CUMBRE ENTRE EEUU Y COREA DEL NORTE

¿El principio de la paz en Corea? Las claves del acuerdo firmado entre Trump y Kim

El acuerdo está siendo criticado por su redacción vaga, pero algunos expertos creen que esta flexibilidad puede ser útil. Aquí los puntos más importantes de lo que se ha decidido hoy en Singapur

Foto: Donald Trump y Kim Jong-un, en el momento de la firma del acuerdo. (EFE)
Donald Trump y Kim Jong-un, en el momento de la firma del acuerdo. (EFE)

Acompañados por el rugido de decenas de cámaras fotográficas trabajando a toda máquina, Donald Trump y Kim Jong-un han firmado en el Hotel Capella de Singapur una declaración conjunta en la que ambos se han comprometido a colaborar en varios ámbitos. Aunque bastante vaga en contenido, la declaración supone un nuevo punto de partida en las relaciones entre EEUU y Corea del Norte. Algo que parecía imposible hace solo unos meses, cuando los dos mandatarios se enzarzaron en un conflicto verbal que incluyó insultos y amenazas, y que hizo temer el estallido de una guerra en la Península de Corea.

Ambos líderes han expresado su voluntad de establecer unas relaciones bilaterales renovadas, "basadas en el deseo mutuo de paz y prosperidad" entre los dos pueblos. Ratificando así la declaración de Panmunjom, que firmó el pasado abril junto a Moon Jae-in, su homólogo del Sur, Kim se ha comprometido a trabajar por la completa desnuclearización de la península coreana. Aunque de momento no se han ofrecido detalles sobre cómo se llevará a cabo el proceso, Trump ha afirmado en rueda de prensa que contará con un equipo formado por personas de varias nacionalidades para verificar la destrucción del arsenal nuclear. Se espera que durante los próximos meses continúen las negociaciones a este respecto, pues Kim Jong-un, consciente de que el armamento nuclear es su mejor baza de cara a negociar con otros estados, habría exigido garantías a Estados Unidos de la supervivencia de su régimen antes de proceder en ese sentido.

¿El principio de la paz en Corea? Las claves del acuerdo firmado entre Trump y Kim

En esa línea, la declaración recoge también la ambigua promesa por parte de Donald Trump de colaborar en la construcción de “un régimen de paz estable y duradero”. El presidente ha explicado ante los medios que, si bien no va a reducir -de momento- el número de efectivos estadounidenses en Corea del Sur (aproximadamente 32.000 soldados), sí que suspenderá la celebración de ejercicios de guerra conjuntos, pues entiende que son "una provocación para el norte". Además, ha añadido, suponen un "gasto financiero tremendo" que prefiere ahorrarse. De todos modos, según ha dicho posteriormente, las maniobras volverían a reiniciarse en caso de que Corea del Norte se desvíe del proceso de pacificación pactado.

El tercer y último punto del acuerdo compromete a ambos países a repatriar a los prisioneros que aún quedan de la Guerra de Corea, además de recuperar, identificar y repatriar también los restos que quedan por hallar. Posiblemente este sea el punto más fácil de cumplir, y podría verse materializado en las próximas semanas como una muestra de buena voluntad. La declaración encomienda ahora al secretario de estado Mike Pompeo a continuar las negociaciones con los oficiales que Corea del Norte designe a tal efecto, a fin de implementar las medidas descritas lo antes posible.

Al margen de la declaración, Trump ha informado ante los medios de que Kim Jong-un le ha prometido destruir un nuevo complejo en el que se estaban realizando pruebas nucleares, lo que el magnate estadounidense ha querido señalar como un signo de compromiso por parte de Corea del Norte. Los norcoreanos ya desmantelaron otro centro de esas características, el complejo de Punngye-ri, hace apenas tres semanas y sin pedir nada a cambio. Estos actos parecen haber convencido al presidente norteamericano de que esta vez el régimen de Corea del Norte se está tomando las negociaciones en serio, y que no se retirará súbitamente como ya ha ocurrido en ocasiones anteriores.

El Secretario de Estado Mike Pompeo y el Jefe de Gabinete John Kelly escuchan a Trump durante la rueda de prensa posterior al acuerdo. (Reuters)
El Secretario de Estado Mike Pompeo y el Jefe de Gabinete John Kelly escuchan a Trump durante la rueda de prensa posterior al acuerdo. (Reuters)

"Sin mención a los misiles"

Algunos expertos han criticado el acuerdo por su vaguedad. Jeffrey Lewis, experto en no proliferación de la Universidad Middlebury y uno de los mayores especialistas internacionales en el arsenal norcoreano, ha indicado que el alcance del documento es incluso menor que el de otros firmados anteriormente, como los alcanzados en los años 90 o en los años 2000, 2005, 2007 o 2012.

Chad O'Carroll, analista del Korea Risk Group, ha sido uno de los primeros en reflexionar sobre el acuerdo en su cuenta de Twitter, señalando algunas de sus implicaciones: "¿Cómo hará Trump que las 'garantías de seguridad a la RDPC' sean genuinamente creíbles? La respuesta a eso impactará en cualquier hoja de ruta de Kim Jong-un para la 'desnuclearización de la península'", apunta. "La mención a la 'construcción de confianza mutua' sugiere un proceso paso a paso, lo que significa que la Administración Trump es flexible frente a su insistencia anterior en una desnuclearización creíble, verificable e irreversible de antemano", ha dicho también.

