipcio de la construcción y actor de cine en ciernes para convertirse en un exiliado que desde su escondite en Barcelona denuncia casi a diario con vídeos virales la corrupción del régimen con el que hizo durante años pingües negocios?

Quizá se vengue de un Estado que le debe, según él, 12 millones de dólares (10,9 millones de euros). Es posible también que, como apunta el cineasta egipcio Basel Ramsis, se haya convertido en "una herramienta en manos de algunos sectores del aparato de Estado que le utilizan" para debilitar a un Al Sisi que, según el semanario británico 'The Economist', ha colocado Egipto al borde del colapso. Al Sisi, presidente de Egipto desde 2014, fue el artífice del golpe de Estado que un año antes acabó con una incipiente democracia.

Lo cierto es que Mohamed Ali se ha convertido en solo unos días en un héroe para muchos de sus compatriotas, gracias a sus vídeos subidos a Facebook y a YouTube, que ven millones de personas y cientos de miles se descargan antes de que, a veces, las redes sociales los supriman. De ahí que más de un egipcio haya tuiteado que su producción audiovisual es "más amena que las series de Netflix".

Mohamed Ali no es ni mucho menos el único que ha denunciado la corrupción del Gobierno egipcio, pero sí es el primero que "lo hace desde dentro de un sistema en el que estuvo inmerso durante tres lustros", explica una investigadora europea desde El Cairo que prefiere que no se divulgue su nombre. "Conoce todos los chanchullos", añade, porque precisamente fue parte de ellos durante años. De ahí el interés que sus acusaciones suscitan.

"Mi cuello depende del Gobierno español", ha afirmado el empresario, que dice que está siendo perseguido

Las salpica además de insultos contra Al Sisi, al que llama "enano" y describe como un "hombre fracasado". "Utiliza un lenguaje vulgar que conecta con el hombre de la calle", señala Ramsis, cineasta de origen egipcio afincado en Madrid que escribe artículos de opinión en varias publicaciones árabes.

Palacios de lujo en el desierto

El constructor pasa lista ante la cámara de las casas de lujo, residencias de verano o palacios que Al Sisi y sus allegados de la cúpula militar se habrían construido, a cargo del erario público, en Alejandría, El Alamein o en el barrio de Hilmiya (El Cairo). Su empresa, Amlaak for Investment and Development, se benefició parcialmente de ello sin tener que presentarse a ninguna licitación. Un tercio de los casi 100 millones de egipcios vive, sin embargo, en la pobreza, según la última estadística oficial dada a conocer en julio.

Al Sisi no desmintió tajantemente al exiliado barcelonés. "Sí, he construido palacios presidenciales y construiré más", declaró el 14 de septiembre ante el Parlamento. "Nada está a mi nombre, está a nombre de Egipto", precisó. Reconoció, no obstante, que los vídeos de Mohamed Ali podían "socavar la confianza" en el actual liderazgo del país.

"Se sospecha, pero no hay información fehaciente, de que Al Sisi puede tener la tentación de enriquecerse, pero no es ese su principal problema", recalca Ramsis. "Lo más grave es, por un lado, que ha convertido al Ejército en el principal empresario del país; está presente en todos los sectores de la economía", insiste. "Por otro lado, está ejerciendo la mayor represión política de los últimos 65 años de la historia de Egipto, peor que en tiempos de Hosni Mubarak", concluye.

"Gobierne quien gobierne en Egipto, siempre estará el Ejército" es una frase recurrente en el país del Nilo. El poder de las fuerzas armadas en el país árabe siempre ha sido grande, pero tras la llegada de Al Sisi al poder, las empresas militares han extendido sus tentáculos a prácticamente todas las industrias y sectores económicos del país, fuera del escrutinio parlamentario y envueltos en el secretismo más absoluto.

Ali denuncia que Al Sisi ha construido lujosos palacios para sí. "Nada está a mi nombre, está a nombre de Egipto", contesta el mandatario

El vasto imperio de empresas militares mueve miles de millones de dólares al año en industrias y negocios tan variados como la propiedad de terrenos, colegios y hospitales privados, empresas farmacéuticas, alimentación, distribución de combustibles, transporte y carreteras, embotellamiento de agua mineral, edificios residenciales o eléctricas. En el sector de la construcción, han encontrado una veta especialmente jugosa, pues el Ejército es mucho más competitivo frente al empresario privado gracias a un trato de favor por parte del Gobierno, que además de eximirlos de algunos impuestos, les da en muchas ocasiones un acceso privilegiado a grandes proyectos de construcción sin pasar por licitaciones públicas.

