A. BREGMAN, EXCAPITÁN Y AUTOR DE ‘LA OCUPACIÓN’

“Israel es un ocupante cruel y brutal. Las torturas, las escuchas, eso es lo que no veis”

Ahron Bregman, excapitán del Ejército israelí, se exilió tras criticar una ocupación que demuestra “que quienes han sufrido terribles tragedias pueden actuar igual".

Foto: Soldados israelíes de la Brigada Golani forman un círculo antes de entrar en la Franja de Gaza, el 30 de julio de 2014. (Reuters)
Soldados israelíes de la Brigada Golani forman un círculo antes de entrar en la Franja de Gaza, el 30 de julio de 2014. (Reuters)

Ahron Bregman tenía nueve años cuando, una mañana, su padre, exultante, le enseñó una fotografía de Moshé Dayan, el carismático comandante en jefe y ministro de Defensa israelí. “Este es el hombre que nos llevará a la victoria”, le dijo. Una semana después estalló la Guerra de los Seis Días (1967), y el brillante estratega de un solo ojo consiguió derrotar a los enemigos árabes. Aquello supuso el inicio de la ocupación de los territorios palestinos, que ahora Bregman, profesor de estudios bélicos del King’s College y excapitán del Ejército israelí, desgrana en un libro riguroso, repleto de documentos e informes secretos sobre las negociaciones de paz o las condiciones de vida de los palestinos (La ocupación, ed. Crítica). Existen pocas voces más autorizadas que la de Bregman, quien tuvo que exiliarse tras criticar una política que demuestra “que quienes han sufrido terribles tragedias pueden actuar del mismo modo cuando se hallan en el poder”.

Pregunta: ¿Cuáles son las acciones efectivas para acercarse al final de la ocupación de los territorios palestinos por parte de Israel? ¿Qué acciones deben tomarse?   

Respuesta: Que se produzca una tercera intifada y la presión internacional sobre Israel son los caminos para acabar con la ocupación. Y cuando hablo de una nueva intifada no me refiero a una acción violenta, sino a una intifada ‘con paraguas’ (en referencia a las protestas de Hong Kong), a una mayoría de los palestinos saliendo a la calle, haciendo algo simbólico, usando las redes sociales… eso atraería en un segundo la atención del mundo entero. Ese es el futuro de la resistencia (palestina). Porque el emprender una resistencia violenta contra la opresión no es efectivo desde (los atentados del) 11-S.

P: Es una idea peculiar después de la cruenta ofensiva contra Gaza de este verano. Además, en su libro usted utiliza la 'intifada' de Al Aqsa (2000-2001) como ejemplo de que el Ejército israelí busca que la insurgencia palestina sea más violenta…  

R: Exacto. Y los palestinos no deben caer en la trampa, deben tener mucho cuidado. En la segunda intifada el Ejército sabía que sólo podía aprovechar la superioridad tecnológica que tenía sobre los palestinos si el levantamiento se convertía en una lucha armada. Por eso reaccionó a los disturbios de forma tremendamente desproporcionada. En el primer mes disparó 1,3 millones de balas. Y sí, hubo bajas palestinas, pero el objetivo de aquellos disparos no era matar, sino crear un clima de guerra e incitar a los palestinos a devolver el fuego.

En la segunda intifada el Ejército sabía que sólo podía aprovechar su superioridad tecnológica si el levantamiento se convertía en una lucha armada. Por eso reaccionó a los disturbios de forma tremendamente desproporcionada. El objetivo era incitar a los palestinos a devolver el fuegoLa tercera intifada, por el bien de los palestinos pero también por el de Israel, no puede ser violenta, los palestinos deben controlarlo. Y entiendo porque Hamás abrió fuego (este verano); tenía que romper el asedio. Era peligroso (para las milicias palestinas) abrir fuego, pero en la Franja de Gaza está teoría de la no violencia es mucho más difícil (de aplicar).

P: ¿Qué me dice sobre la ‘ocupación invisible’ decretada por Moshé Dayan, su renuencia a interferir en la vida cotidiana de los palestinos? ¿Cómo hemos llegado a la situación actual, en la que la intervención de Israel sobre el destino de los ocupados es total?

R: Dayan era un hombre muy inteligente; sólo tenía un ojo, pero veía muy lejos. En Israel nos sentimos muy atraídos por su figura. Dayan pretendía que la ocupación no fuera visible, porque no quería provocar a los palestinos. Si escondes las banderas (israelíes), si escondes a los soldados, no les provocarás, esa era la idea. Quería darles trabajo, tenerlos felices. Lo llamaba integración, pero estaba mintiendo, en realidad era dependencia. Quería darles algo que no quisieran perder.

Sin embargo, Dayan se equivocó, porque el nacionalismo es más fuerte que los empleos y el dinero. Los palestinos vieron a los militares, comprobaron cómo se empezaban a construir asentamientos. Era una idea inteligente pero nunca funcionó.

Un niño palestino ante una barricada en llamas durante choques en el asentamiento de Qadomem, Cisjordania (Reuters).
Un niño palestino ante una barricada en llamas durante choques en el asentamiento de Qadomem, Cisjordania (Reuters).

P: ¿Qué órdenes recibe un militar israelí cuando se encuentra desplegado en los territorios ocupados? ¿Qué directrices recibe sobre cómo tratar a la población palestina?

