se presentará a un cuarto mandato

Angela Merkel, "nueva líder del mundo libre": el remedio del 'establishment' contra Trump

La canciller ha anunciado que será la candidata de su partido en las próximas elecciones generales de 2017. Nadie como ella representa la estabilidad ante los inciertos escenarios que acaban de abrirse

Foto: Angela Merkel durante una rueda de prensa en Berlín en junio de 2016 (Reuters)
Angela Merkel durante una rueda de prensa en Berlín en junio de 2016 (Reuters)

Habrá una cuarta vez. Angela Merkel ha anunciado que será la candidata de su partido en las próximas elecciones generales, previstas para septiembre de 2017. Que luchará para lograr en las urnas su cuarta legislatura, poniendo a tiro el récord en el cargo, ahora en manos del histórico Helmut Kohl. Tras las dudas sobre su liderazgo durante lo peor de la crisis de los refugiados, la canciller ha vuelto a emerger con fuerza entre los conservadores. Es percibida como la apuesta segura del partido en un entorno incierto y cambiante en el que, por momentos, se multiplican las amenazas. Desde la derecha radical, el auge de la xenófoba y euroescéptica Alternativa para Alemania (AfD); desde la izquierda, el propósito de formar un frente electoral común; y, desde el exterior, el ascenso de los populismos representados por Donald Trump y las fuerzas del Brexit en un momento de gran fragilidad en la UE.

Angela Merkel, "nueva líder del mundo libre": el remedio del 'establishment' contra Trump

"He pensado mucho al respecto. La decisión es todo menos trivial. Ni para el país ni para el partido ni para mí personalmente", comenzó Merkel este domingo en una rueda de prensa convocada expresamente para anunciar su candidatura. Pero está convencida a dar el paso: "Estoy dispuesta a presentarme de nuevo como candidata a la presidencia de mi partido y, el año que viene, a las elecciones parlamentarias de 2017". La razón es clara. Los "tiempos difíciles e inciertos" actuales le han llevado a considerar que debe poner de nuevo "por cuatro años" su "experiencia" y las "capacidades y talentos" que le han sido dados "al servicio de Alemania". Y la canciller evitó cualquier signo de triunfalismo: "Estas elecciones serán difíciles como ninguna antes, al menos desde la reunificación", debido a la "polarización" de la sociedad. Las dificultades vienen "de la derecha, como nunca antes", como "desde la izquierda. Así como desde el exterior: de las "grandes tensiones" que sufre la UE a la incertidumbre "tras las elecciones en Estados Unidos", pasando por "la situación con Rusia".

Efectivamente, ahora parecen de pronto lejanos los tiempos en los que la canciller era puesta en duda hasta dentro de sus propias filas. Cuando algunos sectores la consideraban un lastre. Pero apenas han pasado dos meses desde que en los círculos políticos y mediáticos de Berlín se hablaba del fin de la Era Merkel. Entonces se apuntaba, como síntomas inequívocos, hacia los dos varapalos electorales que los conservadores habían sufrido en sendos comicios regionales consecutivos. A principios de septiembre, su Unión Cristianodemócrata (CDU) quedó tercera en las elecciones de Mecklemburgo-Antepomerania, por detrás de AfD, tras cosechar los peores resultados de su historia en ese Land oriental. Dos semanas más tarde, en la ciudad-estado de Berlín, obtuvo de nuevo sus registros más bajos y, por aritmética, quedó relegada a la oposición. Mientras, el Partido Socialdemócrata (SPD) se aliaba con Los Verdes y La Izquierda para conformar un frente de izquierdas. Este gobierno tripartito, que ya ha echado a andar en la capital, era a juicio de algunos el anticipo de lo que podría pasar en las siguientes generales.

Antonio Martínez. BerlínAntonio Martínez. Berlín

La causa principal del decline de la canciller es su gestión de la crisis de los refugiados. Muchos militantes y simpatizantes de la CDU no han entendido por qué su líder decidió mantener abiertas las fronteras cuando, en 2015, los refugiados de Siria e Irak, pero también de Afganistán, Pakistán y Eritrea, entraban a miles cada día. Su decisión más personal y resuelta -algo extraño para esta política cauta, pragmática y gradualista de 62 años- se volvió en su contra. La situación llegó a tal punto que Horst Seehofer, presidente de la Unión Socialcristiana (CSU), hermana bávara de la CSU, llegó a insinuar que, si no cambiaba de rumbo, igual no la respaldaba como candidata común de ambos partidos para 2017. Hubiese sido la primera vez en que las dos fuerzas no concurrían juntas. Esto, según, Der Spiegel hizo que la canciller retrasase casi un año el anuncio que ha hecho este domingo.

Los escépticos de Merkel en la derecha le achacan haber puesto en peligro, además de la identidad cultural alemana, la seguridad del país al permitir la entrada de más de un millón de peticionarios de asilo desde 2015. No dudaron en emplear como arma arrojadiza los sucesos de la Nochevieja de Colonia, en los que centenares de mujeres fueron robadas, acosadas -e incluso algunas violadas- en plena calle por grupos de hombres, de los que la polícía dijo que muchos eran extranjeros y refugiados. Los dos primeros ataques terroristas en suelo alemán volvieron a poner contra las cuerdas a la canciller. Ambos atentados, perpetrados a finales de julio, fueron obra de peticionarios de asilo (un sirio y un afgano). Las detenciones de varios refugiados más acusados de preparar atentados -especialmente el del pasado septiembre en Chemnitz- han minado el capital político de Merkel.