Conexión con Barcelona

Mohamed Ali no se ha afincado por casualidad en Barcelona. Empezó a trabar lazos con la ciudad y sus alrededores hace tres años, cuando acabó rodando en las playas de Sitges el final de la primera película que ha producido, 'The Other Land' ('La otra tierra'). En ella cuenta la historia de tres jóvenes egipcios que emigran de su país a Europa. La Schengen Peace Foundation, una fundación luxemburguesa, la premió en junio pasado.

Cuando tenía 38 años, Mohamed Ali hizo sus primeros pinitos en el séptimo arte, en un país que es un gran productor de cine para el mundo árabe. Tuvo papeles en cuatro series y en tres largometrajes. "Quería ser actor a toda costa y pagó para que le contratasen", recuerda Basel Ramsis. Actor se añadió entonces a la lista de las 13 profesiones que, según él, ha ejercido a lo largo de su vida, aunque solo una, la construcción, le enriqueció.

Nacido en el barrio cairota de Giza, es hijo de un campeón nacional de culturismo gerente del equipo egipcio de culturismo. Empezó la carrera de Administración de Empresas en la Universidad de El Cairo, pero la dejó al cabo de dos años.

"Hacía tiempo que buscaba un lugar en Europa para pasar las vacaciones, me gustó Barcelona, su clima era adecuado para mis hijos, y me quedé", explicaba en primavera el constructor/cineasta a la edición española de la revista 'Vanity Fair'. "Mi trabajo me permite instalarme aquí [abrió oficinas en Cabrera de Mar (Maresme)] y viajar", añadía en esa su última entrevista hasta hoy.

Esquivando al servicio secreto egipcio

¿Viajar? Ahora viaja incluso más que antes, según sus allegados, para no ser localizado por el servicio secreto egipcio. También habría puesto a sus cinco hijos a buen resguardo. Su padre, que vive en Egipto, ya ha tenido que comparecer gimoteando ante las cámaras, en el programa 'Aala masuleyti' ('Bajo mi responsabilidad'), y maldecir hasta la saciedad a su hijo prófugo. Después le tocó el turno a su hermano de denigrar a Mohamed Ali en otro plató de televisión. No es una estrategia inusual por parte del Gobierno egipcio, que ya antes llevó a los platós a una presunta joven 'desaparecida forzosa' cuya madre había denunciado —creando gran indignación en el país— su desaparición a manos de la Policía secreta.

En un último vídeo publicado en sus redes sociales, el empresario -que aparece muy desmejorado- afirma que está siendo perseguido por un grupo de oficiales egipcios, y afirma que teme por su vida. "Mi cuello depende del Gobierno español", ha afirmado.

"Si muero en España, eso significa que Europa es mentirosa como Estados Unidos y que entrega a cualquier persona. Este grupo (el que le persigue) descubrió mi ubicación y no puedo huir más, de verdad estoy cansado", afirma en el vídeo.

"Desde el primer vídeo he estado huyendo. Si muero, mi sangre y la sangre de los mártires son responsabilidad del pueblo egipcio. Hemos sacrificado mucho, por favor, que regresen los derechos a Egipto. Que el pueblo gobierne el país", sentenció Ali.

La televisión pública egipcia acusa al emirato de Qatar de estar detrás del empresario detractor. Asegura que se ha reunido con el embajador catarí en España, Mohamed Al Kuwari, en un lujoso hotel de Madrid, y con su cónsul en Barcelona, Eisa Jaber Al Kuwari. "No le conozco", desmiente el embajador. "Ahora bien, el hecho de que sepan que frecuento ese hotel demuestra que he sido objeto de cierta vigilancia", añade, aludiendo a los espías egipcios.

Con tanto desplazamiento, Mohamed Ali no va a poder llevar a cabo uno de sus sueños, el de erigir en Sant Adrià de Besòs, al norte de Barcelona, una gran pirámide de cristal que conectaría simbólicamente la orilla norte del Mediterráneo con la sur. Sus sueños se desvanecen y también su labor como constructor en Egipto, donde llegó a contar con más de 1.000 trabajadores en nómina y colocó a Amlaak en 15 años entre las primeras 10 empresas del país.

Ahora, en lugar de contratos ofrecidos por la Autoridad de Ingeniería del Ejército, su principal cliente, a sus representantes en El Cairo les ha llegado una denuncia, presentada por varios abogados afines a las autoridades. En ella, le acusan nada menos que de "alta traición" y de "atentar contra las instituciones del Estado", además de difundir noticias falsas. Un difuso cargo por el que ya cientos de jóvenes han dado con sus huesos en las cárceles egipcias. La Fiscalía la está estudiando, pero hay pocas dudas de que no tardará en procesarle.

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