RECESIÓN, 'DEFAULT' Y UN GOBIERNO ACORRALADO

¿Argentina, al borde del precipicio? Unos obstáculos que ni Messi podría regatear

El procesamiento del vicepresidente Amado Boudou es el último ingrediente en un cóctel explosivo que incluye la entrada en recesión y el riesgo de 'default'

Foto: Trabajadores de la construcción junto a un póster que reza Basta Buitres. Argentina Unida, el 18 de junio en Buenos Aires. (Reuters).
Trabajadores de la construcción junto a un póster que reza "Basta Buitres. Argentina Unida", el 18 de junio en Buenos Aires. (Reuters).

Ni las más fervorosas hinchas argentinas desean tanto el éxito de la selección en el Mundial de Brasil como Cristina Kirchner. Un título sería una bocanada de oxígeno para un kirchnerismo agobiado. La presidenta se ve acosada por el reciente procesamiento del vicepresidente Amado Boudou, acechada por el default y jaqueada por una economía en recesión. Unos obstáculos que ni el mismo Lionel Messi podría regatear.

Un fallo de la Justicia de Estados Unidos a favor de los fondos buitres inauguró una serie de días muy complicados para el Gobierno. Los bonistas, lejos de resignarse, quieren un acuerdo como el que selló el Ejecutivo con Repsol por el conflicto de YPF. Poco después, el derrotero presidencial se complicó con malos indicadores de la economía: Argentina ha entrado oficialmente en recesión. Ni siquiera se ha frenado la inflación. Y, por último, estalló la peor noticia para la presidenta: Boudou fue procesado por sobornos. El último ingrediente de un cóctel explosivo.

A poco más de un año para el final de su mandato, Cristina Kirchner deberá reencontrar el camino para salir de este laberinto. Hasta la fecha, su Gobierno ha mostrado autoridad dentro del peronismo como para llegar sin mayores complicaciones hasta el desenlace de la legislatura, que culmina en 2015. Necesita ahora ratificar su política.

Kirchner se juega su futuro en el caso Ciccone

No le sorprendió, pero sí le preocupó. Y mucho. Cristina Kirchner tomó el control político, judicial y mediático del caso Ciccone, la única imprenta de papel moneda del país, una trama que involucra a los más influyentes resortes del poder kirchnerista, empezando por el vicepresidente. Sabe que en la suerte de Boudou se juega lo que resta de su gestión. La caída del vicepresidente puede hacer temblar su Gobierno.

Un fallo de la Justicia de EEUU a favor de los fondos buitres inauguró unos días muy complicados para el Gobierno. Poco después, llegaron los malos datos económicos: Argentina ha entrado oficialmente en recesión. Ni siquiera se ha frenado la inflación. Y, por último, estalló la peor noticia para la presidenta: Boudou fue procesado por sobornosUn nuevo golpe a Boudou podría generar un efecto contagio sobre otros funcionarios que también están investigados. Un virus judicial que puede extenderse a la propia familia Kirchner, vinculada en el caso Lázaro Báez, un empresario amigo que está acusado de ser su testaferro.

Boudou es el primer vicepresidente en ejercicio de Argentina procesado por un acto de corrupción. La Justicia ha entendido que, mediante un trámite irregular, se hizo con el control de la única imprenta de billetes. El vice forma parte de una trama oscura que participó en negocios millonarios con la complicidad del Estado. Está acusado de sobornos y negociaciones incompatibles con la función pública.

Cristina Kirchner conoció la noticia en la Patagonia, donde descansa los fines de semana. Estaba allí con Carlos Zannini, su máximo operador político. Analizaron el caso con el extremo hermetismo que acostumbran: sólo Máximo Kirchner, su hijo mayor, puede sumarme a esa “mesa chica”. Desde ese momento, el caso quedó completamente en sus manos.

El primer paso fue comunicarse con los abogados de Boudou, según informó el diario La Nación. La estrategia judicial diseñada por Kirchner consiste en apelar ante la Cámara Federal -segunda instancia- para que, por lo menos, se desestime la acusación por cohecho (sobornos), la más grave.

El vicepresidente Amado Boudou, durante su reciente viaje a Panamá. (Reuters).
El vicepresidente Amado Boudou, durante su reciente viaje a Panamá. (Reuters).

La presidenta contra jueces y fiscales

Cristina también manejó los flashes. Cuatro días después del fallo, la mandataria atacó a jueces y fiscales. “La Justicia es un poder que se autogobierna”, dijo, aunque evitó referirse directamente al caso Ciccone. “Fueron los que convalidaron la doctrina de los golpes de Estado”, agregó, en un acto desde Casa Rosada. No es el primer enfrentamiento. El Gobierno impulsó el año pasado una reforma en la Justicia que contemplaba la elección de jueces mediante el voto popular. La Corte Suprema consideró que el proyecto -en su mayoría- era inconstitucional.

Cuatro días después de fallo, Kirchner atacó a jueces y fiscales. ‘La Justicia es un poder que se autogobierna’, dijo, aunque evitó referirse directamente al caso Ciccone. ‘Fueron los que convalidaron la doctrina de los golpes de Estado’, agregóY, otra vez, surgió su salud. Esta vez, los problemas fueron tan leves como oportunos. Cristina Kirchner sufrió el miércoles una faringitis que simplificó una incómoda coyuntura política. Tenía previsto salir de Argentina para participar en un acto en Paraguay. Recién llegado de Panamá, Boudou hubiese quedado a cargo del Ejecutivo. Los médicos diagnosticaron una faringitis de 24 horas, que después se extendió un día más. Cristina se quedó en Buenos Aires; así evitó la exposición del vice.

