LAS ESTADÍSTICAS ZANJAN EL DEBATE

¿Han disparado los inmigrantes la delincuencia en Alemania?

Los incidentes de Chemnitz ponen de nuevo sobre la mesa la conexión entre inmigración y delincuencia, una denuncia habitual de la ultraderecha. Pero las estadísticas no avalan esta tesis

Foto: Migrantes son dirigidos por la policía alemana hacia un centro de registro tras cruzar la frontera austriaca cerca de Passau, Alemania, en octubre de 2015. (Reuters)
Migrantes son dirigidos por la policía alemana hacia un centro de registro tras cruzar la frontera austriaca cerca de Passau, Alemania, en octubre de 2015. (Reuters)

Dos personas han sido detenidas en relación a la muerte que sirvió de detonante al brote de violencia ultraderechista de los últimos días en la ciudad alemana de Chemnitz. Un iraquí y un sirio. No es la primera vez que peticionarios de asilo, especialmente de Oriente Medio, perpetran delitos en Alemania que tienen una enorme repercusión política, social y mediática. Pero ¿han elevado realmente la delincuencia los inmigrantes recién llegados, como afirmó una vez Trump? ¿Se sienten los alemanes más amenazados? ¿Quiénes azuzan la alarma social? Y, sobre todo, ¿por qué atizan este fuego tan difícil de extinguir?

Un tunecino que llegó a Alemania y solicitó asilo perpetró en diciembre de 2016 el mayor atentado terrorista que ha sufrido este país, con 12 víctimas mortales en un mercadillo navideño de Berlín. Un afgano y un sirio habían tratado asimismo de llevar a cabo sendos ataques yihadistas el julio previo. Un iraquí violó a dos universitarias de origen chino en Bochum en 2016. Un joven afgano violó y asesinó a una joven de 19 años en Friburgo. Siete adolescentes sirios y libios trataron de prender fuego a un indigente que dormía en un banco del metro de Berlín. Decenas de inmigrantes fueron acusados de estar tras los infames incidentes de Nochevieja en Colonia, en los que cientos de mujeres fueron acosadas sexualmente junto a la estación central de la ciudad. Y ahora, Chemnitz. De nuevo con inmigrantes como protagonistas de un delito.

Todos estos hechos —y algunos otros— han recorrido como un escalofrío los informativos, las redes sociales y las conversaciones en Alemania en los últimos meses. Y con razón. La sensación en la calle es que la llegada masiva de peticionarios de asilo en los últimos años —alrededor de 1,3 millones de personas desde 2015, procedentes principalmente de Siria, Irak y Afganistán— ha disparado la violencia y aumentado de forma significativa los delitos y la inseguridad.

Las estadísticas no avalan esta percepción

Pero las estadísticas no avalan esta percepción (pese a lo que tuitee Donald Trump). El 'Informe de criminalidad' del Ministerio de Interior recoge que en 2017 el número de delitos registró su mínimo desde 1992, con 5,76 millones de casos, un 10% menos que el año anterior, pese al importante aumento de la población por la inmigración. Habían caído especialmente los robos, tanto los tirones como los asaltos a viviendas. También apunta el documento que solo el 8,5% de los sospechosos por la comisión de un delito el año pasado eran inmigrantes, cuando la población extranjera supera el 10% y las personas con algún componente extranjero superan el 22%. Además, los delitos de carácter político cayeron un 5%, tras cuatro ejercicios al alza. El aumento de los ligados al fundamentalismo islámico no compensó el fuerte descenso de los de motivación ultraderechista, según Interior.

El ministro de Interior, Horst Seehofer, analizó estos datos. "Pese a los retos, el resumen es que Alemania es más segura. Pero esto tampoco puede llevar a la complacencia, queda mucho por hacer. No se puede garantizar una seguridad absoluta, pese a que nuestra tarea es lograr una seguridad óptima", afirmó al presentar el informe. El ministro, líder además de los conservadores bávaros y favorable a la mano dura en inmigración, quiso no obstante matizar las cifras. A su juicio, los delitos habían descendido, pero el ciudadano medio se sentía menos seguro que hace unos años. La "seguridad percibida" ha caído, argumentó. El presidente del sindicato policial BDK, André Schulz, coincidió en esta valoración y habló de auténtica "paradoja" por la discrepancia entre percepción y estadísticas.

¿Cómo se explica esta aparente contradicción? Los expertos no se ponen de acuerdo. Unos y otros lanzan distintos argumentos y apuntan diferentes teorías. Desde la visibilidad de ciertos delitos hasta los prejuicios, pasando por el efecto multiplicador de los medios y las redes. Una miríada de elementos contribuyen a que se consolide esta paradoja.

