una obra que ha dividido a los vecinos

La sangrienta lucha contra el nuevo aeropuerto de México

La controvertida construcción fue uno de los proyectos estrella del ya expresidente Peña Nieto. Su sucesor, López Obrador, ha convocado un referéndum

Foto: Vista general de una terminal en construcción en el nuevo aeropuerto internacional de Ciudad de México en Texcoco, el pasado agosto. (Reuters)
Vista general de una terminal en construcción en el nuevo aeropuerto internacional de Ciudad de México en Texcoco, el pasado agosto. (Reuters)

Jesús Javier Ramos Arreola ya no protesta en contra del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM). De un disparo en la cabeza, Ramos Arreola, activista contrario a la construcción del nuevo aeropuerto en la capital, cayó fulminado a las puertas de su casa hace apenas un mes en Tlalmanalco, un pequeño pueblo en el que una mina explotaba un cerro para extraer minerales con los que desarrollar la mega obra. Días antes, Ramos Arreola había denunciado una supuesta corruptela alrededor de la explotación minera que busca obtener un mineral -tezontle- que se utiliza para la cimentación del proyecto. El crimen aún no ha sido resuelto.

“Es la punta del iceberg de la represión. Llevamos contabilizadas al menos 253 agresiones, pero ese ha sido el primer asesinato”, dice Antonio Guillén, presidente del Centro de Derechos Humanos Zeferino Ladrillero, una ONG que se opone a la ambiciosa obra y a la que pertenecía el activista fallecido. Y es que los movimientos contrarios al nuevo aeropuerto -de unos 13.000 millones de euros- denuncian ser objeto de amenazas, detenciones arbitrarias y ataques por parte turbas ciudadanas para que cejen en sus protestas. “Las agresiones físicas en otros pueblos no han mermado la protesta, ahora, el asesinato sí sofocó toda oposición en Tlamanalco”, dice Guillén

Justamente con la muerte del activista aún reciente, México celebra una consulta ciudadana en el que se decidirá el futuro de la megaobra. Aunque el próximo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, no tomará el poder hasta diciembre, su partido está celebrando un referéndum en el que los ciudadanos dirán “sí” o “no” a una infraestructura para la que ya se han conseguido más de 6.000 millones de dólares de financiación privada, se han otorgado decenas de contratos millonarios y, además, lleva ya un 30% de avance. Entre los contratos, por cierto, destaca el acuerdo de 3.900 millones de euros de la terminal en el que Acciona y FCC participan como parte de un consorcio.

¿Qué pasará con el resultado de la consulta? ¿Se frenará la construcción si gana el “no”? Esas son las preguntas que todo México se hace sobre un referéndum ciudadano alrededor de un proyecto público, cuya pregunta fue anunciada hace solo una semana y su conteo estará en manos de una fundación. López Obrador ha dicho que su resultado será vinculante, sin embargo, sus asesores públicamente dudan sobre la probabilidad de una cancelación ante las millonarias indemnizaciones que tocaría pagar por los contratos ya firmados, además de la potencial lluvia de demandas.

“Sea cual sea el resultado, vamos a seguir luchando contra ese aeropuerto”, dice doña Trini, lideresa del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, organización que ve el proyecto -que se construye a las afueras de la Ciudad de México- como un peligro para el medio ambiente y que, además destruirá el modo de vida de las comunidades rurales en nombre del progreso y del imparable avance del desarrollo urbano. La eterna lucha campo-ciudad.

“Yo vivo de lo que da la tierra y de mi casa no me voy”, dice Nieves Rodríguez, una vecina de Atenco, uno de los municipios que limitan con las obras del NAICM. La vivienda de Nieves está justo en medio de una carretera. O mejor dicho, la casa en la que lleva 20 años viviendo está ubicada en un punto en el que fue planeada la construcción de una carretera que conectará con el aeropuerto.

Residentes de San Salvador Atenco, una ciudad cercana al nuevo aeropuerto, protestan con machetes contra el proyecto en México D.F. (Reuters)
Residentes de San Salvador Atenco, una ciudad cercana al nuevo aeropuerto, protestan con machetes contra el proyecto en México D.F. (Reuters)

“Divide et impera”

Un día, Nieves salió de casa y vio como decenas de obreros y de máquinas levantaban una carretera que se dirigía exactamente hacia su hogar. “Intentaron comprar la vivienda para continuar la obra, pero como me rehusé me amenazaron con expropiarme”, dice. Nieves asegura haber sido objeto de amenazas de otros vecinos para lograr que venda y, así, deje de bloquear el desarrollo de la obra.

“Me han quemado una plantación de nopales, cortado la luz y el agua, pero a mí no me espantan, aquí me quedo”, concluye desafiante.

Y es que San Salvador Atenco, de apenas 12.000 personas, es un pueblo partido en dos por la construcción del NAICM. Símbolo de la resistencia al aeropuerto tras una serie de enfrentamientos violentos con la policía contra el proyecto en 2006, que terminaron con más de 200 detenidos, Atenco es un municipio en el que sus pobladores se dividen entre los que ven la obra como una lucrativa oportunidad y los que lo ven como una infraestructura que acabará con los campos que cientos de familias han cultivado durante generaciones.

