SIETE MUERTOS EN UNA SINAGOGA de jerusalén

Terrorismo 'low cost'

Esperaron durante una hora en un Skoda blanco antes de actuar. Solo cuando el rezo matutino había comenzado, cuando nada se movía en el interior, los

Esperaron durante una hora en un Skoda blanco antes de actuar. Solo cuando el rezo matutino ya había comenzado, los dos atacantes palestinos irrumpieron en la sinagoga. Armados con un hacha, un cuchillo y un revólver se lanzaron contra las decenas de fieles que oraban en el templo, un complejo religioso ubicado en el barrio ortodoxo de Har Nof, en Jerusalén Oeste, que alberga una escuela talmúdica. Eran Ghassan y Udai Abu Jamal, primos de Jerusalén Este. Uno de ellos trabajaba como limpiador en el templo; el otro, en un supermercado cercano. Asesinaron a cuatro personas antes de ser abatidos por la policía israelí. Las víctimas eran rabinos que emigraron a Israel desde sus respectivos países de origen; tenían doble nacionalidad, tres estadounidense y uno británica. Horas después, un agente que resultó herido en el atentado falleció en el hospital.    

El ataque más grave en Jerusalén desde la Segunda Intifada -que también dejó ocho heridos, algunos graves- ha llevado al primer ministro, Benjamin Netanyahu, a reforzar la seguridad en torno a la ciudad santa y prometer que "responderá con puño de hierro al brutal asesinato de judíos que habían acudido a rezar". El premier israelí también decretó nuevas medidas punitivas, como la destrucción de las viviendas de los atacantes, el enterramiento de los autores fuera de Jerusalén y el levantamiento de nuevos check-points en las salidas de zonas árabes. “Estamos en un combate por Jerusalén, nuestra capital eterna”, dijo tras reunirse con su gabinete de seguridad.

Coches utilizados como armas, cuchillos de cocina, hachas... las nuevas técnicas de violencia distan mucho de las propias hace una década. La segunda Intifada hizo uso de artefactos explosivos en autobuses, en discotecas o mercados y de atentados suicidasJerusalén es testigo de una creciente tensión desde el secuestro y asesinato de tres jóvenes estudiantes judíos en un bloque de colonias en Cisjordania, cuyos restos fueron localizados en Hebrón. La venganza llegó de manos de unos radicales judíos que asesinaron a un adolescente palestino de Jerusalén Este al que hicieron tragar gasolina para después quemarle vivo. Esas muertes fueron la antesala de la ofensiva contra Hamás en Gaza para detener el lanzamiento de cohetes desde la Franja. Desde entonces, han aflorado las provocaciones mutuas entre las dos comunidades en la ciudad santa, sumida en un clima de tensión que ha encendido el debate sobre si se está produciendo una nueva Intifada palestina

El pasado 22 de octubre el palestino de Jerusalén Este, Adbel-Rahman Shaloudi, arrollaba con su coche a un grupo de israelíes junto a la parada del tranvía. En el atentado morían un bebé y una jóven de 20 años; segundos después, el asaltante era abatido por la policía. Días después, un palestino intentaba acabar a tiros con el radical Yehuda Glick, un activista israelí que pretende abrir las puertas de la Explanada de Al Aqsa a los judíos. Horas más tarde, la policía israelí mataba al palestino Mutaz Hijazi en el tejado de su casa tras acusarle de la autoría del atentado contra Glick. Ese mismo día las autoridades cerraron los accesos a la mezquita de Al Aqsa, provocando la furia entre la comunidad musulmana.

Cinco días más tarde, otro palestino utilizó su coche para atacar a israelíes. La ola de violencia llegó hasta los pueblos árabes del norte de Israel, cuando un joven acusado de intento de atentado murió tiroteado por la policía. Con la tensión en máximos, las alarmas saltaron definitivamente el 8 de noviembre: armados esta vez con cuchillos, dos palestinos asesinaron a dos israelíes, uno en Tel Aviv y otro cerca de un asentamiento en Cisjordania. En los medios se comenzó a especular sobre el posible comienzo de una Intifada. Surgieron represalias, y un conductor palestino apareció ahorcado en su autobús. Al día siguiente, dos palestinos de Jerusalén Este entraron armados en una sinagoga y mataron a cuatro judíos mientras practicaban el primer rezo del día.

