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¿Control de precios contra la inflación? Solo hay un caso concreto en el que funciona
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REPASO HISTÓRICO

¿Control de precios contra la inflación? Solo hay un caso concreto en el que funciona

¿Ha llegado el momento de que EEUU imponga controles de precios? La historia demuestra que los intentos anteriores de frenar la inflación desbocada con este tipo de medidas han funcionado a veces

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En la guerra contra la inflación, se ha desenterrado una vieja herramienta.

El coste de la vida ha subido más de un 8% en el último año en Estados Unidos y se está disparando en todo el mundo.

Los gobiernos tienen tres estrategias principales para luchar contra la inflación: la política monetaria, la política fiscal y el control de los precios. El endurecimiento de la oferta monetaria, principalmente mediante el aumento de los tipos de interés, suele funcionar con una lentitud frustrante. La disciplina fiscal requiere un escenario inverosímil en el que los políticos accedan de repente a apretarse el cinturón. Por ello, no es de extrañar que los controles de precios —límites impuestos por el gobierno a los productores y proveedores sobre el precio de los bienes y servicios— vuelvan a estar de moda.

La sabiduría popular sostiene que los controles de precios siempre han fracasado, pero eso es un mito. La historia demuestra que a menudo han sido sorprendentemente eficaces como medidas temporales en crisis urgentes, como fue el caso durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial.

Foto: Christine Lagarde, presidenta del BCE. (EFE/Ronald Wittek)

Pero rara vez han funcionado en tiempos de paz, probablemente porque hace falta una emergencia nacional como la guerra para conseguir el apoyo público, la determinación política y la inteligencia administrativa necesarios para hacer que los topes de precios se mantengan.

Es más, apelar moralmente casi siempre fracasa a la hora de frenar la inflación. Incluso en tiempos de guerra, cuando los llamamientos al patriotismo alcanzan su máxima fuerza, las exigencias o amenazas de los políticos rara vez convencen a las empresas de que no suban los precios.

En un artículo de opinión publicado en The Wall Street Journal el 30 de mayo, el presidente Joe Biden escribió: "he hecho de la lucha contra la inflación mi principal prioridad económica".

Al menos hasta ahora, la administración parece descartar un programa formal de control de precios. Pero los demócratas de ambas cámaras del Congreso, encabezados por la senadora Elizabeth Warren (Massachusetts), la senadora Tammy Baldwin (Wisconsin) y la diputada Jan Schakowsky (Illinois), presentaron el mes pasado un proyecto de ley para impedir lo que los patrocinadores llaman "price gouging" (precios excesivamente elevados).

El proyecto de ley haría ilegal la venta de bienes o servicios "a un precio desmesuradamente excesivo cuando el mercado se enfrenta a 'shocks' excepcionales".

Diocleciano promulgó un edicto que imponía topes a los precios de más de 1.200 bienes y servicios, desde la madera hasta los leones

En 1623, cuando la guerra de los colonos contra los indios americanos hizo que los precios subieran hasta alcanzar "cantidades excesivas y desmesuradas", el gobernador de Virginia, Francis Wyatt, impuso controles de precios a más de una docena de productos esenciales, entre ellos el "Beere" y el "Sider" (en inglés contemporáneo, "beer" y "cider", cerveza y sidra).

Aunque hay pocos datos que permitan determinar si funcionaron, posteriormente, esos controles se abandonaron.

No es difícil encontrar ejemplos en los que fracasaron.

En el año 301 d. C., después de que el Imperio Romano pasara décadas diluyendo su moneda e hinchando su burocracia, se estima que la inflación anual era del 35% como mínimo.

Ese año, el emperador Diocleciano promulgó un edicto que imponía topes a los precios de más de 1.200 bienes y servicios, desde la madera y los textiles hasta los leones, el vino y el "hígado de cerdo alimentado con higos". Los infractores que se dedicasen a la "fijación de precios descarada" serían condenados a muerte.

Foto: Christine Lagarde, presidenta del BCE. (EFE/Ronald Wittek)

Los historiadores creen que el emperador fijó límites máximos por debajo de los precios minoristas recientes, por lo que los vendedores debieron simplemente retirar sus productos del mercado. El edicto se esfumó y la inflación siguió haciendo estragos.

Los controles impuestos por el presidente Richard Nixon en 1971 tampoco consiguieron frenar la inflación, principalmente porque la Reserva Federal no limitó la oferta monetaria.

Estos ejemplos demuestran que los controles tienden a fracasar cuando los gobiernos carecen de la voluntad o los recursos para hacer cumplir las normas, cuando no se cubren suficientes bienes o cuando la política monetaria y fiscal sigue siendo flexible.

