tras las amenazas de expulsión de la eurozona

Alemania contra Syriza: el pulso que regala votos a la izquierda radical de Grecia

Tras años de amenazas, los mensajes de las instancias económicas ya no calan igual en Grecia. Pueden ser incluso contraproducentes para quienes los formulan

Foto: Alexis Tsipras, líder de Syriza, saluda a simpatizantes durante un congreso de la formación en Atenas el pasado 3 de enero (Reuters).
Alexis Tsipras, líder de Syriza, saluda a simpatizantes durante un congreso de la formación en Atenas el pasado 3 de enero (Reuters).

Tras años de amenazas con la salida del euro, los mensajes amenazantes de las instancias económicas internacionales ya no calan de la misma forma en Grecia. Pueden ser incluso contraproducentes para quienes los formulan. El ejemplo más reciente: la filtración a Der Spiegel por parte del Ejecutivo alemán de que Berlín tendría preparado un plan para que un eventual abandono de la moneda única no contagiara al resto de la eurozona. El principal dañado por esta declaración o advertencia velada debería ser Syriza, el espantapájaros que agita también el Gobierno de Antonis Samarás como el que finiquitará la andadura de Atenas en la zona euro si llega al poder. La formación de izquierda radical, también comparada -y de hecho hermanada- con Podemos, no solamente no acusa el golpe, sino que podría acaparar el hartazgo de la sociedad helena con estos mensajes del miedo de la manera más efectiva: en forma de votos.

Alemania irrumpe en una campaña de alto voltaje

Angela Merkel ni confirmaba ni desmentía ayer en rueda de prensa la información de la siempre bien informada publicación alemana. Se mantenía firme y a la vez ambigua en la postura de que Grecia se comprometió en su día a emprender “un curso reformista a largo plazo”. El desafío no se desactivaba, aunque tampoco salpicaba a su cancillería. Aunque la postura monolítica de sobreentendidos de Berlín se rompía con las declaraciones del viceportavoz parlamentario de Economía de los socialdemócratas -socios en el Gobierno de la canciller-, Joachim Poss, quien aseguraba que esa propuesta es como “jugar con fuego”. El portavoz del Gobierno alemán, Steffen Seibert, aseguraba tras Merkel que Grecia ha hecho progresos en su curso reformista, pero lo importante es mantener la estabilidad de la eurozona. Palo y zanahoria.

El mensaje de Samarás, concomitante con el de Merkel, de que hay un partido peligroso al que no se debe votar cotiza a la baja. Muchos ven en el voto a Tsipras una reafirmación de la soberanía del electorado helenoEn Grecia se está viviendo un inicio de campaña en la que no solo compiten partidos. Más que nunca las declaraciones de gobiernos extranjeros, de Bruselas, del FMI, del Banco Central Europeo... pueden hacer bascular el voto de los electores. El BCE muestra sus recelos ante Syriza, la Comisión Europea lanza mensajes más contradictorios dependiendo de si es de la familia 'popular' Juncker -que pide a los griegos no votar a “radicales”- o socialista como Moscovici, que es más cauto...

Sin embargo, ya no estamos en 2012. Las finanzas europeas, y sobre todo el sistema bancario, están más protegidos contra un contagio o una salida de Grecia del euro, asegura la propia Alemania. Aunque tampoco es 2012 porque los griegos ya no se sienten intimidados ante las advertencias ante un posible 'grexit'. Una encuesta realizada en la Universidad de Macedonia ha arrojado el dato esclarecedor: el 60% de los griegos ya no creen que esto sea posible. Y, a buen seguro, un número mucho mayor no lo considera deseable. Solamente los más radicales entre los radicales siguen propugnando la vuelta al dracma. Cierto que entre estos radicales están pequeños grupos de la muy heterogénea coalición que constituye Syriza. Con el viento a favor de los 'moderados' y a las puertas del poder, estos tienen poca influencia real.