Estremecedor relato de un testigo del atentado en Israel

La 'coche-Intifada'

Coches utilizados como armas, cuchillos de cocina, hachas... las nuevas técnicas de violencia distan mucho de las propias hace una década. La segunda Intifada hizo uso de artefactos explosivos en autobuses, en discotecas, mercados o incluso de los atentados suicidas. El armamento low cost que utiliza la nueva generación de terroristas es una clara muestra de la realidad a la que se enfrenta la juventud palestina. “Utilizan lo que tienen”, explica a El Confidencial el periodista del periódico palestino AlQuds, Mohamed Zahaikah, “Sobre todo en Jerusalén Este los palestinos no tienen armas. Israel controla la entrada y salida de casi todos los productos, por eso ahora hacen uso de materiales caseros o de uso cotidiano”.

La mayoría de los atacantes son jóvenes, algunos no llegan a los 20 años. En comparación con otros años de violencia, los autores de los atentados no militan en grupos religiosos ni pertenecen a grandes grupos de resistencia“El comienzo de la nueva Intifada es cuestión de tiempo”, explica Zahaikah, “el desencadenante ha sido el tema de la mezquita de Al Aqsa, el intentar controlar nuestro lugar sagrado (Israel ha negado que se vaya a cambiar el status quo). Eso ha vuelto a la gente loca”, dice este periodista palestino. “La frustración es el móvil de los últimos ataques”, asegura sobre los palestinos jerusalemitas, quienes viven aislados por el muro del resto de Cisjordania, están sometidos a la autoridad israelí de la capital, sufren medidas discriminatorias y no tienen pasaporte. La mayoría de quienes han llevado a cabo los ataques son jóvenes, algunos de ellos no llegan a los 20 años. Pero, en comparación con otros años de violencia, los autores de los atentados no militan en grupos religiosos ni pertenecen a grandes grupos de resistencia.

Adbel-Rahman Shaloudi, Ibrahim al-Akri, Nur a-Din Hashiya, los primos Ghassan y Uday Abu Jamal, todos ellos actuaron de manera individual. El Frente Popular de la Liberación de Palestina reconoció que los autores de la “masacre de la sinagoga” eran miembros de su organización. Además, Hamás elogió públicamente “la operación de venganza”. Sin embargo, ni Hamás ni el Frente Popular organizaron el atentado. El inspector de policía israelí Yochanan Danino aseguró ayer que se trata de un acto de violencia “independiente” llevado a cabo por “lobos solitarios”. “Células independientes” (un término usado por los israelíes), como la de aquéllos que secuestraron y mataron a los tres adolescentes israelíes y que precipitaron la operación sobre Gaza.

“Es muy difícil prevenir con antelación incidentes de este tipo”, declaró el comisario sobre lo ocurrido en la sinagoga. Y es que la “Intifada solitaria” puede presentar grandes problemas para las fuerzas israelíes, ya que es más compleja su detección. Los servicios de inteligencia no tienen una sólida estructura que perseguir, unos miembros que rastrear ni unos ataques planeados que detener. Jerusalén presenta un problema más. Mientras sea Israel y no la Autoridad Palestina quien tenga el control sobre los más de 300.000 palestinos de la capital será más difícil detenerles. De momento, parece que la violencia irá a más. Si los israelíes la aplastan, existe el riesgo de que las manifestaciones se extiendan a Cisjordania y, con el levantamiento de los árabes israelíes, que los enfrentamientos se extiendan a todo el territorio.

Israel acusa a Abás de instigar la violencia

Netanyahu también cargó ayer contra el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abás, a quien responsabilizó de instigar la violencia que sufre la ciudad santa desde hace semanas. “Esto es el resultado directo de la instigación de Hamás y Abu Mazen (nombre de Abás en la clandestinidad), que la comunidad internacional ignora de forma irresponsable”, denunció. Otros miembros del Ejecutivo hebreo sumaron sus voces a la de Netanyahu para acusar al dirigente palestino de promover ataques como el de ayer. Abás, por su parte, condenó el ataque, por primera vez en meses de forma explícita, mientras que el jefe del servicio de inteligencia interior israelí, Yoram Cohen, afirmó, en contra de las declaraciones gubernamentales, que “Abás no está interesado en el terrorismo. Ni siquiera bajo la mesa, aunque así se interpreten sus declaraciones por parte de algunos sectores”, dijo.   

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