La Salvaje Argentina: “Si te atrapamos no irás a comisaría, ladrón. Te vamos a linchar”
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LOS LINCHAMIENTOS SE EXTIENDEN POR EL PAÍS

La Salvaje Argentina: “Si te atrapamos no irás a comisaría, ladrón. Te vamos a linchar”

Enfurecidos ante la creciente inseguridad, ciudadanos argentinos han decidido tomarse la justicia por su mano. Como en el Salvaje Oeste. Matar al ladrón

Foto: Imagen del joven David Moreira tras ser linchado por unos ciudadanos en Rosario, Argentina. (El Capital)
Imagen del joven David Moreira tras ser linchado por unos ciudadanos en Rosario, Argentina. (El Capital)

“Felicito a cada uno de mis vecinos, orgullosa de mi barrio, la próxima vez les cortamos las manos en la plaza delante de todos, como en la época medieval”, escribió una mujer en una cuenta de Facebook creada para denunciar los robos en el barrio Azcuénaga de la ciudad argentina de Rosario. Estamos ante una guerra en la que los ciudadanos creen que vale todo. El odio entre vecinos y delincuentes ya se ha cobrado una víctima: el sábado fue asesinado David Moreira. Pero puede haber muchas más.

Eran una tardedesábado cualquiera en Rosario. Una joven de 21 años caminaba junto a su hija por el barrio Azcuénaga cuando, de repente, unos individuos en una moto la interceptaron, le arrancaron el bolso cargado de pañales y huyeron. Pero una camioneta que presenció el robo alcanzó a los ladrones. Uno de ellos escapó. El otro, David Moreira, de 18 años, terminó desangrándose en el suelo. Lo lincharon entre 50 vecinos. Le pegaron cuando yacía sobre el pavimento. Y siguieron haciéndolo hasta que se desmayó. Le rompieron la cabeza. Literalmente.

Enfurecidos ante la creciente inseguridad, ciudadanos argentinos han decidido tomarse la justicia por su mano. Como en el Salvaje Oeste. La consigna es matar al delincuente

Lo mismo sucedió el domingo en Palermo, uno de los barrios más coquetos de Buenos Aires. Los ciudadanos intentaron linchar a un ladrón, que finalmente fue rescatado por el encargado de un edificio, que llamó a la Policía para evitar el asesinato. También ocurrió en las provincias de Córdoba, Santa Fe y La Rioja. Enfurecidos ante la creciente inseguridad, algunos han decidido tomarse la justicia por su mano. Como en el Salvaje Oeste. Sin ley. Matar al delincuente.

Esta violenta tendencia ya generó una gran polémica entre dos sectores enfrentados ideológicamente. Por un lado, los “garantistas”, que hacen hincapié en el respeto a los derechos de todos los ciudadanos y, en el lado opuesto, quienes exigen “mano dura” con los delincuentes. Cristina Kirchner ya se ha posicionado y, como es habitual, su respuesta generó controversia.

David Moreira murió después de cuatro días de agonía en el hospital. No pudo sobrevivir a la pérdida de masa encefálica. Era el mayor de tres hermanos, trabajaba como albañil y no tenía antecedentes penales. “Esto no puede quedar impune”, reclamó Alberto Moreira, padre del joven asesinado.

Estuvo tendido en la calle desde las 17:00 (cuando había pasado la furia) hasta las 19:30. “Por suerte, había pasado demasiado tiempo como para que lo ayudaran”, escribió en las redes sociales un vecino del barrio Azcuénaga. A la hora de esclarecer el hecho ante la Justicia, sin embargo, ningún ciudadano presentó testimonio. Sólo declararon por el crimen los policías que encontraron el triste escenario. “Necesitamos pruebas que no encontramos”, reconoció un funcionario judicial que investiga el caso.

Un cartel en la capital de la provincia de Santa Fe (El Litoral).
El linchamiento de dos inocentes

Oscar Bonaldi, de 22 años, y Leonardo Medina, de 24, habían sufrido algo similar el anterior sábado. Iban en moto por un barrio pobre de Rosario. Frenaron en un semáforo, cuando seis hombres comenzaron a disparar desde un automóvil. Tiraron la moto y corrieron para esquivar las balas, hasta refugiarse en una gasolinera de la siguiente calle. Pero los hombres les alcanzaron. A golpes los tiraron al suelo. Ni siquiera los empleados del lugar y un policía pudieron contener a los agresores.

Moreira, un albañil sin antecedentes penales, estuvo tendido en la calle más de dos horas. Por suerte, había pasado demasiado tiempo como para que lo ayudaran, escribió en las redes sociales un vecino del barrio Azcuénaga

La furia terminó cuando uno de los atacantes recibió una llamada en su móvil que aclaró el asunto: los ladrones que habían robado hacía unos minutos una agencia de taxis de la zona ya estaban en la comisaría. Los jóvenes que yacían ensangrentados en el suelo, los que habían salvado su vida entre las balas y las patadas marrulleras, no tenían nada que ver con el robo. Eran inocentes que podrían haber muerto sin juicio, testigos ni pruebas por la venganza de un delito que nunca habían cometido. Oscar y Leonardo terminaron hospitalizados por los golpes.

