El triángulo de la xenofobia

¿Por qué es la antigua Alemania Oriental un avispero ultraderechista?

La combinación de su pasado comunista con un sentimiento de inferioridad y cierta inseguridad con los extranjeros sienta los cimientos para el auge de la ultraderecha en el Este de Alemania

Foto: Manifestantes de grupos ultraderechistas protestan en la escena del crimen de Chemnitz, Alemania, el 27 de agosto de 2018. (Reuters)
Manifestantes de grupos ultraderechistas protestan en la escena del crimen de Chemnitz, Alemania, el 27 de agosto de 2018. (Reuters)

El Este de Alemania se ha convertido de nuevo en el epicentro de la violencia ultraderechista en el país. La muerte de un alemán presuntamente a manos de dos inmigrantes ha desatado oleadas de violencia xenófoba en los últimos Länder que se incorporaron a la república federal. La antigua Alemania oriental se está demostrando cada vez más un avispero ultraderechista donde desde la crisis de los refugiados se han multiplicado los ataques a centros de acogida y a peticionarios de asilo. Aquí es donde con mayor fuerza ha arraigado el mensaje islamófobo de Alternativa para Alemania (AfD). También esta región -la menos poblada, la más envejecida, la más pobre y la menos multicultural- ha sido la cuna de los Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (Pegida) y del grupo terrorista Clandestinidad Nacionalsocialista (NSU).

El hombre, de 35 años, murió acuchillado el domingo por la mañana, durante las fiestas de Chemnitz. Este alemán -que según 'Der Spiegel' es un cubano nacionalizado- se vio envuelto en una "pelea verbal" por motivos que se desconocen con varias personas de distintas procedencias y nacionalidades que acabó escalando, siguiendo el relato policial. Por estos hechos se ha detenido a un iraquí y a un sirio, de 22 y 23 años, respectivamente, a los que la fiscalía acusa de homicidio como autores materiales de las cuchilladas.

El mensaje islamófobo de AfD ha arraigado con fuerza. Esta región, la más pobre y la menos multicultural, ha sido la cuna de Pegida

Las redes sociales comenzaron a arder de inmediato. Grupos de hooligans y neonazis de esta ciudad, un importante polo industrial y universitario de cerca de 250.000 habitantes, comenzaron a llamar a correligionarios y amigos a tomar el centro de Chemnitz para mostrar "a los extranjeros quién manda aquí", según palabras de la presidenta de la Policía de Sajonia, Sonja Penzel. Acudieron unas 800 personas. Se escucharon proclamas nacionalsocialistas. Se vieron saludos hitlerianos con el brazo en alto. Al menos tres extranjeros fueron atacados.

El responsable del Interior de Sajonia, Roland Wöller, lo tachó de "cacería del extranjero" por las calles de Chemnitz. Una "nueva dimensión de la disposición a la violencia" alentada por "mentiras". Pidió "contención" y "prudencia", a la vez que solicitó la colaboración ciudadana para identificar a los agresores. El Gobierno alemán, por su parte, calificó los hechos de "intolerable incitación xenófoba". El portavoz del Gobierno alemán, Steffen Seibert, describió como "terrible" el asesinato del ciudadano alemán y condenó igualmente cualquier tipo de "acoso" a extranjeros. "En Alemania no hay espacio para que nadie se tome la justicia por su mano, para grupos que quieren propagar el odio en las calles, para la intolerancia y para el extremismo", afirmó.

Las horas siguientes no contribuyeron a la distensión. Ultraderechistas y colectivos izquierdistas convocaron en Chemnitz diversas concentraciones durante el lunes y la violencia rebrotó una y otra vez pese a la fuerte presencia policial. Entre los alrededor de 2.000 integrantes de la mayor marcha xenófoba y los 1.000 que integraron la contramanifestación izquierdista de última hora de la tarde se lanzaron botellas, piedras y bengalas. Se produjeron "varios" heridos, según la policía.

El triángulo de la xenofobia

Chemnitz se encuentra en el triángulo de la xenofobia de Alemania, un territorio situado sobre la República checa y con vértices en las fronteras de Polonia y Baviera. Aquí se han concentrado desde 2015, cuando se desató la crisis de los refugiados, los principales brotes de racismo violento del país. Los más sonoros. En su interior se encuentran localidades como Heidenau, donde se bloqueó violentamente la llegada de refugiados a un centro de acogida, y Freital, donde se incendió un refugio y se desarticuló una célula ultraderechista que planeaba atentar contra extranjeros y políticos de izquierdas.

