cuando la vida se te va en desplazamientos

Cinco horas al día en el transporte: cómo la Ciudad de México vive (mal) con el tráfico

El tiempo que la mayoría de los ciudadanos de la capital mexicana deben dedicar a ir de un sitio a otro genera un estrés y unos perjuicios imposibles de cuantificar, pero de gran profundidad

Foto: Vehículos en Ciudad de México. (Reuters)
Vehículos en Ciudad de México. (Reuters)

"Sábado, Distrito Federal / Sábado, Distrito Federal / Sábado, Distrito Federal / Ay, ay, ayyyyyy…/
Desde las 10 ya no hay dónde parar el coche / ni un ruletero que lo quiera a uno llevar /
Llegar al Centro, atravesarlo es un ‘desmoche / un hormiguero no tiene tanto animal".

Hace casi 60 años, el cantante Chava Flores ya lo retrataba muy bien en su tema “Sábado, Distrito Federal”. Pero la verdad es que el asunto se ha ido recrudeciendo. Hace década y media, los habitantes de la Ciudad de México ya se escandalizaban -y con justa razón- cuando se enteraban de que una persona hacía tres o hasta cuatro horas al día en el tránsito, por lo general en el camino de su casa al trabajo y de regreso. Algunos lo hacían en coche particular y otros en el transporte público. Hoy, esas historias no sólo son más comunes, sino que ese tiempo de traslado ha aumentado a cinco e, incluso, a seis horas al día. Todo depende de la temporada del año, si llueve, cuánto llueve, cómo llueve y en qué zonas llueve. Tláloc, el dios azteca de la lluvia, aún decide en estas tierras.

Si de las 24 horas del día 5 o 6 horas son usadas para desplazarse; 7 para dormir; 8 para el trabajo y 2 para comidas, sólo 1 o 2 horas serán para “ratos libres”. ¿Y el tiempo para hacer ejercicio? ¿Para la familia? ¿Para la pareja? ¿Para limpiar tu hogar? ¿Para tu salud? ¿Para los amigos? ¿Para el ocio y la vida social? ¿Para la cultura?... ¿A qué hora se vive la vida así? ¿Cómo afecta al cuerpo y a la mente? ¿A la estabilidad emocional? ¿Somos como parias urbanos? ¿Hay soluciones?

A esas 4, 5 o hasta 6 horas al día en el tráfico hay que sumarle todo un cúmulo de experiencias y emociones vividas durante los trayectos. Desde el estrés por un embotellamiento crítico en hora pico hasta la angustia por los asaltos a mano armada en el Metro; los apretujones en el autobús o el vagón; el miedo a sufrir abusos sexuales; la prepotencia y la música a todo volumen del “peserista”; un accidente automovilístico; convivir con el ambulantaje y sus respectivos gritos o bocinas a todo volumen; ver la espalda marcada o ensangrentada del sujeto que se tira sobre vidrios rotos por unas monedas; terminar el día empapado por las lluvias o, peor aún, que tu auto se quede bajo dos metros de agua en un bajo puente por las coladeras tapadas. Aquí pasa de todo, pero la gran mayoría ya ni se queja. ¿Es normal o se ha normalizado?

Al día se registran hasta 2 millones de viajes del Estado de México a la CDMX. Un ciudadano promedio pasa mínimo una hora en el tráfico, lo que le cuesta unos 5.000 pesos [unos 225 euros] al año, según Forbes. Asimismo, unas 380.000 personas invierten hasta 5 horas al día en sus trayectos cotidianos, lo que las condena a perder múltiples oportunidades sociales y laborales, a no romper con el “círculo de la pobreza” y a exponerse a graves riesgos en la salud a corto, medio y largo plazo, según Boris Graizboard, investigador de la institución El Colegio de México en temas de desarrollo y transporte urbano.

