EL CASO CICCONE PONE EN JAQUE AL KIRCHNERISMO

Kirchner pasa de la corrupción y salva a su vicepresidente, la máquina de hacer billetes

La trama del caso Ciccone ya involucra a los más influyentes resortes del poder kirchnerista. Bodou es el primer vicepresidente procesado en ejercicio

Foto: El vicepresidente de Argentina, Amado Boudou, recibe el apoyo de simpatizantes al llegar al tribunal en Buenos Aires. (Reuters)
El vicepresidente de Argentina, Amado Boudou, recibe el apoyo de simpatizantes al llegar al tribunal en Buenos Aires. (Reuters)

¿Quién no soñó alguna vez con tener la máquina de imprimir billetes? No hay duda de que Amado Boudou sí lo hizo. Acaba de convertirse en el primer vicepresidente en ejercicio de Argentina procesado por acusaciones de corrupción, cohecho y negociaciones incompatibles con su cargo. Su pecado fue hacerse con la única imprenta de papel moneda del país de forma irregular, una trama bautizada como caso Ciccone que involucra  a los más influyentes resortes del poder kirchnerista, actualmente en jaque.

La noche del viernes el juez federal Ariel Lijo firmó una de las decisiones judiciales más importantes de la democracia en este país. El magistrado deduce que Boudou aceptó como soborno acciones de la imprenta Ciccone, la única en el país con capacidad para imprimir billetes. Lijo interpreta, además, que el vicepresidente incurrió en negociaciones incompatibles con la función pública al gestionar trámites para levantar la quiebra de la imprenta. Estos delitos se castigan con una pena máxima de seis años de prisión.

Mientras, el Gobierno argentino evitó ayer, de nuevo, expresar una postura oficial sobre la delicada situación de Boudou, manteniendo su absoluto silencio respecto al asunto. Llegó incluso a asegurar que el tema no ha sido objeto de conversaciones con la presidenta. “Respecto a esta cuestión no hemos tenido diálogo”, dijo el jefe de Gabinete del Ejecutivo, Jorge Capitanich, en su rueda de prensa diaria al ser preguntado sobre si se había reunido con la presidenta para abordar el asunto. “Primero, en mi carácter de jefe de Gabinete, no soy abogado penalista para opinar sobre la situación procesal o la decisión de un juez. Segundo, todo lo que había que decir ya se ha dicho”, zanjó.

La trama bautizada como caso Ciccone involucra a los más influyentes resortes del poder kirchnerista. Amado Bodou acaba de convertirse en el primer vicepresidente en ejercicio de Argentina procesado bajo acusaciones de corrupción. Mientras, Kirchner guarda silencio Hasta el momento, Cristina Fernández ha decidido mantener a su vicepresidente, que continúa inmerso en una gira por el extranjero, a pesar de la ofensiva judicial. En los 33 folios de la causa, el juez explica que Boudou, que era ministro de Economía cuando se produjeron los hechos, utilizó como testaferro al abogado Alejandro Vandenbroele para quedarse con el control de la imprenta mediante la misteriosa sociedad The Old Fund. Esta empresa, cuyos accionistas se desconocen, se hizo con el 70% de Ciccone a cambio del levantamiento de la quiebra de la empresa, la aprobación de un plan de pagos de una deuda con el Estado y la futura contratación de la imprenta por parte del Gobierno.

Tras su desembarco en Ciccone, The Old Fund realizó aportaciones millonarias al capital de la imprenta, aportaciones que la Justicia atribuye al vicepresidente Boudou. “El señor Vandenbroele era un empleado, no un empresario con capacidad económica para adquirir empresas, invertir dinero y contratar con el Estado”, señala el juez en el escrito.

Cristina Kirchner junto a Boudou durante una sesión del Congreso en Buenos Aires (Reuters).
Cristina Kirchner junto a Boudou durante una sesión del Congreso en Buenos Aires (Reuters).

Un trío para negocios escandalosos

Aunque no hay pruebas de que Boudou y Vandenbroele se conocieran, el magistrado considera que la relación quedó establecida a partir de la existencia de socios en común en algunas sociedades. Además de Vandenbroele, el vicepresidente utilizó a su mejor amigo, José María Núñez Carmona, como pieza clave en esta trama de negocios oscuros.

El primer negocio del trío Boudou-Núñez Carmona-Vandenbroele puede definirse como escandaloso. The Old Fund, la sociedad vinculada al vicepresidente, cobró cerca de un millón de euros por un trabajo de consultoría para la provincia de Formosa. ¿Para qué? La provincia debía reestructurar la deuda que tenía con el Estado Nacional. En ese momento, el máximo representante del Gobierno en esa negociación era Boudou, entonces ministro de Economía. La operación fue un éxito.

¿Actuó el vicepresidente por su propia cuenta? Tanto Boudou como Núñez Carmona afirman, en la intimidad, que Néstor Kirchner, con la complicidad de Cristina, fue el ideólogo de la operación para quedarse con la máquina de imprimir billetesEl desembarco en Ciccone (la segunda operación de The Old Fund) sucedió en pocos días. El primer encuentro tuvo lugar en Telefé, el canal de televisión con más audiencia de Argentina, a finales de agosto de 2010. Un representante de la familia Ciccone buscó al vicepresidente a la salida de una entrevista. Asfixiado por las deudas, necesitaba el auxilio de Boudou para salvar la empresa familiar.

