promete dejar de producir crudo para exportar

La 'peonza' petrolera de México: los vaivenes de López Obrador desconciertan al sector

El nuevo presidente mexicano ha dado diferentes indicaciones sobre sus planes hacia la industria petrolífera. En algunos se impone el pragmatismo, otros no tienen sentido, según los expertos

Foto: Simpatizantes de Andrés Manuel Lopez Obrador con carteles de protesta contra la reforma energética del presidente Peña Nieto, en 2013. (Reuters)
Simpatizantes de Andrés Manuel Lopez Obrador con carteles de protesta contra la reforma energética del presidente Peña Nieto, en 2013. (Reuters)

Andrés Manuel López Obrador tiene desconcertada a la industria mexicana del petróleo. Cada una de las oscilantes declaraciones del político sumerge al sector en un mar de dudas para tratar de adivinar “qué es lo qué realmente quiere decir” o “qué parte debe de ser tomada en serio”. Y es que AMLO -sus siglas- pega repentinos bandazos que le llevan a comenzar a revisar los 110 contratos otorgados a empresas privadas durante la reforma energética impulsada por el Gobierno de Enrique Peña Nieto, y -solo dos semanas después- prometer a directivos petroleros que respetará todos los contratos. Así es la velocidad a la que gira la cambiante ‘peonza’ López Obrador, quien en diciembre tomará posesión como nuevo presidente de México hasta 2024.

“Ya no se va a vender, en el mediano plazo, petróleo crudo al extranjero; queremos procesar toda nuestra materia prima", dijo recientemente López Obrador en su última ocurrencia pública en lo que supondría un cambio de paradigma para la industria mexicana, es decir, cesarían todas las exportaciones para centrarse en el autoabastecimiento, la autarquía del país. ¿Es esto posible?

“Es una declaración que técnicamente no tiene sustento, parece que fue una expresión sin más”, opina Ramsés Pech, analista de la consultora Caraiva y Asociados. “Hay que leer lo que está detrás del mensaje. Es un comentario dirigido a hacer de Pemex [la petrolera estatal] la empresa predominante en México aunque haya inversión privada en el sector”, dice por su Luis Miguel Labardini, socio de la consultora Marcos & Asociados. ¿Resultado? Perplejidad ante las palabras de AMLO.

Y es que el confuso mensaje llega, además, sólo días después de que su próximo gobierno haya anunciado estar evaluando si lanza una oferta pública de venta (OPV) de acciones de Pemex, la empresa cien por cien pública que desde 1938 hasta la reforma de 2014 había sido la única que operaba en México. Se trataría de un movimiento para vender un trocito de la compañía a manos privadas a cambio de conseguir un capital con el que financiar nuevas inversiones. Y si algo no crea buen ambiente inversor ante una OPV es amenazar con cortar el 36% de los ingresos de la compañía, que representan los 20.000 millones de dólares que obtiene Pemex mediante ventas al extranjero.

“Tiene que ser mesurado y no salir con cualquier declaración porque va a generar incertidumbre. Y más ahora que los mercados están muy volátiles”, analiza Pech.

El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador habla a sus seguidores, el 29 de septiembre de 2018. (Reuters)
El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador habla a sus seguidores, el 29 de septiembre de 2018. (Reuters)

¿Es viable dejar de exportar petróleo?

Pech va al grano. “Pemex no puede sustituir los 20.000 millones de dólares que generan las exportaciones, no tiene forma de conseguir estos ingresos de otra forma”, sentencia. Desde 2015, la empresa pública ha mantenido su volumen de ventas al exterior en torno a los 1,18 barriles por día (bpd), una cifra que para el analista evidencia que el país ha logrado crearse una cuota de mercado internacional. “Los ingresos pueden variar según el precio del barril, pero el volumen de ventas es similar año tras año”, matiza.

Y aunque México extrajo 1,9 millones bpd en 2017 y consumió otros 1,9 millones bpd en 2017, vender el 100% de la producción al mercado interno no es atractivo porque el barril se llega a pagar hasta un 8% menos que en los mercados internacionales, según el consultor.

Pero, además, el país sólo tiene capacidad para refinar 700.000 bpd, o sea, un 45% de lo que produce. ”Nuestras refinerías procesan crudo ligero y exportamos crudo pesado”, explica Labardini, motivo por el cual México no puede procesar todo el petróleo que extrae y, por ello, tiene que importar aproximadamente el 75% de las gasolinas que consume, estima Labardini. “Es un porcentaje elevadísimo que el nuevo presidente ve como un riesgo a nuestra seguridad energética”, sentencia.

López Obrador, para duplicar la capacidad de procesamiento, quiere invertir 8.000 millones de dólares para construir una nueva refinería y, a su vez, destinar otros 2.000 millones de dólares en modernizar las seis ya existentes. Sin embargo, estos programas necesitan tiempo. La mejora de las refinerías podría ser completada en menos de un año; sin embargo, desarrollar la nueva infraestructura tardaría al menos tres años, según el nuevo presidente aunque los analistas consideran que podría alargarse.

“Estas inversiones, cuando estén completadas, podrían aumentar la capacidad de refinación a 1,5 millones bpd. Sin embargo, la meta de López Obrador es que México produzca 2,5 millones bpd en 2024 por lo que entonces seguirá sobrando ese 1 millón de bpd que actualmente exportamos”, explica Pech. “Con los números en la mano, cancelar las ventas al exterior no tiene sentido”, concluye.

Un empleado trabaja en la plataforma petrolífera Centenario, en el Golfo de México, frente a las costas de Veracruz, en enero de 2014. (Reuters)
Un empleado trabaja en la plataforma petrolífera Centenario, en el Golfo de México, frente a las costas de Veracruz, en enero de 2014. (Reuters)

¿Qué pasará con la reforma energética?

“Es urgente aumentar la producción de petróleo en México”, señala Labardini. La producción de Pemex se ha hundido un 36,6% en la última década, mientras que en ese mismo tiempo Estados Unidos la ha multiplicado por dos. El yacimiento de Cantarell, la "gallina de huevos de oro" del sector petrolero en México se ha ido secando y el país necesita nuevos pozos para elevar la producción.

Debido a su enorme deuda de cerca de 100.000 millones de dólares -el doble, por ejemplo, que Telefónica-, Pemex no tiene capacidad para financiar el desarrollo de nuevos pozos. Por ello, el país lanzó la reforma energética para subastar varios bloques en los que las empresas privadas financiarían las actividades de exploración y producción. “Se puede aumentar la producción gracias a los pozos ya descubiertos en aguas someras, donde hay mezcla de crudo ligero y pesado”, dice Labardine.

Para el consultor, la política petrolera del nuevo presidente pasa por reforzar el papel de Pemex como la principal empresa fuerte en México, al igual que Petrobras es la principal compañía en Brasil, Aramco en Arabia Saudí o Shell en Países Bajos. Sin embargo, ambos analistas consideran esencial la participación de las empresas privadas para contrarrestar la progresiva caída de la producción, una misión para la que México requiere hasta 4.000 millones de dólares al año.

Ya se han otorgado 110 contratos. No obstante, López Obrador ha confirmado que suspenderá nuevas licitaciones indefinidamente aunque no derogará los acuerdos ya otorgados. “No creo que afecten los contratos ya firmados, pero la velocidad a la que se van a seguir licitando campos se va a ralentizar”, dice Labardini.

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