GENERA SENTIMIENTOS CONTRAPUESTOS

La "agresividad" de Putin en Crimea también asusta al Partido Comunista Chino

El papel de China es una de las mayores incógnitas del conflicto ucraniano. Pekín se debate entre su principio de no injerencia y el socorro al aliado

Foto: Varias personas se manifiestan en contra de la postura del presidente ruso Vladimir Putin en el conflicto ucraniano. (EFE)
Varias personas se manifiestan en contra de la postura del presidente ruso Vladimir Putin en el conflicto ucraniano. (EFE)

El papel de China es una de las mayores incógnitas del conflicto ucraniano. Pekín se debate entre su sacrosanto principio diplomático de no injerencia en asuntos internos y el socorro al tradicional aliado frente al bloque occidental. Moscú debió de leer satisfecho la semana pasada el editorial del Diario del Pueblo, principal altavoz del partido, que animaba a superar planteamientos “pasados de moda”. “Las teorías políticas, económicas y de seguridad de la Guerra Fría aún influyen a mucha gente en su concepto del mundo, y algunos occidentales siguen imbuidos de resentimiento hacia Rusia”, explicaba. 

El ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, anunciaba el lunes tras hablar con su homólogo chino que mantenían “puntos de vista coincidentes” sobre el asunto. Pero el muro sino-ruso se resquebrajaba horas después cuando el Ministerio de Exteriores chino recuperaba el principio de no injerencia en un comunicado de la agencia oficial Xinhua y, más tarde, su portavoz despachaba el discurso alambicado de la diplomacia para no decir nada. “Tenemos en consideración los factores históricos y contemporáneos de Ucrania” fue lo más rescatable del ovillo.

La beligerancia rusa genera en China sentimientos contrapuestos, sostiene Scott Kennedy, director del Centro de Investigación y Negocios y Políticas Chinas de la Universidad de Indiana. Por un lado, su tendencia a apoyar a cualquiera que soliviante a Estados Unidos y Europa. “Pero por el otro, China no puede estar entusiasmada con un gobierno ruso altamente agresivo que ejerce su influencia y control sobre las antiguas repúblicas soviéticas. Si el motivo último de Putin es recuperar la grandeza de la URSS, Moscú no se detendrá en Ucrania sino que llevará su atención a países del sureste cercanos o fronterizos con China. Esa tendencia, si llega a su conclusión lógica, sería inconsistente con los intereses chinos”.

Ucrania es clave en la logística comercial china

En la ecuación hay tantos cálculos geopolíticos como intereses económicos que un gobierno prooccidental podría arruinar. Ucrania es capital en la estrategia china en el centro y este de Europa. Una cumbre en Bucarest en noviembre con 16 líderes de la zona abrió el grifo a los 19.000 millones de dólares en inversiones y créditos recibidos hasta hoy, según las cuentas de Grison’s Peak, un banco londinense. Sólo Rumanía, con 10.900 millones, supera los ocho mil millones recibidos por Ucrania. Pekín ya había destinado antes otros diez mil millones de dólares al país exsoviético. Algunos de esos acuerdos en materia de energía, infraestructuras, puertos, aerolíneas y alimentos se cerraron durante la visita de diciembre a Pekín del expresidente, Víktor Yanukóvich.

Un hombre sosyiene una bandera de la Unión Soviética ante el edificio del Parlamento de Crimea. (Reuters)
Un hombre sosyiene una bandera de la Unión Soviética ante el edificio del Parlamento de Crimea. (Reuters)
Ucrania es clave en la logística comercial china porque por sus vías de ferrocarril entran las exportaciones hacia el mercado europeo. Un proyecto de 3.000 millones de dólares firmado el año pasado en Pekín por el empresario chino Wang Jing –el mismo que planea un canal en Nicaragua– contempla la primera fase de construcción de un puerto en la Península de Crimea que ahorrará 6.000 kilómetros a las mercancías chinas en su tránsito al oeste. En la segunda fase, de 7.000 millones de dólares, se levantará una refinería y otras infraestructuras. Sobre ese proyecto, con la que está cayendo en Crimea y los riesgos de independizarse de Kiev, existen hoy más que dudas razonables.

