el voto oculto y el desencanto le favorecen

"Make the Netherlands Great Again": cómo Wilders podría ganar en Holanda

Se cree que el Partido de la Libertad (PVV) duplicará votos en las elecciones de marzo e incluso podría vencer. Pero no podrá gobernar si no logra una alianza que hoy parece muy difícil

Foto: Geert Wilders vota durante un referéndum consultivo en La Haya, en abril de 2016 (Reuters)
Geert Wilders vota durante un referéndum consultivo en La Haya, en abril de 2016 (Reuters)

Tras el terremoto Donald Trump en EEUU, en Europa preocupa un efecto dominó. Y en ese esquema, Holanda aparece muy arriba en la lista: Geert Wilders ha ido ganando terreno durante este último año entre los holandeses, indignados con las políticas del actual gabinete, y ha logrado liderar varias encuestas sobre la intención de voto. El Partido de la Libertad (PVV) puede obtener hasta un 28% -el doble de lo que tiene ahora- en el Parlamento durante las elecciones de marzo de 2017. Pero sus votantes no se conforman con eso y confían en que los sondeos vuelvan a errar, como ya lo hicieron con Trump, y sitúen a la ultraderecha holandesa al frente del Ejecutivo en los Países Bajos. El voto oculto y la decepción con el actual sistema pueden hacer que Holanda, un país tradicionalmente tolerante, esté dirigido por un candidato que encarna el euroescepticismo y la islamofobia.

“No te creas lo que digan las encuestas, el PVV gana mucho más en mi encuesta y en la de mi gente, solo hay que salir a mi barrio y alrededores, y preguntarle a los ciudadanos comunes que están cansados de que [los políticos] nos mientan y engañen”, resalta Toos, funcionaria y trabajadora social de la ciudad de Leiden. Como ella, miles de holandeses que esperan el día de su jubilación, están en cólera por las reformas que tienen a las personas de más edad como objetivo. En el año 2025, para retirarse del mundo laboral habrá que tener 67 años, según promete el actual Gobierno de Mark Rutte. Esa medida reduciría el número de pensionados en medio millón para dicha fecha, según la oficina de Estadísticas.

Para ellos, Wilders tiene una tentadora propuesta que pocos podrán rechazar: recuperar los 65 años como edad de jubilación y cancelar cualquier cambio anterior. La retórica populista y antisistema que le ha funcionado a Trump, está siendo la grandilocuencia de la ultraderecha holandesa para ganarse a los votantes. "En lugar de financiar a las gente que no queremos aquí, vamos a darle el dinero al holandés común", alardea Wilders, en referencia a los inmigrantes que –según él- se benefician de las arcas del Estado.

"En lugar de financiar a las gente que no queremos aquí, vamos a darle el dinero al holandés común", alardea Wilders, que ha prometido revertir la reforma de la jubilación del Gobierno RutteLas elecciones son el próximo marzo, y pocos se fían de lo que cuentan los políticos o los sondeos. “No me importa lo que digan las encuestas, yo tomo mis propias decisiones. Para salvar el euro, estamos sobreviviendo cada mes, nuestros ahorros han desaparecido y es un lujo tener comida en la mesa. Estamos trabajando, pero ¿para qué?”, dice Nelly, enfadada y sin querer dar más detalles sobre su profesión. Es joven, trabaja en La Haya y ronda los 30 años. Aunque no haya empezado aún la campaña electoral, la victoria de Trump ha obligado a los políticos a pronunciarse sobre el futuro de Holanda, a falta de cinco meses para que se decida en las urnas quién gobernará el país. 

La mirada está puesta en Wilders, que apoyó al estadounidense incluso con un viaje a Cleveland para asistir a la convención republicana. El argumento que más está calando, sin diferencia de clases, es su discurso contra la inmigración árabe y musulmana, en especial contra refugiados, marroquíes y turcos. Wilders ha propuesto un plan para “des-islamizar” los Países Bajos. Un escueto documento A4 que resume los principales puntos de su campaña en un contexto de “1.400 años de yihad”, en referencia a los años aproximados de historia que tiene el islam. Los temas en los que incide son la inmigración, la inmigración y la inmigración. No habrá más solicitudes de asilo y las que estén ya en proceso serán denegadas. Habrá que cerrar todas las mezquitas y escuelas islámicas, prohibir el Corán –que compara con el Mein Kampf de Hitler-, vetar el pañuelo en las oficinas públicas y penalizar las “expresión del islam que interfieran con el orden público”. 

