SI NO HAY ACUERDO HABRÁ NUEVAS ELECCIONES

¿Callejón sin salida en Alemania? Merkel lucha por cerrar una coalición 'contra natura'

Conservadores, liberales y verdes van a iniciar en Alemania contactos para formar una alianza política sin precedentes, una difícil suma de exigencias dispares y líneas rojas

Foto: La canciller Angela Merkel a su llegada a las celebraciones por el Día de la Unificación Alemana, en Mainz, el 3 de octubre de 2017. (Reuters)
La canciller Angela Merkel a su llegada a las celebraciones por el Día de la Unificación Alemana, en Mainz, el 3 de octubre de 2017. (Reuters)

Alemania se enfrenta a las negociaciones de coalición más complicadas de su historia reciente. Cuatro partidos de ideologías que van de la derecha más conservadora al centro izquierda ecologista y proeuropeo deben trabar una alianza y redactar un programa de gobierno conjunto. Por si no fuera poco, hay dos elecciones regionales de por medio. Del éxito o fracaso de estas conversaciones dependerá esta legislatura, seguramente la última de Merkel. Y la renovación de Europa.

El sueño se llama Jamaica. Se trata de combinar, como sucede en la bandera de ese país caribeño, el negro con el que se identifica a los conservadores alemanes, el amarillo que alude a los liberales y el verde propio de los ecologistas. Se trata de que los líderes de cuatro partidos -el bloque conservador está formado por la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel y la bávara Unión Socialcristiana (CSU)- firmen un acuerdo de gobierno coherente y duradero. De lograr un texto que conjugue las dispares exigencias de cada parte sin traspasar ninguna de las línea rojas. Hará falta pragmatismo y cesiones.

La misión no es sencilla. No en vano, nunca antes se ha producido una coalición así a nivel federal en Alemania. En los estados federados es asimismo inusual. Tan solo se han registrado dos en las últimas siete décadas. En el Sarre, entre 2009-2012, y en Schleswig-Holstein, que tras el resultado de las elecciones del pasado mayo se vio abocado a un pacto similiar.

En Berlín tampoco hay más opciones que sentarse a negociar. Los socialdemócratas, la segunda fuerza más votada en las elecciones del pasado 24 de septiembre, han dicho que su sonora derrota -un 20,5% de los sufragios, su peor resultado en unas generales- significa que toca ir a la oposición a renovarse. Y la tercera fuerza, la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que logró un 12,6% de los votos, no entra en los cálculos de nadie para formar coalición. Son tóxicos.

Nuevos comicios

Así que es Jamaica o nuevas elecciones. Las dificultades para llegar a un acuerdo son enormes, pero la presión sobre los partidos implicados es similar. Alemania es un país que aprecia la estabilidad y rehuye los riesgos. Es una sociedad que no concibe un gobierno en minoría o con apoyos variables. Además, el votante medio exige responsabilidad a los partidos y, más que la defensa acérrima de la propia identidad, premia su capacidad de compromiso por el bien común, sacrificando si es necesario el interés partidista. En unos potenciales nuevos comicios se castigaría a quienes no supieron coaligarse.

Las posibilidades de que llegar con éxito a las costas de Jamaica son escasas. El líder del FDP ha reconocido que una alianza así es "difícilmente concebible"

Pero el demonio se esconde en los detalles. En ese encaje de bolillos que Merkel deberá lograr para volver a ser canciller con los programas de cada uno de los partidos de esta inédita alianza. También es esencial, aunque las formaciones lo nieguen a estas alturas, el reparto de carteras y cuotas de poder.

Así, el primer escollo para Merkel va a ser la CSU. La hermana bávara de su partido quiere mano dura en inmigración. En las generales ha obtenido un mal resultado y se ven amenazados por el flanco derecho por el fuerte auge de AfD. El año que viene Baviera celebra regionales y el partido, hegemónico en el Land desde la reinstauración de la democracia, quiere llevar de vuelta a Múnich tras las negociaciones en Berlín un trofeo que les rente electoralmente.

