merkel apuesta por la "desmovilización asimétrica"

Alemania dormita a once días de las elecciones... y la ultraderecha saca tajada

Merkel apenas aborda problemas clave como la integración de refugiados, la crisis con Rusia o el Brexit. Las formaciones en los extremos, especialmente AfD, se benefician del panorama apático

Foto: La canciller Angela Merkel saluda a simpatizantes durante un mitin de campaña en Bitterfeld-Wolfen, Alemania. (Reuters)
La canciller Angela Merkel saluda a simpatizantes durante un mitin de campaña en Bitterfeld-Wolfen, Alemania. (Reuters)

Somnolienta. Ésta es la mejor descripción de la campaña para las elecciones generales del 24 de septiembre en Alemania. Sin ningún sobresalto que salpimiente mítines y debates. Nada de controversias o escándalos. Previsible, tranquila. ¿Un sueño para la estable Alemania? No. Más bien terriblemente aburrida, según la mayoría de ciudadanos y medios de comunicación del país, que lamentan que la confrontación de partidos, candidatos y programas no coja vuelo. Y a todo esto hay una clara beneficiada: la canciller Angela Merkel.

El duelo televisivo iba a ser el momento. El punto de no retorno en la campaña electoral. En él los dos candidatos con opciones reales de alcanzar la Cancillería, Merkel y el socialdemócrata Martin Schulz, se iban a ver las caras en un estudio de televisión durante hora y media. Era el 3 de septiembre y se pensaba que a partir de ahí iba a comenzar la "fase caliente" de la campaña. No fue así.

Lo vieron 16,11 millones de alemanes (sobre un total de 81 millones), una cifra considerable, pero porque lo retransmitían las cuatro principales cadenas del país. Había poco más aquel domingo por la noche. En comparación, el debate de la campaña previa, la de 2013, tuvo 1,5 millones de espectadores más. En palabras de un periodista internacional, más que una confrontación entre candidatos rivales, el duelo parecía las negociaciones para formar una nueva gran coalición. Discutieron, sí, pero en los matices. Schulz podría ser perfectamente el próximo ministro de Exteriores de Merkel. Quizá lo sea.

Parte de esta somnolencia se debe al hecho de que una gran coalición gobierna Alemania. Con cerca del 80% de los escaños en manos de los cristianodemócratas y los socialdemócratas, la voz de la oposición apenas trasciende. De hecho los dos partidos que se encuentran en esta legislatura en la oposición parlamentaria (La Izquierda y Los Verdes) y los otros dos con opciones de llegar tras los próximos comicios al Bundestag (los liberales del FDP y los ultraderechistas de AfD) no estuvieron en ese debate.

En este panorama apático donde los partidos que ocupan el centro del tablero ideológico y la mayoría de los escaños son tan parecidos, sacan tajada las formaciones en los extremos. De hecho tanto La Izquierda como AfD son las dos fuerzas que se están disputando la tercera posición en estas elecciones. Especialmente los ultraderechistas se están beneficiando de esta falta de debate real, arrogándose el papel de única posición antisistema que llama a las cosas por su nombre.

Martin Schulz ya advirtió que la canciller iba a apostar por la "desmovilización asimétrica"Hay también parte de estrategia. Al bloque conservador le beneficia una campaña anodina para que Merkel alcance, sin grandes esfuerzos, su cuarta legislatura. "Disfruta ahora el verano y toma en otoño la decisión correcta", dice uno de los carteles de la Unión Cristianodemócrata (CDU) sobre la imagen de una joven recostada en el campo. Schulz ya lo advirtió de forma más técnica al presentar en junio su programa. Aseguró entonces ante sus correligionarios que la canciller iba a apostar por la "desmovilización asimétrica", tratando de dejar en casa al mayor número posible de potenciales votantes del resto de partidos.

"Merkel y los líderes de los demás partidos principales van a lo seguro y predecible", lamenta por su parte la politóloga Judy Dempsey, del think- tank Carnegie Europa. A su juicio, la líder conservadora apenas está abordando problemas clave como la integración del millón de refugiados que ha llegado a Alemania desde 2015, la mayoría de Siria, Irak y Afganistán. Tampoco está abordando la posición de Berlín en un escenario internacional con Donald Trump, Vladímir Putin y Recep Tayyip Erdogan. O cómo seguirán avanzando la UE y la eurozona una vez que se consume el Brexit. O cómo se puede realmente tratar de atajar el terrorismo yihadista en Europa.

Un votante socialdemócrata durante un evento de campaña de Martin Schulz en Mainz, Alemania. (Reuters)
Un votante socialdemócrata durante un evento de campaña de Martin Schulz en Mainz, Alemania. (Reuters)

De lo que sí se está hablando en estos días en Alemania es de cualquier otra cosa. En los medios, en las redes y en los bares. Del enfermero al que se investiga por la muerte de decenas de ancianos en una residencia. De confirmarse que mató a las 84 personas de las que se le acusa se convertiría en el mayor asesino en serie del país desde la II Guerra Mundial. También ha copado titulares el fichaje de Dembélé por el Barcelona, haciéndole un agujero al Borussia Dortmund. Y también el nombramiento del excanciller socialdemócrata alemán Gerhard Schröder para un relevante puesto directivo en la petrolera estatal rusa Rosneft, con la que está cayendo entre Berlín y Moscú.

Boris Becker, el famoso extenista alemán y habitual de las páginas rosas y amarillas, también está en las conversaciones y las portadas de Alemania. Hace unas semanas, después de anunciarse su quiebra, fue pillado por unas cámaras, con un aspecto bastante desaseado, en un casino de la República checa. Días después, la Federación Alemana de Tenis le nombraba jefe del tenis masculino, un cargo de nueva creación.

Confrontada con esta realidad, Merkel niega la mayor. En su tradicional rueda de prensa de verano, un periodista le preguntó si no consideraba que la campaña estaba siendo aburrida (en la que fue una de las pocas preguntas no aburridas en dos horas). Las semanas previas a las elecciones deben ser para confrontar programas, no para insultarse mutuamente, dijo. "Tenemos una campaña emocionante e interesante", apostilló la canciller. Alemania piensa otra cosa.

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