“La gente ha vendido parcelas a 200 pesos [9 euros] el m². O sea, una hectárea por unos 2 millones [90.000 euros], pero hay varios que ya se han gastado todo en una fiesta y un coche nuevo”, dice Adela, propietaria de un terreno en el que durante tres generaciones siembran maíz, cebolla o cilantro entre otros cultivos. “Vale, vendo mi casa y me voy a la Ciudad de México, ¿qué hago ahí? No tengo estudios y la vida en la ciudad es cara. El campo es más barato y me gusta este estilo de vida”, apunta Nieves.

Precisamente, el gran negocio alrededor del NAICM es lo que se conoce como la “Aerotrópolis”, es decir, la urbanización de toda la extensa zona rural que rodea el aeropuerto en un área plagada de hoteles, viviendas, restaurantes y empresas de alquiler de coches. Y ahora mismo no hay absolutamente nada desarrollado, todo es todavía campo.

Por ello, diversos desarrolladores inmobiliarios han empezado a adquirir terrenos de algunos habitantes de Atenco, lo que provoca que los que quieren vender presionen a los que no, ya que consideran que cuanto mayor desarrollo urbano exista más beneficio obtendrán ellos.“Hay familias divididas sobre este tema, los compradores han logrado sembrar el odio en el pueblo”, afirma Adela, quien se niega a deshacerse de los terrenos que heredó y desea dejárselos a sus hijos.

“Divide y vencerás, eso es lo que han hecho para debilitar la resistencia en este pueblo”, sentencia Doña Trini.

La casa de Nieves Rodríguez en Atenco. (A. Espallargas)
La casa de Nieves Rodríguez en Atenco. (A. Espallargas)

La arriesgada jugada de López Obrador

“Dada la saturación del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, ¿cuál opción piensa usted que sea mejor para el país?”. Esa es la pregunta que deben de responder los mexicanos en el referéndum que se celebra hasta este domingo. Y es que los expertos coinciden en que el aeropuerto actual de la capital opera por encima de sus posibilidades, lo que pone en riesgo la seguridad de los pasajeros y dificulta la capacidad del país para aumentar sus exportaciones.

El Adolfo Suárez Madrid-Barajas, con cuatro terminales, tuvo unos 38,4 millones de pasajeros y realizó 387.566 operaciones en todo 2017. En cambio, el aeropuerto de la Ciudad de México tiene solo dos terminales y movió cerca de 44 millones de pasajeros y realizó unas 450.000 operaciones. “El aeropuerto funciona a su nivel máximo de capacidad, esta operando en los límites adecuados de seguridad”, dice Ignacio García de Presno, socio líder de asesoría en infraestructura de KPMG México, quien considera que esta obra es “fundamental” también para fomentar las exportaciones de otras partes del país que necesitan pasar por el aeropuerto capitalino.

García de Presno, por ello, afirma que la votación preocupa a los inversores en México ante la posible cancelación del proyecto, si es que gana el “no” y López Obrador se anima a poner fin a la obra. Porque a diferencia de otros países de América Latina donde se han producido expropiaciones a empresas extranjeras (Argentina, Venezuela o Colombia), México ha mantenido un elevado nivel de seguridad jurídica que tranquiliza a los inversores, una reputación que el experto cree qué podría romperse si el gobierno rompe unilateralmente los millonarios contratos ya firmados. “Las indemnizaciones serían astronómicas y el daño económico al país enorme”, comenta.

Y, así, llegamos a la gran pregunta: ¿por qué organiza una consulta sobre un megaproyecto ya en construcción? “Es uno de los grandes iconos de los seis años de Enrique Peña Nieto, por lo que era una manera de atacar un controvertido proyecto de la etapa anterior”, dice Iván Iturbe, analista de opinión pública de la Universidad Iberoamericana.

Sin embargo, Iturbe no alcanza a comprender el por qué de la arriesgada jugada que supone celebrar un referéndum sobre el aeropuerto cuando ni siquiera había sido un tema importante de la campaña electoral. “Fue Obrador quien puso el tema sobre la mesa al prometer la cancelación de la obra si ganaba. Pero el aeropuerto no era un asunto clave en la mente de los votantes según las encuestas”, comenta.

El político izquierdista ganó holgadamente las elecciones el 1 de julio y será en un mes el primer presidente de México en más de 90 años que no es ni del PRI ni del PAN, por lo que su victoria fue recibida por muchos como un soplo de aire fresco. Y parte del cambio que representa se refleja a la hora de consultar a la ciudadanía sobre un proyecto de tanta importancia, una anomalía dentro de la política mexicana aunque signifique preguntar por una obra en construcción y con varios contratos adjudicados.

Y aunque Iturbe se muestra a favor de la democracia participativa, opina que la consulta no goza de ciertos estándares de calidad dado que ha sido “bastante desorganizada” y no se ha producido un debate profundo para informar sobre los pros y contras del NAICM. En el primer día del referéndum, el jueves, el equipo de López Obrador ha admitido casos de personas que han votado en más de una ocasión, pero que -según los organizadores- no invalida los resultados porque son “puntuales” y no tienen “relevancia significativa”.

López Obrador, por su parte, aseguró al votar el jueves que respetará lo que decida la ciudadanía y a pesar de haber prometido en innumerables ocasiones que cancelará el proyecto, decidió por dejar en blanco su papeleta. En ese aspecto, Iturbe cree que el gobierno entrante comienza a dar señales de recular para buscar una salida en caso de que gane el “no”. “Parece que hay dos alternativas pero la realidad es que solo existe la posibilidad de seguir con el NAICM por los costos de cancelación, contratos y trabajos ya realizados. En realidad, la consulta llega tarde y debería haberse realizado tres años atrás, antes de iniciar las obras”, comenta.

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