atentados en los barrios de mayoría negra

El quinto ataque con bomba desata la alarma en Texas… y la tensión racial

Se busca a un 'serial bomber' muy sofisticado que atacó primero los barrios de mayoría negra en una ciudad profundamente segregada. Ya hay acusaciones de discriminación contra la policía

Foto: Cordón policial en la escena del último ataque con bomba en Austin, el 18 de marzo de 2018. (Reuters)
Cordón policial en la escena del último ataque con bomba en Austin, el 18 de marzo de 2018. (Reuters)

Ya son cinco las bombas que han estallado en Texas este mes, cuatro de ellas en su capital, Austin. Las tres primeras, metidas en paquetes dirigidos a personas de raza negra vinculadas a la misma iglesia de mayoría afroamericana, dejaron dos muertos y dos heridos graves. La cuarta explotó el domingo en otro barrio, hiriendo a dos peatones que tropezaron con un cable conectado al artefacto. Hoy, la menos una persona ha resultado herida tras producirse una explosión cerca de las instalaciones de la compañía FedEx en San Antonio.

Según la policía de Austin, la cadena de atentados hace pensar que se trata de un 'serial bomber', un “atacante con bomba en serie”, y además “altamente sofisticado”: capaz de empaquetar un explosivo sin que estalle hasta ser abierto y de tender, en el último caso, una trampa. Al mismo tiempo, el hecho de que la última bomba estallara en un barrio diferente, hiriendo a dos blancos, ha hecho revisar la hipótesis de que se trate de crímenes racistas.

“Hemos dicho desde el principio que no estamos dispuestos a descartar nada, simplemente porque, cuando descartas algo, limitas el enfoque”, declaró el jefe de policía en funciones, Brian Manley, al canal ABC. Los residentes del barrio se quedaron en sus casas el lunes por la mañana para que las autoridades pudieran investigar el perímetro. En el momento de escribir estas líneas la policía no tiene pistas sobre el presunto autor, o autora, o autores.

La reacción de la policía a las tres primeras bombas, destinadas a ciudadanos negros del mismo barrio y de la misma comunidad religiosa, ha sido considerada errática y lenta, y ha desatado sospechas de discriminación en una ciudad nítidamente dividida: al oeste de la interestatal 35 está la mitad de mayoría blanca y acaudalada de Austin. Al este, los barrios de mayoría negra, latina y de menor poder adquisitivo. Donde estallaron las primeras bombas.

El primer explosivo mató al empleado de la construcción Anthony Stephan House, afroamericano de 39 años, el 2 de marzo. House recogió el paquete bomba a la puerta de su casa de Austin Este, lo abrió y fue atravesado por la metralla. Su vecino escuchó la explosión, que describió como “un cubo de basura metálico golpeado por un camión”. Cuando este vio a House, le hizo el boca a boca, sin resultado. El herido murió una hora después en el hospital.

La policía, sin embargo, no lo calificó de “homicidio” sino de “muerte sospechosa” e incluso barajó la posibilidad de que House se hubiera volado a sí mismo por los aires. “No podemos descartar que el Sr. House no lo construyera [el artefacto] él mismo y lo hubiera detonado por accidente, en cuyo caso sería una muerte accidental”, declaró en ese momento el jefe asistente de policía Joseph Chacon. La policía tardó varios días en informar de que la muerte había sido causada por un paquete bomba.

Diez días después tuvieron lugar las otras dos explosiones, igualmente paquetes colocados a la puerta de dos viviendas, en el mismo barrio de mayoría negra y latina. Una de ellas fue recogida por el adolescente afroamericano Draylon Mason, exitoso estudiante de música de 17 años. La bomba acabó con la vida de Mason e hirió severamente a su madre.

El “distrito negrata” y la gentrificación

El tercer paquete bomba fue recogido y abierto por Esperanza Herrera, de 75 años, aunque no iba dirigido a ella, sino a un vecino: otro miembro de la congregación a la que pertenecían House y Mason. “Si esto hubiera ocurrido en Austin Oeste, ahora sabríamos quién ha sido. No le prestaron mucha atención”, declaró T. L. Wyatt, editor del periódico local 'Villager'.

Agentes del FBI investigan el origen de una explosión en Austin, Texas, el 19 de marzo de 2018. (Reuters)
Agentes del FBI investigan el origen de una explosión en Austin, Texas, el 19 de marzo de 2018. (Reuters)

Dos días antes del cuarto ataque, 'The Huffington Post' publicaba el análisis de dos historiadoras de la Universidad de Texas en Austin, Christen Smith y Daina Ramey Berry. En su artículo denunciaban que la capital tejana, pese a su fama de enclave progresista en un estado republicano, sus festivales y su burbujeante vida cultural, “está profundamente segregada”. El origen de esta división entre este y oeste fue un plan urbano de 1928 cuyo objetivo era crear un “Distrito Negrata” que separase a los negros de los blancos.

Actualmente el fenómeno de la gentrificación, en el que la población blanca tiende a expulsar económicamente a los afroamericanos de sus barrios, disparando los alquileres al mudarse allí, ha vuelto a inflamar la situación. Un estudio de la Universidad de Austin prueba que la ciudad está perdiendo población afroamericana, obligada a mudarse a localidades más baratas.

El FBI y la policía de Austin se han movilizado para encontrar a quien sea responsable. Este lunes unos 500 agentes habían investigado 435 pistas y entrevistado a más de 250 personas. Las autoridades han subido la recompensa a 100.000 dólares, más otros 15.000 del gobernador, para quien dé una pista que lleve al autor o autores de las bombas.

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