con la guerra de siria como telón de fondo

El último choque entre Occidente y Rusia se libra en La Haya

Una propuesta de UK en la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas desata un choque diplomático entre los países occidentales y Rusia, con el avispero sirio como telón de fondo

Foto: Dos niñas que sobrevivieron a un supuesto ataque químico contra Duma en agosto de 2013. (Reuters)
Dos niñas que sobrevivieron a un supuesto ataque químico contra Duma en agosto de 2013. (Reuters)

La guerra de Siria alberga tantos actores como salidas posibles. La crudeza del frente militar parece remitir, pero de vez en cuando se producen combates entre las fuerzas gubernamentales y los grupos salafistas/yihadistas opositores. No obstante, la última batalla del conflicto no se libra entre bombardeos y disparos, sino en el terreno de la diplomacia internacional. Los estados miembros de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) se han citado en la ciudad holandesa de La Haya, a 4.000 kilómetros de Damasco, para votar una propuesta de Reino Unido. De salir adelante, identificaría a los perpetradores de los ataques con armas químicas prohibidas, la “línea roja” dibujada por Estados Unidos para una posible intervención militar en Siria.

La OPAQ ha constatado este año dos ataques en los que se usó gas cloro en el noroeste del país, uno en febrero y otro en marzo, contra un hospital. ¿Quién está detrás? De momento no se sabe. La organización lo investiga y responde al dónde y al cuándo, pero no tiene el poder de señalar a los supuestos perpetradores.

Esta carencia se había desvanecido temporalmente en 2015, cuando Naciones Unidas y la OPAQ crearon el Mecanismo Conjunto de Investigación (JIM, en inglés). Sus inspectores señalaron entonces tanto a las fuerzas gubernamentales sirias como al grupo terrorista Estado Islámico. Los primeros usaron gas sarín y cloro; los segundos, gas mostaza.

Sin embargo, los desacuerdos entre Rusia y Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU llevaron a la no renovación del JIM en noviembre de 2017. Reino Unido, con el apoyo de la Unión Europea y Estados Unidos, quiere que la propia OPAQ se otorgue esta semana de un mecanismo para recuperar la atribución de los ataques.

“No podemos permitir que la prohibición global de las armas químicas se erosione. ¿Qué clase de fracaso sería si dejáramos de lado el trabajo de generaciones previas de diplomáticos y científicos? ¿Qué dirían de nosotros si permitiéramos el surgimiento de un nuevo tabú, un tabú no sobre el uso de armas químicas, sino sobre la identificación de los responsables?”, dijo ayer el ministro de Exteriores británico, Boris Jhonson, a los embajadores de los 143 países presentes en la conferencia de La Haya.

Rusia ha rechazado la propuesta británica y argumentado el riesgo de politización de la OPAQ, institución que hasta hace poco adoptaba sus decisiones por consenso. Quiere que la atribución final dependa del Consejo de Seguridad de la ONU, donde tiene veto. “Es normal que se produzca tensión en esta reunión. Cada país obedece a las normas de sus capitales y defiende sus intereses”, indican fuentes diplomáticas occidentales a El Confidencial.

El comienzo de la sesión de ayer fue un claro reflejo de las tensiones entre Moscú y Washington. Las delegaciones de Irán, Siria y sobre todo Rusia expresaron sus preocupaciones sobre cuestiones procedimentales, especialmente las referidas a qué países tenían derecho a votar y cuáles no. La pregunta no era baladí, pues la propuesta de Reino Unidos necesita de dos tercios de los votos para ser aprobada. La insistencia de Rusia llevó a que algunos países occidentales acusaran a los rusos de “filibusterismo”, es decir, interrumpir deliberadamente la sesión para retrasarla todo lo posible o incluso anularla. Una discusión que normalmente se resuelve por consenso y sin intervenciones se solucionó tras tres horas, y sólo después de que Estados Unidos forzara una votación general para aprobar la agenda.

Un menor afectado por un supuesto ataque químico contra la ciudad siria de Telminnes. (Reuters)
Un menor afectado por un supuesto ataque químico contra la ciudad siria de Telminnes. (Reuters)

La atribución de los ataques con armas químicas que buscan los países occidentales tiene dos claves. La primera, la “línea roja” dibujada por Washington, que consideraría su implicación militar en el conflicto si Bashar al Assad las utiliza. De hecho, el bombardeo de Estados Unidos, Francia y Reino Unido contra Damasco del pasado 14 de abril fue una respuesta a un supuesto ataque con sustancias prohibidas en la provincia rebelde de Duma, una semana antes. Según Washington, tuvo la firma del ejército sirio. Para Moscú y Damasco, fue un burdo montaje de los voluntarios "Cascos Blancos" para provocar la reacción occidental. El riesgo de escalada en el conflicto a causa de otra intervención militar de Estados Unidos existe, especialmente si entre las bajas hay tropas rusas.

La otra clave de la propuesta británica es que serviría para una acumulación de pruebas para un eventual juicio internacional contra dirigentes sirios por crímenes de guerra. Esa opción parece lejana, ya que Damasco no forma parte de la Corte Penal Internacional, pero no imposible. “Las circunstancias cambian”, indican fuentes diplomáticas occidentales, que expresan su esperanza de que, en un futuro, los perpetradores de los ataques químicos sean juzgados en La Haya.

Si no hay sorpresas, la OPAQ votará esta tarde a puerta cerrada la propuesta de Reino Unido y se aprobará si obtiene el apoyo de dos tercios de los estados Miembros. A tenor de las intervenciones de ayer, las posibilidades de que salga adelante son altas. En los pasillos del congreso que acogió la reunión se especuló con una posible retirada de Rusia de la OPAQ si esto ocurre. Fuentes de la organización consideraron poco probable este extremo, pero reconocieron que “no se puede descartar”.

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