que alguien haga ya la peli, por favor

Trump y Macron, una comedia romántica

La relación entre Donald Trump y Emmanuel Macron empezó con un polémico apretón de manos. Ahora tienen una cita en París

Foto: Eran tan diferentes que estaban destinados a encontrarse
Eran tan diferentes que estaban destinados a encontrarse

Sinopsis: Donald Trump (Donald Trump) es el polémico presidente de Estados Unidos y ninguno de sus homólogos europeos ve con buenos ojos su llegada a la Casa Blanca. Todo cambia el día que el presidente Francia, Emmanuel Macron (Emmanuel Macron), se cruza en su vida tras un desafortunado apretón de manos.

La relación entre Donald Trump y Emmanuel Macron no empezó lo que se dice con buen pie. Como en tantas comedias románticas, la fórmula mágica se basa en la premisa de la pareja destinada a encontrarse que no tiene un buen primer acercamiento. De hecho, al principio no se soportan. Pero a medida que pasa el tiempo, el vínculo entre ambos atraviesa todas las fases de las películas más pastelosas que pululan por la pantalla: la cita, la ruptura, la reconciliación...

Haciendo manitas y mirando al futuro con ilusión (Reuters)
Haciendo manitas y mirando al futuro con ilusión (Reuters)

Todo empezó en un día primaveral de mayo cuando Trump, un hombre acostumbrado a mirar por encima del hombro, encontró la horma de su zapato al cruzarse con el joven francés en la cumbre de la OTAN.

En el que fue su primer encuentro, Macron convirtió la mano del presidente americano en una sepia aplastada. Más tarde, reconoció que el gesto había sido premeditado: “No fue un apretón de manos inocente. Fue un momento de Verdad”. Un gesto desafiante, pero también un recordatorio de esa época en la que le tirabas del pelo al niño que te gustaba para llamar su atención. No en vano, en todos los patios de colegio se ha sabido siempre que "los que se pelean se desean".

Claro que Macron no es el único que compite por la atención de Trump. Otros líderes mundiales se han dado cuenta de la recompensa que puede tener colmar de piropos y gestos aduladores al presidente de EEUU. En su visita a Arabia Saudí, por ejemplo, Trump pudo ver su imagen proyectada en la pared de su hotel, paseó por la alfombra roja y fue partícipe del tradicional baile de espadas. Un cortejo en toda regla, Hugh Grant compitiendo contra Colin Firth.

Además de la competencia de otros pretendientes, en la mayoría de las 'rom-coms' existe este momento de conflicto en el que la pareja se separa. “No te vayas”, suplica uno de los dos. Pero no funciona, claro, porque si no, no habría película. A Macron-Trump les ocurrió algo parecido con el Acuerdo de París contra el cambio climático. Macron le rogó que se quedara mientras paseaban frente al mar en Sicilia, pero Trump se marchó sin mirar atrás.

''No eres tú, soy yo'' (Reuters)
''No eres tú, soy yo'' (Reuters)

El francés, con el corazón roto, se apresuró a hacer lo que todo protagonista hace cuando su corazón está roto: desahogarse. Y mientras que la táctica de Bridget Jones era comer helado, Macron se lanzó a vacilar a Trump como un loco despechado con un sorprendente discurso en inglés en el que proclamaba “Make our planet great again” en una clara burla al eslogan de campaña de su homólogo. La comedia romántica casi elevada a telenovela.

Pero al final, los protagonistas siempre recapacitan. Tras una conversación por teléfono sobre Siria, Macron acabó invitando a Trump a París para celebrar juntos el Día de la Bastilla, la fiesta nacional francesa. Y aunque es bien sabido que al presidente de EEUU no le gusta demasiado viajar (y mucho menos a Europa, donde le rechazan más que al amigo simpático en una cita doble), aceptó. "Da la impresión de que Trump se muestra seducido por Macron", murmuraban los amigos cotillas los analistas internacionales.

Unos días antes de su finde en París, Macron ya comenzó a preparar el terreno acercándose a su futuro invitado en la foto familiar de la cumbre del G-20 en Hamburgo. El joven seductor atravesó a todos los líderes políticos para colocarse junto a Trump y hacerle un saludo juguetón con ambas manos, como quien se encuentra al chico que le gusta en una fiesta y trata de tropezar con él cerca de la barra. El hombre que le indica dónde colocarse seguramente estaba en el ajo.

Y llega la hora de la escapada romántica, que es lo mínimo que se puede decir de un apretón de manos que dura unos 25 segundos en el que Macron casi pierde el equilibrio por la pasión del encuentro.

Donald Trump aterriza en París con Melania y allí es recibido por Macron y su mujer Brigitte. Y aunque el presidente francés es el anfitrión, es él quien se sube a 'La Bestia', el vehículo oficial de Trump, para ir juntos desde el Hôtel des Invalides hasta el Palacio del Elíseo, después de haber visitado la tumba del mariscal Folch, el Museo Nacional de Guerra o la tumba de Napoleón. Una vez en la residencia oficial, Melania y Brigitte se separan de sus maridos para ir a ver Notre Dame, dejando a los dos presidentes solos como cuando un grupo de amigos le prepara una encerrona a la parejita. Todo muy normal.

Compartiendo confidencias (Reuters)
Compartiendo confidencias (Reuters)
Cada vez más arrimados (Reuters)
Cada vez más arrimados (Reuters)
El contacto físico es casual, pero permanente. Que no se pierda la magia (Reuters)
El contacto físico es casual, pero permanente. Que no se pierda la magia (Reuters)
La química es imposible de disimular (Reuters)
La química es imposible de disimular (Reuters)

Este despliegue de guiños y complicidades se ve salpicado en ocasiones por los celos, como no podía ser de otra manera. En un momento de la jornada, Trump alaba con retintín el estado físico de Brigitte Macron, de 64 años. “Está en muy buena forma”, repite un par de veces, en un sutil golpe bajo para recordar la edad de la esposa del presidente francés. Cabe destacar que la diferencia de edad entre Emmanuel (39) y Brigitte (64), es prácticamente la misma que existe entre Donald (71) y Melania (47).

(Subtexto del mensaje: "Para ser una anciana no está totalmente decrépita")

Por si no había quedado claro, en otro momento de la visita, Trump saluda cariñosamente a Brigitte... para después atrapar su mano en un violento tirón de advertencia que sin lugar a dudas está diciendo: "Aléjate de él, es mío".

La cena, por supuesto, tiene lugar en lo alto de la Torre Eiffel. Un restaurante a pie de calle hubiera sido demasiado poco, demasiado vulgar para una velada como ésta.

(Reuters)
(Reuters)

A modo de guinda, Macron se apresura a hacer lo que cualquiera en su primera cita: intentar impresionar a su acompañante. Y se la juega con un desfile militar al ritmo de Daft Punk. Sin embargo, como esas ocasiones en las que uno de los dos se pasa de moderno al elegir el garito, Trump no parece estar excesivamente entretenido con el espectáculo, aunque Macron intente mantener el buen ambiente con sus continuas sonrisas.

Pero este patinazo final no emborrona una cita inolvidable. “Nada nos separará nunca. La presencia hoy de Donald Trump es el signo de una amistad que atraviesa los tiempos”, tuiteaba Macron con aires épicos. Por su parte, el estadounidense publicaba en su Twitter una imagen de los dos en la que solo faltaba una bonita puesta de sol al fondo.

Los últimos 45 minutos de la película, en los que todavía hay tiempo para una discusión en un restaurante y una llorera dramática antes de dormir, aún están por verse.

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