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¿No tendrás nada, y serás feliz? Pues no, no es cierto
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Con Hyundai, en 'El Desierto de los Niños'

¿No tendrás nada, y serás feliz? Pues no, no es cierto

Un año más, y tras el paréntesis provocado por la pandemia, la caravana solidaria de 'El Desierto de los Niños' ha recorrido la zona más árida de Marruecos. Y esta vez, en pleno verano, El Confidencial se ha embarcado en uno de los vehículos

Foto: Bicicletas y chalecos amarillos serán distribuidos por poblados aislados del desierto marroquí. (Hyundai)
Bicicletas y chalecos amarillos serán distribuidos por poblados aislados del desierto marroquí. (Hyundai)

Bajabas la bicicleta del camión y veías que en su cuadro ponía ‘Banesto’ y ‘Miguel Indurain’. Pocos niños españoles la querrían, dado su estado. Pero a ese zagal marroquí se le iluminaban los ojos. La bici era dos o tres tallas más grande para su estatura, y casi no llegaba a los pedales. Pero era el niño más feliz del mundo. Con esa bicicleta podrá acudir al colegio, a kilómetros de distancia de su casa, perdida en el desierto. El día que la recogía, la temperatura superaba los 40 grados. En los próximos meses, asociaciones locales seguirán buscando niños que vivan en lugares alejados porque se distribuirán doscientas más por la zona. Bicicletas que valen media vida, y que posiblemente en España nadie querría. También chalecos amarillos. En invierno, en el desierto anochece pronto. Los niños caen como chinches en el tráfico de las carreteras del desierto.

placeholder La caravana de vehículos todocamino de 'El Desierto de los Niños' partiendo de Tánger.
La caravana de vehículos todocamino de 'El Desierto de los Niños' partiendo de Tánger.

Kadar esperaba sonriente a la caravana, a la entrada de las dunas. Tiempo atrás, vivía en una casa sin electricidad, también perdida en el desierto. Consiguió un teléfono móvil. Tenía que meterse en el mar de dunas a pie para cargarlo en los campamentos de los turistas, para lo que tenía que andar kilómetros. El 'Desierto de los Niños' puso una placa de energía solar en su casa, y hoy ya puede cargarlo allí. Trabajando como mecánico, luego se pudo comprar una moto. De alguna manera, esa placa solar ayudó a cambiar su vida.

placeholder Instalación de placas solares fotovoltaicas en Kankimia, en medio del desierto.
Instalación de placas solares fotovoltaicas en Kankimia, en medio del desierto.

Kankimia es una población de nómadas en medio del desierto. 45 grados de temperatura. Niños por todas partes. El jefe del poblado agradecía los pozos de agua que la Red de Concesionarios Hyundai había financiado antes de la pandemia. Pero era ahora, una vez que se podía volver a Marruecos, cuando se podían apreciar los resultados. Los habitantes locales llevaban tiempo disfrutándolos. El agua de los pozos era inicialmente salada al estar situados cerca de un río de arena. Había que llevarla lejos de su foco de origen para que perdiera la sal. Bombas, canalizaciones, un depósito alejado del pueblo, placas solares... Bebiendo una y otra vez de tus botellas de agua mineral, porque el calor exprimía el cerebro, comprendías una vez más el valor de aquello que parece haberlo perdido. Entonces, escuchabas al jefe del poblado algo que te sorprendía aún más: el valor del pozo no era solo para que las personas pudieran beber y atender sus necesidades, sino para que pudieran hacerlo los animales, la base de su sustento. Los animales…

placeholder El Hyundai Staria utilizado por las ópticas de Alain Afflelou a su llegada a Ouzina.
El Hyundai Staria utilizado por las ópticas de Alain Afflelou a su llegada a Ouzina.

Cada noche, las ópticas de la Fundación Alain Afflelou recibían un gran aplauso de la caravana del 'Desierto de los Niños' cuando llegaban al comedor del hotel, exhaustas tras un largo día. Durante toda la jornada revisaban la visión de los habitantes de los lugares que visita la caravana, fundamentalmente aldeas perdidas en el desierto. En los ancianos podías apreciar a simple vista unas enormes cataratas, producto de tantos años expuestos al abrasador sol reflejado en la arena. Ver las caras de asombro de muchos de ellos cuando apreciaban los efectos de su vista momentáneamente corregida daba que pensar. Alguna mujer lloraba, y quería quedarse con las gafas graduadas que se utilizan en las ópticas para revisar la visión. Había casos de hasta 25 dioptrías. En los dos próximos meses, la fundación enviará las gafas graduadas para cada uno de los habitantes que fueron revisados, adaptadas a sus necesidades. También llegará un buen cargamento de gafas de sol.

placeholder Las ópticas enviadas por Alian Afflelou con 'El Desierto de los Niños' graduaban la vista. Las gafas, llegarán después.
Las ópticas enviadas por Alian Afflelou con 'El Desierto de los Niños' graduaban la vista. Las gafas, llegarán después.