Este fin de semana está previsto el primer encuentro entre Merkel y el presidente de la CSU y Baviera, Horst Seehofer. Y se prevé también que el bávaro resucite ante la canciller su demanda de una cuota máxima anual de asilados, una reclamación que surgió en lo más agudo de la crisis de los refugiados, cuando llegaban a Alemania a través de Baviera entre 15.000 y 20.000 migrantes al día. Pero Merkel no parece dispuesta a ceder en esta cuestión. Al menos en lo esencial. A su juicio, limitar la entrada sería inconstitucional y violaría los Derechos Humanos.

Refugiados sirios apoyan a Merkel en un mitin de campaña en Torgau, Alemania. (Reuters)
Refugiados sirios apoyan a Merkel en un mitin de campaña en Torgau, Alemania. (Reuters)

En este punto la canciller contaría con el respaldo sin fisuras de Los Verdes, otro de los partidos en lid. Sus líderes han avanzado que cualquier intento de fijar una cuota máxima sería motivo suficiente para abandonar las negociaciones. También estarían del lado de Merkel en cuestiones como la lucha contra el cambio climático, aunque con notables diferencias en lo relativo a los ritmos y las ambiciones. La canciller quiere siempre mantener el equilibrio entre la reducción de las emisiones y el sentir de la potente industria alemana. Y Los Verdes reclaman el cierre inmediato de las 20 centrales térmicas más contaminantes y el abandono total del carbón para 2030. Además, quieren que para ese año no se vendan más vehículos con motor de combustión en Alemania.

Los Verdes podrían resultar además problemáticos en el ámbito comercial. El partido está en contra de acuerdos de libre comercio como el CETA, que acaba de entrar en vigor entre la UE y Canadá, y el TTIP, que se estaba negociando con Estados Unidos. Los conservadores han defendido este tipo de acuerdos como beneficiosos para la economía alemana, al igual que el Partido Liberal (FDP) que está completamente alineado con la CDU y la CSU en este ámbito. No así en otros.

Los liberales, por ejemplo, se oponen a las pretensiones conservadoras de más vigilancia en las calles e internet, y son alérgicos a cualquier propuesta que suene a más impuestos, como algunas de los conservadores.

El choque de trenes

Pero el verdadero choque de trenes puede producirse entre Los Verdes y el FDP. Porque los liberales rozan el euroescepticismo cuando se trata de avanzar en la integración económica y financiera del bloque, mientras que ecologistas, declarados proeuropeos, han aplaudido propuestas como las que ha lanzado últimamente el presidente francés, Emmanuel Macron. El FDP recela de las iniciativas que puedan suponer un mayor riesgo para los contribuyentes alemanes y está abiertamente en contra de cualquier proyecto que suponga mancomunar las deudas en el bloque como los eurobonos. Además, también rechaza las reformas de las pensiones y de la seguridad social que propugnan los ecologistas.

El FDP está abiertamente en contra de cualquier proyecto que suponga mancomunar las deudas en el bloque como los eurobonos

Dadas estas diferencias verdes y liberales han pedido que las negociaciones -que no empezarán hasta que se celebren las elecciones regionales de Baja Sajonia del 15 de octubre, para no influir en los resultados- empiecen de manera bilateral, con la CDU hablando de forma paralela con unos y con otros.

Así las cosas, las posibilidades de que llegar con éxito a las costas de Jamaica son escasas. El líder del FDP, Christian Lindner, ha reconocido que es "difícilmente concebible" una alianza así. Cem Özdemir, cocandidato ecologista, ha dicho que su partido y el liberal se parecen como "un perro y un gato". Pero ninguna de las partes se ha cerrado en banda. Todos han apelado a la responsabilidad y asegurado que sondearán las posibilidades de cooperar.

La mayoría de los politólogos y analistas consideran que es muy difícil que los cuatro partidos implicados lleguen a un acuerdo. Algunos no obstante, con una veta de optimismo, creen que esta coalición -pese a las previsibles tensiones- podría ayudar a renovar Alemania, aprovechando las mejores cabezas de las cuatro fuerzas políticas y sus apuestas más destacadas.

El ministro alemán de Finanzas, el veterano Wolfgang Schäuble, que va a abandonar su cartera para ocuparse de la presidencia del Bundestag (y para dejar el ministerio como baza en la negociación), se muestra sin embargo confiado. "Pido tranquilidad. Se encontrará un camino. Jamaica está cerca porque necesitamos un gobierno estable para nuestro país", afirmó esta semana en una entrevista en el diario 'Bild'.

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