los civiles, las mayores víctimas del conflicto

"Van a derribar mi casa porque mi hermano apuñaló a un israelí"

Los Jabari aguardan angustiados la demolición de su vivienda, el castigo que Israel aplica a las familias de quienes considera terroristas. Como Mohamed, que asesinó a un soldado

Foto: Palestinos en la casa de Mohamed al-Haroub, cuya vivienda fue parcialmente demolida por el Ejército israelí, en Dir Samt, al sur de Hebrón (Reuters).
Palestinos en la casa de Mohamed al-Haroub, cuya vivienda fue parcialmente demolida por el Ejército israelí, en Dir Samt, al sur de Hebrón (Reuters).

“Puede que esta misma tarde vuelva a mi casa y el ejército israelí la haya derribado". Asma Jabari, una joven profesora de inglés de la ciudad palestina de Hebrón, vive angustiada, a la espera de que las Fuerzas de Defensa de Israel cumplan el castigo con el que amedrentan a los familiares de los palestinos que consideran terroristas. Y es que hace cuatro meses, su hermano Mohamed -de solo 18 años- apuñaló con un cuchillo a un soldado hebreo en el asentamiento judío de Kyriat Arba, a las afueras de Hebrón. Tras el ataque, Mohamed fue abatido a tiros. Ahora, su familia espera a que cualquier día les expulsen de su hogar como represalia.

Asma, que mantenía una estrecha relación con su hermano, asegura que era un chico normal. Recuerda con una sonrisa que ella era la confidente amorosa de Mohamed, quien mantenía un noviazgo en secreto para no levantar revuelos en la muy conservadora Hebrón. Sin embargo, pese a su amistad, la joven desconocía por completo las intenciones de su hermano. Mohamed nunca había tenido problemas con los judíos. “Incluso una vez vino corriendo a casa a contarnos que acababa de ayudar a un colono que se había perdido por la ciudad”, recuerda con ironía su hermana.

Pero las cosas empezaron a cambiar en julio, cuando el matrimonio palestino Dawbasha y su bebé de un año y medio fueron quemados vivos por colonos judíos. Entonces, cuenta Asma, Mohamed empezó a interesarse “por el concepto de la yihad”. Una yihad muy diferente de la supuesta guerra santa por la que claman los combatientes del Estado Islámico, a quienes muchos palestinos no consideran musulmantes. En Palestina, casi todos entienden la palabra 'yihad' ("esfuerzo", en su sentido literal) como cumplir con las obligaciones de un buen musulmán. Y esto incluye no matar. Es por eso que Asma insiste en que no se esperaba que su hermano hiciese algo así. “Si hubiese conocidos sus intenciones, se lo habría impedido”, asegura Asma, “pero no me avergüenzo de lo que hizo Mohamed, solo intentó defender nuestra tierra”, añade.

Asma Jabari, cuyo hermano asesinó a un soldado isarelí, en su vivienda de Hebrón (Abel Cobos).
Asma Jabari, cuyo hermano asesinó a un soldado isarelí, en su vivienda de Hebrón (Abel Cobos).

Y es que familias palestinas como la de Asma ven la ocupación israelí como algo traumático. La mayoría ha dejado de acudir a la Mezquita de Abraham, en el centro histórico de Hebrón, porque lo consideran peligroso. La zona está militarizada por el ejército israelí, puesto que Hebrón es la única ciudad palestina donde hay colonos instalados en el núcleo urbano, y por ello a menudo se suceden enfrentamientos entre palestinos, soldados y colonos. “Los soldados se atreven a tocar a nuestras mujeres, algo que está prohibido en nuestra cultura, y además nos llaman terroristas cuando ni siquiera tenemos armas”, cuenta con resentimiento.

Las aulas de la escuela donde Asma imparte clases de inglés a niños y adolescentes están decoradas con dibujos realizados por los alumnos. Uno de ellos muestra a un judío apuñalado. Y no es el único ejemplo de odio hacia los israelíes que sale de esas aulas. “Una vez los alumnos tenían que hacer una presentación sobre la vida de un personaje ilustre. Un chico escogió a Adolf Hitler y ni siquiera mencionó el Holocausto en su exposición”, cuenta aún sorprendida Melany, una joven alemana que está haciendo un voluntariado en esa escuela.

"Lo hacen por frustración"

Sea como sea, el dibujo es la caricatura de una escena muy habitual en el actual imaginario colectivo tanto de israelíes como de palestinos. Desde septiembre del año pasado, ha habido unos 200 apuñalamientos en Israel y los territorios ocupados por los que 34 personas han muerto, la mayoría judíos. A su vez, unos 190 palestinos han sido abatidos por las fuerzas israelíes. Dos tercios de ellos eran atacantes con cuchillo como Mohamed. El resto han muerto en enfrentamientos con la policía y el ejército.

Pese a que esta ola de violencia ha sido bautizada como "Intifada de los cuchillos", poco tiene que ver con las anteriores revueltas palestinas contra la ocupación israelí. “Estamos ante un movimiento que no cuenta con una infraestructura organizada como en las otra intifadas, los jóvenes palestinos que apuñalan a judíos lo hacen por frustración y sin recibir órdenes de nadie”, asegura Uri Sommer, politólogo de la Universidad de Tel Aviv. Por eso, estos jóvenes han sido apodados “lobos solitarios”. Y en cinco meses ya van dos centenares de ellos. Doscientos jóvenes como Mohamed, que desconfían por completo del gobierno de la Autoridad Nacional Palestina y deciden tomarse la justicia por su mano.

Un soldado israelí y médicos en torno al cadáver de un israelí asesinado por un palestino en Khirbit Al-Misbah, Cisjordania (Reuters).
Un soldado israelí y médicos en torno al cadáver de un israelí asesinado por un palestino en Khirbit Al-Misbah, Cisjordania (Reuters).

Y es que las nuevas generaciones palestinas ya no ven en las dos formaciones políticas enfrentadas, Fatah y Hamás, una solución contra la ocupación israelí. “No nos importan ni los unos ni los otros, ambos son unos idiotas que se pelean entre ellos cuando ni siquiera tenemos un país propio”, comenta Asma con indignación. Y tampoco ayuda la imagen pública de Mahmud Abbás: mientras el presidente palestino es acusado en Israel de instigar los apuñalamientos contra judíos, entre los palestinos se extiende la imagen de un Abbás “títere y colaboracionista con Israel”. De hecho, en el claustro de profesores de la escuela de inglés todos se ríen al ser preguntados por la legitimidad que tiene esta figura entre los palestinos.

“Quizás algún día se unan [Fatah y Hamás] y podamos empezar a combatir el sionismo”, afirma Asma sin medias tintas. Para ella, la solución de los dos estados, uno judío y uno palestino, no es viable. “Tenemos que echar a los judíos que han venido a quitarnos nuestras casas”, sentencia. De ser así, solo las familias judías que convivían con los árabes antes de la ocupación israelí tendrían derecho a quedarse. Pero en ningún caso los colonos judíos, a los que acusa de “robarnos la tierra”.

Pero la visión al otro lado de la Línea Verde es totalmente opuesta. Según el Pew Research Center, un 48% de los israelíes judíos creen que los árabes tendrían que ser expulsados de Israel. Además, un 41% defienden que los asentamientos judíos como los de Hebrón, donde Mohamed perpetró su ataque, son necesarios para garantizar la seguridad del Estado judío. Sea como sea, Asma no quiere más “muertes inútiles”. Tras su hermano, siete amigos suyos han muerto. Y así hasta el próximo Mohamed Jabari.

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