UN 60% DE LOS FRANCESES DESAPRUEBA SU GESTIÓN

¿Qué pasa con Macron?

El presidente galo sabía que sus reformas le valdrían la renuencia de buena parte de sus compatriotas, pero su desplome en los sondeos, incluso antes de aplicarlas, es difícil de aceptar

Foto: El presidente francés Emmanuel Macron. (Foto: Reuters)
El presidente francés Emmanuel Macron. (Foto: Reuters)

Verano caliente y otoño ardiente. El presidente francés se prepara para afrontar la desconfianza de sus ciudadanos, el rechazo de los sindicatos a sus reformas sociolaborales, el enfado de los estudiantes y la ira de los pensionistas. Emmanuel Macron sabía que sus propuestas de reforma le valdrían la renuencia de buena parte de sus compatriotas, pero verse en los sondeos —a tres meses de su victoria— por debajo de sus dos antecesores en el cargo es una humillación difícil de aceptar. Y lo peor del caso Macron es que su bajada en las encuestas (el 60% de los consultados no le otorga su confianza) tiene lugar antes de haber aplicado las reformas con las que pretende "cambiar profundamente las estructuras económicas y sociales de Francia".

La reforma laboral, que será aprobada por directivas y que pretende representar el gran paso adelante del macronismo, será conocida, por fin, este jueves. Decenas de reuniones con los representante sindicales durante el verano, y conclusiones casi secretas que obstaculizan la comprensión de la pretendida reforma por la opinión pública, han contribuido a la desconfianza. Se sabía, porque estaba en su programa, que Macron quiere restar poder a los sindicatos negociando por empresas y no por ramas. Según las últimas informaciones, el Gobierno mantendría su idea, pero cedería en algunos aspectos.

El gabinete del exjuppeista Edouard Philippe persigue también reducir la indemnización y el periodo de pago por desempleo, a cambio de crear un verdadero plan de formación para los parados. Recortar el desempleo de forma efectiva y reducir al mismo tiempo los déficits del Estado son las premisas del presidente, pero esto ya lo sabían los franceses cuando le votaron, y ahora tuercen el gesto. El mundo ideal que se traducía del programa que le dio la victoria no llega a vislumbrarse. El Gobierno se ha visto obligado a aplazar 'ad calendas graecas' los principales efectos positivos de sus promesas, como la bajada de impuestos soñada, tras la "confiscación" aplicada por François Hollande.

Con el 'glamour' no basta. Tras sus encuentros con Vladimir Putin en Versalles y con la pareja Trump en París, la estrella Macron empezó a diluirse sobre el cielo francés. Macron no solo censuró las críticas del jefe de los ejércitos franceses a la reducción del presupuesto de Defensa, sino que le reconvino con cierta humillación. A muchos ciudadanos les sorprendió ese gesto de autoridad exagerado, que empañó la celebración del 14 de julio y dejó a muchos de sus votantes dolidos.

Foto: Reuters.
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Medidas "antipobres"

Los jóvenes franceses que inician su vida universitaria recibieron también en pleno verano una mala noticia: la reducción de la ayuda para el alojamiento. Son cinco euros al mes y puede parecer poco, pero representan 18.000 millones de euros al año. Más de seis millones de los hogares más humildes reciben esa ayuda; 800.000 estudiantes, indiferentemente de su nivel económico, percibían esa cantidad. Para los críticos con la iniciativa, era la primera "medida antipobres" de la era Macron. Por si fuera poco, más de 5.000 estudiantes que han superado la prueba de acceso a la universidad, en muchos casos con buenas notas, no saben, a pocos días del inicio del año escolar, si tendrán plaza en las facultades que han elegido. Un caos que el Gobierno promete resolver.