Viajeros en el metro de Ciudad de México, en marzo de 2016. (Reuters)
Viajeros en el metro de Ciudad de México, en marzo de 2016. (Reuters)

Un retraso de 5 minutos puede ser fatal

Gustavo Morales, abogado de 38 años, vive en Tecámac, Estado de México. Todos los días, desde hace 9 años, se despierta a las 5:00 am. Primero, junto con su esposa, prepara a sus dos hijos, de 5 y 3 años de edad, para llevarlos a casa de sus suegros, quienes ejercen como niñeros. Salen, máximo, a las 6:30 horas. Salir 5 minutos tarde podría ser fatal, pues el tráfico es exponencial. Si todo sale bien, si el tráfico fluye con normalidad y el Metro no se detiene, si no hay choques en la carretera México-Pachuca, accidentes en la capital, obras públicas o huelgas en el Centro, hará 2 horas con 15 minutos a su trabajo en la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Gustavo prefiere viajar en transporte público: 'combis', autobuses y netro. Si usa su automóvil, tarda 30 minutos más. Luego, a la salida, tiene que ser muy puntual y dejar la Cancillería a las 18:00 horas para “sólo hacer 2 horas con 15” en el trayecto de regreso a su casa. Si sale a las 18:15 puede llegar a hacer hasta 3 horas. Si llueve, todo empeorará. Al menos ahora, la autopista México-Pachuca ya está terminada; hace tres años, las obras volvían todo “más caótico y lento”.

“Todo el tiempo hay estrés. Por las mañanas por no llegar a tiempo. Por las tardes porque ya sales cansado y lo único que quieres es llegar, estar con tus hijos y descansar, pero no, ahí vas otra vez con el estrés del regreso. Todo está lleno y hay tráfico. Luego llegas a casa y tus hijos quieren jugar, pero ya no respondes igual. Incluso te desquitas con ellos. Ya no estás como quisieras, al cien por cien; llegas cansado, con hambre y con ganas de dormir”, confiesa Gustavo, quien también ha perdido oportunidades al ya no poder tomar cursos de inglés, por no tener tiempo para hacer ejercicio o, simplemente, leer un libro, como lo hacía antes. “Ahora es imposible hacerlo”, dice.

El mismo caso lo padece Marisol Pantoja, socióloga, de 34 años, empleada en el Instituto Nacional Electoral. Ella vive en Lomas de San Juan Ixhuatepec, en Tlalnepantla, Estado de México, y todos los días se levanta a las 5:30 horas para llegar a su trabajo, ubicado al sur de la capital, un recorrido de casi 33 kilómetros que logra hacer en 2 o 2 horas y media. De regreso a casa es lo mismo: otras 2 horas con 30 minutos, si es que sale a tiempo de su trabajo. Marisol casi no ve a sus amigos y, actualmente, no considera tener hijos como parte de esta situación ¿Su estado de ánimo más frecuente? Estrés, cansancio y alerta ante cualquier tipo de robo o manoseo. Marisol ha sido acosada, incluso, en el “transporte rosa”, los espacios exclusivos para las mujeres, una práctica normalizada en la Ciudad de México pese a la discriminación.

Pero ¿por qué Gustavo y Marisol no se han mudado? ¿Por qué no buscan vivir en una zona cercana a sus centros de trabajo? Por los sueldos y los costes de la vivienda en la capital, que se ha disparado hasta un 250% en los últimos 5 años, tanto el alquiler como la compra. Adquirir una casa hoy en día en la zona céntrica de la Ciudad de México -por ejemplo, algo de 3 millones de pesos [unos 136.000 euros] por 100 m2- es imposible para quien gana el sueldo mínimo de 88 pesos al día, incluso es muy complicado para una “clase media” que perciba 10.000 pesos [454 euros] al mes. El alquiler de un departamento de tan sólo 45 metros cuadrados puede llegar a ser de 15.000 pesos [algo más de 680 euros] en colonias como la Roma o la Condesa. Si buscas 90 metros cuadrados, para una familia como la de Gustavo, el coste se puede duplicar.

