ni progresos con la ue ni plan b

Caos absoluto en el Gobierno británico: aplaza otra vez la votación del Brexit

May regresa hoy a Westminster para abordar los avances en el diálogo con Bruselas. La realidad es que ni hay progresos con la UE ni tampoco un plan B. Solo queda solicitar más tiempo

Foto: Un manifestante proBrexit ante el Parlamento británico, en Londres. (Reuters)
Un manifestante proBrexit ante el Parlamento británico, en Londres. (Reuters)

Tan malo es un silencio absoluto por parte de la residencia oficial de un mandatario como una saturación de discursos. Ambos escenarios transmiten el mismo mensaje: auténtico caos. Y eso es precisamente lo que está ocurriendo en Downing Street. El Brexit dejó inicialmente muda a Theresa May, quien no sabía por dónde empezar a abordar la difícil misión. Pero ahora que quedan menos dos meses para salida del bloque, la 'premier' se ha pasado al otro extremo. Nunca antes había comparecido tantas veces en la Cámara de los Comunes. El problema es que sus intervenciones están carentes de contenido.

Este martes, un día antes de lo previsto, la líder 'tory' ha regresado a Westminster para actualizar a sus señorías de los avances en el diálogo con Bruselas. "Consiguiendo los cambios que necesitamos en el 'backstop', protegiendo y mejorando los derechos de los trabajadores y las protecciones medioambientales; y dando más peso al Parlamento en la próxima fase de las negociaciones, creo que podemos alcanzar un acuerdo que esta Cámara pueda apoyar ", se ha limitado a decir May. Aunque la realidad es que ni hay progresos con la UE ni tampoco un plan B por parte del Ejecutivo. Por lo que, una vez más, la única vía que queda es solicitar más tiempo para intentar encontrar una solución que evite el caos de un divorcio sin pacto.

El Número 10 se ha hecho a la peligrosa costumbre de ir retrasando las citas fijadas en el calendario. Para este jueves, estaba previsto que May presentara una alternativa al Acuerdo de Retirada, después de cosechar el mes pasado la peor derrota de la historia.

En su lugar, el Ejecutivo se plantea ahora celebrar el próximo 27 de febrero una serie de votaciones no vinculantes sobre distintos escenarios para ver por dónde respiran los diputados. Para evitar a toda costa otra derrota, baraja posponer la votación definitiva del pacto hasta principios del próximo mes. Teniendo el abismo del 29 de marzo tan cerca, May confía en que sus señorías den finalmente su brazo a torcer y ratifiquen el texto.

En cualquier caso, Keir Starmer, portavoz del Brexit en la oposición, quiere forzar la votación para el 26 de febrero a fin de impedir “que el Gobierno manipule el calendario en su beneficio”. El laborista -que mantuvo el lunes una reunión con el ministro de Exteriores irlandés, Simon Convery- presentará una enmienda en la sesión prevista para este jueves, cuando los parlamentarios podrán discutir cuáles son sus preferencias sobre los pasos a seguir en este complejo proceso de retirada.

Los ánimos están caldeados. Varios de los miembros del Gabinete amenazan con dimitir si el Reino Unido abandona el club sin pacto; sus señorías no acercan posturas y entre May y Jeremy Corbyn no parece que exista ánimo de colaboración.

La 'premier' ha respondido por carta a las demandas planteadas por el líder laborista para intentar desbloquear la crisis institucional. Pero, aunque el tono es en general conciliador, la líder 'tory' ha reiterado su rechazo a una unión aduanera o una mayor alineación con el mercado único.

"No tengo claro por qué crees que sería mejor tener voz en futuros acuerdos comerciales de la UE que contar con la capacidad de negociar los nuestros propios”, señala May en su misiva, quien considera que la Declaración Política que esboza las futuras relaciones ya contempla “explícitamente” los beneficios de una unión aduanera y da vía libre a Londres para adoptar una política comercial independiente.

Theresa May durante una comparecencia en Westminster para explicar su Plan B del Brexit. (Reuters)
Theresa May durante una comparecencia en Westminster para explicar su Plan B del Brexit. (Reuters)

En este contexto, el responsable de Comercio, Liam Fox, y el consejero federal suizo Guy Parmelin suscribieron este lunes en Berna un acuerdo bilateral para “sentar las bases para una buena relación económica y comercial entre los dos socios” una vez que el Reino Unido salga del club. La base del acuerdo son los tratados comerciales que Suiza tiene también con la UE para la reducción o eliminación de obstáculos en el intercambio bilateral, como el acuerdo de libre comercio de 1972 o el pacto agrícola de 1999.

Lo cierto es que si el Reino Unido se quedara en la unión aduanera comunitaria tras el Brexit se facilitarían bastante las cosas frente al polémico "backstop", principal escollo por el que el Acuerdo de Retirada aún no ha sido ratificado en Westminster. Pero eso conllevaría a la ruptura del Partido Conservador ante la gran rebelión euroescéptica.

La salvaguarda se quiere implantar para que, en caso de que el Reino Unido y la UE no hayan cerrado un acuerdo comercial para finales de 2020, no exista frontera dura en Irlanda.

Tras el encuentro mantenido la semana pasada en Bruselas entre May y los responsables de la Comisión y el Consejo europeo, ambas partes han acordado volver a verse a finales de febrero. La UE no está dispuesta a reabrir negociaciones, pero podría redactar algún tipo de documento, legalmente vinculante, para asegurar a los diputados británicos que el Reino Unido no va a quedarse atrapado sine die a la normativa comunitaria.

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