También hay entre Pekín y Kiev ambiciosos planes agrícolas. En septiembre se anunció un acuerdo que convertirá a Ucrania en el granero chino: una primera compra de 100.000 hectáreas de cultivo que aumentarán durante 50 años hasta los tres millones de hectáreas. Es decir, el 5% de la superficie de Ucrania. El tamaño de Bélgica y más grande que una cincuentena de países. El trato fue firmado por la compañía china Xinjiang Production and Construction Corps y la empresa ucraniana KSG Agro, según el prestigioso diario hongkonés South China Morning Post. El terreno se destinará a la cría de cerdos y el cultivo de grano.

La intervención en Crimea resquebraja el frente común que China y Rusia han mantenido en los últimos años para frenar a Occidente. Pekín, que mantiene enormes intereses económicos y estratégicos en Ucrania, teme que los anhelos ''imperiales'' de Putin acaben salpicando en Extremo OrienteAunque las alusiones al neocolonialismo y la jerga bélica como “conquista” son recurrentes cuando anda China de por medio, el asunto ofrece ventajas indudables. A Pekín le aligera el problema acuciante de alimentar a su pueblo, la quinta parte de la población mundial, cuando sólo dispone del 9% del suelo cultivable. La relación crítica entre población y recursos se acentúa por los rápidos procesos de industrialización y urbanización en una nación tradicionalmente agraria. Aunque la producción nacional de grano ha subido en la última década, el aumento de la demanda interna obligó a importar 14 millones de toneladas de cereales y harinas en 2012. Por su parte, Ucrania se beneficiará de la tecnología agrícola china para desarrollar una industria obsoleta y de infraestructuras varias.

El comercio bilateral, de 10.000 millones de dólares, es relativamente pequeño pero pujante. China se convirtió en el segundo socio comercial de Ucrania en los primeros ocho meses del año pasado y Kiev pretende doblar el volumen en pocos años.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin. (Reuters)
El presidente de Rusia, Vladimir Putin. (Reuters)
Pekín tiene derecho a  preocuparse por los acuerdos que firmó Yanukóvich cuando estaba ahogado por la crisis de la moneda nacional y su Gobierno debía 15.000 millones de dólares entre deuda pública y de empresas estatales al borde de la quiebra. Los expertos discuten si la cooperación sufrirá o se impondrá la real politik: esté quién esté en Kiev, seguirá necesitando liquidez y ni Estados Unidos ni Europa van sobrados. Cui Hongjian, director de Estudios Europeos del Instituto Chino de Estudios Internacionales, opina que el desarrollo comercial con China es ineludible para cualquier gobierno racional. “La protección de los intereses chinos también beneficia a Ucrania porque mantiene su credibilidad ante otros inversores extranjeros. No creo que Ucrania pueda dañar las relaciones con China sólo por diferencias entre sus sistemas políticos. ¿Qué pasaría entonces entre la estrecha cooperación económica entre China con Estados Unidos o Europa?”

Más peligro corre la colaboración militar. Pekín ha recurrido en numerosas ocasiones a la herencia soviética. El único y temido portaaviones chino es un achacoso buque ucraniano construido en 1985 que languidecía en el puerto cuando fue comprado por China a precio casi de chatarra. Kiev es el cuarto exportador de armas del mundo. Sus motores son utilizados en cazas y otros aviones de combate chinos. También han trabajado en las turbinas de los destructores chinos Aegis. Esos intercambios se acabarán si Ucrania ingresa en la Unión Europea por el embargo que prohíbe a sus miembros vender armas a China pero no a regímenes tanto o más abyectos. Es dudoso que a Pekín le afecte porque la modernización de su Ejército le ha hecho menos dependiente del exterior.

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