la fallida ASONADA DEJA AL PAÍS EN VILO

Guaidó huye hacia delante: huelga general y protesta permanente en Venezuela

Tras el fracasado alzamiento militar, la oposición llama a huelgas y protestas. Pero es poco probable que puedan imponerse en una guerra de desgaste contra el chavismo

Foto: Juan Guaidó. (Reuters)
Juan Guaidó. (Reuters)

La fallida asonada militar del líder opositor Juan Guaidó deja a Venezuela en un nuevo vía crucis de incertidumbre y violencia, con el espectro de un conflicto militar como telón de fondo a la desastrosa crisis económica.

Guaidó convocó el miércoles a una huelga general en el sector público y llamó a sus seguidores a mantener una protesta permanente en las calles del país petrolero como nueva estrategia para desalojar al chavismo del poder, después de que el grueso de las Fuerzas Armadas desoyera su llamado a derrocar al presidente Nicolás Maduro.

“Si el régimen creía que habíamos llegado al máximo de presión, se equivocaron”, dijo Guaidó, reconocido como presidente interino del país por medio centenar de naciones, en la concentración opositora del Primero de Mayo, bautizada como operación Libertad. “Vamos a seguir en las calles hasta lograr la libertad de Venezuela", insistió gesticulando expresivamente.

Pero, sin respaldo suficiente en los cuarteles y descartada una intervención directa de Estados Unidos —al menos de forma inminente, según el Pentágono—, la dirigencia opositora se está quedando sin argumentos para mantener viva entre sus bases la esperanza de un cambio inminente en la correlación de fuerzas en el país. Solo un error de cálculo del chavismo podría girar la balanza.

“La única forma de que haya golpe de Estado en Venezuela es que me detengan”, dijo el joven político, en mangas de camisa y jaleado por centenares de opositores en la plaza Altamira, el bastión opositor de la capital.

Jugar al desgaste con el chavismo es una baza arriesgada. Con el control de las instituciones, las fuerzas de seguridad y lo que queda de la petrolera estatal PDVSA, principal sostén financiero del país, Maduro cuenta con un balón de oxígeno más holgado que sus adversarios para hacer frente a la apuesta. Y este jueves, los venezolanos tendrán que volver a la lucha diaria contra la hiperinflación, la brutal recesión económica y los frecuentes apagones, por lo que pedirles que se inmolen por la causa no parece que vaya a funcionar. Y Maduro lo sabe.

“Quedó demostrado que la injerencia, el golpismo y el enfrentamiento armado no son el camino para nuestra amada Venezuela. La ruta para dirimir las diferencias siempre será la constitucionalidad y el respeto mutuo. Los Patriotas venceremos la violencia y ganaremos la Paz”, escribió Maduro en su cuenta de Twitter durante el Día del Trabajador.

La procesión, ¿va por dentro?

Pese al tono confiado de Maduro, el malogrado alzamiento de Guaidó —calificado de golpe de Estado por sus detractores y de insurrección pacífica por sus aliados— sirvió para mostrar las crecientes fisuras en el otrora monolítico chavismo. La liberación del opositor Leopoldo López, quien permanece refugiado en la residencia del embajador español en Venezuela, dibuja un enorme signo de interrogación sobre la lealtad a prueba de balas que fue durante años la espina dorsal de la revolución bolivariana.

Varios altos cargos del Gobierno de Donald Trump han asegurado que la intentona del martes contaba con el apoyo de varios pesos pesados del chavismo, desde el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, al presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Maikel Moreno, que habían comunicado a la oposición su convencimiento de que “Maduro debe irse”. Sin embargo, en el momento clave, ninguno salió a respaldar a Guaidó.

“Estoy viendo tuits apoyando a Maduro de algunos oficiales de alto rango en Venezuela que estaban trabajando para echarlo [del poder]. Pero los cubanos y el régimen [de Maduro] saben lo que estaban haciendo. Y si no lo saben, lo sabrán pronto. Y entonces, ¿qué? Sean inteligentes, no es tarde”, dijo ayer el senador de Florida Marco Rubio, tratando de espolear la insurrección que no cuajó.

La pregunta es si Maduro comenzará una purga que podría debilitar aún más su menguado apoyo o si esperará a que las aguas se calmen en los barracones antes de tomar medidas.

No hay paz en la Fuerza Armada Nacional. Hay espacios importantes para la transición”, opinó la analista militar Rocío San Miguel, de la asociación Control Ciudadano para la Seguridad, la Defensa y la Fuerza Armada Nacional. “Ojalá se encuentre sin muertes”.

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