En tales condiciones, los consumidores inundados de efectivo compran los productos que no están controlados, y surgen mercados negros para crear más oferta de aquellos productos que están controlados pero son difíciles de conseguir.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el secretario general de la OCDE, Mathias Cormann. (EFE)

Según Hugh Rockoff, historiador económico de la Universidad de Rutgers y autor de 'Drastic Measures: A History of Wage and Price Controls in the United States' ('Medidas drásticas: historia de los controles de precios y salarios en Estados Unidos'), los controles han funcionado mejor "cuando se han utilizado para calmar casos de 'pánico generado por precios'".

Estos momentos de pánico se producen cuando el público espera que la inflación siga aumentando. Esto puede convertirse en una profecía autocumplida, ya que los consumidores se apresuran a comprar todo lo que puedan lo antes posible y los proveedores suben los precios para satisfacer el aumento de la demanda y cubrir sus propios costes crecientes.

El profesor Rockoff estima que los controles ayudaron a reducir la inflación de los precios al por mayor desde el 32,4% hasta un 7,1% anual durante la Primera Guerra mundial; y desde el 11,9% al 1,6% anual durante la Segunda.

Los controles de precios, sobre todo en productos esenciales como el combustible y los alimentos, pueden ser una forma de reducir la expectativa —y el miedo— del público de que el coste de la vida vaya a seguir subiendo.

Esa es una de las razones por las que los economistas piden cada vez más controles selectivos. "A medida que el aumento de los costes de productos esenciales como el combustible y los alimentos empieza a ser un problema no solo para los consumidores, sino también para algunas empresas, los intereses podrían alinearse temporalmente a favor de la estabilización de estos precios", explica Isabella Weber, economista de la Universidad de Massachusetts Amherst y autora de 'How China Escaped Shock Therapy: The Market Reform Debate' (Cómo pudo China evitar la terapia de choque: el debate sobre la reforma del mercado).

Durante las Guerras Mundiales, los organismos contrataron a miles de voluntarios para que investigaran los precios

Añade que eso requeriría la cooperación de los gobiernos de Estados Unidos y Europa.

La inflación también se ha disparado porque el precio del petróleo casi se ha duplicado desde el verano pasado, y la invasión rusa de Ucrania y el resurgimiento del covid-19 en China han interrumpido los envíos de materiales y mercancías en todo el mundo.

Pero, por ahora, las expectativas de inflación no están subiendo mucho: con razón o sin ella, los consumidores esperan que el coste de la vida suba alrededor de un 5% o 6% durante el próximo año.

Otro obstáculo: las exhaustivas normas que requieren los controles de precios para ser exitosos pueden parecer camisas de fuerza.

Durante las Guerras Mundiales, los organismos gubernamentales contrataron a miles de voluntarios locales para que recorrieran las comunidades investigando los precios y el comportamiento.

En 1943, se prohibió la "conducción por placer" y la policía detuvo a miles de estadounidenses. Los conductores tenían que explicar a la Oficina Federal de Administración de Precios por qué eran necesarios los recorridos que realizaban en coche.

Foto: Protestas en Colombo, Sri Lanka, por la situación económica. (EPA)

No es de extrañar que el brillante y carismático jefe de la Oficina de Administración de Precios, Leon Henderson, acabara siendo profundamente impopular.

En junio de 1941, la página editorial del 'Wall Street Journal' advirtió que Henderson estaba virando hacia la "dictadura industrial", y el poeta cómico Ogden Nash escribió en 1942:

"There goes Leon

Glowing like neon.

He’s got an appointment

In somebody’s ointment".

(Traducción literal: Por ahí va Leon / brillando como el neón / tiene una cita / con la pomada de alguien. Nota: el último verso hace referencia a la expresión "fly in the ointment", que traducida literalmente significa "mosca en la pomada" y hace referencia a una molestia menor que estropea una situación que podría haber sido muy agradable).

Estos ejemplos demuestran por qué los controles de precios han fracasado casi siempre en tiempos de paz. Durante las emergencias nacionales, el público está más dispuesta a soportar el no poder regatear, a hacer cola para conseguir una fracción de lo que quiere e incluso a ser llevada ante una junta supervisora de burócratas entrometidos.

En ese contexto, esas imposiciones se interpretan como el deber para con la patria. En tiempos de paz, se interpretan como una carga.

*Contenido con licencia de 'The Wall Street Journal'

En la guerra contra la inflación, se ha desenterrado una vieja herramienta.

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