dimiten siete diputados

Ruptura en el laborismo: al Pablo Iglesias británico también se le hunde la formación

Ante una Cámara dividida, el que ahora haya siete parlamentarios, la mayoría de ellos proUE, que ya no sigan la disciplina laborista tiene enormes consecuencias en las votaciones del Brexit

Foto: Trabajadores reflejados en una ventana con las imágenes de Jeremy Corbyn y Theresa May, en Londres. (Reuters)
Trabajadores reflejados en una ventana con las imágenes de Jeremy Corbyn y Theresa May, en Londres. (Reuters)

El veterano Jeremy Corbyn —antimonárquico, enemigo de la austeridad, admirador de Hugo Chávez, defensor de la nacionalización del gas y electricidad y activista propalestino— causó un auténtico huracán en Westminster cuando en 2015 fue elegido líder del principal partido de la oposición. A pesar de la diferencia de edad (cumplirá 70 años en mayo), desde un principio le apodaron 'el Pablo Iglesias británico'. Y sus paralelismos parecen estar programados porque, al igual que le ha ocurrido al responsable de Podemos, al laborista también se le está rompiendo la formación. Siete diputados han presentado este lunes su dimisión.

De momento, se sentarán en Westminster como Grupo Independiente mientras planifican sus próximos pasos. Es la primera vez en casi cuatro décadas que uno de los partidos históricos del Reino Unido se divide. En enero de 1981, cuatro miembros del entonces Gobierno laborista se separaron y en marzo de ese mismo año crearon la formación de centro Social Democratic Party (SDP). Así que está por ver qué ocurre ahora en el Parlamento británico, que atraviesa la peor crisis institucional de su historia.

La guerra civil en las filas laboristas no puede ser mejor recibida en Downing Street. Que el foco de atención mire para otro lado ofrece un respiro para Theresa May, quien la semana pasada cosechó una nueva derrota por el Brexit. La 'premier' está convencida de que, en última instancia, puede contar con el respaldo de sus señorías para ratificar el acuerdo de retirada antes del 29 de marzo.

En este sentido, ante una Cámara completamente dividida, el hecho de que ahora haya siete parlamentarios, la mayoría de ellos proUE, que ya no tengan que seguir la disciplina laborista puede tener tremendas consecuencias en las votaciones clave programadas para las próximas semanas.

Los rumores de división venían desde lejos y se habían intensificado en los últimos días, por lo que no ha pillado a nadie por sorpresa. Corbyn fue elegido líder por un abrumador apoyo de los afiliados. Pero jamás ha contado con el respaldo de la mayoría de sus filas, que consideran que su giro hacia la izquierda más radical convierte la formación en ilegible ante cualquier cita con las urnas.

El Brexit supuso la excusa perfecta para organizar la rebelión, argumentando que no había hecho lo suficiente para defender la unión con la UE. En 2016, se presentó entonces una moción de confianza que fue firmada por 172 de los 230 diputados laboristas. La mayor parte del equipo del denominado 'Ejecutivo en la sombra' dimitió.

Pero, una vez más, los 'corbynistas' se echaron a la calle. La revuelta radical, protagonizada en su mayoría por jóvenes descontentos con el sistema, consiguió que el número de afiliados llegara en verano de 2017 al histórico de 575.000, convirtiendo el Partido Laborista en la formación más grande de Europa en términos de militancia. Sin embargo, desde entonces, la membresía ha disminuido en más de un 10%.

Jeremy Corbyn, líder del Partido Laborista, durante un discurso en Hastings. (Reuters)
Jeremy Corbyn, líder del Partido Laborista, durante un discurso en Hastings. (Reuters)

En los últimos meses, las continuas polémicas por episodios antisemitas, la falta de crítica a la situación en Venezuela, los ataques al capitalismo y, ante todo, la gestión de la crisis del Brexit —donde muchos consideran que Corbyn simplemente ha estado ausente como líder de la oposición— han precipitado la ruptura de las filas. Es más, muchos se sienten traicionados, ya que, tras no lograr forzar elecciones anticipadas ni convencer al Gobierno para que el país se quede en la unión aduanera, no ha respaldado un segundo referéndum, tal y como se comprometió en el último congreso nacional de la formación.

Durante el fin de semana, John McDonnell, portavoz de Economía del partido (y mano derecha de Corbyn) advirtió de que abandonar las filas “supondría perpetuar en el poder al Partido Conservador durante al menos otra década”. Pero parece que no ha tenido efecto ante los rebeldes capitaneados por Chuka Umunna, candidato en su día a líder laborista y conocido como 'el Obama británico', quien ha sido uno de los grandes defensores de un nuevo referéndum ante el Brexit.

Las polémicas por episodios antisemitas, la falta de crítica a la situación en Venezuela y la gestión de la crisis del Brexit han precipitado la ruptura

Jon Lansman, fundador de la corriente laborista Momentum y próximo a Corbyn, asegura que los siete diputados —Chuka Umunna, Luciana Berger, Chris Leslie, Angela Smith, Mike Gapes, Gavin Shuker y Ann Coffey— son “todos políticos marginales con una política marginal”. “Esta es una ruptura muy diferente a la del SDP en 1981. Al menos entonces tenían cierto apoyo político”, señala.

Pero está por ver cómo se desencadenan los próximos acontecimientos, porque hasta 25 diputados laboristas podrían perder su candidatura de cara a las próximas generales. El Brexit ha centrado en los últimos meses tanto la atención en el Ejecutivo que apenas nadie ha reparado en el hecho de que Corbyn ha cambiado por completo la estructura interna de la formación, poniendo tanto en la dirección como en los organismos que seleccionan candidatos a gente de su confianza alejada de la posición centrista de la época de Tony Blair.

Estos 25 diputados podrían acabar uniéndose a los rebeldes en unas hipotéticas elecciones anticipadas, escenario que nadie descarta para después de la barrera del 29 de marzo. En cualquier caso, el mayor obstáculo al que se enfrentan los nuevos partidos en el Reino Unido es el nada representativo sistema electoral. Incluso aquellos que cuentan con el respaldo del electorado tienen muy compleja su incursión en la Cámara de los Comunes.

En su día, el SDP llegó a conseguir hasta 35 escaños. Pero finalmente colapsó en una lucha interna sobre si estaban tratando de recrear el Partido Laborista de Hugh Gaitskell o querían formar una nueva fuerza de centro.

Hasta un 59% de los británicos se plantearía votar por un nuevo partido de centro, según la última encuesta de Opinium publicada el domingo por 'The Guardian', donde el 41% considera que tanto laboristas como conservadores (ahora empatados en sondeos) se han vuelto muy “extremos”. El 40% de los consultados señala que “un nuevo partido sería la mejor manera para que la gente se sienta representada”.

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