La barbarie no es exclusiva de Rosario. En uno de los barrios con más glamour de Buenos Aires, también hubo intentos de linchamiento. Palermo es el sitio de moda entre los turistas que visitan esta ciudad. Sus calles de adoquines tienen esa mezcla entre el aire de arrabal porteño, las tiendas con estilo, restaurantes de lujo y los más concurridos bares de copas. “Ni un perro se merece morir así”, asegura Alfredo, el conserje del edificio más cercano al lugar del hecho, en la esquina de Charcas y Coronel Díaz.

“La gente pedía a gritos que lo mataran”

Alfredo evitó otra muerte. El pasado domingo un ladrón robó la cartera a una mujer. El conserje lo detuvo, lo tiró al suelo y lo inmovilizó. Mientras esperaba a la policía, algunos vecinos aprovecharon la situación. Se juntaron 10, 15, 20… para pegarle. “De repente, una de las personas del tumulto se acerca corriendo y le mete una patada en la cara. Los otros que entraban y salían debieron de hacer lo mismo, porque el joven ya tenía la cara deformada. Para que se entienda: de la boca le salía un río de sangre que primero formaba un charco en las baldosas y, luego, un reguero hacia la calle”, escribió en su cuenta de Twitter el periodista Diego Trillo, que presenció el suceso. “La gran mayoría pedían que lo mataran”, agregó.

Alfredo intercedió. Intentó convencerlos de que no tenían que matarlo, y logró su objetivo. Antes de que pasara media hora llegó la policía. El ladrón fue trasladado al hospital, estuvo ingresado 48 horas, y cuando obtuvo el alta logró también la libertad.

Derechos humanos o mano dura

La barbarie no es exclusiva de Rosario. En uno de los barrios con más 'glamour' de Buenos Aires, también hubo intentos de linchamiento. Palermo es el sitio de moda entre los turistas que visitan esta ciudad

“Garantismo” o “mano dura”. Esa es la dicotomía que impera en Argentina ante las políticas de seguridad. Los “garantistas” hacen hincapié en que se cumplan los derechos, las garantías de la ley para todos. En el lado opuesto, los partidarios de la “mano dura”, que los acusan de favorecer a los delincuentes con penas leves. Ellos, en cambio, defienden condenas duras para todo tipo de delitos. Ambas facciones repudian por igual el linchamiento, aunque la escalada de violencia les ha vuelto a enfrentar públicamente.

Cuando se conocieron los primeros linchamientos, la oposición lanzó fuertes críticas al Gobierno de Cristina Kirchner. Mauricio Macri, alcalde de Buenos Aires y candidato a presidente en 2015, sostuvo que los linchamientos suceden porque “el Estado renuncia a defendernos y a cuidarnos”. Macri, referente de la derecha, pidió que las fuerzas de seguridad “recuperen terreno” para evitar “una transformación salvaje”. Sergio Massa, otro hombre que se perfila como competidor por la Presidencia, achacó estos sucesos a la “falta de presencia del Estado”.

Del otro lado replicó ni más ni menos que la propia Cristina Kirchner. “Cuanto mayor es el grado de exclusión, mayor violencia y enfrentamiento entre los argentinos genera, que es lo que queremos evitar”, escribió la mandataria en su cuenta de Twitter. Y apuntó contra la oposición al advertir sobre “voces que traen deseos de venganza y odio”.

Kirchner tras una misa en honor de Hugo Chávez en Buenos Aires (Reuters).
La polémica por la intención de suavizar las condenas

A su lado se posicionó Eugenio Zaffaroni, ministro de la Corte Suprema, máximo tribunal judicial del país. El jurista, referente del “garantismo”, afirmó que los linchamientos “no son ajusticiamientos, sino homicidios agravados por la alevosía y el enseñamiento” y pidió no “estigmatizar” a los jóvenes pobres. El juez, un hombre cercano al Gobierno, ha tildado de “vendepatrias” a Massa, lo que generó un revuelo político en medio del alarmante crecimiento de los linchamientos.

Junto a Kirchner se posicionó Zaffaroni, ministro de la Corte Suprema, máximo tribunal judicial. Afirmó que los linchamientos son homicidios agravados por la alevosía y el enseñamiento

No es el primer enfrentamiento entre Zaffaroni y Massa por asuntos relacionados con la seguridad. Chocaron en repetidas ocasiones durante el último mes, cuando se hizo público un anteproyecto para modificar el Código Penal en el que había participado el juez. El diputado opositor difundió la iniciativa y advirtió que, si la nueva normativa se aprueba, habrá decenas de delitos que ya no se castigarán con la cárcel y otros tantos para los que se suavizarán las penas. Impulsó, además, una consulta popular para que la sociedad decidiera sobre el nuevo Código Penal. Zaffaroni negó esa información y acusó a Massa de utilizar un anteproyecto “con actitudes de inmadurez política”.

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