Miembros de grupos de ultraderecha protestan tras el crimen de Chemnitz, el 27 de agosto de 2018. (Reuters)
Miembros de grupos de ultraderecha protestan tras el crimen de Chemnitz, el 27 de agosto de 2018. (Reuters)

Delitos más visibles

En efecto, las estadísticas reflejan que hay ciertos tipos de delitos en los que el porcentaje de autores inmigrantes es muy superior a la media. La estadística de delincuencia del Ministerio de Interior señala que el 31,4% de los sospechosos de pequeños hurtos son extranjeros. Suponen casi uno de cada tres. En casos de violaciones y abusos sexuales, son el 15,9%, en agresiones violentas suponen el 15,2% y en robos son el 15,1%. Estos delitos son muy visibles, impactantes y directos —frente a otros, como por ejemplo los delitos económicos y fiscales—, y generan, con razón, una fuerte reacción en quienes los sufren y los que les rodean.

De seguido, llega la alarma social. Las redes sociales, explican los expertos, funcionan muchas veces como "cámaras de eco" donde se repiten solamente ciertos mensajes. Ciertos colectivos xenófobos e islamófobos, de partidos políticos a grupos de 'hooligans' y camaraderías de ultraderechistas, han aprovechado esta situación para colocar sus mensajes, cosiendo muchas veces a los hechos desinformación, prejuicios y propaganda.

Aquí también juegan un papel clave los medios de comunicación alemanes, algunos de los cuales han sido criticados por atizar el miedo. El tabloide 'Bild', por ejemplo, ha iniciado en agosto una serie —"Delincuencia y violencia"— en la que las víctimas de diversos delitos relatan sus experiencias sin recoger en ningún momento las cifras oficiales del año pasado, las menores en 25 años. "Así de insegura es Alemania", se titulaba la primera entrega. Las televisiones, que rara vez recogen en sus informativos delitos de violencia sexual o machista, han cubierto de forma extensa muchos de los casos en los que había refugiados involucrados, creando la sensación de que los extranjeros perpetraban la mayoría de estos actos.

AfD y los demás partidos

Este contexto social y mediático ha llevado a la clase política a la acción. La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) ha aprovechado cada ocasión para tronar contra los inmigrantes y el Gobierno. Y las encuestas les sonríen (aunque su éxito no se pueda atribuir a un único factor). Según los últimos sondeos de intención de voto, seguirían siendo tercera fuerza nacional, con entre un 14 y un 17% de los votos, igualando virtualmente a los socialdemócratas. En las elecciones de septiembre, AfD logró el 12,6%.

Los partidos en el centro-derecha y en el centro-izquierda del espectro político alemán, por su parte, han gravitado progresivamente hacia la derecha en temas de inmigración. Los conservadores de la canciller Angela Merkel, en coalición con los socialdemócratas, han endurecido las condiciones de asilo y han dificultado la reagrupación familiar. Los conservadores, sobre todo, han tirado de una retórica de doble filo, subrayando que quien no consigue asilo o comete algún delito será expulsado de vuelta. Los liberales han defendido asimismo limitar al máximo los flujos de refugiados centrándose en la inmigración cualificada para las necesidades de la economía alemana. Pero estos movimientos no han tenido repercusión en las encuestas. El bloque conservador se sitúa en los últimos sondeos entre el 28 y el 30%, y el Partido Socialdemócrata (SPD) agudiza su derrumbe, entre el 17 y el 18%. Ambos serían mínimos históricos de las dos formaciones mayoritarias si se produjesen en las urnas.

Cuando se pregunta a los alemanes, sin embargo, por sus principales problemas, la inmigración y la delincuencia no están entre las prioridades más urgentes. Según el último Deutschlandtrend, un estudio regular encargado por la cadena pública ARD, el asunto que más preocupa a los alemanes es la política sanitaria y de dependencia. Así lo indica el 69% de los encuestados. Le sigue a este punto la política social y de pensiones, cuestión que cita el 64% de los interrogados. En comparación, la política de inmigración y asilo es un tema candente para un 39%.

Según este estudio, los alemanes se sienten mayoritariamente descontentos con la acción del Ejecutivo en Berlín en lo tocante a la dependencia (79%), seguida de la política social y pensiones (69%). Más de dos de cada tres en ambos casos. Claramente por debajo se encuentra el descontento social con la política del Gobierno alemán en materia de criminalidad, una posición de la gran coalición que no gusta a un 53% de la población. Apenas la mitad de los alemanes.

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