R: Ariel Sharon, que era tan maquiavélico como Dayan, creo en 1998 el sistema de la Administración Civil. Integró en él a civiles israelíes, reclutó a muchos palestinos para trabajar en el mismo. Pero esto no pudo impedir que surgieran fricciones entre los palestinos y los militares. Porque todas las ocupaciones son malas por sus métodos, por los toques de queda, por los arrestos…   

P: Usted ha escrito que Israel “es un ocupante cruel y brutal”. ¿Cómo sostiene esta afirmación?

R: Es cruel y brutal en la parte no visible de la ocupación. La parte que todos vemos en la televisión son los check-points (en territorio palestino), los arrestos… pero la parte que no vemos son las escuchas telefónicas para presionar a los ciudadanos palestinos con información personal. Realmente destruyes a una sociedad desde dentro, porque al final nadie se fía de nadie, todos sospechan de que su vecino sea un delator.

Lo que me escandalizó fue comprobar cómo me manipulaban. Estábamos bombardeando Beirut mientras escuchaba en la radio israelí decir que todo estaba tranquiloCuando aún formaba parte del Ejército estaba escandalizado por los testimonios de palestinos de las torturas que habían sufrido. Recuerdo que cuando vi por primera vez la película La batalla de Argel, cuyas primeras escenas se centran en una tortura, pensé: “Por lo menos los israelíes no hacemos eso”. Pero me equivoqué. Claro que lo hacemos, como lo hacen todos los ocupantes. Esta es la parte de la ocupación que permanece oculta.

P: Israel es un experto en el control de la comunicación. ¿Hasta qué punto la mentira de una ocupación limpia se ha hecho oficial? ¿Hasta qué punto se ha extendido en la sociedad israelí?     

R: Recientemente, varios miembros de la Unidad 8.200 (la Inteligencia) firmaron una carta en la que se niegan a acatar un llamamiento a filas (si la misión tiene a los palestinos o la ocupación de sus territorios como objetivo, tal y como informó este diario). Hay dos cosas que para mí resultaron importantes: primero, están dispuestos a hacer lo que hice yo en 1988, renunciar al servicio. Para mí, su acción fortaleció la idea de que había hecho lo correcto, de que no era el único.

En segundo lugar, contaron al mundo lo que yo he escrito. Los sucios métodos que se utilizan, las escuchas y los chantajes (con información personal comprometida) que yo describo en mi libro. Esta no es la ‘ocupación invisible’ de Dayan, eso es lo que muestra esta carta.           

Un soldado israelí reza ante un tanque en la frontera con la Franja de Gaza (Reuters).
Un soldado israelí reza ante un tanque en la frontera con la Franja de Gaza (Reuters).

 P: Pero han sido tachados de traidores. Y a ojos de la sociedad israelí y del Gobierno lo son…

R: En Israel, el foco no se puso en las escuchas (a los palestinos), sino en las renuncias. Eso fue lo que escandalizó al país. Lo fascinante de este fenómeno es que, cuando analizas por qué estas personas renuncian al servicio, concluyes lo siguiente: sienten que hay una injusticia que ellos mismos no acaban de entender. Yo no lo tenía muy claro en 1988. Muy poca gente renuncia porque conlleva aislarte de tu propia sociedad, no sólo de las autoridades, sino también de tus amigos y tu familia. En Israel, ir al Ejército es parte de la vida. Es una etapa más.

P: En su caso, ¿cuál fue el punto de inflexión? ¿Qué acto le empujó a renegar del Ejército?   

R: El alma de los hombres está estructurada de una manera, y los hechos no hacen más que empujarla. Primero, en la década de los 70, la visita que hice a Gaza como soldado me traumatizó. Aún no era oficial, era un soldado. Pero en 1982 ascendí a capitán de artillería durante la guerra en Líbano. Estaba desplegado en Beirut. Lo que me escandalizó fue comprobar cómo me manipulaban. Estábamos bombardeando Beirut mientras escuchaba en la radio israelí decir que todo estaba tranquilo.

El coronel (Eli) Geva fue el comandante de las fuerzas de Israel en Beirut. Se negó a entrar en la ciudad con sus tropas (por razones morales) y abandonó el Ejército. Para él, aquello fue el punto de inflexión. Lo que ves en la distancia no lo ves en el presente.

P: ¿Qué teorías respecto a la solución del conflicto prevalecen entre las Fuerzas de Defensa de Israel? ¿Se mantiene la solución de los dos estados? Usted es optimista en cuanto al fin de la ocupación en el futuro, pero las cifras de colonos y asentamientos juegan en su contra…        

R: La ocupación llegará a su fin porque esta es la lección que se aprende de todas las guerras. Los soldados de la I Guerra Mundial también miraban al cielo pensando que el conflicto no acabaría nunca…  

En cuanto al Ejército, esa es una cuestión muy interesante. Están ocurriendo cambios dramáticos en el Ejército israelí, especialmente en la infantería. Muchos de sus efectivos son colonos, y además los colonos son muy buenos soldados. Y por eso para Israel es muy importante aplicar la solución de los dos estados cuanto antes. Los colonos no quieren irse de sus casas, hay que enviar al Ejército para desalojarlos. Así que tienes una situación en la que los soldados estarían divididos entre la lealtad al Ejército y la lealtad a su modo de vida. Esta situación de los colonos, tanto en la sociedad como en el Ejército, debería empujar al Gobierno a emprender cuanto antes la solución de los dos estados.   

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