Lo mismo ocurre con Erick Ángeles, ingeniero de 35 años, oriundo de Ecatepec. En total, sus trayectos diarios, en transporte público, son de casi 5 horas. Erick, sin embargo, dice ya “tomarlo con filosofía”. Los tiempos de sus traslados los aprovecha para leer, ver series en su celular, dormir o realizar otras actividades de ocio. A los robos ya está tan acostumbrado que hasta prefiere cargar con dos teléfonos celulares, uno como “señuelo”, el barato, para no perder “el bueno”.

La contaminación por el intenso tráfico en Ciudad de México, en una imagen de mayo de 2017. (Reuters)
La contaminación por el intenso tráfico en Ciudad de México, en una imagen de mayo de 2017. (Reuters)

Un plan de choque por la movilidad

Otro tipo de situación laboral es la de Salvador Abarca (33) y Jasmín Avendaño (42), quienes optaron por ser trabajadores independientes como profesor de inglés y técnica en cosmetología, respectivamente. Ambos deciden sus horarios, pero pasan hasta 6 horas al día en el tráfico de la ciudad, dentro de su vehículo o en el transporte público, para llegar a los sitios donde prestan sus servicios. Si usan coche, un gasto extra es la gasolina, así como el pago de un parking público para garantizar mayor seguridad o las cuotas por el acceso a vías rápidas y segundos pisos.

Si bien es cierto que el Gobierno ha invertido en los últimos años en infraestructura para la movilidad urbana, con nuevas líneas de Metro y Metrobús, un Tren Ligero, vías rápidas y caminos exclusivos para bicicletas, esta megalópolis de 22 millones de habitantes rebasa cualquier iniciativa. La Ciudad de México es, junto con Sao Paulo, la cuarta urbe más grande del mundo. Sólo son superadas por Tokio, con 37 millones de habitantes; Nueva Delhi, con 29 millones, y Shanghai, con 26 millones, según el informe 2018 de la ONU sobre poblaciones urbanas. Hoy en día, 55% de la población mundial vive en ciudades; en 2050, esa cifra crecerá al 68%, prevé la ONU.

“No sólo es el tiempo que se invierte en el tráfico sino el ruido y la contaminación atmosférica que se respira en el trayecto, lo que tiene una consecuencia directa en los pulmones, riñones y otros órganos. [También] hay un impacto psicológico y psíquico; ausentismo en el trabajo y otras enfermedades. Es muy grave el asunto (…) y la gente termina interiorizándolo, pues ya no tiene más remedio”, afirma Graizboard. “[El problema] tiene que ver con la forma en cómo estamos ofertando y ofreciendo el transporte. Y la forma en cómo estamos permitiendo el desarrollo y la expansión física de la Ciudad (…) No hay un control y una relación con el uso de suelo”, destacó.

Algunas de las soluciones propuestas por el académico del Colegio de México son: que los grandes conjuntos habitacionales sean construidos junto a terminales importantes de líneas del metro para que la gente no se tenga que desplazar tanto; organizar un transporte exprés, sin paradas, que lleve a los usuarios a sus destinos finales o a estaciones centrales clave; una mayor integración y coordinación administrativa de la megalópolis; hablar en términos de zona metropolitana, no como dos ciudades desvinculadas, y monitorizar a grupos de población durante años o décadas para conocer a fondo los efectos del tráfico en su estado mental, en sus relaciones familiares, en su vida social y otros aspectos.

Claudia Sheinbaum será la primera mujer en gobernar la Ciudad de México a partir del próximo 5 de diciembre, cuando asuma sus funciones. Reducir los tiempos en el tráfico y mejorar la movilidad urbana será uno de los principales retos de su sexenio, para el que ya ha prometido políticas con dimensión social y ambiental, como proponen la ONU y otros organismos internacionales. Veremos si el “hechizo” de Chava Flores se rompe pronto o si todos los capitalinos seguiremos cantando el “Sábado, Distrito Federal” como un himno de casa.

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