El sondeo de noviembre de la cadena pública ARD apuntaba que, de celebrarse elecciones ahora, la CDU se impondría con el 33 por ciento de los votos. En segundo lugar aparecen los socialdemócratas (22 por ciento), seguidos por AfD (13 por ciento), Los Verdes (12 por ciento), La Izquierda (9 por ciento) y el liberal FDP (6 por ciento). El apoyo a la CDU roza los peores valores de los conservadores desde mayo de 2012, resaltan los críticos de Merkel. Sus defensores, sin embargo, recuerdan que a un año de las pasadas generales, la CDU también obtenía en las encuestas una tasa similar, y luego en las urnas logró un 43 por ciento de sufragios y acarició la mayoría absoluta.

Merkel, durante una reunión de la Asociación Federal de la Industria del Turismo de Alemania en Berlín, en septiembre de 2016 (Reuters)
Merkel, durante una reunión de la Asociación Federal de la Industria del Turismo de Alemania en Berlín, en septiembre de 2016 (Reuters)

Fortaleza frente a los populismos

Pero a pesar de tener este evidente talón de Aquiles, el repunte de las amenazas externas en las últimas semanas ha logrado que entre los conservadores se extendiese la consigna de que sólo Merkel puede hacer frente con garantías a todos los retos que se avecinan. Algunos de sus delfines, a los que se ha tanteado en las horas bajas de la canciller, como el ministro del Interior, Thomas de Maizière, o la titular de Defensa, Ursula von der Leyen, no parecen sumar tantas adhesiones dentro del partido. Ni tener la capacidad de mantener firme el timón con las tormentas que se anticipan en el horizonte alemán, europeo y global. Y los conservadores han cerrado filas, de nuevo, en torno a Merkel. "Esa chica del este" a la que Kohl, con esas palabras, despreció una vez; la misma a la que Forbes considera este año la mujer más poderosa del mundo y a la que Time situó como personalidad de 2015.

Las amenazas para los conservadores empiezan por su propia derecha, explicó la propia Merkel. AfD, surgida hace apenas tres años, tiene ya un pie dentro del Bundestag al doblar con holgura el mínimo para obtener representación. Con su discurso nacionalista, islamófobo y populista, ha logrado situarse como tercera fuerza política de Alemania, atrayéndose a antiguos votantes de derechas e izquierdas, así como a muchos abstencionistas crónicos. Que una fuerza de ultraderecha entre en el parlamento alemán es algo inédito desde 1945. El detonante que les hizo surgir y ganar fuerza en un primer momento fue la crisis del euro, pero su actual exuberancia se debe a la llegada masiva de refugiados.

Luego está la amenaza que se podría consumar a la izquierda del centro, desgranó la canciller en su rueda de prensa. Tras el tripartito del SPD, Los Verdes y La Izquierda alcanzado en Berlín -y que cuenta con el precedente de 2014 en el Land de Turingia- las direcciones de estas tres fuerzas a nivel federal están explorando la posibilidad de coaligarse, pese a sus diferencias programáticas, como única fórmula para tumbar a la derecha. A mediados de octubre tuvo lugar el primer encuentro oficial entre partidos para encauzar este proyecto, la coalición roji-roji-verde (R2G), al que las cúpulas de las tres fuerzas han dado sus parabienes. No obstante, el camino no será fácil, porque esta iniciativa genera tanta ilusión como recelos. Las distancias, sobre todo en política exterior, lo pueden hacer inviable.

Antonio Martínez. BerlínAntonio Martínez. Berlín

Y entonces llegó Trump. La victoria del magnate inmobiliario ha sembrado de incertidumbres el futuro, sobre todo para Europa. Sus promesas de acabar con los acuerdos comerciales (como el TTIP que negocian Washington y Bruselas), de buscar entendimientos con el presidente ruso Vladímir Putin y de reducir sus aportaciones a la OTAN han inquietado a más de uno al otro lado del Atlántico.

El nuevo inquilino de la Casa Blanca llega además en un momento extremadamente delicado para la UE. Merkel habló de las "dificultades europeas" y habló de "la crisis del euro", la "crisis de los refugiados" y del Brexit. La decisión de Reino Unido de abandonar el proyecto ha sido el ultimo mazazo contra una estructura ya dañada por las crisis de la deuda y de los refugiados. El auge del nacionalismo euroescéptico está minando el proyecto común. Algunos están ya en el gobierno, como es el caso de Hungría y Polonia. Y pronto podrían ser más. 2017 será un año "difícil" en términos electorales, señaló el presidente español, Mariano Rajoy, en su reciente visita a Merkel. Francia y Holanda celebran elecciones en los próximos meses y la francesa Mariane Le Pen y el holandés Geert Wilders tienen opciones de hacerse con la victoria.

Por eso, intuyendo las turbulencias, Barack Obama elogió sin contención a Merkel en su gira europea de despedida. Dijo que es una "gran amiga" y una "socia increíble", que es "dura", "fiable", sincera y analítica, además de estar dispuesta a "luchar por sus valores" y defender "el orden democrático" liberal. "Si yo fuera de aquí, si fuera alemán, sería su seguidor, le daría mi voto", apostilló el presidente saliente de Estados Unidos. Grandes medios de comunicación, del New York Times al Financial Times, portavoces del establishment y del centro-derecha liberal, no cesan de halagarla en los últimos días. Algunos no han dudado en coronarla como la nueva líder del mundo libre, tras la llegada de Trump. Merkel sigue, no obstante, con los pies en el suelo. En la rueda de prensa tachó de "grotesco" y "absurdo" todas estas esperanzas puestas en ella. "Nadie puede solo" cambiar el mundo. "Sólo juntos podremos tener éxito", apuntó. No obstante, dejó traslucir algo de optimismo: "Me siento bien preparada y tengo muchas ideas".

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