Un vicepresidente en jaque

2 de septiembre de 2010. Héctor y Nicolás Ciccone, dueños de la imprenta, se reúnen con el vicepresidente y Núñez Carmona en un bar ubicado a pocos metros de la casa de Boudou. Acuerdan el pago de 100.000 dólares mensuales a cada hermano en un pacto firmado por escrito. Los detalles de la negociación quedaron a cargo del amigo del vice. Y hubo más encuentros. “Dales lo que piden”, llegó a decirle Boudou a Núñez Carmona, según reveló el diario La Nación, antes de cerrar definitivamente el acuerdo.

10 de septiembre. La misteriosa firma The Old Fund aporta unos 200.000 euros para levantar la quiebra de la imprenta. Cuatro días después, Ciccone pide al Gobierno una moratoria excepcional para pagar su deuda con el Estado. El expediente de la deuda es enviado a Boudou, entonces ministro de Economía, para que se expida sobre el asunto. En un acto administrativo inédito, Boudou pidió “proceder” con las cómodas condiciones de pago sugeridas por Ciccone.

Una imagen de archivo de Boudou durante una rueda de prensa en Buenos Aires (Reuters).
Una imagen de archivo de Boudou durante una rueda de prensa en Buenos Aires (Reuters).

Diciembre de 2010. The Old Fund está más cerca de la victoria. Juan Bautista Boudou, hermano del vicepresidente, viaja a Nueva York con billetes pagados por la sociedad. Mientras, Núñez Carmona, su mejor amigo, vuela a Punta del Este, en Uruguay, también a cargo de la compañía. The Old Found pagó hasta 19 viajes a miembros del círculo íntimo de Boudou.

Agosto de 2011. Ha pasado casi un año del desembarco de The Old Fund en Ciccone cuando aparece otro negocio. El Frente para la Victoria, la fuerza electoral del kirchnerismo, contrata a Ciccone para imprimir las papeletas para los comicios. El Frente para la Victoria presentó como candidata a presidenta a Cristina Kirchner; Boudou era su compañero de fórmula.

Enero 2012. Llega el primer negocio importante con el Estado. La Casa de la Moneda contrata a Ciccone para imprimir billetes. Abona a la compañía un total de 40 millones de euros.

Una mujer despechada, el origen de la investigación

Fue Laura Muñoz, la exesposa de Vandenbroele, la primera persona que se animó a desvelar la relación del abogado con Boudou. En febrero de 2012 definió a su exmarido como el “testaferro” del vicepresidente. A raíz de estas revelaciones, publicadas por el Grupo Clarín y el diario La Nación, un fiscal comenzó una investigación de oficio.

El vicepresidente tejió su primera defensa pública en abril de 2012, durante una conferencia de prensa en la que atacó a opositores, pero también a miembros de su fuerza política. Acusó al jefe de los fiscales, Esteban Righi, de haberle exigido un soborno a cambio de protegerle de la Justicia. Este terminó presentando su renuncia. Unos días después, el kirchnerismo apartó al juez Rafael Rafecas, que había impulsado la causa. También cayó el fiscal Carlos Rívolo. El 7 de septiembre, el Gobierno concretó una polémica jugada política: decidió intervenir Ciccone y envió un proyecto al Congreso para que ejecute su expropiación, un trámite legislativo fuertemente criticado por la oposición. La máquina de imprimir billetes ya es del Estado.

Y mientras Boudou sigue de gira

El vicepresidente todavía no se ha referido públicamente a la decisión judicial de procesarle. Recibió la noticia en La Habana, Cuba, inmerso en una gira oficial que ahora le llevará a Panamá. Está previsto que regrese a Buenos Aires el próximo jueves, tal como estaba planeado antes de que se desatara el escándalo.

Boudou acusó al jefe de los fiscales, Esteban Righi, de haberle exigido un soborno a cambio de protección. Unos días después, el kirchnerismo apartó al juez Rafael Rafecas, que había impulsado la causa. También cayó el fiscal Carlos RívoloMientras, su entorno tira con bala contra el juez Lijo. “No me sorprendió el procesamiento, no me sorprende lo que dice la resolución. Hablé con Boudou y no nos sorprendió para nada”, afirma Diego Pirota, exabogado del vicepresidente. “Lo jurídico no les interesa. El fallo parece un cuento de hadas, contado en forma fantástica. Hay animosidad en la decisión judicial”, zanja Pirota, quien anuncia que presentarán una apelación por el procesamiento.

No es la primera presión que ejecuta el kirchnerismo en la causa. El magistrado Lijo estuvo a punto de ser recusado, pero la solicitud no se concretó. Atento a su suerte, el juez aceleró los tiempos del proceso: citó a Boudou a declarar como imputado y, antes de lo que todos pensaban, lo procesó.

Como era previsible, la oposición se divide entre los que exigen la renuncia del vicepresidente y otros que piden que se tome licencia. Por ahora, la Casa Rosada se mantiene inmutable ante el avance del caso. Sorprendida por los tiempos del proceso, Cristina Kirchner ha ordenado mantener un estricto silencio sobre el tema. Sostendrá a Boudou, no le pedirá la renuncia ni una licencia, pese al costo político que paga la Casa Rosada por el escándalo. Sabe que deberá convivir con el caso Ciccone hasta el final de su mandato y que una licencia puede convertirse en un boomerang ante la cantidad de funcionarios implicados en causas similares.

Quienes investigaron el caso Ciccone, en cambio, piensan en otra posibilidad. ¿Actuó el vicepresidente por su propia cuenta? Tanto Boudou como Núñez Carmona afirman, en la intimidad, que Néstor Kirchner, con la complicidad de Cristina, fue el ideólogo de la operación para quedarse con la máquina de imprimir billetes.

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