En este triángulo es donde AfD obtuvo sus mejores resultados en las pasadas elecciones generales. De hecho, fue el único lugar en el que logró tres escaños directos, al lograr que sus candidatos en tres circunscripciones fuesen los más votados. Si en esos comicios la formación ultraderechista quedó tercera a nivel nacional con el 12,6% de los votos, los últimos sondeos de intención de voto en Sajonia la colocan como segunda fuerza, con el 24% de los sufragios. El año que viene celebran elecciones regionales y los resultados pueden ser una debacle para los partidos tradicionales.

Muchos analistas coinciden en señalar, como causa, la miopía voluntaria del Gobierno sajón, que ha ignorado durante años el problema de la ultraderecha, empeorándolo. Así lo denuncia Antonie Rietzschel en el Süddeutsche Zeitung, que acusa al Ejecutivo conservador en Dresde de haber "minimizado durante décadas el extremismo de derechas" y haberle dejado crear sólidas estructuras en la región. "No ha habido una seria confrontación de la fea realidad al más alto nivel político", lamenta. Anetta Kahane, presidenta de la fundación Amadeu Antonio para la desradicalización de ultraderechistas asegura que la clase política sajona "no quiere reconocer, que hay un problema con la ultraderecha".

El lugar donde fue asesinado un hombre en Chemnitz, Alemania, el 27 de agosto de 2018. (Reuters)
El lugar donde fue asesinado un hombre en Chemnitz, Alemania, el 27 de agosto de 2018. (Reuters)

Inferioridad e inseguridad

Pero el territorio de la ultraderecha no se reduce a Sajonia. Toda la antigua Alemania del Este registra un porcentaje de apoyos a AfD sensiblemente superior a la media nacional y una sobreproporción llamativa de incidentes de violencia ultraderechista. En las últimas elecciones generales, el 22 por ciento de los seis Länder que constituían la extinta República Democrática votó por AfD. En proporción al número de habitantes, los cuatro primeros estados federados con más delitos ultraderechistas pertenecen del antiguo este. Uno de ellos, Sajonia-Anhalt, fue además la cuna y sede del trío terrorista neonazi NSU, que asesinó a diez personas entre 2000 y 2007.

La educación que se impartió en el Oeste, formando "ciudadanos críticos con el fascismo no se dio en el Este"

Los expertos tienen varias explicaciones para este fenómeno. Un análisis del Instituto de Estudios de la Democracia de Gotinga apuntaba varios elementos para explicar el auge de la ultraderecha en los estados federados que en su día conformaron la Alemania comunista. Entre ellos, el sentimiento de inferioridad de los alemanes del Este con respecto a sus conciudadanos occidentales. Michael Bittner, filósofo y columnista en el diario local Sächsische Zeitung, coincidía en este sentido y consideraba que muchos "alemanes del este se sienten aún ciudadanos de segunda clase" porque perciben salarios y pensiones menores, tienen peores servicios públicos y sufren un mayor desempleo casi 30 años después de la caída del muro de Berlín.

También, señala el estudio, contribuye al arraigo de la xenofobia la existencia de cierta homogeneidad étnica, algo relacionado con el aislacionismo crónico de la República Democrática Alemana. Aún en la actualidad, pese a la libertad de movimiento y la mejora de la situación económica, la población inmigrante en estos estados federados en escasa. En ninguno de ellos el porcentaje de personas extranjeras o con padres inmigrantes supera el 6 por ciento de la población, cuando la media nacional supera el 22 por ciento.

Marca asimismo a estos territorios su pasado comunista, según el análisis, que destaca los efectos de vivir en una "sociedad cerrada" y "despolitizada" por el férreo control del Estado, lo que les hace desconfiar de lo ajeno y les deja sin defensas ante la extensión de la ideología ultraderechista. Durante la dictadura comunista no se estudió el nazismo, argumenta en este sentido la activista Birgit Lohmeyer, que denuncia que la educación que se impartió en el Oeste, formando "ciudadanos críticos con el fascismo no se dio en el Este".

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