¿CUÁNTO TIEMPO PODRÁ MANTENER EL PULSO?

La chapuza de la operación Libertad: los errores de un golpe sin apoyos firmes

Para un golpe de Estado, hay que llevar a cabo determinadas acciones que los antichavistas no han hecho, como desplegarse en lugares estratégicos o matar o bloquear al líder del régimen

Foto: Juan Guaidó. (Reuters)
Juan Guaidó. (Reuters)

Ya en 1968, el consultor estratégico y pensador militar Edward Luttwak, autor del legendario 'Golpe de Estado: un manual práctico', estableció las líneas para que una asonada militar resultase exitosa: bloquear o matar al líder al que se pretende derrocar, anular las unidades que no participan en el golpe, controlar las comunicaciones y desplegarse en lugares estratégicos para controlar a las masas, entre otras cosas. A lo largo de la historia, la correcta puesta en práctica de estos y otros elementos clave es lo que ha determinado el triunfo o el fracaso de un cuartelazo.

La chapuza de la operación Libertad: los errores de un golpe sin apoyos firmes

El líder opositor Juan Guaidó y los militares que le respaldaron este martes no hicieron nada de eso: lanzaron su desafío desde una localización clave pero relativamente remota, sin hacer el más mínimo amago por neutralizar a Nicolás Maduro y a otras figuras clave del chavismo y permitiendo que estos hiciesen un llamamiento a sus partidarios para que se movilizasen en su defensa. En el momento en que quedó claro que un sector considerable del ejército seguía respaldando a Maduro, los golpistas perdieron la iniciativa. Horas después, Leopoldo López, que había comparecido junto a Guaidó en su llamamiento al alzamiento, pedía asilo en la embajada de Chile, subrayando su falta de confianza en el éxito de la intentona. A estas horas, la confusión persiste.

En realidad, tal y como publicó ayer en exclusiva El Confidencial, el golpe, según una fuente implicada en el complot, estaba programado para dos días después, y contaba con el respaldo de los líderes del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), del Tribunal Supremo de Justicia y de la Contrainteligencia Militar, e incluso del ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, con la connivencia de EEUU. Lo ha confirmado, al menos en apariencia, el asesor de Seguridad Nacional estadounidense John Bolton, quien ha asegurado que a estos “se les acaba el tiempo”. El secretario de Estado de EEUU fue más explícito horas después. Pero, según esta versión, las prisas de Guaidó han echado por tierra ese plan.

¿Por qué habría optado este líder opositor por adelantar la operación hasta el punto de arriesgarse peligrosamente al fracaso? Según su entorno, se debe a que las autoridades se disponían a detenerle tras meses construyendo una argumentación judicial contra él y horas antes de la gran marcha que había convocado para el Primero de Mayo hacia el Palacio de Miraflores, con la que pensaba culminar la llamada operación Libertad forzando la salida de Maduro.

La chapuza de la operación Libertad: los errores de un golpe sin apoyos firmes

Los datos con los que se cuenta hasta ahora parecen respaldar esta idea: en el vídeo en el que Guaidó y López aparecieron durante la madrugada llamando a los venezolanos a la sublevación, aparecen flanqueados por efectivos militares de bajo rango, probablemente los mismos que habían participado en la liberación de este último líder opositor en su arresto domiciliario. Una imagen que está lejos de la contundencia que podría haber tenido ver a Guaidó rodeado por Padrino López y otros altos jerarcas del ejército.

No es la primera vez

Pero también es cierto que ya en ocasiones anteriores Guaidó ha demostrado ir por libre. Un extenso reportaje del 'Wall Street Journal' publicado a principios de febrero relataba cómo la autoproclamación de Guaidó como presidente encargado tomó por sorpresa a una gran parte de la oposición, que no había sido informada previamente y que en muchos casos incluso desaprobaba la medida. La decisión generó malestar entre destacadas figuras opositoras, como Henrique Capriles, aunque en aquel momento prefirieron guardarse sus reservas para no perjudicar la causa contra Maduro. Pero las discrepancias no tardaron en salir a la luz.

A Guaidó, en cualquier caso, se le acaba el tiempo: hace ya una semana que expiró el plazo por el que, según la argumentación legal en la que basa su legitimidad, debía convocar elecciones, lo que dificulta su posición. Aunque poco de eso importaría si Guaidó tuviese el respaldo incondicional de la Administración Trump. Pero todo apunta a lo contrario: a que en la Casa Blanca existe resquemor porque este grupo opositor habría “vendido” una estrategia de éxito rápido augurando un desplome del aparato estatal del chavismo en cuanto se le ofreciesen los incentivos adecuados. Esto no ha ocurrido, y ahora el presidente Trump —que no destaca por su paciencia— baraja otras opciones, solo un puñado de las cuales involucran a Guaidó.

Para este, con las autoridades venezolanas pisándole los talones y sin saber si puede contar a ciegas con Washington, los riesgos de un golpe, incluso los de uno mal preparado, eran menores que los derivados de permanecer inactivo. La duda, ahora, es hasta cuándo podrá mantener el pulso, y a qué precio.

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