Y es lo que ha hecho que se gane a cada vez más votantes. Sjoerd apostará por el PVV porque representa lo contrario a lo que está acostumbrado a ver. Él es de Ámsterdam, está a punto de cumplir los sesenta, y trabaja en Recursos Humanos de una compañía holandesa. “No soy racista, en absoluto, pero estoy harto de todo esto”, advierte. Eso, de lo que está cansado, es la delincuencia. “La comunidad marroquí se siente discriminada porque las listas que maneja la policía están llenas de gente de origen marroquí, ¿qué hacemos? ¿los sustituimos por pitufos?”, ironiza este holandés, para poner voz a todos sus compatriotas que relacionan la inmigración con los problemas económicos y de seguridad que amenazan el país. No obstante, esto contrasta con las cifras oficiales. Holanda ha tenido que ofrecer en alquiler sus centros penitenciarios debido a la escasez de delincuentes.

Miembros de la rama holandesa del movimiento islamófobo Pegida se manifiestan en Schiphol, frente al tribunal donde se juzgaba a Wilders por
Miembros de la rama holandesa del movimiento islamófobo Pegida se manifiestan en Schiphol, frente al tribunal donde se juzgaba a Wilders por

Una tolerancia a punto de saltar por los aires

“Mi plan para los Países Bajos se llama Liberación. Seis de cada diez reclusos en los Países Bajos son inmigrantes, y de todos los presos, más del 10% son de origen marroquí. Los jóvenes marroquíes son casi cinco veces más señalados como sospechosos de un crimen que los nativos. Un político que guarda silencio acerca de esto es directamente un inútil”, sentenció Wilders, en un comunicado. Para él, este es el momento de hablar claro: “el dinero holandés es para los holandeses. Ni un céntimo más para África, Turquía, Grecia o Bruselas”, amenazó.

Sus colegas en el Parlamento le consideran demasiado radical. El político Ahmed Marcouch, holandés de origen marroquí, reconoce que muchos inmigrantes “no se molestan en adaptarse, y ni siquiera aprenden el idioma, y eso es lo que provoca el rechazo a los extranjeros”. Pero el diputado del PvdA (Partido Laborista) no considera que Wilders sea la solución, más bien “fomenta más el odio y genera aislamiento de los extranjeros”. La alternativa es encontrar un equilibrio entre el interés social y la tradicional tolerancia de la que Holanda siempre ha estado tan orgullosa. Es decir, apostar precisamente por medidas que “favorezcan la integración”, y no por un líder que provoque el efecto contrario.

"Los jóvenes marroquíes son casi cinco veces más sospechosos de un crimen que los nativos. Un político que guarda silencio sobre esto es un inútil”, clama WildersLos holandeses, conocidos entre los extranjeros como “una sociedad muy práctica”, han tenido que aprender a vivir en respeto en un mismo territorio. Quien conoce bien su historia es Diederik Brink. Se trataba –analiza para El Confidencial- de una “solución práctica al equilibrio de poder” entre los diferentes grupos de católicos, protestantes, socialistas y liberales. “A diferencia de otros países, donde había una religión o idea dominante, en Holanda las personas trabajaban, socializaban, iban al colegio y veían la televisión dentro de su círculo”, resume el analista político. Una solución práctica, dice, para una sociedad de “comerciantes”: que cada cual se ocupe de su propio negocio, si se pelean entre ellos, nadie sale ganando.

Y es que a diferencia de muchos países, la tolerancia religiosa forma parte de la realidad de los Países Bajos. El velo, como símbolo del islam, es un símbolo asumido por la sociedad en el espacio público. El Gobierno trabaja codo con codo con las instituciones religiosas como las mezquitas o centros islámicos, a las que reconoce y financia, de igual manera que hace con centros judíos y cristianos. La política tampoco conoce de discriminación. El Parlamento está presidido por Jadija Arib, una política neerlandesa de origen marroquí, que llegó a sus quince años al país y desarrolló una exitosa carrera en el PvdA. Desde 2009, el alcalde de Rotterdam es Ahmed Abutaleb, inmigrante y musulmán con un discurso contundente sobre el yihadismo, lo que le ha hecho ganarse el respaldo de su ciudad. “Si no os gusta la libertad de Occidente, entonces por favor, haced las maletas e iros a otra parte”, dijo el político, de 56 años, dirigiéndose a los islamistas radicales de Holanda.

Aunque algunos aplauden esto como motivo de orgullo, otros lo califican de “islamización del país”, en palabras de Wilders. Su discurso no es políticamente correcto. Tampoco lo era el de Trump. Pero eso es lo que parece que función ahora contra lo que la ultraderecha llama “la elite”. El problema, señala el analista Brink, está en la corrección política que limita a los gobernantes actuales hablar de temas delicados como la inmigración, las tasas de criminalidad o el desempleo. “Eso permite a un demagogo populista aprovechar los sentimientos que albergan muchas personas. En otras palabras, es el propio sistema el que crea las condiciones para que existan personas como Wilders y Trump”, sentencia. Y eso fue lo que precisamente dijo el candidato del PVV. Esto es una “primavera patriótica”. Ahora es el momento de Europa. “Podemos y vamos a hacer lo mismo”, dijo en un llamamiento al electorado holandés.

