PRIMEROS SÍNTOMAS DE MANIFESTACIÓN

Las primeras protestas en Egipto desde 2013 desafían al "dictador favorito" de Trump

Los egipcios vuelven a la calle alentados desde España por vídeos grabados por el contratista y actor Mohamed Ali

Foto: Protestas en El Cairo, Egipto. (Reuters)
Protestas en El Cairo, Egipto. (Reuters)

Sisi tiene un gesto adusto, compungido y bobalicón. Lleva puesto un antifaz de ladrón, una chaqueta con galones de general y una corbata, ambas con rayas horizontales de presidiario. En la caricatura en blanco y negro que circula por las redes, y que ya ha sido exhibida en protestas en todo el mundo desde Nueva York a París, el presidente egipcio Abdel Fatah al Sisi no tiene buena cara. Su autor, el artista Ganzeer, vive exiliado en Estados Unidos. El exilio es la única forma de supervivencia que han encontrado gran parte de los jóvenes críticos con Abdel Fatah al Sisi.

Muchos egipcios han hecho suya la obra de Ganzeer y la han aderezado: “Vete”, “corrupto” o “Arrestad a Sisi, liberad a Egipto". Algunos incluso han tomado fotos de la caricatura impresa y han colocado unos dátiles sobre ella aludiendo al sobrenombre del presidente: dátil. La imagen difiere mucho de la que el presidente muestra en Nueva York estos días, posando sonriente con otros líderes como si nada ocurriera en casa. Pero nada es igual desde que se fue de viaje para asistir a la Asamblea General de Naciones Unidas el pasado viernes. Mientras el 'rais' egipcio volaba en Egipto se gritaba su nombre. Y no precisamente para bien.

“¡El pueblo quiere la caída del régimen!, ¡Fuera Sisi!”, en El Cairo, Alejandría, Suez, Mahalla o Damietta cientos de egipcios corearon las consignas de la revolución que derrocó a Mubarak con Sisi como protagonista. Y Occidente miraba de hito en hito, una vez más pillado a contrapié, porque un Egipto inestable es como abrir la caja de los truenos. A un lado Libia, sin estado y enzarzado en una lucha de poder. Por otro Israel y la Franja de Gaza. Y en mitad de todo eso pingües intereses económicos que han hecho que activistas dentro del país denuncien que a Europa le interesan más los negocios que los derechos humanos.

Durante la noche del viernes hubo docenas de detenidos. Organizaciones no gubernamentales locales, como la red Árabe para la información de Derechos Humanos, que lidera Gamal Eid, calcula que hay 370 personas arrestadas. Esta ONG advierte que "la apabullante campaña de represión no ha terminado". “No hay abogados suficientes. No dejamos de recibir llamadas en el número de emergencia y hay muchísimos desaparecidos”, apunta un miembro de la organización. Pero los números son difíciles de contrastar dada la absoluta opacidad informativa del régimen.

Incendiar Egipto desde Barcelona

El control de los medios ha sido una prioridad en el Egipto de Sisi. La prensa extranjera ha sido “advertida” de que debe ajustarse a los estándares periodísticos, que su trabajo está siendo monitoreado y que solo se debe recurrir a fuentes oficiales o contar aquello que el periodista ha visto con sus propios ojos y no a redes sociales que promueven noticias falsas. Mientras, los medios egipcios pasaron de ignorar y negar las protestas a amenazar con que aquellos que participaran serían arrestados.

El domingo se “secuestró” al salir de la fiscalía de la Seguridad del Estado en Alejandría a la abogada de derechos humanos Mahienour al Masry. Una histórica activista que ya ha estado en la cárcel por su oposición al régimen. Un día antes el objetivo fue Mohamed Oxygen, un periodista que estaba en libertad provisional. El régimen empieza a detener a los sospechosos habituales, pero también indiscriminadamente. El miedo ha sido el principal elemento disuasorio los últimos años, desde que Sisi llegó al poder, elegido tras un golpe de Estado.

Las protestas fueron convocadas desde España por Mohamed Ali, un actor y hombre de negocios que ha estado vinculado al régimen 15 años. Desde Barcelona, donde se encuentra autoexiliado, ha publicado vídeos denunciando la supuesta corrupción de Sisi, sus proyectos megalómanos, el dispendio de millones de libras egipcias, supuestos desvíos de fondos públicos para construir palacios presidenciales o trato de favor al ejército.