El mensaje de Samarás, concomitante con el de Merkel, de que hay un partido peligroso al que no se debe votar no cotiza muy alto en estos últimos días, y muchos ven en el voto a Tsipras como una reafirmación de la soberanía del electorado heleno. Dicho esto, habrá que esperar a las primeras encuestas tras esta declaración alemana para saber si Syriza refuerza su apoyo. En ella habrá que tener en cuenta otros factores como la vuelta de Papandréu con su nuevo partido y la detención del sanguinario terrorista Jristódulos Xirós.

Un agricultor grita durante una protesta ante el Ministerio de Agricultura en Atenas (Reuters).
Un agricultor grita durante una protesta ante el Ministerio de Agricultura en Atenas (Reuters).

Syriza y la salida del euro: entre mito y la realidad

La izquierda radical en Grecia pretende, a grandes rasgos y según presentó en su mitin inaugural de campaña, renegociar los términos del rescate, cancelar o impagar parte de la deuda -que alcanza el 177% del PIB- y renacionalizar los servicios públicos como el agua, la electricidad y el transporte. Para financiar este programa Syriza, como Podemos, quiere recaudar 1.300 millones de euros persiguiendo la evasión fiscal. Hasta aquí el programa.

Es obvio que no son propuestas que gusten ni en Bruselas ni en Berlín; algunas incluso pueden chocar con la ley europea, pero todos estos planes siguen una base rectora que repiten desde hace años Tsipras y su responsable económico: 'no' a la salida del euro. Es decir, que en las negociaciones con la troika, un futuro Gobierno del líder izquierdista no plantearía, en principio, el abandono de la moneda única.

Y es que desde que se constituyera y comenzara su ascenso como formación antisistema y antimemorándum ha llovido mucho. Ahora trata de captar el voto socialdemócrata y de centro, unos electores a los que aterroriza una salida del euro. A esto hay que añadir que el fin del bipartidismo griego traerá también la atomización del Parlamento. Syriza ganaría las elecciones, no hay ningún sondeo que no lo indique así, pero necesitará casi con total seguridad pactos con fuerzas más moderadas: Pasok (socialistas) o To Potami (El Río, liberales) son opciones viables con las que un posible Ejecutivo de Syriza tendrá que acordar un frente común antes de renegociar nada. Aunque todos los analistas consultados afirman que hasta que Syriza no llegue al poder -incluso aunque consiga una mayoría absoluta- no se puede medir hasta qué punto pretende aplicar su programa.

Una mujer llora durante una protesta de empleados públicos en Atenas (Reuters).
Una mujer llora durante una protesta de empleados públicos en Atenas (Reuters).

¿Hacia una solución intermedia?

Hay dudas de que Syriza quiera aplicar el 100% de su programa. Con todo hay una medida en la que la base del partido sí presiona a favor: la proposición de no pagar una gran parte de la deuda que considera "impagable" (en torno al 50% de la misma) y abonar el resto en base al crecimiento. Que se haga de manera unilateral o pactada puede ser el verdadero tira y afloja en la negociación con la troika. El farol implícito de Syriza era que aunque ellos no quieren, Grecia, si se ve presionada como hasta ahora, puede no tener más remedio que irse del euro. El plan de salida de Alemania puede leerse como una respuesta a esto.

Aunque ninguno de los dos desea que esto ocurra. Tsipras habla al mismo tiempo de una quita de la deuda, que puede ser una opción de consenso frente a un impago; sin ir más lejos ocurrió en 2012 y la mayor parte de los acreedores aceptaron. Otra opción que resuena en Bruselas y en los pasillos del BCE y que se mira con atención en la periferia europea es la flexibilización cuantitativa (o QE en inglés) que aunque tenga efectos muy positivos para la deuda griega, estos son menos previsibles a largo plazo para el euro. Una de estas soluciones, por ejemplo, podría relajar la tensión de la economía helena y ser vista como satisfactoria por las bases de Syriza.

El día 22 se reúne el BCE para evaluar su política monetaria, el 25 son las elecciones y el 26 hay reunión del Eurogrupo con los resultados de las urnas aún calientes. Y en febrero expira la extensión dada al Gobierno heleno para revisar el tramo del programa de rescate. Berlín y el más que probable nuevo poder en Atenas estarán condenados a entenderse.

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