Marine Le Pen y Geert Wilders se saludan durante un congreso del Frente Nacional en Lyon, en noviembre de 2014 (Reuters)
Marine Le Pen y Geert Wilders se saludan durante un congreso del Frente Nacional en Lyon, en noviembre de 2014 (Reuters)

La tentación de votar por Wilders

Marteen, funcionario de 45 años de edad y residente en La Haya, reconoce que tiene “la tentación de votar por Wilders”. Prefiere que su nombre real no sea mencionado por El Confidencial porque “no está bien visto votar por una persona así”. Explica que la razón de su voto es que es el ultraderechista es el único político que se atreve “a decir la verdad, a hablar y protestar por lo que la gente está realmente preocupada”. Le inquita la falta de oportunidades laborales, el exceso de inmigración, la economía “controlada por la Unión Europea” y el terrorismo. Wilders –señala Marteen- reconoce los “verdaderos problemas del país y promete acabar con ellos”, aunque nadie esté seguro de que lo vaya a hacer, al menos la gente “siente que hay alguien que les representa” en la esfera política. “La élite siempre nos ha mentido”, concluye.

Para ganarse el voto, el PVV promete una larga lista de recortes en impuestos y aumento de las ayudas al alquiler para satisfacer a los votantes de bajos ingresos, aunque en el folio donde lo expone no especificar cómo o de dónde sacará presupuesto para ello. Quizás de su plan de des-islamización que, según él, ahorraría unos 7.200 millones de euros al año a las arcas del Estado, en gran parte gracias al cierre de centros de asilo y mezquitas. Esto, sin contar la eliminación de las ayudas sociales y las multas “al comportamiento de los musulmanes”. O de su idea de reducir fondos para la innovación, las artes, la energía eólica, el desarrollo, etc. que supondría unos 10.000 millones menos de gasto. En un país donde escasea la tierra y donde la mayor ventaja es la amplia zona de mar abierto, el abandono de la energía eólica –dicen los analistas- es como cortarle uno de sus propios pulmones a los Países Bajos.

El ultraderechista es "el único político que se atreve a decir la verdad, a hablar y protestar por lo que la gente está realmente preocupada”, dice un ciudadano que se plantea votar por élEl holandés Diederik Brink advierte, en una conversación con El Confidencial, que “la primera lección sobre la victoria de Trump es que es imposible hacer predicciones”. En Holanda hay al menos diez partidos políticos que se dividen el pastel parlamentario cada vez que se celebran comicios. Aunque el PVV espera obtener hasta un 28% de la cámara de representantes, el modelo político holandés, basado en el consenso, puede evitar que Wilders sea primer ministro el próximo marzo. Para gobernar, los partidos deben formar una coalición, y esa necesaria cooperación obliga a los partidos a buscar un terreno común. El político antisistema lo tiene difícil en este caso porque, de momento, los partidos tradicionales han descartado formar una coalición con él. Aunque algunos han reconocido que hay un mensaje claro detrás de los resultados de las elecciones estadounidenses: “Es una llamada de atención, pero tenemos tiempo [antes de marzo] para formular respuestas”, advirtió Sybrand Buma, el líder democristiano.

Tanto Wilders como Trump son “muy hábiles para aprovechar la ira” de los votantes, señala el analista. Los políticos regulares, los que son vistos como parte del sistema, -explica- a menudo no se dan cuenta ni reconocen el nivel de descontento popular. “Este fue también el caso en el Brexit”, asegura. Es difícil ver un país como Holanda “gobernado por un racista”, afirma Brink, pero las cosas han cambiado: los euroescépticos son cada vez más ante una Unión con amplios poderes supranacionales y los inmigrantes dominan barrios en diferentes ciudades. “Wilders entiende eso y le da voz a los que sienten que su país no está cambiando a mejor. Él aprovecha el sentimiento de ira, miedo y odio para que la gente se sienta identificada, aunque en el fondo no esté ofreciendo ninguna solución mágica”, incide el experto holandés.

Wilders se ha ganado con mucho esfuerzo el calificativo de hijo pródigo de Trump. Para quien le ha escuchado hablar, no hay duda en que ha heredado sus misma palabras, tono, estilo, xenofobia y hasta intenciones de blindar el país. Es lo que promete si el próximo mes de marzo gana las elecciones. “¿Queréis más o menos marroquíes?”, espetó al público en una cafetería en La Haya hace un par de años. “Menos, menos”, le contestaron todos coreando. Con ese programa quiere gobernar el país, y esas mismas palabras le han llevado este mes de noviembre ante la justicia por incitación al odio. 

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