O'Carroll apunta además algunos aspectos del texto que merecen atención: "La desnuclearización será de toda la península, no sólo de Corea del Norte. ¡Y no hay mención alguna a los misiles!", ha dicho. "El texto sobre los desaparecidos durante la guerra implica que figuras del ejército de EEUU visitarán la RDPC", comenta también. "El compromiso de una implementación 'expeditiva' es bueno", concluye.

Algunos actores internacionales ya han empezado a mover ficha. El ministro de exteriores chino ha declarado que la comunidad internacional puede considerar levantar las sanciones económicas sobre Corea del Norte tras el acuerdo de hoy. Eso implica que Pekín, que nunca se ha sentido cómodo con la estrategia de "máxima presión" contra Pyongyang, está más que dispuesta a aflojar el embargo, cuyo éxito ha dependido en gran medida de la participación china. De hecho, ya hay signos de que China -de quien depende el 90% del comercio norcoreano- ha empezado a abrir la mano en los últimos meses.

Aunque el carácter socialista de ambos los hace forzados aliados ideológicos, la relación entre ambos países es complicada. Dada su rivalidad con los Estados Unidos por el control de Asia-Pacífico, China se juega mucho en estas negociaciones. Si no consigue sumarse a ellas, podría ver cómo Estados Unidos se convierte en el actor con más relevancia al este de sus fronteras, lo que le supondría un serio problema de cara a llevar a cabo sus proyectos de expansión económica, territorial y política en el mar del sur de China. Aun así, por el momento la situación le es favorable, pues tanto las dos Coreas como Estados Unidos se han mostrado dispuestas a contar con el país para negociar la desnuclearización y para construir una nueva realidad en la región. De hecho, Trump se ha referido ante la prensa al presidente Chino Xi Jinping como un “buen amigo mío”, a pesar de las tensiones comerciales que mantienen los dos países actualmente.

Trump y Kim pasean tras el almuerzo durante el encuentro. (Reuters)
Trump y Kim pasean tras el almuerzo durante el encuentro. (Reuters)

¿Quién paga la factura?

Las otras implicaciones internacionales de la histórica reunión no son pocas. Preguntado por quién asumirá el coste de la posible desnuclearización de la península coreana, con todo lo que ello conlleva, Donald Trump ha insinuado que Japón y Corea del Sur estarían preparados para hacerlo, y sin necesitar ayuda estadounidense. No en vano, a ambos países les afecta enormemente lo que pueda resultar del encuentro.

De haber un verdadero ganador de esta cumbre, ese es Corea del Sur. El país, auspiciado por las políticas pacificadoras de su presidente Moon Jae-in, ha realizado un esfuerzo tremendo por devolver la estabilidad y reducir el riesgo de un conflicto en la península. Desde que asumiera su puesto el año pasado tras la destitución de la expresidenta Park Geun-hye, Moon se ha reunido en dos ocasiones con Kim Jong-un, utilizando un tono conciliador y promoviendo actos conjuntos como la participación de deportistas nor y surcoreanos bajo la misma bandera en los Juegos Olímpicos de Invierno. Además, Moon comparte con Trump el desagrado por la realización de ejercicios de guerra conjuntos en su suelo, y tampoco le hace gracia la presencia de tantos soldados estadounidenses en el país. La oficina de prensa del gobierno de Corea del Sur ha emitido un comunicado destacando la importancia del “evento histórico” que ha tenido hoy lugar, pero poniendo a su país en un discreto segundo plano, asegurando que el presidente norteamericano y Kim Jong-un son los “principales personajes de la historia”.

El Primer Ministro japonés Shinzo Abe, por su parte, ha asegurado esta mañana en Tokio que es su deseo que Corea del Norte tome el “camino correcto”, y se ha comprometido a trabajar en la medida que le sea posible por la paz en la zona. Sin embargo, las relaciones entre Japón y Corea del Norte no son sencillas, pues los espías norcoreanos han secuestrado a lo largo de los años a numerosos ciudadanos japoneses, por lo que probablemente uno de los requisitos exigidos por Abe para cooperar plenamente en el proceso sea su repatriación. Abe estaba reunido esta mañana con Mahathir Mohamad, el primer ministro malasio, que al respecto de la reunión bilateral de esta mañana en Singapur, ha explicado que ambas partes deberán renunciar a ciertas exigencias de cara a obtener resultados fructíferos.

Sea cual sea la materialización final de lo pactado hoy, la reunión ya puede considerarse un éxito diplomático para los dos protagonistas. Donald Trump puede alardear de ser el primer presidente de los Estados Unidos en dar un paso adelante de semejante magnitud en la tan ansiada pacificación de la península de Corea. Bajo su administración, se han repatriado al menos cuatro rehenes, y, por ahora, el régimen norcoreano ha cesado sus tests de armamento nuclear. Además, ha conseguido desviar la atención de las investigaciones sobre la “trama rusa” y sus desavenencias con el resto de los miembros del G7, que han copado las portadas internacionales los últimos días.

Por su parte, Kim Jong-un ha conseguido lo que ningún otro líder de Corea del Norte estuvo cerca de hacer jamás: sentarse en la mesa de negociaciones con la mayor potencia mundial y hablarle de tú a tú a un presidente norteamericano. Con este gesto, Kim podrá presumir de haber elevado a Corea del Norte al estatus de interlocutor válido en las relaciones internacionales, dejando atrás, tal vez para siempre, la época en la que el país fue considerado un “estado gamberro” y una amenaza para la paz mundial.

¿Y si Kim no cumple su palabra? Por ahora no parece haber un plan B: "Creo que lo hará, realmente lo creo. Honestamente, pienso que va a hacer todas estas cosas. A lo mejor me equivoco", se ha limitado a declarar Trump.

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