Robbins, el hombre de confianza de la 'premier'

Una conversación de bar desvela las claves del Brexit: el garganta profunda de May

Debido a un pequeño desliz, el hombre de máxima confianza de May se convierte en el 'garganta profunda' que ha desvelado el secreto mejor guardado del Brexit

Foto: Olly Robbins, negociador británico para el Brexit, llega a una reunión del Gainete. (Reuters)
Olly Robbins, negociador británico para el Brexit, llega a una reunión del Gainete. (Reuters)

Las barras de bar siempre han dado mucho juego en el periodismo de investigación. Quizá por este motivo, Theresa May ha tratado de evitarlas a toda costa. Primero como responsable del Interior y luego como inquilina de Downing Street, donde su hermetismo absoluto lleva hasta la desesperación a los miembros de su Gabinete. Nadie en el ámbito de Westminster sabe realmente cuál es la estrategia de la 'premier' respecto al Brexit.

Ante la guerra civil del Partido Conservador y los continuos intentos por arrebatarle el liderazgo, May prefirió apoyarse desde un principio en Olly Robbins, el tecnócrata que, desde el primer día, ha estado al frente del equipo negociador británico para lidiar con el tortuoso divorcio. Lo que nunca llegó a pensar es que, debido a un pequeño desliz, su hombre de máxima confianza fuera a convertirse en el 'garganta profunda' que ha desvelado el secreto mejor guardado de la ruptura que tiene en vilo al Viejo Continente.

Lo que May realmente planea es esperar hasta finales de marzo (el 29 es cuando se cumple la fecha de salida) para que los parlamentarios elijan entre ratificar el acuerdo de retirada o aceptar una extensión significativa del artículo 50 mucho más larga de lo que había especulado hasta ahora. Bomba. Ya tenemos Watergate-Brexit. Y todo por la barra del bar, concretamente la del hotel Sofitel de la capital comunitaria.

Tras la cena este lunes entre el ministro del Brexit, Stephen Barclay, y el negociador de la UE, Michel Barnier —velada en la que Robbins estuvo presente—, el tecnócrata se fue a tomar una copa en el hotel donde se hospedaba. De lo que no se percató es de que también pasaba allí la noche Angus Walker, corresponsal de ITV, quien pudo escuchar fragmentos de la conversación que este mantenía con otras dos personas del equipo negociador.

“La extensión [del artículo 50] es posible, pero si [lo diputados] no votan por el acuerdo, entonces la extensión será larga”, explicaba. “La cuestión es si Bruselas es clara en los términos de la extensión. Al final, probablemente solo nos darán una extensión”.

Hasta la fecha, la versión oficial que May siempre ha defendido es que está determinada a cumplir con el calendario. Se niega a contemplar la posibilidad de solicitar a la UE una extensión de plazos, que los Veintisiete tendrían que aprobar en cualquier caso por unanimidad. Aunque su máximo hombre de confianza contradice ahora esta posición.

La 'premier' Theresa May, durante una intervención en el Parlamento británico, en Londres. (Reuters)
La 'premier' Theresa May, durante una intervención en el Parlamento británico, en Londres. (Reuters)

Pero aún hay más. Durante la conversación, Robbins también reveló detalles sobre la polémica del 'backstop', la salvaguarda con la que se quiere evitar frontera dura en Irlanda. Tal y como está planteada, no cuenta con el visto bueno de Westminster, que es quien tiene que ratificar en última instancia el acuerdo de retirada si realmente se quiere evitar un divorcio sin pacto.

En este sentido, el tecnócrata señaló que había que encontrar alguna “salida” con algún tipo de redacción apropiada para calmar a los diputados que ven el cortafuegos como una “trampa” para que el Reino Unido quede alineado 'sine die' con la normativa comunitaria.

Aunque lo más relevante es que Robbins confirmó que el plan original no concebía la salvaguarda como una “red de seguridad” para la isla de Irlanda, sino como un “puente” para una relación comercial entre el Reino Unido y la UE a largo plazo, una teoría que May siempre había negado. Los comentarios confirman que la salvaguarda podría sentar las bases de la futura relación comercial, el gran temor de los 'tories' euroescépticos, que siempre han sospechado que May buscaba, a largo plazo, algún tipo de afiliación a la unión aduanera para potenciar la relación comercial con el bloque.

Un portavoz del ERG, núcleo duro de los 'tories' 'brexiters', asegura: “¿Quién está realmente al cargo de esto? O es la primera ministra y esto es realmente lo que quiere. O hace simplemente lo que le dicen los funcionarios”.

El plan original no concebía la salvaguarda como una “red de seguridad” para Irlanda sino como un “puente” para una relación comercial con la UE

El ministro del Brexit, Stephen Barclay, ha negado que May esté planeando ofrecer a los diputados, días antes de la fecha límite, elegir entre el acuerdo de retirada cerrado con Bruselas o retrasar el divorcio. “Ha sido muy clara a la hora de explicar que estamos comprometidos a marcharnos el 29 de marzo”, señala.

En cualquier caso, el particular Watergate ha puesto aún más tensión a la mayor crisis institucional que se vive en el Reino Unido, donde el mes pasado May cosechó la peor derrota de la historia al presentar a sus señorías el pacto que había cerrado con la UE. Desde entonces, en lugar de plantear un plan B, tan solo se ha dedicado a pedir más tiempo a la Cámara de los Comunes para intentar negociar con Bruselas algún tipo de cambio legalmente vinculante en la polémica salvaguarda.

Este jueves, la Cámara de los Comunes debatirá una nueva moción presentada por el Ejecutivo para continuar con las conversaciones con el bloque. El grupo de diputados proUE, liderado por la laborista Yvette Cooper, ha optado por no presentar en esta ocasión una enmienda para forzar al Gobierno a solicitar una extensión de plazos.

Pero sí han publicado un proyecto de ley —respaldado por conservadores de alto peso como Caroline Spelman y Oliver Letwin— cuyo objetivo es quitar formalmente de la mesa la opción de una salida sin acuerdo y dar el control del proceso al Parlamento si para el 13 de marzo May no ha conseguido concesiones de Bruselas.

El proyecto de ley será presentado como enmienda en el nuevo debate que la 'premier' ha prometido para el próximo 27 de febrero, donde, esta vez sí, tanto los diputados proUE como la oposición laborista sacarán artillería pesada para evitar que May vuelva a jugar con el reloj de arena como lo está haciendo hasta ahora.

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