se celebrarán entre el 26 y el 28 de marzo

Sisi contra Sisi: las elecciones sin oposición de Egipto con las que justifica su 'democracia'

El presidente egipcio se medirá solo con un candidato de paja en las presidenciales aparecido a última hora, tras el abandono o encarcelamiento de todos sus oponentes

Foto: Un grupo de egipcios pasa frente a un mural con pintadas y pósteres electorales en El Cairo, el 8 de febrero de 2018. (Reuters)
Un grupo de egipcios pasa frente a un mural con pintadas y pósteres electorales en El Cairo, el 8 de febrero de 2018. (Reuters)

Bien mirado, todo parece una comedia de situación. Pero hace tiempo que nadie se ríe. Egipto tendrá entre el 26 y el 28 de marzo sus terceras elecciones presidenciales desde la revolución que derrocó a Hosni Mubarak, y en las papeletas estará el nombre del actual presidente, el ex mariscal de campo Abdel Fatah el Sisi, y el del líder del partido Ghad, Moussa Mustafa Moussa. Ha faltado muy poco, sin embargo, para que Sisi se midiera consigo mismo. Aunque dadas las circunstancias, pocos dudan de que eso es exactamente lo que ocurrirá.

Moussa presentó su candidatura unos minutos antes de cerrarse el plazo el lunes. Su intención de concurrir a las presidenciales tampoco llegó con mucha más antelación: el anuncio se hizo apenas 48 horas antes. Hasta ese día Moussa y su partido habían respaldado la candidatura de Sisi y celebrado actos de apoyo al ex militar. El propio candidato usaba en su perfil de Facebook una imagen de la campaña electoral de Sisi que era sustituida por un fondo negro. Una evocadora imagen de su propia (e inexistente hasta este lunes) campaña electoral.

Dicha maniobra llegó después de que el partido Wafd, que también había respaldado abiertamente la candidatura de Sisi, intentara proponer a última hora su propio candidato. A ojos de muchos, salvaron su dignidad al votar la decisión y rechazarla.

El intento del Wafd y la entrada final de Moussa en escena se explican después de que todos y cada uno de los que han manifestado su intención de enfrentarse a Sisi hayan sido forzados a abandonar o arrestados. El último en dejar la carrera fue el abogado Khaled Ali hace una semana, aunque no es probable que, de haber continuado en la contienda, hubiera sido capaz de ir más allá de la primera semana de marzo. Ali está pendiente de la apelación de una sentencia por un supuesto gesto obsceno (una peineta) a la judicatura. De confirmarse la sentencia quedaría inhabilitado para presentarse. No ha tenido que esperar tanto. El abogado anunció su retirada después de que Sami Anan, ex Jefe del Estado Mayor que había anunciado su candidatura y la principal amenaza para Sisi, fuera detenido.

Este exmilitar fue acusado de falsificar documentos militares que acreditaban que habría terminado su servicio militar. Cinco vehículos lo emboscaron a las afueras de El Cairo y desde entonces se encuentra en paradero desconocido. En lo poco que duró su campaña, ya había denunciado acoso a sus voluntarios.

Tuvo más suerte de no acabar en la cárcel Ahmed Shafik. El que fuera amigo personal de Mubarak, quien le nombró primer ministro en plena revolución, regresó (deportado) de su exilio en Emiratos Árabe Unidos tras anunciar su candidatura. El también exmilitar de las Fuerzas Aéreas voló a El Cairo sólo para acabar recluido en un hotel de cinco estrellas durante semanas, mientras se ponían al día con la limpieza en su casa. Esa fue la explicación tras desaparecer al aterrizar su avión, y sin que su familia o abogado supieran dónde se encontraba hasta más de 24 horas después. Finalmente abandonó la liza argumentando que no era “el hombre adecuado para guiar a Egipto en este momento”. Su círculo cercano asegura que la verdadera razón serían ciertos casos de corrupción que no han sido juzgados y que podrían volver a investigarse si Shafik mantenía sus pretensiones presidenciales.

El presidente Abdel Fatah el Sisi anuncia su intención de presentarse a un nuevo mandato durante una conferencia, el pasado 19 de enero en El Cairo. (Reuters)
El presidente Abdel Fatah el Sisi anuncia su intención de presentarse a un nuevo mandato durante una conferencia, el pasado 19 de enero en El Cairo. (Reuters)

Una marcha para ser recibidos por Sisi

“Sabemos que las elecciones tendrán lugar y que están decididas de antemano”, detalla a El Confidencial Anwar el Sadat, sobrino del histórico presidente homónimo asesinado en 1981. El exparlamentario fue expulsado de la Cámara dominada por los pro-Sisi hace un año, acusado de filtrar información secreta. Sus intentos de frenar la conocida Ley de las ONGs, que cercena la capacidad de actuación de estas en el país, no fueron bien vistas por sus compañeros en el hemiciclo. En lo que duró su campaña electoral, no fue capaz de encontrar dónde organizar sus actos electorales (una constante entre el resto de candidatos), y denunció acoso a sus colaboradores. Finalmente lo dejó porque “el clima actual no garantiza que vaya a haber unas elecciones justas y democráticas”.

Esta semana ha llamado a una cincuentena de intelectuales y políticos a emprender una marcha pacífica al palacio presidencial. “Necesitamos sentarnos con Sisi y él tiene que escucharnos”, argumenta el excandidato. Los precedentes no son halagüeños y es consciente de ello, pero considera fundamental cambiar el actual clima político [no menciona las desapariciones forzosas y asesinatos extrajudiciales documentados por ONGs, ni los más de 40.000 prisioneros políticos], y “abrir un diálogo y debatir el modo de recuperar nuestros derechos políticos y democráticos”, explica.

Su vehemencia contrasta con su certeza de la imposibilidad de que Sisi acceda a cualquier tipo de acercamiento. Pocos entienden la obstinación con que el líder egipcio arremete contra cualquier enemigo, real o imaginario. Otro militar, el coronel Ahmed Qonsowa, que se atrevió a manifestar su intención de ser candidato, fue arrestado en diciembre y condenado por un tribunal militar a seis años de cárcel poco después.

“Es difícil saber lo que tiene en la cabeza”, explica Sadat, que dado el actual clima de represalias mide al milímetro sus palabras. “Seguramente esté pensando en la economía y en su plan para el país y no cree que la democracia o el libre ejercicio de los derechos políticos de los ciudadanos sean importantes…”.

Ante la evidencia de un proceso con un resultado cantado, los líderes de la oposición han llamado al boicot. La respuesta de Sisi ha estado a la altura del desafío y, por si había alguna duda, como las planteadas por Sadat sobre lo que Sisi tienen en la cabeza, el líder lo ha explicado con toda claridad: “Estáis advertidos. Lo que ocurrió hace 7 u 8 años [la revolución que derrocó a Mubarak] no ocurrirá de nuevo, no volverá a ocurrir en Egipto. (…) Lo que no funcionó entonces no funcionará ahora. No… parece que no me conocéis bien”.

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