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¿Es Credit Suisse el nuevo Lehman? Por qué se tambalea un pilar de la banca suiza
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¿Es Credit Suisse el nuevo Lehman? Por qué se tambalea un pilar de la banca suiza

Las dudas que atosigan a la entidad se agudizan a medida que se deterioran las condiciones financieras y el mercado se cuestiona cómo hará frente a la importante reestructuración que precisa

Foto: EC.
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Credit Suisse se ha adentrado en una de esas espirales de las que tanto cuesta salir a los bancos. Las acciones de la entidad suiza sufrieron en la mañana de este lunes un descalabro que llegó a superar el 11%, mientras las miradas de los inversores se enfocaban en la súbita escalada de sus CDS (los seguros de protección contra impago), queriendo leer en ellos la señal de un próximo colapso. Hasta el nombre de Lehman Brothers se ha hecho un hueco en los mensajes alarmistas que han resonado por el mercado.

No deja de resultar significativo, que el detonante de esta tormenta no haya sido otro que los propios mensajes lanzados desde la entidad a lo largo del fin de semana para tratar de aplacar las dudas recientes sobre su situación y recalcar el mensaje de que están preparados para afrontar las dificultades actuales. Un mensaje que el mercado pareció entender como la evidencia de que las vulnerabilidades del banco se están multiplicando por momentos. Al fin y al cabo, resulta difícil encontrar una quiebra bancaria que no haya ido precedida de mensajes para recalcar la solidez del grupo.

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Pero lo cierto es que en el balance de Credit Suisse no se aprecian, a primera vista, razones para considerar que el riesgo de un accidente aguarda a la vuelta de la esquina. La entidad, ahora presidida por Axel Lehman, es víctima desde hace años de unas dinámicas de negocio a la baja que han pasado una amplia factura a la práctica totalidad de la banca de inversión en Europa (con Deutsche Bank como claro exponente) y que, en su caso, se han visto agudizadas por una serie de turbulencias internas y por su implicación en numerosos escándalos, como los de Archegos o Greensill, que se han comido buena parte del colchón de capital del grupo.

El grupo aún cuenta con capital y liquidez para hacer frente a sus dificultades

La entidad se enfrenta al nada sencillo reto de devolver la rentabilidad a su negocio, para lo que la nueva dirección viene trabajando en un plan de reestructuración que está previsto que vea la luz el próximo 27 de octubre y que tendría entre sus líneas maestras un amplio recorte de su división de banca de inversión para enfocarse en áreas en las que el banco suizo se siente más afianzado, como la de gestión patrimonial. Pero como observaban los analistas de Moody’s en una nota publicada hace apenas tres semanas, “la sólida capitalización actual del banco y su fuerte liquidez y financiamiento brindan cierto margen para trazar un curso más sostenible para su negocio”.

No tiene mucho sentido tratar de evaluar las opciones de quiebra de una entidad como Credit Suisse al ritmo que marcan productos como los CDS, que la historia ha demostrado más capaces como detectores de tendencias que como verdaderos termómetros del riesgo real de una entidad o empresa. Sin embargo, tampoco puede pasarse por alto que en torno a la entidad helvética se ha ido levantando un manto de escepticismo que viene de lejos y que ya le ha costado un 55% de su valor en 2022 (desde 2007, ha perdido más de un 90%), hasta cotizar a apenas 0,2 veces su valor en libros. Y lo peor para el grupo es que, cuanto más se prolonguen en estas dudas, más difícil le resultará salir de ellas.

Foto: Oficina de Credit Suisse. (Reuters/Arnd Wiegmann)

La compañía necesita un plan de reestructuración convincente para despejar los temores de los inversores y algunas voces abogan ya por anticipar su fecha de publicación para evitar que las más de tres semanas que aún restan se conviertan en un hervidero de rumores que siga desestabilizando no solo la cotización sino la actividad de la entidad.

Varios analistas han cifrado en hasta 4.000 millones de dólares (unos 4.081 millones de euros) la cantidad que Credit Suisse necesitará emplear para llevar a buen término esta reestructuración. Se trata de un monto cercano al 40% de su valor actual de mercado, lo que habla a las claras del desafío que encara el banco dirigido por Ulrich Koërner, que a cada descalabro de su acción ve como la opción de recurrir a una ampliación de capital para financiarlo se reduce y crece el riesgo de tener que optar por la venta de activos, que (dada la delicada posición en que se encuentra) podría cerrarse a precios no excesivamente atractivos.

Los analistas estiman en 4.000 M el dinero que necesita para ejecutar su restructuración

Como advertía Moody’s en la nota anteriormente citada, los cambios pretendidos por la compañía “tardarán años en ejecutarse por completo e implicarán costes iniciales significativos antes de generar resultados crediticios positivos”. Se trata de un camino que antes han tenido que recorrer rivales como Deutsche Bank, pero la diferencia es que Credit Suisse debe hacerlo en unas condiciones financieras mucho más adversas, dado el escenario de subidas de tipos generalizadas y la mayor aversión al riesgo que muestran los mercados.

Foto: Héctor Grisi. (EC)

Recobrar la confianza de estos y de su propia plantilla se antoja ahora esencial para que la entidad suiza no se vea arrastrada por una crisis de confianza que provoque que lo que hoy aún parece un problema manejable acabe resultando algo más serio. Cualquier intento de asimilar la crisis de Credit Suisse a la de Lehman probablemente peque de exceso, no solo por las diferencias entre uno y otro caso, sino porque la probabilidad de que se permitiera una caída desordenada del banco suizo parece sumamente remota.

La recuperación que experimentó su cotización en el último tramo de la sesión del lunes (al cierre las pérdidas se aminoraron por debajo del 1%) puede verse como una evidencia de que, una vez pasada la efervescencia inicial, los inversores han comprendido que Credit Suisse aún cuenta con margen para encontrar una salida satisfactoria a sus problemas actuales. El riesgo al que se enfrenta la entidad es que ese margen se agote antes de que las soluciones cobren forma.

Credit Suisse se ha adentrado en una de esas espirales de las que tanto cuesta salir a los bancos. Las acciones de la entidad suiza sufrieron en la mañana de este lunes un descalabro que llegó a superar el 11%, mientras las miradas de los inversores se enfocaban en la súbita escalada de sus CDS (los seguros de protección contra impago), queriendo leer en ellos la señal de un próximo colapso. Hasta el nombre de Lehman Brothers se ha hecho un hueco en los mensajes alarmistas que han resonado por el mercado.

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