Los mayores tampoco tienen razones para estar contentos. El Gobierno considera como pensionistas 'ricos' a los que cobran 1.200 euros al mes. Los jubilados son una de las categorías señaladas para reducir el déficit abismal del Estado. Y los funcionarios deberán pensarlo bien antes de quedarse en casa por enfermedad. En el programa de Macron ya se recogía la intención de eliminar el día de trabajo perdido y no contabilizado con que contaban los trabajadores del sector público.

Pasado el verano, los franceses se dan cuenta de que su nuevo presidente había prometido que su prioridad era la reducción del gasto público y cumplir con el 3% de déficit del PIB, exigido por Bruselas y Berlín. Y ahora todos los afectados se quejan de que, si bien estaban apercibidos de los sacrificios, se les había prometido también una bajada de impuestos generalizada.

Emmanuel Macron, que había decidido un plan de comunicación sobrio, a cuentagotas y nada reactivo a la actualidad, se ha visto obligado a cambiar de actitud. Los periodistas no le han perdonado el desdén con que ha tratado a la prensa en general desde su acceso al Elíseo.

Macron pretendía distanciarse de François Hollande, quien se comunicaba constantemente por teléfono y por 'mail' con los periodistas y a quienes les suministraba ángulos y pistas informativas. Macron quería ser el Obama francés para la prensa. Pero no lo ha conseguido. En su reciente viaje a Europa central, ha destilado informaciones para los periodistas afectados de mono de 'off'. De la sequía informativa —llegó a anular la tradicional entrevista televisiva del 14 de julio— se va a pasar a los mensajes de radio tipo Roosevelt, a las charlas junto a la chimenea como afectaba Mendes-France, o, quizás, a un 'Aló, presidente' a la francesa.

Macron reúne a los representantes de los dos gobiernos de Libia, el primer ministro, Fayez al-Sarraj, y el general Khalifa Haftar, en La Celle-Saint-Cloud, París, el 25 de julio de 2017. (Reuters)
Macron reúne a los representantes de los dos gobiernos de Libia, el primer ministro, Fayez al-Sarraj, y el general Khalifa Haftar, en La Celle-Saint-Cloud, París, el 25 de julio de 2017. (Reuters)

"Los franceses detestan las reformas"

El presidente francés pensaba dejar en manos de sus ministros y diputados la explicación de su política cotidiana. Mientras, él se dedicaría a encontrarse con los líderes del mundo y a resolver conflictos como el de Libia. Pero a los franceses les preocupa menos el poder bicéfalo en la antigua república norteafricana que las reformas que les afectan directamente. Además, el conflicto libio sigue su curso a pesar de la mediación francesa.

La actitud de Macron con Polonia tampoco se ha interpretado internamente como un acto de autoridad en defensa de los intereses franceses. Polonia se opone, como otros países europeos que no han querido decírselo en público, a la reforma en profundidad de la directiva europea de trabajadores desplazados. El ataque violento de Macron a Polonia y sus dirigentes ha sido visto más como un acto de arrogancia del que los franceses son habitualmente acusados dentro y fuera de su país.

Macron cuenta con la ventaja de que las fuerzas opositoras están en plena recomposición. Pero sabe que, a pesar de contar con la mayoría en la Asamblea, no le van a dejar vivir tranquilo en el aspecto informativo. El centrista Juppé ya ha juzgado su política: "Es pura comunicación". El socialista Hollande reaparece para advertirle sobre la ley de trabajo y le aconseja que no haga reformas que no sean útiles. Los insumisos de Jean-Luc Mélenchon esperan dar la batalla en la calle contra "el golpe de Estado social", según la fórmula acuñada por el líder de este partido.

Emmanuel Macron dijo la semana pasada en Bucarest que "los franceses detestan las reformas". Eso lo saben desde Vladivostok hasta Juneau, en Alaska. Pero, a diferencia de sus antecesores de derecha o izquierda, él asegura que no va a renunciar a llevarlas a cabo. Se trata, según uno de sus asesores, no solo de cambiar el agua, sino de cambiar la bañera entera.

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