SE CREE QUE ES EL "TERCER HOMBRE" de zaventem

El artificiero de 24 años que sembró la muerte de París a Bruselas

Najim Laachraoui estuvo en el aeropuerto de Zaventem, pero no se hizo estallar. El motivo: es la pieza más valiosa del grupo que ha sembrado el terror en Francia y Bélgica

Foto: Najim Laachraoui, cuando la policía todavía le conocía solamente por el nombre de Soufiane Kayal
Najim Laachraoui, cuando la policía todavía le conocía solamente por el nombre de Soufiane Kayal

El taxista que llevó a los tres hombres al aeropuerto de Zaventem recuerda ahora con un escalofrío cómo le ordenaron “no tocar sus equipajes” cuando se ofreció a ayudarles. Los individuos colocaron sus maletas en un carrito y se dirigieron al interior del edificio. El resto lo vimos ayer en las noticias.

El artificiero de 24 años que sembró la muerte de París a Bruselas

Lo extraño, a primera vista, es que uno de los hombres se apartó de los otros dos, abandonó su carga explosiva -encontrada ayer por los artificieros belgas- y se marchó. Según la información disponible hasta ahora, el "tercer hombre" del aeropuerto es Najim Laachraoui, el hombre más buscado de Bélgica.

Laachraoui, en una foto de pasaporte difundida tras su identificación
Laachraoui, en una foto de pasaporte difundida tras su identificación

Mientras siga en libertad, una matanza como la de ayer podría volver a repetirse. Una tragedia que, en realidad, no era sino el segundo episodio de los atentados de París del pasado noviembre. Porque todo apunta a que Laachraoui -cuya verdadera identidad se conoce desde apenas una semana- es el fabricante de bombas de la “célula belga” liderada por Salah Abdeslam, la responsable de aquella atrocidad.La probable implicación de Laachraoui ya fue adelantada ayer por El Confidencial. Su ADN fue encontrado en los chalecos explosivos utilizados en París -uno de los cuales fue abandonado por Abdeslam, quien en el último momento decidió no hacerse estallar-, así como en el apartamento del barrio bruselense de Forest asaltado por la policía belga la semana pasada, en el que fue abatido el terrorista Mohamed Belkaïd. Quédense con ese nombre. La coincidencia en los explosivos (Triperóxido de triacetona, o TATP, cuyos ingredientes fueron hallados en el piso de Schaerbeek registrado anoche por las autoridades belgas) también hacían pensar que la misma mano se encontraba detrás de ambos atentados.

Se busca a Soufiane Kayal

Hasta hace apenas unos días, a Laachraoui sólo se le conocía por su falsa identidad de Soufiane Kayal, aquella bajo la que se presentó cuando fue interceptado por la policía húngara en un control en la frontera con Austria, en septiembre del año pasado. En el mismo vehículo viajaba un tal Samir Bouzid, así como Salah Abdeslam. Todavía faltaban dos meses para los ataques de París, y al no tener nada contra ellos, los agentes les dejaron marchar.

Laachraoui, en una imagen difundida por la policía belga el 21 de marzo de 2016
Laachraoui, en una imagen difundida por la policía belga el 21 de marzo de 2016

Samir Bouzid era en realidad Belkaïd, tal y como quedó claro tras su muerte la semana pasada. Abdeslam y Laachraoui, que se encontraban también en Forest, lograron huir, aunque el primero fue aprehendido pocos días después. El otro pudo permanecer oculto, y, tal y como muestran las cámaras de seguridad del aeropuerto de Zaventem, llevar a cabo una mortífera operación que, sin duda, llevaba tiempo siendo gestada.

Laachraoui, de apenas 24 años, tiene estudios de ingeniería electromecánica, lo que le convertía en un valioso recluta para el Estado Islámico. Se sabe que en 2013 viajó a Siria, donde culminó su radicalización, y casi con certeza su formación como artificiero. Se sospecha que pudo volver a Europa haciéndose pasar por un refugiado sirio (y se cree que ese era el motivo de su presencia en Hungría, donde Abdeslam habría ido a recogerle). Sus conocimientos le convertían en el miembro de más alto perfil de la “célula belga”: a diferencia de los demás, voluntarios a los que enviar a la muerte, Laachraoui estaba en condiciones de seguir fabricando explosivos después de cada atentado.

Eso explicaría por qué, a diferencia de Brahim El Bakraoui y el tercer terrorista de Zaventem, Laachraoui optó por no hacerse estallar. Tal vez a los otros dos se les indujo a creer que estaban todos al mismo nivel, que entrarían juntos en el paraíso, y por eso había una tercera bomba, la que transportaba el artificiero. Pero Laachraoui tenía otros planes. Sean cuales sean, no auguran nada bueno.

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