el ejército asegura haber matado a 3.000 terroristas

La guerra no declarada de Egipto

El Gobierno combate a la filial del Estado Islámico en el norte del Sinaí mientras la población local padece abusos y expulsiones. Pero una nueva estrategia puede funcionar: armar a los beduinos

Foto: Un beduino armado custodia a un inmigrante ilegal en el norte del Sinaí, antes de introducirle de forma clandestina en Israel. (Reuters)
Un beduino armado custodia a un inmigrante ilegal en el norte del Sinaí, antes de introducirle de forma clandestina en Israel. (Reuters)

Una vez más, Egipto canta victoria. A principios de noviembre, El Cairo anunció que ha cumplido el objetivo de la denominada Operación Exhaustiva, una ofensiva emprendida hace 8 meses contra la filial local del Estado Islámico con la que el exgeneral y ahora presidente Abdel Fatah al Sisi, prometió que limpiaría la península del Sinaí de militantes yihadistas. Desde que se inició esta guerra no declarada, las fuerzas egipcias aseguran haber eliminado a 3.000 terroristas, según informaciones publicadas a través de su página de Facebook, una cifra muy superior al número estimado de militantes que previamente había reconocido que hubiera en el Sinaí.

Esta última campaña militar fue ordenada después de que un atentado en una mezquita sufí en esa zona del noreste del país dejara 311 muertos. Con la matanza quedó también en evidencia la poca efectividad de la política de tierra quemada que el Ejecutivo egipcio está aplicando en la península fronteriza con la Franja de Gaza e Israel. Entonces, analistas en todo el mundo criticaron que no se hiciera uso del activo que supone la población local, que conoce bien la esquiva orografía del desierto del Sinaí y podría facilitar el acceso a los escondrijos de los terroristas.

El Gobierno, de hecho, ha negado siempre que entre esos efectivos hubiera miembros de las tribus beduinas del Sinaí. Sin embargo, un artículo reciente de la agencia AP señala, citando fuentes locales, que las autoridades egipcias habrían empezado a armar a los beduinos para combatir a la rama local de Daesh en distintos puntos del norte y centro de la península.

La Unión de Tribus del Sinaí, formada por 25 clanes de la península, había ofrecido su colaboración a finales de noviembre pasado, tras el atentado en la mezquita de Al Rawda. En un comunicado hicieron un llamamiento “a todos los hombres y jóvenes del Sinaí para unirse a sus hermanos y coordinar operaciones con el Ejército” para acabar con el terrorismo en la Península. “Todos aquellos que quieran venganza y castigo contra el terror y vengarse del ISIS (…), son bienvenidos para unir a los guerreros tribales para enfrentarse al terrorismo fascista”. En un segundo comunicado, días después del atentado, reiteraron su intención de “limpiar” el Sinaí, trabajando con el Ejército como “una sola mano”.

Pese a la negativa oficial, a finales de julio la Unión de Tribus del Sinaí anunciaba la muerte de un oficial de la filial del Estado Islámico, Abou Jaffar al Maqdesi, en una operación del Ejército, y especificaba que la victoria se había logrado con el esfuerzo de las tribus locales, y que varios de sus miembros participaron en los combates.

Los periodistas tienen vetado el acceso a la zona, en la que hay un apagón informativo que se restringe a los comunicados oficiales. Cualquier otra información es desmentida o reportada en medios egipcios como noticias falsas. Por eso, muchos toman con precaución las informaciones oficiales sobre el número de supuestos extremistas asesinados. Es imposible contrastar de forma independiente el número de soldados o policías fallecidos durante la operación en el Sinaí, aunque la cifra oficial es de 30.

Fuerzas militares egipcias en el norte del Sinaí, en diciembre de 2017. (Reuters)
Fuerzas militares egipcias en el norte del Sinaí, en diciembre de 2017. (Reuters)

Una relación de desconfianza

En una entrevista telefónica con Radio Masr, Tamer al-Refaei, el portavoz de las Fuerzas Armadas, aseguraba que los efectivos que participan en la operación han sido rehabilitados psicológicamente enfatizando las virtudes de la victoria o el martirio por la patria. “[Nuestras] fuerzas creen en las tareas que se les han encomendado para limpiar [de terroristas] el país”.

El Ejército se ha resistido a armar a las tribus, con las que tiene un largo historial de conflicto. En lugar de eso, en la campaña antiterrorista se han demolido zonas entera de viviendas, expropiado terrenos y desplazado a la población. También se han disparado los asesinatos extrajudiciales, como han corroborado organizaciones como Amnistía Internacional. Fue el caso de un vídeo en el que el Ejército mostraba a supuestos extremistas junto a sus armas. Resultó ser un montaje que fue destapado meses después y en el que se veía que se les había ejecutado a sangre fría y colocado las armas junto a los cadáveres.

Una grabación más reciente, en el que a un adolescente se le dice que se tumbe boca abajo y que su padre va a venir a buscarle cuando llora llamándole antes de pegarle un tiro, corrió también por las redes sociales. Esas imágenes contrastan con los vídeos que publica regularmente el Ejército en el que se ven operaciones militares, destrucción de objetivos o capturas de los supuestos militantes (vivos o muertos).

Pero los más afectados por el asentamiento de los militantes en la Península han sido siempre los residentes locales. Ese maltrato, para expertos en el Sinaí como el periodista Muhannad Sabry (forzado al exilio por sus informaciones sobre lo que ocurre en la península), ha sido el caldo de cultivo perfecto para la radicalización de algunos de ellos. Las familias se han visto enfrentándose a los terroristas -que han ejecutado y amenazado a los locales, como ocurrió cuando cientos de coptos tuvieron que exiliarse desde El Arish, casi en la frontera con Gaza, a Ismailía- y también al Ejército, al que han acusado de diversos excesos y violaciones de derechos humanos. Además se han producido desalojos forzosos en los que se pagan indemnizaciones paupérrimas.

El atentado de hace un año en la mezquita marcó sin embargo un punto de inflexión, al dejar en evidencia la necesidad de contar con los locales para garantizar una mejor efectividad. El resultado sería una fuerza denominada Abdelsalam, con varios miles de beduinos, con el objetivo de acompañar a las tropas y localizar objetivos, o controlar 'checkpoints' en las carreteras, según la información publicada por AP. Queda por ver si esta cooperación, que los expertos consideran fundamental para garantizar la estabilidad en la península, tiene continuidad.

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