Noche cerrada en el poblado de Ouzinia. Perdido también en medio del desierto. 44 grados. De noche. La caravana llegó con el material escolar y aquello se convirtió en una fiesta. Veías la modesta escuela local y te preguntabas cómo será su día a día. Luego, piensas en los colegios de tu país, y vuelves a comprender cómo perder la perspectiva hace estragos entre los nuestros.

Sin embargo, el agua, la enorme necesidad del agua. Constante, permanente para quien no vive habitualmente en las temperaturas del desierto en agosto. Hasta en la cordillera del Atlas, a 2.000 metros de altura, se empieza a notar su falta en los últimos tiempos. Si está menguando en Europa, imaginemos en el norte de Africa. Bueno, es el desierto. Alguien local te cuenta que en la zona habían caído pocas gotas en los últimos cuatro años… Luego te acuerdas de ese grifo que te dejas abierto mientras te cepillas los dientes.

placeholder Los vehículos de la caravana de 'El Desierto de los Niños' superaron caminos en muy mal estado.
Los vehículos de la caravana de 'El Desierto de los Niños' superaron caminos en muy mal estado.

No tendrás nada y serás feliz. Pues no. Cualquiera ha viajado ya fuera de la zona de confort occidental para conocer y contrastar otras realidades más duras. Pero la Fundación El Desierto de los Niños y las entidades que colaboran te ayudan a recordar que son los pequeños detalles los que marcan las diferencias. Que tener poco hace muy felices. Es más, cambia la vida radicalmente a quienes no tienen nada o muy poco.

placeholder Entrega de material solidario a la asociación de ayuda a discapacitados Tafilalet.
Entrega de material solidario a la asociación de ayuda a discapacitados Tafilalet.

La Fundación Desierto de los Niños, Hyundai y varias entidades como el RACE, Bujarkay y otras, llevan desde la década pasada una caravana a Marruecos con el objetivo de trasladar material de todo tipo para los habitantes de las zonas más duras del desierto. Pequeñas contribuciones que, sin embargo, marcan las diferencias. Este año, se volvía después de la pandemia. En estas zonas, sus habitantes tienen capacidades de supervivencia que ya hubieran querido para sí quienes integraban la caravana, tan dependientes de terceros. Pero ello no restaba un ápice para comprobar sus carencias y necesidades. Sobre todo, los niños.

placeholder Foto de familia con todos los miembros de la caravana de 'El Desierto de los Niños'.
Foto de familia con todos los miembros de la caravana de 'El Desierto de los Niños'.

Un teléfono móvil puede cambiar las vidas, una placa solar, unas gafas… Y los coches que llevan el material o permiten acceder a lugares remotos... Hyundai se atrevió a poner los suyos a prueba: el Tucson, el Santa Fe, el nuevo Staria. Uno escucha que antes del lanzamiento al mercado de un nuevo modelo se hacen cientos de miles de kilómetros en todo tipo de condiciones para lograr su máxima fiabilidad. Coches que parecen solo de calle, pero sobre la arena y las piedras del desierto, con hasta 55 grados de temperatura, aguantaban más de lo que podías imaginar. Para quienes defienden aquello de que "no tendrás nada y serás feliz"... Pues no, no es cierto.

Bajabas la bicicleta del camión y veías que en su cuadro ponía ‘Banesto’ y ‘Miguel Indurain’. Pocos niños españoles la querrían, dado su estado. Pero a ese zagal marroquí se le iluminaban los ojos. La bici era dos o tres tallas más grande para su estatura, y casi no llegaba a los pedales. Pero era el niño más feliz del mundo. Con esa bicicleta podrá acudir al colegio, a kilómetros de distancia de su casa, perdida en el desierto. El día que la recogía, la temperatura superaba los 40 grados. En los próximos meses, asociaciones locales seguirán buscando niños que vivan en lugares alejados porque se distribuirán doscientas más por la zona. Bicicletas que valen media vida, y que posiblemente en España nadie querría. También chalecos amarillos. En invierno, en el desierto anochece pronto. Los niños caen como chinches en el tráfico de las carreteras del desierto.

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