Las críticas a Boudou se multiplicaron. La oposición exigió su renuncia; otros, que cediera su puesto como titular del Senado. Astuta, la mandataria ordenó activar los mecanismos institucionales, abrir el diálogo en el Congreso para evaluar el caso Ciccone. Puso en marcha a la comisión de Juicio Político que, con mayoría kirchnerista, desacreditó el proceso en el primer día.

Aunque haya regateado algunos obstáculos, la situación de Boudou supone un grave problema para la mandataria. El vicepresidente, que regresó el miércoles al país, no se presentó este viernes a declarar ante el juez Ariel Lijo. El segundo al mando de Kirchner no tiene respiro: suma diez causas en su contra. Incluso hay un proceso abierto que investiga un supuesto enriquecimiento ilícito.

Una imagen de archivo de la presidenta argentina, Cristina Kirchner. (Reuters).
Una imagen de archivo de la presidenta argentina, Cristina Kirchner. (Reuters).

Una inflación del 40%

La caída en desgracia de Boudou no podría llegar en peor momento. Las cifras de la economía son preocupantes. El Instituto Nacional de Estadística (Indec) confirmó la semana pasada que el país ha entrado técnicamente en recesión. La economía argentina sumó su segundo trimestre de caída consecutivo. Durante los primeros tres meses de 2014, el PBI se contrajo un 0,8%. En el último trimestre de 2013, el descenso había sido del 0,5%.

Ni el enfriamiento de la economía ni la caída del consumo han logrado frenar el aumento de precios. La inflación ha alcanzado el nivel más alto en las dos últimas décadas, junto a la de 2002 (40,9%). De acuerdo a cálculos de consultoras privadas, el alza superó el 2% en junio y calculan que en julio será igual o mayor. El mes comenzó con malos augurios: se encareció en el transporte público y la gasolina. Sufren los más pobres: el 70% de la población con empleo no recibe más de 530 euros mensuales, según datos oficiales.

Pero hay más. Las cuentas públicas están en rojo. En abril, el déficit público alcanzó los casi 400 millones de euros. En este contexto, la financiación externa es clave.

¿Por qué no paga? La deuda es de 1.330 millones de dólares, pero podrían ser muchos más. El kirchnerismo argumenta que si paga a los ‘fondos buitre’ abriría la puerta a una avalancha de reclamaciones de otros acreedores que podrían superar los 120.000 millones de dólaresOtro golpe. La Justicia de Estados Unidos ha puesto al país al borde de la suspensión de pagos. El enfrentamiento con los bonistas rebeldes, aquellos que no se adhirieron a los canjes de deuda de 2005 y 2010, supone un tremendo dolor de cabeza para la Casa Rosada. Los “fondos buitres”, como los bautizó el Gobierno, han sido avalados por un fallo judicial que impide a Argentina realizar un pago de intereses programado de la deuda reestructurada a menos que también pacte con estos bonistas. La Justicia ha dado cuerda al reloj. Argentina deberá pactar el pago con los “fondos buitres” en julio o entrará en default por segunda vez en 13 años.

Sería un golpe letal para un Gobierno tan necesitado de recursos externos. El acuerdo para pagar la deuda con el Club de París y el trato con Repsol han quedado velados. Ahora, Argentina tendrá que volver a hacer buena letra con sus obligaciones. Cristina Kirchner también se ha encargado de administrar esta guerra. Horas después de conocerse el fallo, la mandataria atacó a los “fondos buitre” en un discurso público, cuestionó la legitimidad de la deuda, remarcó que el país ya ha pactado con el 92% de los bonistas (los que aceptaron la reestructuración) y aclaró que el Gobierno “tiene voluntad de pago” al recordar los recientes acuerdos con el Club de París y Repsol.

Hay que distinguir una negociación de lo que es una extorsión. Un presidente no puede someterse a una extorsión semejante. Argentina no va a defaultear su deuda reestructurada. Estamos dispuestos, como siempre, a que entre a ese canje el cien por cien de los acreedores. Porque la vocación de la Argentina es pagar, lo hemos demostrado”, clamó.

¿Por qué Kirchner no paga?

¿Por qué no paga? La deuda es de 1.330 millones de dólares, pero podrían ser muchos más. El kirchnerismo argumenta que si paga a los “fondos buitre” abriría la puerta a una avalancha de reclamaciones de otros acreedores que podrían superar los 120.000 millones de dólares.

Los bonistas hicieron saber que les gustaría que Argentina utilizara una fórmula parecida a la que negoció con el Club de París (el pago de la deuda completa, parte en efectivo y parte en bonos) o bien la acordada con Repsol por el conflicto con YPF (todo en bonos con una quita importante).

El Gobierno sabe que juega con el reloj en contra, pero no se entrega. En un fuerte respaldo político, la Organización de Estados Americanos aprobó esta semana una resolución de respaldo a la postura argentina  para que el país logre “un acuerdo justo, equitativo y legal”. Instalado entre Nueva York y Washington, el ministro de Economía, Axel Kicillof, no ha aceptado reunirse con los “fondos buitres”. Mientras, en la Casa Rosada esperan otro regate político de Cristina Kirchner que salve a Argentina del default antes del final del partido.

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