Con cada vídeo generaba las mismas expectativas que el lanzamiento de un nuevo episodio de la última temporada de Juego de tronos. Muchos en Egipto confían en que el final no sea tan decepcionante como el de aquella, sin embargo. Le han salido imitadores. Otros personajes cercanos al régimen han empezado a revelar supuestos secretos. Ninguno ha presentado pruebas materiales por el momento, pero no les hacen falta a los que padecen las políticas de Sisi.

Un país ahogado en pobreza

Un tercio de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, con menos de un dólar al día. Además, según datos del Banco Mundial, el 60% son pobres. También se han visto afectados aquellos que han visto desaparecer los subsidios, la factura de la luz duplicarse, la libra desplomarse y la inflación fluctuar hasta el 30% (ahora vuelve a tener un dígito) o los que ya no pueden afrontar la compra semanal tras las draconianas medidas impuestas para satisfacer al Fondo Monetario Internacional, viven dentro de una olla a presión que tendrá que soltar vapor por algún sitio. Y podría haber empezado. Proyectos faraónicos, como la construcción de una capital administrativa en mitad del desierto son motivo de enojo. Eso y el creciente poder del ejército, que tiene intereses en todos los frentes, sea construcción, alimentación o turismo y que ha incrementado significativamente desde la llegada de Sisi al poder.

En los mercados populares hace tiempo que se le critica abiertamente, o en voz baja. Se le ponen motes, se arrancan los carteles con su imagen. La baja participación en un referéndum constitucional para enmendar los artículos que le permitirán continuar en el poder hasta 2030 es un ejemplo. Los más pobres acudieron a votar con incentivos. Los funcionarios públicos bajo amenazas. Un joven profesor susurraba “no estamos de acuerdo”, con la melodía de Queen de We Will rock you, mientras una cincuentena de personas jaleaba a Sisi tras la victoria del Sí en el referéndum.

Su gesto, si bien aislado, no es insólito. Los egipcios han encontrado la forma de expresar su descontento. Las redes sociales son una vía de escape, por eso el régimen se ha esforzado en controlarlas. Las alarmas de que no se podía continuar presionando y reprimiendo llevan tiempo sonando, si bien muchos no han sabido o han temido verlas, porque no interesa un Egipto inestable. Los acuerdos que Sisi ha firmado con Europa para controlar el flujo migratorio, o los económicos (gas, armas, infraestructuras); las buenas relaciones con Israel, el argumento de estar combatiendo el terrorismo, las cordiales relaciones con Estados Unidos (el presidente Trump se refirió en el G7 al egipcio como “mi dictador favorito”), le convierten en un aliado valioso.

¿El principio de una revolución?

Ha sido capaz de proyectar una imagen de estabilidad que poco tiene que ver con lo que ocurre dentro de las fronteras egipcias, un país de casi 100 millones de habitantes con 60.000 prisioneros políticos, a pesar de que según el ministro de Exteriores, Sameh Shoukry, el único que ha comentado sobre los hechos del pasado fin de semana “mucho de lo que se dice no se corresponde con la realidad de la situación en Egipto”, y es su competencia “aclararlo”.

Desde Nueva York, respondiendo a preguntas de los periodistas sobre la situación de los derechos humanos y las protestas, Shoukry señaló que “Egipto es un país que está atravesando una transición a largo plazo”, explicó y añadió: “Tenemos cosas en las que trabajar, tanto económicas como sociales, algunas de las cuales son consecuencia del pasado. Creo que estamos comprometidos a rectificar cualquier deficiencia”.

Los que salieron a la calle siguiendo la convocatoria de Mohamed Ali manifestaron su desacuerdo con ese supuesto compromiso. Sin que aún estén claro los apoyos tras el actor y contratista o los intereses tras su transformación de aliado y beneficiado del régimen a “garganta profunda” de sus corruptelas, su aparición podría servir para galvanizar un descontento real y fundado que durante años ha estado siendo empujado bajo la alfombra. Por el momento, el próximo viernes Ali ha convocado una marcha del millón de personas para exigir el fin del mandato de Sisi.

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