cumbre de jefes de estado y gobierno en bruselas

Merkel y Macron: ¿un nuevo idilio franco-alemán para salvar a Europa?

Sin un entendimiento entre Berlín y París, la Unión Europea no solo no podrá remontar el vuelo tras una década de crisis, sino que corre el riesgo de estrellarse

Foto: La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Emmanuel Macron. (EFE)
La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Emmanuel Macron. (EFE)

En la primera mitad del siglo XX, en el que la enemistad entre los dos países llevó a Europa al borde del colapso, el literato galo Romain Rolland tuvo una visión: “Francia y Alemania son las dos alas de Occidente. Lo que quiebra una de ellas, impide a la otra volar”. Las palabras de Rolland, “la conciencia moral de Europa”, a ojos de su colega y amigo vienés Stefan Zweig, iban en contra del Zeitgeist, el espíritu de su tiempo. Murió en 1944, con lo que no alcanzó a presenciar ni la rendición alemana, ni mucho menos el nacimiento de lo que hoy conocemos como la Unión Europea.

Angela Merkel y Emmanuel Macron saben que Rolland tenía razón: sin un entendimiento entre Berlín y París, la Unión Europea no solo no podrá remontar el vuelo tras una década de crisis, sino que corre el riesgo de estrellarse. Y así, han decidido dar un paso adelante y escenificar el retorno de una alianza que ha vertebrado la Unión en los momentos más difíciles de su historia. “Cuando Alemania y Francia hablan con la misma voz, Europa puede avanzar. Esto no es una condición de por sí suficiente, pero sí es necesaria”, ha resumido Macron, al compás de los quedos asentimientos de Merkel.

Alemania y Francia defienden actuar "con una sola voz" ante retos de la UE

¿Una nueva esperanza?

Macron asegura que su elección marca el “renacimiento de Francia” y, por extensión, de “la Unión Europea”. Los tiempos le acompañan: hace tan solo un año, Reino Unido decidía en referéndum abandonar la Unión Europea tras cuarenta años de convivencia. Un duro golpe para un proyecto ya de por sí deprimido. En el primer aniversario del Brexit, los “Veintisiete” –como ya desliza Merkel para referirse a los socios europeos– están de alivio de luto. Y se atreven incluso a decir a la premier británica, Theresa May, que su propuesta para garantizar derechos a los europeos que lleven cinco años en Reino Unido no es un mal arranque, pero está “por debajo de las expectativas”, en palabras del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

Tras el encuentro de los jefes de Estado y de Gobierno celebrado este jueves y viernes en Bruselas, Merkel ha resumido el cambio de actitud entre los Veintisiete: “Esta cumbre ha traído un nuevo espíritu de confianza renovada, de esperanza, y creo que Francia y Alemania han podido contribuir a esto”.

Muchos frentes abiertos

Merkel y Macron se han esforzado por marcar en público el arranque de una nueva era. Pero “no se trata de publicar comunicados, sino de tener resultados”, como ha reconocido la propia canciller alemana. Los retos a los que tienen que hacer frente son tan variados como complejos, como por ejemplo el refuerzo de la seguridad interna y externa, uno de los temas abordados en la cumbre. Esto abarca dos campos minados: la lucha contra un terrorismo que cruza fronteras, sin que los países se atrevan a dar el paso de compartir más inteligencia, y la creación de una defensa común europea, sin llegar a poner en marcha un ejército comunitario. Por no hablar de la gestión de la crisis de migrantes y del deficiente sistema de asilo europeo. Todo un juego de equilibrios.

“Cuando Alemania y Francia hablan con la misma voz, Europa puede avanzar. Esto no es una condición de por sí suficiente, pero sí es necesaria”

Además, la crisis ha remitido, pero todavía no se han recompuesto todos los platos rotos que ha dejado. El euro sigue siendo una moneda sin política fiscal ni reformas –para desesperación del presidente del BCE, Mario Draghi– que la respalden. Tanto Macron como Merkel saben que es necesario avanzar en la integración de la zona del euro. Pero esto es muy difícil de lograr sin medidas de calado, en una Europa donde siempre hay algún socio que arrastra los pies. Y sin reabrir los tratados europeos, hasta ahora una línea roja. Hoy esto “no es una elección en sí, pero tampoco un tabú”, ha dicho el presidente galo, respaldado por su homóloga germana.

Un primer chasco para Macron

El líder de En Marche!, al que corteja el grupo de liberales y demócratas europeo, sorprendió a sus socios cuando como candidato propuso poner en marcha el “Acta de Comprar Europeo”, una declaración de intenciones de aroma proteccionista que no gustó a los librecambistas. Macron insiste en aplicar un “libre comercio justo”, mientras que Merkel critica a los países que “han puesto al proteccionismo entre sus prioridades” y aboga por un “libre comercio basado en las reglas, y recíproco”. La canciller alemana estaba dispuesta a apoyar un mecanismo para restringir la inversión extranjera en sectores clave, impulsado por su homólogo francés, pero la resistencia de los países del Norte, del Benelux e incluso España ha hecho que la medida se cayera a última hora de la declaración de la cumbre.

Seis años han sido necesarios para volver a ver a Merkel de la mano de un presidente francés. Entonces se trataba de Nicolás Sarkozy

Macron también se ha ganado las primeras críticas, de la mano de los Gobiernos de Polonia y Hungría. En ninguno de los dos países ha gustado el énfasis con el que el presidente francés ha defendido los valores europeos –la libertad, la democracia y la justicia– en un momento en el que pende sobre sus cabezas una infracción de la Comisión Europea por incumplir con estos preceptos. La primera ministra polaca, Beata Szydlo, habla de “hostilidad” y “estereotipos”. Pero Merkel ha echado un capote a París y Bruselas, al decir que hay que llamar “las cosas por su nombre”.

Más de un lustro sin complicidad franco-alemana

Seis años han sido necesarios para volver a ver a Merkel de la mano de un presidente francés. Entonces se trataba de Nicolás Sarkozy, con el que la canciller formó el duo “Merkozy”. Un eslogan imbatible –que muchos tratan hoy de actualizar: ¿Merkron? ¿Emmangela? ¿O, como propone por consenso la corresponsalía europea de El Confidencial, M&M?– en términos de comunicación política, pero menos eficaz sobre el terreno de los hechos. En el fondo, era un acercamiento impuesto por los hechos: la crisis financiera que amenazó con tumbar a Europa exigía firmeza.

Otro duro golpe, la decisión de Reino Unido de abandonar la Unión Europea, fue necesario para que Merkel y François Hollande accedieran a compartir un estrado en la cumbre informal que se celebró en Bratislava en septiembre de 2016. Y, en realidad, el formato a dos se debió a un desplante: el del italiano Matteo Renzi, que se negó a escenificar el “consenso” que impulsaban Berlín y París sin más avances concretos sobre la crisis de los migrantes. “Funambulistas del vocabulario” llamó a aquellos que querían vender el documento de la cumbre como un avance real. O, dicho de otro modo, políticas de fachada sin contenido. Un riesgo que Merkel y Macron deberán ahora evitar.

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