pretende evitar perder apoyo en las elecciones

Nueva jugada de Tsipras para evitar otro recorte (y esta le puede salir bien)

Atenas busca un balón de oxígeno que sus socios podrían concederle, con lo que mostrarían a Roma que por las malas, no, pero por las buenas, siempre se pueden lograr acuerdos

Foto: Tsipras ha pasado de ser el rebelde antisistema a un aliado para los europeos. (EFE)
Tsipras ha pasado de ser el rebelde antisistema a un aliado para los europeos. (EFE)

El lío de Italia con sus presupuestos le ha llegado a Grecia en el momento propicio. El tira y afloja del gobierno populista transalpino con Bruselas permite a Atenas aprovechar su aura de buen alumno de la troika, tras salir oficialmente del rescate en agosto de este año, y también el gobierno izquierdista de Alexis Tsipras tratar de revertir una medida —un recorte de pensiones acordado con los acreedores— muy polémica que podría cercenar definitivamente sus posibilidades de ganar las elecciones de 2019 —si no se convocan antes— frente al derechista Nueva Democracia.

Esta nueva bajada de las pensiones, que haría perder una media de 350 euros al alrededor de dos millones y medio de jubilados, está prevista que entre en vigor el año que viene y sería la decimocuarta bajada desde que comenzaran los rescates.

Aunque esta vez Grecia no apuesta por la confrontación que tanto gustaba a Yanis Varoufakis sino por la conciliación, casi por el didactismo, el Ejecutivo ha decidido probar suerte con la Comisión Europea presentando dos presupuestos: uno con el recorte de pensiones incluido para 2019 y otro sin él. Y le salen las cuentas.
El Gobierno heleno calcula que, aunque no se bajaran las pensiones, podría llegar a los objetivos de superávit primario —antes de pagar deuda— marcados por la "vigilancia reforzada". El país debe mantener este superávit en el 3,5% su PIB hasta 2022, y en el 2,2% hasta 2060. El optimista ejecutivo de Tsipas dice que llegará al 3,56% en 2019 si no hay reducción de pensiones y al 4,1% si la hubiera. Todo ello contando con un crecimiento superior al 2% en los próximos años.

Tsipras conversa con Merkel, a quien durante la crisis veía como su gran rival en la UE. (EFE)
Tsipras conversa con Merkel, a quien durante la crisis veía como su gran rival en la UE. (EFE)

De cualquier modo Grecia está siguiendo las enseñanzas de Pierre Moscovici, comisario de Asuntos Económicos, cuando visitó Atenas, cuando vino a decir que algunos de los compromisos eran reversibles, para cólera de Nueva Democracia, que vio a un socialdemócrata echándole un capote a Syriza. Los de Kyriakos Mitsotakis, que llevan nueve puntos de ventaja en las encuestas, deben estar tirándose de los pelos por las declaraciones de otro socialdemócrata, Mario Centeno, presidente portugués del Eurogrupo, que no ve eliminar el recorte como algo negativo, pues considera que Grecia "está mucho mejor que hace 18 meses, cuando se estableció esta decisión fiscal". Centeno considera que al no ser una medida estructural, si Grecia va mejor, no tiene por qué implementar todas las medidas fiscales.

En el mismo sentido camina el presidente del fondo de rescate permanente de la eurozona, el conocido como Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), Klaus Regling, que cree que es "positivo" que Grecia presente dos presupuestos para que "las instituciones tomen la decisión". La rama de olivo de Atenas podría estar surtiendo efecto.

La salida del rescate en agosto, con ceremonia de encorbatamiento incorporada, no ha generado el efecto esperado, y Syriza sigue muy por detrás en las encuestas si quiere revalidar el poder en 2019. Con una población joven descendiente debido al masivo éxodo a países más ricos, especialmente del norte de Europa —en Grecia no se puede votar por correo— los más de dos millones de votos de los jubilados pueden ser decisivos. Si finalmente Bruselas acepta la paralización de esta reforma, Tsipras se puede apuntar su primer gran punto ante los acreedores y su electorado. Mitsotakis, que promete reformas estructurales y bajadas de impuestos a la clase media, todo lo que puede prometer dentro del corsé de los acreedores, no puede competir con eso.

Tsipras saluda a Moscovici en su visita a Atenas, en la que le echó un buen capote, para enfado de los conservadores. (EFE)
Tsipras saluda a Moscovici en su visita a Atenas, en la que le echó un buen capote, para enfado de los conservadores. (EFE)

Más si tenemos en cuenta que los pensionistas son una de las bases de la economía helena, con cientos de familias —el paro sigue entre el 19 y el 20%— dependiendo de los ingresos de sus mayores para sobrevivir. Según datos recientes más de un millón de jubilados griegos vive con menos de 500 euros al mes, siendo la pensión media 722 euros. Todo ello con un coste de la vida —alquileres, electricidad y cesta básica— que se ha mantenido en lo mismo en parte por la subida del IVA.

La economía griega se está recuperando, es cierto que de manera muy frágil aunque de modo constante, y a pesar de ello el Gobierno no ha sido capaz, tras tantos años de recortes, de mostrar que el país "va mejor". Si consigue parar un nuevo recorte de las pensiones, si bien es cierto que ha tenido que aplicar muchos otros recortes más duros, podrá vender que es el primer Ejecutivo desde 2008 que revierte una medida de la troika. Y eso, en un tiempo de tanta incertidumbre económica, puede valer su peso en oro en las urnas.

La decisión de Bruselas podría llegar, según la prensa griega, en noviembre. Y puede ser todo un balón de oxígeno para Atenas, que muestre a Roma que por las malas, no, pero por las buenas, siempre se pueden lograr acuerdos. O, como se dice una y otra vez en los pasillos de Bruselas, "when there's a will, there's a way" (cuando hay voluntad, hay una manera).

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